LOS PRIMEROS CINCO AÑOS DE BENEDICTO XVI

LA VISITA DEL PAPA A MALTA SUPERA LAS EXPECTATIVAS

BENEDICTO XVI A LOS MALTESES: “SENTÍOS ORGULLOSOS DE VUESTRA HERENCIA CRISTIANA”

BENEDICTO XVI: “NO TEMÁIS SER AMIGOS ÍNTIMOS DE CRISTO”

BENEDICTO XVI: PONER LA CONFIANZA EN DIOS

BENEDICTO XVI: MARÍA, REINA DE LA FAMILIA

PALABRAS DEL PAPA AL VISITAR LA GRUTA DE SAN PABLO EN MALTA

MILES ASISTEN A BEATIFICACIÓN DE PADRE HOYOS, APÓSTOL DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

SE INICIÓ LA ASAMBLEA PLENARIA DE LA CEE

CÁRITAS ARAGÓN AUMENTÓ UN 12 % SU PRESUPUESTO EN 2009 PARA ATENDER LAS DEMANDAS A CAUSA DE LA CRISIS


LOS PRIMEROS CINCO AÑOS DE BENEDICTO XVI

“Un humilde trabajador de la viña del Señor”

CIUDAD DEL VATICANO (ZENIT.org Por Carmen Elena Villa) “Después del gran papa Juan Pablo II los señores cardenales me han elegido a mí. Un sencillo y un humilde servidor de la viña del Señor”, fueron las primeras palabras del entonces recién electo Pontífice Benedicto XVI cuando a las 18 horas en Roma, la Capilla Sixtina dejó ver la fumata blanca para que el cardenal chileno Jorge Arturo Medina Estevez pronunciara las dos palabras más esperadas en ese entonces por la opinión pública: “Habeamus papam”.

Era el tercer cónclave en el que participaba Joseph Ratzinger, quien fue elevado a cardenal por Pablo VI en 1977. Durante 24 años sirvió como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Este gran humanista tiene el record entre todos los pontífices de quien más libros ha escrito antes de subir al solio de Pedro: Son 142 las obras publicadas que presentan su rica teología y espiritualidad, caracterizada por explicar en un lenguaje muy sencillo los grandes misterios de la fe que pueden ser entendidos en un interesante diálogo con la luz natural de la razón.

Con rasgos profundamente humanos, a Benedicto XVI le gustan los gatos, toca piano y su autor favorito es Mozart. Sus padres se llamaban José y María. Es hermano del también sacerdote George Ratzinger. Juntos recibieron el sacramento del orden en 1951.

SUS ENSEÑANZAS

Después de haber terminado el tema de los salmos, que el papa Juan Pablo II había iniciado en la catequesis de los miércoles, Benedicto XVI comenzó a hablar sobre un tema que para él siempre ha sido fundamental: la tradición del cristianismo y el pensamiento de los primeros siglos. Por ello dedicó varias de las audiencias a hablar de cada uno de los apóstoles, de acuerdo las Sagradas Escrituras y la tradición. Luego ha querido profundizar en los padres de la Iglesia, dejando ver cuán actual es su pensamiento.

Ha instituido dos años temáticos para resaltar algunos personajes y aspectos particulares del cristianismo: el año Paulino para conmemorar los dos mil años del nacimiento de San Pablo. Su inauguración y su clausura se dieron en la basílica San Pablo Extramuros, donde, según la tradición, yacen los restos del Apóstol de Gentes. También dedicó varias de sus catequesis a este importante apóstol que se convirtió al cristianismo luego de haber perseguido a la Iglesia.

Igualmente ha querido dedicar un año a los sacerdotes, el cual se clausurará el próximo mes de junio. De esta manera, el Papa ha querido conmemorar los 150 años de muerte de San Juan María Vianney, o Santo Cura de Ars, patrono de los párrocos.

En su pontificado escribió el libro Jesús de Nazaret en calidad de teólogo, no de Papa. En su obra deja ver a la persona de Jesucristo como hijo de Dios, totalmente obediente al Padre sin perder un solo rasgo de su humanidad. Se espera para finales de este año la publicación de la segunda parte de esta importante obra cristológica.

Tres encíclicas han dejado ver su increíble talento intelectual al servicio de la fe: Deus caritas est (febrero de 2006) dividida en dos partes: en la primera recuerda algunos puntos esenciales sobre el amor de Dios, quien “de manera misteriosa y gratuita, ofrece al hombre y, a la vez, la relación intrínseca de dicho amor con la realidad del amor humano”, dice. La segunda parte de este texto busca llevar a lo concreto ese amor al prójimo.

Luego está la encíclica Spe salvi, (noviembre de 2007) en la que asegura que gracias a la esperanza el hombre puede afrontar el presente por más fatigoso que pueda ser. Exhorta a los hombres a que tengan siempre su meta en lo eterno.

Y la Caritas in veritate, (julio de 2009), que habla sobre la caridad cristiana basada siempre en la verdad, lo que llevará al verdadero desarrollo. Benedicto XVI quiso así rendirle un homenaje a su predecesor Pablo VI y a la encíclica Populorum Progressio, publicada en 1967.

CANONIZACIONES

En estos cinco años de pontificado Benedicto XVI ha proclamado 516 beatos. Gracias a una propuesta del prefecto emérito de la Congregación para la Causa de los Santos, cardenal José Saraiva las beatificaciones se han comenzado a celebrar en la diócesis del nuevo beato y son presididas por arzobispo en representación del Papa. En general las ceremonias son presididas por monseñor Angelo Amato, prefecto de este dicasterio vaticano.

Bajo su pontificado se realizó la ceremonia de beatificación más numerosa de toda la historia. En octubre de 2007 fueron elevados a los altares 498 mártires que murieron en la Guerra Civil Española. La ceremonia fue presidida por el cardenal Saraiva. Entre otros beatos aprobados por este Papa están Luis Martin y Celia Guerin, los papás de Santa Teresita del Niño Jesús.

Benedicto XVI ha canonizado 28 nuevos santos. Entre ellos el sacerdote belga Damian de Veuster, (1840-1889) llamado el Apóstol de los Leprosos, quien a los 33 años viajó a la isla de de Molokai, ubicada en el archipiélago de Hawaii, para cuidar física y espiritualmente a los leprosos que eran aislados en aquel lugar. En octubre canonizará la primera australiana: se trata de la madre Mary Mackillop (1842 - 1909), cofundadora de las Religiosas de San José, sierva de los pobres y analfabetos, quien realizó en su país una extraordinaria obra educativa en su país.

