La sección de reportaje lleva esta semana dos temas. El padre Jesús Martí Ballester ha realizado un largo y emotivo relato sobre el padre Hoyos, Apóstol del Sagrado Corazón. Y el padre Antonio Pavía nos ofrece una meditación sobre la Jornada de Oración poro las vocaciones que la Iglesia celebra en este Cuarto Domingo de Pascua. Esperamos y deseamos que ambos trabajos sean del interés de nuestros lectores. 1.- En la beatificación del padre Bernardo Hoyos Por Jesús Martí Ballester “Reinare en España con más veneración que en otras partes”, dijo el Corazón de Jesús al padre Bernardo Hoyos, eslabón importante en España de la larga historia en el tiempo de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús
LOS SANTOS PADRES Después de la sagrada Escritura, llegan los santos Padres, los grandes escritores de la antigüedad. También en ellos aparece la devoción al Corazón de Cristo. Los santos Padres han puesto su mirada, en el costado abierto de Cristo en la cruz y del costado han llegado a la intimidad del Señor. El corazón simboliza lo más íntimo, lo más profundo del ser de la persona y han visto como de este costado abierto de Cristo en la cruz ha nacido la Iglesia. Los santos Padres han visto el costado abierto del Señor con un corazón redentor, como las entrañas de misericordia de Jesús que se entrega sin reservas para que todos lo hombres descubran al Dios verdadero que es amor y tengan vida y vida en abundancia. LOS SANTOS Después de los santos Padres a lo largo de la historia de la santidad de la Iglesia, muchos santos han sido tocados por la gracia para profundizar una dimensión muy cercana a nuestra espiritualidad: la humanidad de Cristo. Corazón de Jesús: la expresión «Corazón de Cristo» se refiere al «misterio mismo de Cristo, a la totalidad de su ser, a su persona considerada en su núcleo íntimo y esencial». El directorio sobre piedad popular y liturgia, publicado por la Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos, hacen referencia al corazón que aparece muy frecuentemente en la Biblia con un rico significado. Jesús mismo nos dice: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. (Mateo 22, 37). Sin embargo, él sabía que nosotros somos incapaces de amar así por nuestra propia fuerza. Sólo el amor divino es capaz de darse plenamente a los hombres. Por eso él mismo bajó del cielo, tomó un corazón humano y nos amó hasta el extremo, siendo traspasado por nosotros. Jesús perdona nuestros pecados y restaura nuestro corazón, capacitándolo para vivir en su amor con su gracia. Contemplando el amor de Jesús, manifestado en su corazón traspasado, él nos hace capaces del amor divino. ¡Quiere divinizarnos con su amor! “mirarán al que traspasaron”. (Juan 19,37). Uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua. (Juan 19,34). El amor se derramó en el Calvario cuando el Corazón de Jesús fue traspasado. Todos los hombres de todos los tiempos, necesitan contemplarlo y decidir su vida eterna. Ya lo había profetizado Simeón a la Virgen María: “¡y a ti una espada te atravesará el alma!” para que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones (Lucas 2,35).Las intenciones de María quedaron al descubierto en la cruz: su amor a Jesús pasó la prueba. Pero vemos que son muy pocos los que aman hasta la cruz. Sólo quien se deja traspasar el corazón por amor a Dios adquiere la capacidad de amar como él ama. LA DEVOCIÓN AL CORAZÓN DE JESÚS La devoción al Corazón de Jesús no es entrega infantil, fácil y dulzona. Hay fuerzas muy poderosas de rebelión en nuestro corazón pecador. Hay veces que todo nuestro ser grita de rabia, de odio o de cualquier otra pasión carnal. Estamos ante algo que nos supera. No podemos abrazar la cruz y el mal que rechazamos termina tomando control de nosotros. Esto lo conocen bien los adictos. Pero todos somos adictos de alguna forma. Cuando nos duele, ¡qué difícil es contemplar al crucificado y dejarse crucificar! Este amor nos exige entrar en el fuego más perfecto de amor para inmolarnos y sufrirlo todo. Otras veces, al contrario, nuestro corazón está endurecido por sus afanes, sus intereses, sus comodidades...