La cruz monumental de madera que presidirá los encuentros en Madrid de la Jornada Mundial de la Juventud estuvo en las fiestas conmemorativas de San Francisco Javier, en el Castillo de Javier, en Navarra, España. Nuestro colaborador Javier Leoz –ahora de viaje en Tierra Santa—compuso una oración para dicha cruz. Asimismo, la cruz de JMJ ha recorrido muchas parroquias de la diócesis de Madrid. Ahora comienza el periplo por el resto de las diócesis españolas y nos ha parecido que esta oración puede ser de gran utilidad para la visita del símbolo de la Jornada de la Juventud a otras parroquias.


1.- CRUZ DE JMJ

Por Javier Leoz (**)

Nos llevas a la Redención y nos llamas al amor

Sin decir nada, lo expresas todo

Sin mediar palabra, en ti, yace el Verbo Encarnado

CRUZ DE JMJ

De tronco acariciada por manos de Papas y de obispos

Por jóvenes y ancianos, por niños y por familias enteras

En ti, siempre cruz, está la cumbre

de lo mucho que Dios nos quiere

La fuerza, que nos impulsa a ser valientes

La VIDA, que nos empuja a otra eterna

El AMOR, que deja pequeños nuestros afectos

El PERDON, que nos hace inclinar la cabeza

 

CRUZ DE JMJ

Peregrinas y avanzas para que, comprendamos,

que el cristiano es alma nómada

Que, lo que aquí tenemos y disfrutamos,

no es ni mucho menos definitivo

Que, el sufrimiento y el esfuerzo,

la entrega o el compromiso

son señales inequívocas de aquel que dice ser tu amigo

 

CRUZ DE JMJ

Conservas el aroma de los cinco continentes

Nos invitas a salir de nosotros mismos

Desde el azotea de tus tres metros,

se contempla y nos dices

que la salvación todavía es posible para nuestro mundo

que, Cristo, no murió definitivamente en el calvario

Que, en una mañana luminosa,

después de ti, oh cruz, se pasó a la LUZ de la Pascua

 

CRUZ DE JMJ

Cruz inquieta y andariega

universal y, a la vez, tan nuestra

Cruz de madera, y a la vez,

tan fuerte y robusta

al contener a Aquel

que, en tus dos maderos,

nos trajo VIDA y eterna

 

CRUZ DE JMJ

¡Sigue llevando mensajes de esperanza!

Levanta las miradas que sólo aterrizan en el suelo

Consuela, a los que en sus cruces, andan abatidos

Fortalece, a los que se pelean en mil batallas justas

Y a nosotros, CRUZ DE JMJ,

haz que al igual que Tú en el suelo, también nosotros,

estemos arraigados y edificados en Cristo,

fuertes en la lucha y abrazados a la esperanza

Amén

(**Javier Leoz es Sacerdote Diocesano de Pamplona-Navarra)

 

2.- A VUELTAS CON LA RESURRECCIÓN

Por David Llena

Me ha llamado la atención la afirmación de un lector de Madrid, Andrés, que asegura que es católico y no cree en “la resurrección como hecho histórico no extrapolable a este tiempo”.

Y realmente tiene razón en un cierto sentido. Veamos: En la Biblia y más concretamente en los evangelios, aparecen varias resurrecciones como milagros de Jesús. La más impresionante la de Lázaro que tras llevar 4 días muerto retorna a la vida. Es una resurrección a la vista de todos, y cuyo fin es, que los que había allí presentes descubrieran en Cristo la condición de Mesías. Y Juan narra este acontecimiento justo antes de comenzar el relato, largo relato de la Última Cena y la muerte de Cristo. Es un signo que ayudará a sus discípulos a creer en la Resurrección, cuando ésta se produzca algunos días después.

Sin embargo, esta resurrección de Lázaro al igual que las otras sí son hechos históricos, pues vuelven a la misma vida que llevaban, una vida que volverá a acabar en la muerte y que será como si esas personas hubiesen estado dormidas ese tiempo, no ha cambiado nada. Así lo expresa Jesús a los padres de aquella niña, hija del magistrado Jairo, que resucitó (Mt 9,18-25).

Sin embargo la Resurrección de Cristo, no corresponde a un hecho dentro de nuestra historia, sino que la trasciende. La Resurrección de Cristo es un acontecimiento meta-histórico, va más allá de las limitadas coordenadas espacio-temporales en que nos movemos. Por esa razón puede aparecer cuando las puertas están cerradas (Jn 20,19) y no ser reconocido por sus seguidores como le ocurre a María Magdalena en el huerto (Jn 20 11,15) o aquellos que caminaban hacia la cercana población de Emaús (Lc 24,13-35). Cristo ha vencido para siempre a la muerte y su cuerpo glorificado no vuelve a morir, es primicia de nuestra resurrección y, como dice San Pablo, la certeza de nuestra resurrección.