HECHOS SIN PRECEDENTES

Algunas publicaciones y pronunciamientos de Benedicto XVI han hecho historia: Anglicanorum coetibus publicada en noviembre de 2009. Por primera vez en la historia de la Iglesia un pontífice instituye ordinariatos personales para permitir a un grupo de otro credo entrar en plena comunión con la Iglesia Católica. Así ocurrirá con los cerca de 500 mil anglicanos que por algunas cuestiones como el sacerdocio y episcopado femenino y la admisión a este ministerio a personas homosexuales, han pedido la comunión con la fe católica.

Durante su pontificado ha visitado tres sinagogas en las ciudades de Colonia, Nueva York y Roma. También ha visitado tres mezquitas: La mezquita azul de Estambul (2006), la mezquita Hussein en Amann, 2009 la mezquita de la Roca en Jerusalén 2009. Así mismo tuvo un encuentro con la comunidad islámica de Roma al concluir el foro católico – musulmán que se realizó en la capital italiana en noviembre de 2008.

Otra publicación sin precedentes es la carta pastoral a los católicos de Irlanda debido a los casos de abuso sexual a menores que han sido denunciados en este país. Este documento es el fruto de una reunión que tuvo el Pontífice con los obispos irlandeses para examinar estos casos, sus causas, proponer una penitencia en las diócesis y plantear algunas medidas para que estos hechos no se repitan.

PEREGRINO

Su primer viaje fuera de Italia fue a su país natal Alemania, donde presidió la Jornada Mundial de la Juventud en Colonia, cuya reflexión se centró en los Reyes Magos de oriente que fueron a Belén a adorar a Jesús.

En mayo de 2006 viajó a Polonia donde oró frente al campo de concentración de Auschwitz: “este silencio se transforma en petición de perdón y reconciliación, hecha en voz alta, un grito al Dios vivo para que no vuelva a permitir jamás algo semejante”, dijo en su discurso.

En julio de 2006 participó en Valencia – España del Encuentro Mundial de las Familias y en septiembre del mismo año regresó a su país para visitar las ciudades de Munich, Altötting y Ratisbona. Viajó a Turquía en diciembre siguiente para encontrarse con el Patriarca ortodoxo de Constantinopla, Bartolomé I, donde se firmó una declaración común con el Patriarca.

Su primer viaje a Latinoamérica fue a Brasil en mayo de 2007, donde inauguró la V Conferencia general del Episcopado latinoamericano y del Caribe en Aparecida. En septiembre del mismo año viajó a Austria para celebrar los 850 años de la fundación del Santuario de Mariazell.

Viajó a Estados Unidos en abril de 2008 con el fin de celebrar los 200 años de la archidiócesis metropolitana de Baltimore, hecho que trajo el nacimiento de cuatro diócesis más: Nueva York, Filadelfia, Boston y Louisville. Fue una visita que propició también un encuentro interreligioso con los judíos y un encuentro con las diferentes denominaciones cristianas de este país.

En su viaje a Sydney – Australia, en julio de 2008, celebró la Jornada Mundial de la Juventud. Allí decenas de miles de jóvenes, muchos provenientes de diócesis de Asia y Oceanía, se reunieron para meditar en el tema central de este evento: recibir la fuerza del Espíritu Santo para ser testigos de Cristo. En septiembre del mismo año viajó a Francia para conmemorar los 150 años de las apariciones de la virgen de Lourdes.

En marzo de 2009 viajó a África donde entregó el Insturmentum laboris del sínodo que se realizó sobre la iglesia en este continente.

En mayo del mismo año viajó a Tierra Santa donde quiso realizar una peregrinación a los manantiales de la fe. Quiso también visitar y dar una voz de aliento a la Iglesia en este país.

En septiembre de 2009 viajó a República Checa donde visitó la imagen del Niño Jesús de Praga en la capital de este país y recordó la figura de San Wenceslao, duque de Bohemia y martir de este país en el siglo VIII.

Su último viaje fuera de Italia ha sido a la pequeña república de Malta para celebrar los 1950 años de los naufragios de San Pablo “Del naufragio, surgió para Malta la suerte de tener la fe; de este modo podemos pensar también nosotros que los naufragios de la vida forman parte del proyecto de Dios para nosotros y pueden ser útiles para nuevos inicios de nuestra vida”, respondió a los periodistas.

Un lustro en el que Benedicto XVI ha sabido imprimir a la Iglesia sus mejores cualidades como persona: inteligencia, sensibilidad, humanismo, firmeza y disciplina. “Me consuela el hecho de que el Señor sabe trabajar y actuar incluso con instrumentos insuficientes, y sobre todo me encomiendo a vuestras oraciones”, dijo hoy hace cinco años al ser elegido.

“En la alegría del Señor resucitado, confiando en su ayuda continua, sigamos adelante. El Señor nos ayudará y María, su santísima Madre, estará a nuestro lado”, concluyó.


LA VISITA DEL PAPA A MALTA SUPERA LAS EXPECTATIVAS

La mitad de la población ha visto a Benedicto XVI

CIUDAD DEL VATICANO (ZENIT.org).- La mitad de la población del archipiélago de Malta ha salido al encuentro de Benedicto XVI durante su visita apostólica, un dato que permite comprender el efecto de su decimocuarto viaje internacional.

A su regreso a Roma, el balance que ha sacado el padre Federico Lombardi S.I., director de la Oficina de Información de la Santa Sede, reconoce: "ciertamente es un balance sumamente positivo, diría incluso superior a las expectativas para los mismos organizadores malteses. Y esto porque el calor de la respuesta, la cantidad espontánea de personas por las calles, todas muy alegres y ordenadas en la manifestación de su entusiasmo, es algo que ha impresionado muy profundamente. Yo creo que se puede decir tranquilamente que unas 200 mil personas, en los dos días han podido ver al Papa. Por tanto una participación conjunta".

Los habitantes de Malta son algo más de 400 mil, de manera que uno de cada dos ciudadanos han podido acercarse para ver al Santo Padre.

El padre Lombardi, en los micrófonos de Radio Vaticano, atribuye esta extraordinaria participación a "las raíces cristianas de este pueblo y su gran tradición católica, que se ha manifestado espontáneamente". Este dato, reconoce, es significativo, pues "por algunas discusiones, y lo que había escrito la prensa, no quedaba claro en la víspera cómo podría haber sido la acogida".

Por lo que se refiere al encuentro que el Papa mantuvo en la nunciatura apostólica este domingo con víctimas de abusos sexuales de clérigos, el padre Lombardi revela que "el encuentro fue muy sencillo y diría que es un mensaje en la misma manera que ha tenido lugar: un encuentro descrito, alejado por decirlo así del ruido de los medios de comunicación y de la publicidad. Quedó enmarcado al comenzar por un momento de oración y luego continuó con una escucha profunda por parte del Papa de las palabras que estas personas deseaban decirle, todo lo que llevaban en el corazón y que querían decir al Papa como pastor y como padre".