¡la terrible mediocridad de los devotos! Hacemos "algo" por él, pero a nuestra manera, en nuestro tiempo. El se convierte en nuestro "copiloto". "La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta".(1Corintios 13,4-7). ¡Queremos que los otros nos amen así!, pero, ¿nosotros? No. San Pablo habla de esta "necedad": "pues la predicación de la cruz es una necedad para los que se pierden; mas para los que se salvan - para nosotros - es fuerza de Dios.(1 Cor 1,18). El cristianismo se distingue tanto por la intimidad de amor a Jesús como por su necesario fruto: la obediencia total hasta la cruz. “Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando” (Juan 15,14). Dios creó todo ser humano para que, desde su nacimiento, viva por el amor y sea feliz por el amor. Todos queremos ser comprendidos y valorados. El error se comete cuando buscamos a las criaturas por encima de Dios. Entonces se nos olvida que sólo Dios puede satisfacer el hambre de nuestro corazón. El amor no es un derecho sino un regalo de Dios. Agradecemos el amor de las criaturas pero este sólo nos llena si encaja en el lugar que Dios quiere para ese amor. Sólo cuando el amor es de entrega, sin interés, es el mismo amor de Dios. Solo la religión judeo-cristiana conoce una relación con Dios fundamentada en el amor. Al primer mandamiento, Jesús lo lleva a la plenitud. Jesús no sólo nos pone leyes sino que nos llama a amar muy por encima de toda ley... hasta la locura de la cruz. Esto es lo que significa entrar en su corazón traspasado. Los Padres de la Iglesia recibieron la rica tradición apostólica sobre el Corazón de Cristo. Comprendían que Cristo tiene un corazón humano, actúa con corazón humano y nos hace capaces de compartir su amor humano y divino. San Agustín aparece en la iconografía con el corazón ardiendo de amor por Dios. Los Padres meditaron que, cuando San Juan se reclinó sobre el pecho de Jesús recibió sabiduría divina. San Agustín escribe que Juan bebió de los "secretos sublimes de las profundidades más íntimas del Corazón de nuestro Señor". San Paulino de Nola escribe que así fue como San Juan recibió sabiduría para escribir la Palabra de Dios. Los Padres también hacen referencia a la sagrada llaga del costado de Jesús, a la sangre y agua que brotaron de su corazón, de donde recibimos los sacramentos. San Ambrosio escribe: "el agua nos limpia, la sangre nos redime." San Juan Crisóstomo escribe en la misma línea. EN LA EDAD MEDIA
OTROS SANTOS Jesús siempre ha estado presente, revelando su amor. Numerosas místicas en diversas épocas tuvieron experiencias del Corazón de Jesús, fuente de amor y modelo para nuestro corazón: Lutgarda con quien intercambió los corazones. Matilde, Sta.Gertrudis la grande, vidente de Corazón de Jesús, enseña cuánto Jesús se deleita en el corazón de los hombres. El corazón de Jesús renovará la humanidad. Sta. Angela de Foligno. Johannes Tauler, dominico, invita a refugiarse en el Corazón de Jesús. El Beato Enrique Suso, dominico también, vio un ángel tomando su corazón y uniéndolo con el de Jesús. Santa Catalina de Siena preguntó al Señor: "Dulce cordero sin mancha, tu estabas muerto cuando tu costado fue abierto. ¿Para qué, entonces, permitiste que tu corazón fuese de tal forma herido y abierto a la fuerza? Nuestro Señor le respondió. "Por varias razones, de las que te diré la principal. Mis deseos hacia los hombres eran infinitos y el tiempo actual de sufrimiento y tortura estaban terminados. Ya que mi amor es infinito, yo no podía por el sufrimiento manifestarte cuánto te amo. Por eso yo quise revelarte el secreto de mi corazón, permitiéndote verlo abierto, para que puedas entender que te amé mucho más de lo que te podía probar por un sufrimiento que ha terminado". Santa Juliana de