Por eso, es fundamental para nuestra fe, tener esa experiencia de Cristo resucitado hoy, Cristo que vive, que está llamando a nuestro corazón cada día (Ap 3,20) y que se hace presente cada día en los sacramentos especialmente en la Eucaristía. Fue su obediencia a la voluntad del Padre, lo que llevó a Éste a resucitar a su propio Hijo y ganarnos para todos los hombres la posibilidad de la Resurrección a la Vida Eterna en el final de los tiempos.

Para ello, sólo es necesario por nuestra parte, un acto de Fe. Forzar a nuestra voluntad para, acomodándola a la del Padre, afirmar: “Creo en la Resurrección de Cristo”. No es algo razonable con parámetros humanos, pero a la luz de la Fe es algo casi evidente, y el único punto de apoyo, para todo el devenir de la Iglesia. La piedra angular es Cristo resucitado.

Por eso, sin la Resurrección de Cristo, deberíamos guardar toda nuestra religión, cerrar las iglesias y apagar toda llama de esperanza de victoria ante el mal. Pero, como reza la canción: “Cristo venció, nosotros venceremos”.

No podemos, pues, los cristianos dudar de la realidad, más real que muchas otras realidades, del acontecimiento de aquella mañana del día primero de la semana: la Resurrección de Cristo. Por ello, nos reunimos cada domingo para hacer presente aquel acontecimiento: Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Por eso la liturgia de la misa, nos invita a expresar esa fe, cuando Cristo ya está presente en el altar la asamblea entera aclama al Señor: “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu Resurrección, ven Señor Jesús”.

 

3.- JOSEPH RATZINGER

Por Pedrojosé Ynaraja

Redacto inmediatamente después de seguir por TV la reunión de la juventud de Malta con el Papa y lo hago satisfecho. Mi gozo proviene de haber observado su rostro, el de los momentos en que se dirigía a la multitud y en los que algún chico o chica estaba hablando con él. Se le veía alegre, satisfecho y a la juventud también.

Sigo con interés todas las informaciones que llegan sobre las acusaciones que desvelan que clérigos han abusado de menores. Se le acusa a él y en consecuencia, aunque no sea responsable, los insultos y las amenazas le entristecen. En la liturgia, sea de las Horas o en la de la misa, rezo por el Papa Benedicto XVI y procuro que mi súplica sea atenta, la dirijo a Dios Padre oficialmente. Ahora bien, “dentro” del pontífice hay un hombre, dotado de cerebro, corazón y sistema endocrino, que se altera ante las adversidades y sufre, y es por este cristiano por el que particularmente rezo cada día, y esta temporada con mayor intensidad. Si soy para él, en esta etapa histórica, un anónimo desconocido, la gracia que compartimos, me une estrechamente con él y un día en la eternidad, esta proximidad espiritual, será también comunión personal.

Me preocupan mucho las personas que han sido pervertidas de pequeñas. Mi práctica sacerdotal me ha dado a conocer la triste suerte que sufren casi todos los que las han experimentado. Imprime un trauma que tal vez permanezca latente bastante tiempo, pero que seguramente un día se manifestará en forma de neurosis que duelen y alteran comportamientos. Lo diré de otra manera. Observa uno las reacciones, los impedimentos de progreso espiritual, los sufrimientos y cambios de humor, habla y escucha y de inmediato intuye que ha habido una horrorosa experiencia de la que no se atreve a hablar y de la que hasta llega a sentirse culpable. En estas ocasiones sé lo difícil, pero útil, que es el diálogo, de aquí que rece mucho por aquella persona, por sus necesidades espirituales y por si la conversación conmigo o con otro le es provechosa, que se atreva a tenerla. Y si es incapaz de hablar que se comunique por escrito. Confieso que en algún caso mi súplica ha durado más de un año, también que en algún otro, la persona víctima, al darse cuenta de que intuía su desgracia, ha desaparecido.

Me estoy refiriendo a chiquillas violadas por su padre, por un hermano que amenazaba con matarla si explicaba algo, que al llegar a la pubertad, y continuar haciéndolo, no podía esconder la perversión, porque había surgido un embarazo. Al chiquillo que entabla simple compañía de juego de ajedrez con una señora, ambos se aburren en verano, y ella se lo lleva a la cama, no precisamente para dormir. Al que se deja engañar por un monitor de colonias o instructor de gimnasia… No prosigo, creo que lo dicho es suficiente para estar seguro de que el delito es mucho más frecuente de lo que se quiere suponer. Los adultos responsables quieren ignorarlo, la víctima vive prisionera del recuerdo que la ha traumatizado. Al tomar decisiones, al que no conoce antecedentes, le parece son incongruentes y le incomoda todavía más. Y continúa el dolor que tal vez le acompañe hasta la muerte. No niego que el culpable puede ser un clérigo y que es muy grave su proceder, pero disminuimos en número y, por simple lógica, también será menor el peligro. Por estas víctimas conocidas o no por mí, también rezo.

La labor de un psicólogo puede ser necesaria, pero no suficiente, dado el complejo de culpabilidad y la culpabilidad sin complejo, que con frecuencia existe. ¡Que suerte tiene aquel que desde la Fe cristiana siente una mano sacerdotal impuesta en su cabeza, mientras escucha: yo te absuelvo de tus pecados…!