"Las respuestas fueron sencillas, muy espontáneas, compartiendo el dolor, la oración, el aliento, la esperanza, que el Papa pudiera transmitir a cada uno de ellos. Es importante el que haya sido un encuentro en el que cada uno pudiera expresar su palabra al Papa, pues se trataba de curar las heridas personales profundas y, por tanto, el camino no era gritar mensajes, sino escuchar y dialogar en profundidad. El Papa pudo hacerlo y concluyó nuevamente con una oración común y con una bendición de este encuentro".

"Me parece comprender que los testimonios que han dado los mismos participantes, que han querido hablar de manera libre, han sido sumamente positivos. Yo, que estaba presente, veía un clima muy, muy conmocionado, muy profundo, pero también muy sereno y lleno de esperanza, de curación, y de reconciliación".

El director de "L'Osservatore Romano", Giovanni Maria Vian, "en este proceso de purificación incesante la Iglesia de Roma está llamada a la ejemplaridad y esto es lo que está haciendo su obispo desde el día en que fue elegido como sucesor de Pedro".

"Por este motivo, también en Malta, Benedicto XVI ha indicado el camino a sus fieles y al mundo, al encontrarse con víctimas", afirmó. "Para declarar su vergüenza y su dolor, para asegurar que se hará todo lo posible para restablecer la justicia, sobre todo para rezar y mostrar su cercanía a Dios".


BENEDICTO XVI A LOS MALTESES: “SENTÍOS ORGULLOSOS DE VUESTRA HERENCIA CRISTIANA”

Despedida del Papa al concluir su viaje apostólico a Malta

LUQA, (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación el discurso de despedida pronunciado hoy por el Papa Benedicto XVI en el aeropuerto de Malta, concluyendo así su visita apostólica a este país.

TEXTO INTEGRO

Señor Presidente,

Excelencias,

Señoras y Señores

Ha llegado el momento en el tengo que decir adiós a Malta. Doy gracias a Dios por la oportunidad que me ha dado de encontrar a muchos de vosotros y de visitar esta hermosa isla. Agradezco al Presidente sus corteses palabras y os agradezco a todos que me hayáis dispensado una bienvenida tan entusiasta y generosa. Este viaje me hado ocasión de apreciar más profundamente cómo el Evangelio predicado por san Pablo ha plasmado la identidad espiritual del pueblo maltés. En el momento de dejaros, permitidme que os aliente una vez más a ser profundamente conscientes de vuestra identidad, y a asumir las responsabilidades que se derivan de ella, sobre todo promoviendo los valores del Evangelio, que os ofrecen una visión clara de la dignidad humana, así como del origen y destino común del género humano.

Sed un ejemplo, aquí o en otras partes, de una vida cristiana dinámica. Sentiros orgullosos de vuestra vocación cristiana y mantened con esmero vuestra herencia religiosa y cultural. Mirad al futuro con esperanza, con profundo respeto por la creación de Dios, con reverencia por la vida humana y gran estima por el matrimonio y la integridad de la familia. Kunu wlied denji ta’ San Pawl! [¡Sed dignos hijos e hijas de san Pablo!].

Por su posición geográfica en el corazón del Mediterráneo, muchos inmigrantes llegan a las costas de Malta; unos que huyen de situaciones de violencia y persecución, otros en busca de mejores condiciones de vida. Soy conciente de las dificultades que puede causar el acoger a un gran número de personas, dificultades que no puede resolver por sí sólo un país de primer destino. Al mismo tiempo, confío también en que, teniendo en cuenta sus raíces cristianas y su larga y reconocida historia de acogida de los extranjeros, Malta tratará, con la ayuda de otros Estados y de las Organizaciones internacionales, de socorrer a los que llegan y asegurar que sus derechos sean respetados.

Estos nobles objetivos dependen de una incansable dedicación a la tarea, llena de desafíos, del diálogo y la cooperación con las comunidades internacionales y europeas, foros importantes en los que Malta lleva el testimonio de los valores cristianos que han ayudado a formar su identidad. La unidad, la solidaridad y el respeto recíproco están en la base de vuestra vida social y política. Estos valores, inspirados en vuestra fe católica, son la brújula que os guiará en la búsqueda de un auténtico desarrollo integral. El tesoro de la enseñanza social de la Iglesia inspirará y guiará estos esfuerzos. Nunca dejéis que vuestra verdadera identidad se vea comprometida por el indiferentismo o el relativismo. Sed siempre fieles a la enseñanza de san Pablo, que os exhorta: "Velad, manteneos firmes en la fe, sed hombres, sed fuertes. Haced todo con amor" (1 Co 16,13-14). Grazzi ħafna, il-Bambin iberikkom! [¡Muchas gracias y que Dios os bendiga!].

[Traducción del original inglés distribuida por la Santa Sede ©Libreria Editrice Vaticana]


BENEDICTO XVI: “NO TEMÁIS SER AMIGOS ÍNTIMOS DE CRISTO”

Discurso a los jóvenes de Malta

LA VALETA, (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación el discurso del Papa Benedicto XVI dirigido hoy a los jóvenes malteses, con quienes mantuvo un encuentro en el puerto de La Valeta.

TEXTO INTEGRO

Żgħażagħ Maltin u Għawdxin, jien kuntent ħafna li ninsab maghkom, [Queridos jóvenes de Malta y Gozo, estoy muy feliz de estar entre vosotros,]

qué alegría poder encontraros en vuestra tierra. En este significativo aniversario damos gracias a Dios por haber enviado al Apóstol Pablo a estas islas, que son uno de los primeros lugares que recibieron la Buena Noticia de Nuestro Señor Jesucristo.

Saludo cordialmente al Señor Arzobispo Cremona y al Obispo Grech, a los que agradezco sus amables palabras, y a todos los obispos, sacerdotes y religiosos aquí presentes. En particular os saludo a vosotros, jóvenes de Malta y Gozo, y os agradezco la confianza con la que me habéis hablado de los problemas que más os interesan. Aprecio vuestro deseo de buscar y encontrar la verdad, así como de saber lo que debéis hacer para alcanzar una vida plena.

San Pablo tuvo de joven una experiencia que transformó para siempre su vida. Como sabéis, él fue antes enemigo de la Iglesia e hizo todo lo posible por destruirla. Mientras iba camino de Damasco con la intención de apresar a todo cristiano que allí encontrara, se le apareció el Señor en una visión. Una luz cegadora lo envolvió y oyó una voz que le decía: "¿Por qué me persigues?... Soy Jesús, a quien tú persigues" (Hch 9,4-5). Pablo se vio totalmente embargado por este encuentro con el Señor y toda su vida cambió. Se convirtió en un discípulo y llegó a ser un gran apóstol y misionero. Aquí, en Malta, tenéis un motivo particular para agradecer los esfuerzos misioneros de Pablo, que divulgó el Evangelio en el Mediterráneo.