Norwich, inglesa,. tuvo una visión. Jesús le invitó a contemplar dentro de su Corazón, donde caben todos los que se salvarán. Margarita de Cortona. Santa Teresa de Ávila , dijo que debíamos hacer la llaga sagrada nuestro lugar de refugio. Sta. Verónica Giuliani, tuvo la experiencia de la unión de los dos corazones. También en el siglo XX, la Sierva de Dios Josefa Menéndez y Sta.Gema Galgani . LAS DIVISIONES DE LA IGLESIA EN EL SIGLO XVI Después de las divisiones de la Iglesia en el siglo XVI, otros santos se sintieron impulsados por el amor al Corazón de Jesús a la renovación de la Iglesia. San Francisco de Sales, Obispo y Doctor de la Iglesia atribuía la fundación de las Visitantinas a la "Obra de los Corazones de Jesús y María" y Santa Juana de Chantal dijo: "que el Señor nos de la gracia para vivir y morir en el Sagrado Corazón". Ambos amantes del Corazón de Jesús cofundaron la orden de la Visitación. Una de sus novicias recibiría las apariciones del Sagrado Corazón que impulsará la devoción por el mundo entero. Pero fue en el siglo XVII cuando la devoción al Corazón de Jesús se llega a propagar de manera sin precedentes. El gran Santo y Fundador, Juan Eudes une la devoción al Corazón de Jesús a la del Corazón de María Santísima, dos amores, dos corazones inseparables. Fue el primero que organizó y celebró las fiestas del Corazón de Jesús y el Corazón de María. Por la misma época Santa Margarita María de Alocoque, novicia de la Visitación, recibe apariciones de Jesús quien le muestra su Corazón y le comunica mensajes que transformaron su vida. En la primera de las apariciones, el 27 de diciembre de 1673, Jesús le comunicó: «Mi Corazón divino está tan apasionado de amor por los hombres, y por ti en particular, que al no poder contener en sí las llamas de su ardiente caridad, hay que transmitirlas con todos los medios». En otra ocasión le dijo: “mira este corazón mío, que a pesar de consumirse en amor abrasador por los hombres, no recibe de los cristianos otra cosa que sacrilegios, desprecios, indiferencia e ingratitud, aún en el mismo sacramento de mi amor. Pero lo que traspasa mi corazón más desgarradoramente es que estos insultos los recibo de personas consagradas especialmente a mi servicio”. ¿Qué pide Jesús? ¡Que le correspondamos! Que le amemos con todo nuestro corazón. Él vino para eso. Él lo hace posible vertiendo su sangre en la cruz. LA PROMESA DE LOS NUEVE PRIMEROS VIERNES.
La Iglesia es el cuerpo místico de Cristo. La devoción al Corazón nos mueve a desear ser Iglesia con todo el corazón y a propagarla por el mundo entero. El devoto del Corazón de Jesús busca propagar su Reino. La Virgen María. Nadie como ella ama al corazón de su Hijo. Nos expone S. Juan Eudes, que los dos corazones son inseparables. Nosotros somos llamados a unirnos a ellos en un solo pensar y sentir. EL APOSTOLADO DE LA ORACIÓN El apostolado de la oración fue fundado en Vals, cerca de le Puy, en Francia, el 3 diciembre 1844, por el P. francisco Javier Gautrelet, SJ para los estudiantes Jesuitas. El P. Ramiere llamó al apostolado Liga santa de corazones unidos al Corazón de Jesús. En 1861 nació, en Francia, la primera publicación en grande para promover la devoción al Corazón de Jesús: el Mensajero. Pronto publicaciones similares surgieron por todo el mundo. Juan Pablo II, ha dicho que él «se ha distinguido por su empeño en difundir la devoción y la espiritualidad del Corazón del Redentor». EL BEATO BERNARDO FRANCISCO DE HOYOS Nació en Torrelobatón (España) en 1711. Su padre don Manuel de Hoyos era secretario del ayuntamiento de Torrelobatón, pero su familia era originaria de Hoyos. Su madre doña Francisca de Seña, nació en Medina del Campo. El niño fue bautizado a los 16 días con el nombre de Bernardo por deseo de sus padres (nació un 20 de agosto, memoria litúrgica de San Bernardo de Claraval), y también con el nombre de Francisco, a propuesta del Párroco de la Iglesia de Santa María de