UN CLAMOROSO SILENCIO Por Ángel Gómez Escorial Yo sé que los lectores escriben poco. Un experto norteamericano en prensa realizó en los años sesenta un estudio sobre el flujo de las Cartas al Director y llegó a la conclusión que el número de cartas de los lectores era inferior a una por diez mil ejemplares vendidos. O sea que si un diario vende 100.000 ejemplares va a recibir, como mucho, unas diez cartas. Yo creo, incluso, que la “ecuación” es menor. En fin… que tras la importante y densa página de Correos Testimonios de la semana pasada se ha producido un silencio clamoroso. Pero, asimismo, había una par de editoriales que contenían materiales dignos de polémica y que tampoco han producido correos. Bueno, uno sí sobre el celibato, pero cuando hemos pedido a su autor, su nombre y permiso para publicar la nota, ni siquiera ha respondido. LA POLÉMICA ENRIQUECE Siempre he creído que la polémica enriquece. Pero ahora es más difícil. Nos hemos acostumbrados a opiniones más lineales, a aquello que españoliza la fórmula anglosajona de lo políticamente correcto. Pero es que, además, la gente no busca el contraste de pareceres, sino, simplemente, encontrar opiniones concordes con su idea. A veces, la polémica se toma como insulto encadenado o como preámbulo de graves conflictos. Tal vez estemos en la época de las adhesiones inquebrantables dentro de cada una de las ideas o pareceres que profesa cada grupo o cada persona. Afortunadamente Betania ha mantenido muy viva su sección de Testimonios a lo largo de los últimos, casi, catorce años de existencia de esta página Web. Nunca ha faltado una carta y, en el pasado, se han producido muchas polémicas. Pero llevamos un tiempo que, o la gente tiene menos tiempo, o no quiere complicarse. Partimos, tal vez, de una idea menos deportiva de la polémica que había antes. Ahora se cree que discrepar es una cosa muy grave. E, incluso, cuando se hace sobre religión o sobre el Papa o la Jerarquía no se está disminuyendo el importante papel que tiene. EL PROBLEMA DE LA PEDERASTIA La Iglesia misma está asumiendo en estos días el terrible problema de la pederastia y de su ocultación en el pasado. La verdad es que las denuncias desaparecen cuando son atendidas. Y, sin embargo, se pueden convertir en semilla de murmuración y de odio cuando se tapan. En este sentido es bueno que la capacidad de polémica marque que las cosas reprobables no sean ocultadas, aunque la tentación de mirar hacia atrás o de taparse la nariz con los dedos sea grande. En fin, que Betania sigue abierta a todas las opiniones y que aplaude aquellas sugerencias que tienden a mejorar nuestra vida y la de la Iglesia dentro de ese principio de amor y fraternidad que Cristo nos recomienda.
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