Cada encuentro personal con Jesús es una experiencia sobrecogedora de amor. Como el mismo Pablo admite, antes había "perseguido con saña a la Iglesia de Dios y la asolaba" (cf. Ga 1,13). Pero el odio y la rabia expresadas en esas palabras se desvanecieron completamente por el poder del amor de Cristo. Durante el resto de su vida, Pablo tuvo el deseo ardiente de llevar el anuncio de este amor hasta los confines de la tierra.

Quizás alguno de vosotros me dirá que, a veces, san Pablo era severo en sus escritos. ¿Cómo se puede afirmar entonces que ha difundido un mensaje de amor? Mi respuesta es ésta: Dios ama a cada uno de nosotros con una profundidad y una intensidad que no podemos ni siquiera imaginar. Él nos conoce íntimamente, conoce cada una de nuestras capacidades y cada uno de nuestros errores. Puesto que nos ama tanto, desea purificarnos de nuestros errores y fortalecer nuestras virtudes de manera que podamos tener vida en abundancia. Aunque nos llame la atención cuando hay algo en nuestra vida que le desagrada, no nos rechaza, sino que nos pide cambiar y ser más perfectos. Esto es lo que le pidió a san Pablo en el camino de Damasco. Dios no rechaza a nadie, y la Iglesia tampoco rechaza a nadie. Más aún, en su gran amor, Dios nos reta a cada uno para que cambiemos y seamos mejores.

San Juan nos dice que este amor perfecto aleja todo temor (cf. 1 Jn 4,18). Por eso os digo a todos vosotros: "No tengáis miedo". Cuántas veces escuchamos estas palabras en las Escrituras. El ángel se las dice a María en la Anunciación, Jesús a Pedro, cuando lo llama a ser su discípulo, y el ángel a Pablo en vísperas de su naufragio. A los que deseáis seguir a Cristo, como esposos, padres, sacerdotes, religiosos o fieles laicos que llevan el mensaje del Evangelio al mundo, os digo: No tengáis miedo. Encontrareis ciertamente oposición al mensaje del Evangelio. La cultura de hoy, como cualquier cultura, promueve ideas y valores que contrastan en ocasiones con las que vivía y predicaba nuestro Señor Jesucristo. A veces, estas ideas son presentadas con un gran poder de persuasión, reforzadas por los medios y por las presiones sociales de grupos hostiles a la fe cristiana. Cuando se es joven e impresionable, es fácil sufrir el influjo de otros para que a aceptemos ideas y valores que sabemos que no son los que el Señor quiere de verdad para nosotros. Por eso, os repito: No tengáis miedo, sino alegraos del amor que os tiene; fiaos de él, responded a su invitación a ser sus discípulos, encontrad alimento y ayuda espiritual en los sacramentos de la Iglesia.

Aquí, en Malta, vivís en una sociedad marcada por la fe y los valores cristianos. Deberíais estar orgullosos de que vuestro País defienda tanto al niño por nacer como la estabilidad de la vida familiar para una sociedad sana. En Malta y en Gozo, las familias saben valorar y cuidar de sus miembros ancianos y enfermos, y acogen a los hijos como un don de Dios. Otras naciones pueden aprender de vuestro ejemplo cristiano. En el contexto de la sociedad europea, los valores evangélicos están llegando a ser de nuevo una contracultura, como ocurría en tiempos de san Pablo.

En este Año Sacerdotal, os pido que estéis abiertos a la posibilidad de que el Señor pueda llamar a algunos de vosotros a entregarse totalmente al servicio de su pueblo en el sacerdocio o en la vida consagrada. Vuestro País ha dado muchos y excelentes sacerdotes y religiosos a la Iglesia. Inspiraros en su ejemplo y reconoced la profunda alegría que proviene de dedicar la propia vida al anuncio del mensaje del amor de Dios por todos, sin excepción.

Os he hablado ya de la necesidad de atender a los más jóvenes, a los ancianos y enfermos. Pero el cristiano está llamado a llevar el mensaje del Evangelio a todos. Dios ama a cada persona de este mundo, más aún, ama a cada persona de todas las épocas de la historia del mundo. En la muerte y resurrección de Jesús, que se hace presente cada vez que celebramos la Misa, Él ofrece a todos la vida en abundancia. Como cristianos, estamos llamados a manifestar el amor de Dios que incluye a todos. Por eso, hemos de socorrer al pobre, al débil, al marginado; tenemos que ocuparnos especialmente por los que pasan por momentos de dificultad, por los que padecen depresión o ansiedad; debemos atender a los discapacitados y hacer todo lo que esté en nuestra mano por promover su dignidad y calidad de vida; tendremos que prestar atención a las necesidades de los inmigrantes y de aquellos que buscan asilo en nuestra tierra; tenemos que tender una mano amiga a los creyentes y a los no creyentes. Esta es la noble vocación de amor y servicio que todos nosotros hemos recibido. Que esto os impulse a dedicar vuestra vida a seguir a Cristo. La tibżgħux tkunu ħbieb intimi ta’ Kristu [No tengáis miedo de ser amigos íntimos de Cristo]

Queridos jóvenes, llegado el momento de dejaros, deseo manifestaros mi cercanía y el recuerdo constante en mis oraciones por vosotros, vuestros familiares y amigos.

"Selluli għaż-żgħażagħ Maltin u Għawdxin kollha." ["Saludad de mi parte a todos los jóvenes de Malta y Gozo."]

[Traducción del inglés distribuida por la Santa Sede ©Libreria Apostolica Vaticana]


BENEDICTO XVI: PONER LA CONFIANZA EN DIOS

Homilía durante la Misa ante la Iglesia de san Publio de Floriana (Malta)

FLORIANA,(ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación la homilía pronunciada hoy por el Papa Benedicto XVI durante la Misa celebrada en la Plaza Granai de Floriana, ante la iglesia de San Publio.

TÉXTO ÍNTEGRO

Queridos hermanos y hermanas en Jesucristo

Maħbubin uliedi [Queridos hijos e hijas],

Me es muy grato estar con todos vosotros ante la hermosa iglesia de San Publio para celebrar el gran misterio del amor de Dios que se manifiesta en la sagrada Eucaristía. En este momento, la alegría del tiempo pascual llena nuestros corazones, porque estamos celebrando la victoria de Cristo, la victoria de la vida sobre el pecado y la muerte. Es una alegría que transforma nuestras vidas y nos llena de esperanza en el cumplimiento de las promesas de Dios. Cristo ha resucitado, ¡aleluya!

Saludo al Presidente de la República y la Señora Abela, a las autoridades civiles de esta querida nación, y todo el pueblo de Malta y Gozo. Doy las gracias al arzobispo Paul Cremona por sus amables palabras y saludo también al obispo Grech y al obispo De Pasquale, al arzobispo Mercieca, al obispo Cauchi y a los demás obispos y sacerdotes presentes, así como a todos los fieles cristianos de la Iglesia en Malta y Gozo. Desde mi llegada ayer por la tarde, he experimentado la misma bienvenida calurosa que vuestros antepasados dieron al apóstol Pablo en el año sesenta.