Torrelobatón donde fue bautizado, poniendo al niño bajo la protección de San Francisco Javier.A los 9 años Bernardo recibió la confirmación en Torrelobatón, a los 10 años fue a estudiar en el colegio de los Jesuitas de Medina del Campo, y a los 11 años al colegio de los Jesuitas de Villa García de Campos. A los 14 años, con el permiso de su familia, fue admitido en el noviciado de los Jesuitas en Villa García de Campos. Terminó el noviciado con casi 17 años, y emitió los votos simples perpetuos. Desde los 17 hasta los 20 años, Bernardo estudió filosofía en el colegio de los santos Pedro y Pablo en Medina del Campo. A los 20 años Bernardo comenzó los estudios de teología en el colegio de San Ambrosio de Valladolid. Cuando Bernardo tenía 13 años, murió su padre don Manuel de Hoyos. Este es un fragmento del testamento de don Manuel: "A mis hijos recomiendo que sean temerosos de Dios y de la propia conciencia, obrando y procediendo bien según sus obligaciones, porque así merecerán el mayor alivio y, sobre todo, el agrado de la misericordia de su Majestad que les guiará y les iluminará para su santo servicio y para permanecer en él hasta la muerte, guardando obediencia, respeto y veneración a su madre, abuelo, tío, y todas las otras personas, a fin de que consigan en esta vida el afecto de todos y en la otra el eterno descanso". Sobre su madre doña Francisca, podemos leer estas palabras: "crió a Bernardo su madre doña Francisca con especial esmero y cuidado, diciendo algunas veces que tendría gravísimo escrúpulo del menor descuido, porque si perdía aquel hijo, la daba a conocer el cielo, que le quitaba un santo grande". En el siguiente fragmento, se indica como era el joven Bernardo de Hoyos en el colegio: "era muy puntual a las confesiones y comuniones, que los estudiantes de nuestras aulas de gramática practican todos los meses, y recibía con suma docilidad los buenos consejos de sus maestros, cuando exhortaban a sus discípulos a la devoción a María Santísima, a la frecuencia de los sacramentos, a evitar toda culpa aunque fuese venial, y a los demás ejercicios virtuosos que inspiran los maestros a sus discípulos al tiempo mismo que les enseñan las letras". VOTOS SIMPLES PERPETUOS Cuando pronunció la fórmula de los votos simples perpetuos, con casi 17 años, escribe el mismo Bernardo lo que sintió en ese momento: “Al empezar a leer la fórmula de los votos ví en la sagrada eucaristía al mismo Jesucristo, que me oía, como juez en su trono, muy afable. Quedé al principio como fuera de mí, al ver tan gran Majestad, mas no fue tanto, que se conociese en lo exterior. Vile venir, y entrar en mi dichosa boca: causó mayor reverencia amorosa, y amor reverente, al verle entrar y estar en mi lengua. Después que pasó la Sagrada Forma, me dijo el Señor estas palabras intelectuales: “desde hoy me uno más estrechamente contigo por el amor que te tengo ". Contexto histórico durante la vida de Bernardo de Hoyos durante toda la vida de Bernardo de Hoyos reinaba en España y en la América Española el rey Felipe V, de la familia Borbón, que era nieto del rey de Francia Luis XIV. En Francia, la devoción al Sagrado Corazón de Jesús se había extendido mucho con los escritos de Santa Margarita María de Alacoque, y su confesor, san Claudio de la Colombière. Sobre la importancia de la consagración al Sagrado Corazón de Jesús, escribe Santa Margarita María de Alacoque: “... cuando nos hemos consagrado y dedicado por completo a este Corazón adorable, para honrarle y amarle con todos nuestros medios, abandonándose del todo a él, él se cuida de nosotros y nos hace arribar al puerto de salvación, a pesar de las borrascas ". NADA SABIA DEL CULTO AL CORAZÓN DE JESÚS De esta etapa de su vida, recogemos un hecho importante. En 1733, cuando Bernardo tenía 21 años y era estudiante de teología en el colegio de San Ambrosio de Valladolid, recibió una carta de su amigo Agustín Cadaveraz que era sacerdote y profesor de