Muchos viajeros han desembarcado aquí a lo largo de vuestra historia. La riqueza y variedad de la cultura de Malta es un signo de que vuestro pueblo se ha beneficiado enormemente con el intercambio de dones y la hospitalidad para con los visitantes llegados por mar. Y es significativo que hayáis sabido discernir lo mejor que ellos podían ofrecer.

Os exhorto a seguir haciéndolo así. No todo lo que el mundo de hoy propone es digno de ser asumido por el pueblo maltés. Muchas voces tratan de convencernos de dejar de lado nuestra fe en Dios y su Iglesia, y elegir por nosotros mismos los valores y las creencias con que vivir. Nos dicen que no tenemos necesidad de Dios o de la Iglesia. Cuando nos sentimos tentados de darles crédito, hemos de recordar el episodio que nos narra el Evangelio de hoy, cuando los discípulos, todos ellos pescadores expertos, habiendo bregado toda la noche, no consiguieron un solo pez. Después, presentándose en la orilla, Jesús les dijo dónde echar las redes y la pesca fue tan grande que apenas podían sacarla. Abandonados a sí mismos, sus esfuerzos resultaron inútiles; cuando Jesús se puso a su lado, lograron una multitud de peces. Mis queridos hermanos y hermanas, si ponemos nuestra confianza en el Señor y seguimos sus enseñanzas, obtendremos siempre grandes frutos.

Sé que la primera lectura de la Misa de hoy es una de las que os gusta escuchar, pues relata el naufragio de Pablo en la costa de Malta y la calurosa acogida que le dispensaron sus gentes. Es digno de subrayar que la tripulación del barco, para salir del apuro, se vio obligada a tirar por la borda el cargamento, los aparejos e incluso el trigo, que era su único sustento. Pablo les exhortó a poner su confianza sólo en Dios, mientras la nave era zarandeada por las olas. También nosotros debemos poner nuestra confianza sólo en Dios. Nos sentimos tentados por la idea de que la avanzada tecnología de hoy puede responder a todas nuestras necesidades y nos salva de todos los peligros que nos acechan. Pero no es así. En cada momento de nuestras vidas dependemos completamente de Dios, en quien vivimos, nos movemos y existimos. Sólo él nos puede proteger del mal, sólo él puede guiarnos a través de las tormentas de la vida, sólo él puede llevarnos a un lugar seguro, como lo hizo con Pablo y sus compañeros a la deriva ante las costas de Malta. Hicieron como Pablo les exhortó y, así, "todos llegaron sanos y salvos a tierra" (cf. Hch 27,44).

Más que cualquier bagaje que podamos tener con nosotros –nuestros logros humanos, nuestras posesiones, nuestra tecnología–, lo que nos da la clave de nuestra felicidad y realización humana es nuestra relación con el Señor. Y él nos llama a una relación de amor. Recordad la pregunta que hizo por tres veces a Pedro en la orilla del lago: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas?". Basándose en la respuesta afirmativa de Pedro, Jesús le encomienda una tarea, la tarea de apacentar su rebaño. Aquí vemos el fundamento de todo ministerio pastoral en la Iglesia. Nuestro amor por el Señor es lo que debe dirigir todos los aspectos de nuestra predicación y enseñanza, nuestra celebración de los sacramentos y nuestra preocupación por el Pueblo de Dios. Nuestro amor por el Señor es lo que nos impulsa a amar a quienes él ama, y a aceptar de buen grado la tarea de comunicar su amor a quienes servimos. Durante la Pasión de nuestro Señor, Pedro lo negó tres veces. Ahora, después de la resurrección, Jesús lo insta por tres veces a confesar su amor, ofreciendo así el perdón y la salvación, y confiándole al mismo tiempo la misión. La pesca milagrosa pone de manifiesto que los Apóstoles dependían de Dios para el éxito de sus proyectos en la tierra. El diálogo entre Pedro y Jesús subraya la necesidad de la misericordia divina para curar sus heridas espirituales, las heridas del pecado. En cada ámbito de nuestras vidas, necesitamos la ayuda de la gracia de Dios. Con él, podemos hacer todo; sin él no podemos hacer nada.

Sabemos por el Evangelio de san Marcos los signos que acompañan a los que ponen su fe en Jesús: cogerán serpientes con la mano y no les harán daño, impondrán las manos a los enfermos y sanarán (cf. Mc 16,18). Estos signos fueron inmediatamente reconocidos por vuestros antepasados, cuando Pablo estuvo entre ellos. Una víbora le mordió la mano, pero le bastó sacudírsela y echarla al fuego, sin sufrir daño alguno. Lo llevaron a ver al padre de Publio, el "principal" de la isla y, después de rezar e imponerle las manos, Pablo le curó. De todos los dones que han llegado a estas costas a través de la historia de sus gentes, el mayor de todos fue el que trajo Pablo, y es mérito vuestro el que fuera inmediatamente acogido y custodiado. Għożżu l-fidi u l-li valuri takom l-Appostlu Missierkom San Pawl. [Conservad la fe y los valores que os ha transmitido vuestro padre, el apóstol san Pablo]. Seguid desvelando la riqueza y la profundidad de don recibido de Pablo y tratad de transmitirlo no sólo a vuestros hijos, sino también a todos los que encontréis. Todo visitante de Malta debería sentirse impresionado por la devoción de su pueblo, por la fe vibrante que se manifiesta en sus celebraciones, por la belleza de sus iglesias y santuarios. Pero ese don debe ser compartido con los demás, ha de ser comunicado. Como enseñó Moisés al pueblo de Israel, las palabras del Señor "quedarán en tu memoria; se las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado" (Dt 6,6-7). Esto lo entendió muy bien el primer santo canonizado de Malta, Dun Ġorr Preca. Su incansable labor de catequesis, inspirando en jóvenes y mayores el amor por la doctrina cristiana y una profunda devoción por la Palabra de Dios encarnada, es un ejemplo que os exhorto a seguir. Recordad que el intercambio de dones entre estas islas y el resto del mundo es un proceso de doble dirección. Lo que recibís, examinadlo con atención, y lo valioso que tenéis, sabedlo compartir con los demás.

En este año dedicado a la celebración del gran don del sacerdocio, quisiera dirigir una palabra particular a los sacerdotes aquí presentes. Dun Ġorr fue un sacerdote de extraordinaria humildad, bondad, mansedumbre y generosidad, profundamente dedicado a la oración y lleno de pasión por comunicar las verdades del Evangelio. Que os sirva de modelo e inspiración en vuestros esfuerzos por cumplir la misión recibida de apacentar la grey del Señor. Recordad también la pregunta que el Resucitado hizo por tres veces a Pedro: "¿Me amas?" Esta es la pregunta que hace a cada uno de vosotros. ¿Lo amáis? ¿Queréis servirle con la entrega de toda vuestra vida? ¿Deseáis guiar a los otros para que lo conozcan y lo amen? Como Pedro, tened el valor de responder: "Sí, Señor, tú sabes que te amo"; y acoged con gratitud la hermosa tarea que él os ha asignado. La misión confiada al sacerdote es verdaderamente un servicio a la alegría, a la alegría de Dios que quiere entrar en el mundo (cf. Homilía, 24 de abril de 2005).

Al mirar ahora a mi alrededor la gran multitud reunida aquí, en Floriana, para la celebración de la Eucaristía, vuelvo a pensar en la escena descrita en la segunda lectura de hoy, en la cual millares de millares unieron sus voces en un gran canto de alabanza: "Al que se sienta en el trono y al Cordero, la alabanza, el honor, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos" (Ap 5,13). Seguid cantando este himno, como alabanza al Señor resucitado y como acción de gracias por sus innumerables dones. Concluyo mi exhortación esta mañana con las palabras de san Pablo, apóstol de Malta: "L-imħabba tiegħi tkun magħkom ilkoll fi Kristu Ġesù" [Os amo a todos en Cristo Jesús] (1 Co 16,24).

Ikun imfaħħar Ġesù Kristu! [¡Alabado sea Jesucristo!]

[Traducción del original inglés distribuida por la Santa Sede ©Libreria Editrice Vaticana]


BENEDICTO XVI: MARÍA, REINA DE LA FAMILIA

Durante el rezo del “Regina Caeli”

FLORIANA (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación las palabras del Papa Benedicto XVI, originalmente en inglés, al introducir el rezo del Regina Caeli, tras concluir la Santa Misa en la Plaza Granai de Floriana, dentro de su viaje apostólico a Malta.

TEXTO ÍNTEGRO

Queridos hermanos y hermanas en Cristo

Cuando se dan las gracias, cuando se tienen intenciones particulares en la oración y cuando se pide la protección celestial para los seres queridos, se acostumbra a recurrir a la Santísima Virgen María, Madre de la Iglesia y Madre nuestra. Conozco la especial devoción del pueblo maltés a la Madre de Dios, expresada con el gran fervor a la Virgen de Ta’Pinu, y por eso me alegra tener la oportunidad de orar ante su imagen, traída aquí de propósito desde Gozo para esta ocasión. Me complace también ofrecerla una rosa de oro, como signo de nuestra filial devoción común a la Madre de Dios. Os pido, en particular, que la invoquéis con el título de Reina de la Familia, un título añadido a la letanía lauretana por mi amado predecesor, el Papa Juan Pablo II, que visitó más de una vez estas tierras. Al ofreceros este recuerdo tangible de mi visita, os doy las gracias por todo lo que he recibido de vosotros, sobre todo por el fervor de vuestra devoción y el apoyo de vuestras oraciones por mi ministerio como Sucesor de Pedro.

Dirijamos ahora nuestra oración a María, Madre de la Iglesia y Reina del Cielo, regocijándonos en la resurrección de Aquél que ella llevó en su seno. Regina Cæli, lætare

Nos unimos en la oración a los reunidos en la catedral de Valladolid, en España, donde Bernardo Francisco de Hoyos, un sacerdote de la Compañía de Jesús, ha sido beatificado esta mañana. Demos gracias a Dios por todos los santos hombres y mujeres que ha dado a su Iglesia.

Estoy contento de saludar a todos los peregrinos de lengua italiana presentes aquí hoy, en esta feliz ocasión, especialmente a los que han llegado desde Lampedusa y Linosa. Gracias por haber venido a compartir este momento de celebración y de oración con los hermanos y hermanas malteses. Que el apóstol Pablo, del que conmemoramos el aniversario de su presencia en estas islas, sea para vosotros un ejemplo de fe firme y valiente frente a la adversidad.

Sobre todos vosotros y sobre vuestros familiares en casa invoco de corazón las abundantes bendiciones del Señor para un feliz y santo tiempo de Pascua.

[Traducción del español distribuida por la Santa Sede ©Libreria Editrice Vaticana]


PALABRAS DEL PAPA AL VISITAR LA GRUTA DE SAN PABLO EN MALTA

“He rezado para que podáis mantener íntegra la herencia que os ha confiado el gran Apóstol”

RABAT, (ZENIT.org).- Publicamos las palabras que dirigió Benedicto XVI este sábado por la noche al visitar la gruta de san Pablo en Rabat.

TEXTO ÍNTEGRO

Querido Señor Arzobispo Cremona,

Queridos hermanos y hermanas

Mi peregrinación a Malta ha comenzado con un momento de oración silenciosa en la gruta de san Pablo, el primero que trajo la fe a estas islas. He venido siguiendo las huellas de esa multitud de peregrinos que a lo largo de los siglos han rezado en este lugar santo, confiando a la intercesión del Apóstol de los Gentiles sus propias vidas, sus familias y la prosperidad de esta Nación. Me alegro de encontrarme por fin entre vosotros y saludaros con gran afecto en el Señor.

El naufragio de Pablo y su estancia en Malta durante tres meses han dejado una marca imborrable en la historia de vuestro País. Los Hechos de los Apóstoles nos recuerdan las palabras que dirigió a sus compañeros antes de su llegada a Malta y que han sido un tema especial en vuestra preparación para mi visita. Estas palabras, «Jeħtieg iżda li naslu fi gżira» ["iremos a dar en alguna isla"] (Hch 27, 26) en su contexto original, son una invitación a llenarse de valor frente a lo desconocido y a una confianza inquebrantable en la misteriosa providencia de Dios. En efecto, las gentes de Malta, siguiendo el ejemplo de san Publio, acogieron cordialmente a los náufragos. Así, según el designio Dios, san Pablo se convirtió en vuestro padre en la fe cristiana. Gracias a su presencia entre vosotros, el evangelio de Jesucristo echó profundas raíces y fructificó no sólo en la vida personal, familiar y comunitaria, sino también en la formación de la identidad nacional de Malta, así como en su propia y dinámica cultura.

El trabajo apostólico de Pablo produjo también una abundante cosecha con la generación de predicadores que siguieron sus huellas y, de modo particular, con el gran número de sacerdotes y religiosos que, imitando su celo misionero, dejaron Malta para llevar el evangelio a tierras lejanas. Me alegro de haber tenido la oportunidad de encontrar hoy a muchos de ellos en esta Iglesia de San Pablo, y de animarlos en su vocación, a menudo heroica y llena de desafíos. Queridos misioneros: en nombre de toda la Iglesia, os doy las gracias por vuestro testimonio de Cristo resucitado, y por vuestra vida gastada en el servicio a los demás. Vuestra presencia y actividad en tantos países del mundo honra a vuestra patria y manifiesta lo profundo que es el impulso evangélico de la Iglesia en Malta. Pidamos al Señor que suscite más hombres y mujeres que continúen la noble misión de proclamar el evangelio y que trabajen por el crecimiento del Reino de Dios en todas las partes y todos los pueblos.

La llegada de san Pablo a Malta no estaba planeada. Como sabemos, iba camino de Roma cuando se desencadenó un violento temporal y su barco encalló en esta isla. Los marinos pueden trazar una ruta, pero Dios, en su sabiduría y providencia, les marca su propio itinerario. Pablo, que de manera dramática había encontrado al Señor resucitado en el camino de Damasco, lo sabía muy bien. El curso de su vida cambió radicalmente; para él, desde entonces, la vida es Cristo (cf. Flp 1,21); todo su pensamiento y su acción se orientaban a proclamar el misterio de la cruz con su mensaje de amor divino que reconcilia.

Esta misma palabra, la palabra del Evangelio, tiene también hoy el poder de entrar en nuestras vidas y cambiar su curso. Hoy, el mismo evangelio que Pablo predicó sigue llamando a los habitantes de estas islas a la conversión, a una nueva vida y a un futuro de esperanza. Estando entre vosotros como Sucesor del Apóstol Pedro, os invito a escuchar con nuevo espíritu la Palabra de Dios, como hicieron vuestros antepasados, y a dejar que ella cuestione vuestros modos de pensar y de vivir.

Desde este lugar santo, en el que la predicación apostólica comenzó a difundirse por primera vez en estas islas, os invito a cada uno de vosotros a aceptar el desafío apasionante de la nueva evangelización. Vivid de manera cada vez más plena vuestra fe con vuestros familiares y amigos, en vuestros barrios y lugares de trabajo, así como en todo el tejido de la sociedad maltesa. De modo particular, animo a los padres, profesores y catequistas a hablar a los demás, y en especial a los jóvenes, que son el futuro de Malta, de vuestro encuentro vivo y personal con Jesús resucitado. «La fe se fortalece dándola». (Redemptoris missio, 2). Sabed que la manifestación de vuestra fe favorece el encuentro con Dios, que en su omnipotencia toca el corazón del hombre. De este modo, introduciréis a los jóvenes en la belleza y riqueza de la fe católica, ofreciéndoles una sólida catequesis e invitándolos a participar cada vez más activamente en la vida sacramental de la Iglesia.

El mundo necesita este testimonio. Frente a tantas amenazas contra el carácter sagrado de la vida humana, y la dignidad del matrimonio y la familia, ¿no será necesario recordar constantemente a nuestros contemporáneos la grandeza de nuestra dignidad de hijos de Dios y la sublime vocación que hemos recibido en Cristo? ¿Acaso no necesita la sociedad recuperar y defender aquellas verdades morales fundamentales que son la base de la auténtica libertad y del genuino progreso?

Mientras hace poco me encontraba delante de esta gruta, he reflexionado sobre el gran don espiritual (cf. Rm 1, 11) que Pablo entregó a Malta, y he rezado para que podáis mantener íntegra la herencia que os ha confiado el gran Apóstol. Que el Señor os confirme, a vosotros y a vuestras familias, en la fe que actúa a través del amor (cf. Ga 5,6), y os convierta en testigos gozosos de la esperanza que no defrauda (cf. Rm 5, 5). Cristo ha resucitado. Verdaderamente ha resucitado. ¡Aleluya!

[Traducción del original inglés distribuida por la Santa Sede © Libreria Editrice Vaticana]


MILES ASISTEN A BEATIFICACIÓN DE PADRE HOYOS, APÓSTOL DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

VALLADOLID, ESPAÑA (ACI).- Miles de fieles procedentes de distintos países asistieron a la ceremonia de beatificación en Valladolid (España) del Padre Bernardo Francisco de Hoyos, el apóstol de la imagen del Sagrado Corazón de Jesús. La multitudinaria Misa se llevó a cabo a las 10:30 a.m. en la Catedral de Valladolid y contó con la presencia del Presidente de la Conferencia Episcopal Española y Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela; el Arzobispo de Toledo y Primado de España, Mons. Braulio Rodríguez; el Arzobispo de Valladolid, Mons. Ricardo Blázquez; entre otros.

Mons. Blázquez inició la ceremonia narrando una breve biografía del P. Hoyos en la que señaló la influencia de los novicios jesuitas en su vocación, hecho que lo llevó a consagrarse en la Compañía de Jesús. Seguidamente, el Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos y representante del Papa Benedicto XVI en la beatificación, Mons. Angelo Amato, procedió a la lectura en latín de la carta papal que posteriormente fue traducida a los presentes.

"Por mandato del Sumo Pontífice Benedicto XVI, damos ahora la Carta Apostólica en la que su Santidad inscribe en el Libro de los Beatos al venerable Siervo de Dios Bernardo Francisco de Hoyos", señaló.Al finalizar la Eucaristía se realizó una pequeña "procesión por el Paseo de Filipinos entre el aplauso de los miles de fieles".

VIDA

Bernardo de Hoyos nació en Valladolid (España) el 20 de Agosto de 1711, fiesta de San Bernardo de Claraval. Fue bautizado a los 16 días con el nombre de Bernardo en memoria del santo monje. A los 14 años fue admitido en el noviciado de los jesuitas y ordenado sacerdote 9 años más tarde. Tras conocer la devoción al Sagrado Corazón de Jesús quiso extenderla por toda España y el mundo. Ayudó a traer estampas de Roma y pidió a su director espiritual que escribiese el libro "Tesoro escondido en el Sacratísimo Corazón de Jesús", ocupándose Bernardo de recaudar los fondos necesarios para su impresión. Se enviaron ejemplares a la casa real y al clero, y numerosos obispos concedieron indulgencias a los que lo leyesen. En pocos años se hicieron ocho ediciones en diferentes ciudades. A los 24 años de edad, con tan solo un año de sacerdocio, enfermó de tifus y falleció en Valladolid en 1735. Fue declarado Venerable por el Papa Juan Pablo II el 12 de Enero de 1996.

(Ver el reportaje escrito por el padre Martí Ballester sobre el padre Hoyos)


SE INICIÓ LA ASAMBLEA PLENARIA DE LA CEE

Cardenal Rouco: “Nos duele en el alma los graves pecados y delitos cometidos por algunos hermanos en el sacerdocio y por algunos religiosos que han abusado de menores”

MADRID (SIC).- El cardenal Antonio María Rouco Varela, arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, pronunció el discurso inaugural en la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española que está reunida esta semana en Madrid. En él, defendió con rotundidad al Papa Benedicto XVI de los ataques que recientemente ha recibido por los casos de pederastia y dijo que los sacerdotes y religiosos que han abusado de menores deben “responder ante Dios y ante la Justicia”

“Nos duele en el alma –afirmó el cardenal Rouco- los graves pecados y delitos cometidos por algunos hermanos en el sacerdocio y por algunos religiosos que han abusado de menores, traicionando la confianza depositada en ellos por la Iglesia y por la sociedad” y consideró que “deben ciertamente responder de sus actos ante Dios y ante la justicia humana”.

En este sentido, anunció que los obispos “pondrán más cuidado los medios adecuados para prevenir y corregir casos de este tiempo, de modo que nadie pueda pensar que sea compatible el servicio sacerdotal o la vida consagrada con la comisión de tales crímenes”.

De esta manera, dijo con rotundidad que “es intolerable faltar tan gravemente a la castidad, a la justicia y a la caridad, abusando de una autoridad que debería haber sido puesta precisamente al servicio de esas virtudes y del testimonio del amor de Dios”.

Al mismo tiempo, los obispos españoles mostraron todos a una su apoyo al Papa Benedicto XVI y sostuvieron que no pueden permitir que estas “acusaciones insidiosas sean divulgadas como descalificaciones” contra los sacerdotes y religiosos en general y “por extensión contra el mismo Papa”. “Ya es demasiado que se haya abusado de un solo niño. No puede ser. No puede ser la omisión de las actuaciones disciplinarias debidas o de la atención que merecen quienes han sufrido tales desmanes”, agregó.

En cualquier caso, reiteró su apoyo al Papa y añadió que le deben a él “las disposiciones encaminadas a prevenir y corregir abusos en el cambio mencionado y en otros ámbitos de la vida de la Iglesia”.

Así, manifestó que el remedio hay que buscarlo, “sin duda, en medidas preventivas, disciplinares y penales, pero, sobre todo, en el cultivo de la santidad de vida”. “Es decir: en la adhesión personal a Jesucristo, por la entrega completa de la propia vida a él en el amor; en la consiguiente libre obediencia a la santa ley de Dios y al magisterio de la Iglesia y en la práctica constante de los medios que hacen posible tal adhesión y obediencia”, concluyó, al tiempo que dijo que de todo ello ha hablado el Papa.

Precisamente, tuvo un especial recuerdo para el quinto aniversario del pontificado de Benedicto XVI, que se celebra hoy, y agradeció a Dios “que haya querido llamar a la Cátedra de Pedro a un hombre entregado al servicio de la Iglesia de un modo tan clarividente y generoso”. Tras estas palabras, los obispos mostraron su adhesión con un aplauso.

VIAJES DEL PAPA A SANTIAGO Y BARCELONA

También, destacó la visita que el Santo Padre realizará a España el próximo mes de Noviembre, concretamente a Santiago de Compostela con motivo del Año Santo y a Barcelona para consagrar el Templo de la Sagrada Familia.

“España no se entiende sin Santiago y sin la tradición jacobea”, manifestó, porque “por medio de él, recibimos la fe cristiana, cuyas raíces se hunden”. Así, subrayando que “lo español no es lo mismo que lo católico”, sostuvo que “no se pueden identificar sin más ambas realidades”.

Para el cardenal, “mirando a Santiago no olvidamos que es necesario dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios y siempre promoveremos modelos de convivencia que respeten la justa autonomía de las realidades temporales y, por tanto, la libertad religiosa”.

También, refiriéndose a la consagración del templo de Gaudí, señaló que nos permitirá reflexionar sobre “aspectos de gran relevancia para el hoy de nuestra Iglesia” como “seguir promoviendo la concepción natural y cristiana del matrimonio y de la familia como base de la convivencia social justa”. “El Estado y la Iglesia –añadió- deben reconocer la prioridad de la familia y ponerse a su servicio, sin preterirla ni suplantarla”.

En este punto de su discurso recordó que en España se ha aprobado la nueva regulación del matrimonio en el Código Civil, se está reformando la ley del aborto, “que deja sin protección legal la vida de los que van a nacer y, por tanto, supone un retroceso muy grave hacia el abismo de la cultura de la muerte”.


CÁRITAS ARAGÓN AUMENTÓ UN 12 % SU PRESUPUESTO EN 2009 PARA ATENDER LAS DEMANDAS A CAUSA DE LA CRISIS

Los servicios de acogida duplicaron el número de casos atendidos

ZARAGOZA, ESPAÑA, (CÁRITAS) Como cada año en vísperas de San Jorge, patrono de la Comunidad Autónoma, Cáritas Aragón ha presentado esta mañana, en el Centro Joaquín Roncal de la Fundación CAI-ASC de Zaragoza, su Memoria 2009, en la que se detalla la apuesta solidaria de miles de aragoneses a favor de la inclusión social y lucha contra la pobreza. En la conferencia de prensa han intervenido Armando Cester y Francisco Yagüe, presidente y secretario general, respectivamente, de Cáritas Aragón.

Los datos de la Memoria confirman que los efectos de la crisis económica, lejos de remitir, se han profundizado en la sociedad aragonesa. Pese a que la tasa de pobreza se mantiene en niveles similares a los del año anterior, otros indicadores muestran la precarización de las condiciones de vida, que afecta con especial intensidad a un número cada vez mayor de personas en situación de vulnerabilidad social. Así lo refleja la evolución de factores como las dificultades de los hogares para llegar a fin de mes o su capacidad para afrontar los denominados “gastos imprevistos”.

CASI 8 MILLONES DE EUROS INVERTIDOS

Según los datos ofrecidos, Cáritas ha destinado en Aragón durante 2009 un total de 7.891.419,54 euros en acciones de la lucha contra la pobreza, lo que supone un incremento del 12,08 % con relación al ejercicio precedente. Asimismo, el número de personas atendidas en los centros y servicios de acogida de las distintas Cáritas aragonesas se ha duplicado. En concreto, se ha incrementado un 97,59 % el número de personas atendidas con respecto al año 2008.

Como han señalado los responsables de Cáritas Aragón en la rueda de prensa celebrada en Zaragoza, “en línea con el lema de nuestra actual campaña ’Una sociedad con valores es una sociedad con futuro’, consideramos inaplazable la adopción de medidas económicas y sociales que provoquen un cambio en el modelo económico aragonés”.

La Memoria ofrece también información detallada sobre la realidad humanan de Cáritas en la Comunidad Autónoma aragonesa, donde el 92’3 % de las personas que colaboran en los distintos programas y servicios son voluntarias. En total, Caritas Aragón –que agrupa a las Cáritas Diocesanas de Jaca, Barbastro-Monzón, Huesca, Teruel, Tarazona y Zaragoza-- cuenta con 2.634 personas voluntarias y 218 trabajadores contratados.