gramática en Bilbao. A Agustín le habían pedido un sermón para la octava de Corpus, y recordaba Agustín que en Valladolid había leído un libro escrito en latín cuyo título era 'de cultu Sacratissimi Cordis Iesu', del P. José de Gallifet, sobre la devoción al Corazón de Jesús. Para preparar el sermón, Agustín le pedía a Bernardo que copiase determinados fragmentos de ese libro y que se los enviase. Bernardo tomó el libro de la biblioteca y lo llevó a su habitación para copiar los párrafos pedidos. HABLA DIOS Esto es lo que relata Bernardo: "Yo que no había oído jamás tal cosa, empecé a leer el origen del culto del Corazón de nuestro amor Jesús, y sentí en mi espíritu un extraordinario movimiento fuerte, suave y nada arrebatado ni impetuoso, con el cual me fui luego al punto delante del Señor Sacramentado a ofrecerme a su Corazón para cooperar cuanto pudiese a lo menos con oraciones a la extensión de su culto". "No pude echar de mí este pensamiento hasta que, adorando la mañana siguiente al Señor en la Hostia Consagrada, me dijo clara y distintamente que quería por mi medio extender el culto de su Corazón Sacrosanto, para comunicar a muchos sus dones por su corazón adorado y reverenciado, y entendí que había sido disposición suya especial que mi hermano el P. Agustín de Cardaveraz me hubiese hecho el encargo para arrojar con esa ocasión en mi corazón estas inteligencias. Yo, envuelto en confusión renové la oferta del día antes, aunque quedé algo turbado, viendo la improporción del instrumento y no ver medio para ello". "Todo el día anduve en notables afectos al Corazón de Jesús, y ayer estando en oración, me hizo el Señor un favor muy semejante al que hizo a la primera fundadora de este culto, que fue una hija de nuestro santo director, San Francisco de Sales, la venerable madre Margarita Alacoque, y lo trae el mismo autor en su vida: “mostróme su Corazón todo abrasado en amor, y condolido de lo poco que se le estima. Repitióme la elección que había hecho de este su indigno siervo para adelantar su culto, y sosegó aquel generillo de turbación que dije, dándome a entender que yo dejase obrar a su providencia, que ella me guiaría, que todo lo tratase con el P. Juan de Loyola que sería de singular agrado suyo, que esta provincia de su compañía tuviese el oficio y celebrase la fiesta de su Corazón, como se celebra en tan innumerables partes”. “El domingo pasado (dice) inmediato a la fiesta de nuestro San Miguel, después de comulgar, sentí a mi lado a este santo Arcángel que me dijo cómo extender el culto del Corazón de Jesús por toda España, y más universalmente por toda la Iglesia, aunque llegará día en que suceda, ha de tener gravísimas dificultades, pero que se vencerán, que él, como Príncipe de la Iglesia, asistirá a esta empresa; que en lo que el Señor quiere se extienda por nuestro medio, también ocurrirán dificultades, pero que experimentaremos su asistencia". "Después de esto quedé un poco recogido, cuando por una admirable visión imaginaria, se me mostró aquel divino Corazón de Jesús todo arrojando llamas de amor, de suerte que parecía un incendio de fuego abrasador de otra especie que este material". "Agradecióme el aliento con que le ofrecí hasta la última gota de mi sangre en gloria de su Corazón, y para que yo experimentase cuán de su agrado es esta oferta, por lo mucho que se complacía en los deseos solos, que yo tenía de extender por el mundo, cerró y cubrió mi corazón miserable dentro del suyo, donde por visión intelectual admirable vi los tesoros y riquezas del Padre depositadas en aquel sagrario, el deseo y como ímpetu que padecía su corazón por comunicarlas a los hombres, el agrado en que aprecien aquel Corazón, conducto soberano de las aguas de la vida, con otras inteligencias maravillosas en que por modo más especial entendí lo que San Miguel me había dicho. Pues las dulzuras, los gozos, suavidades y celestiales delicias que allí inundaron mi pobre corazón sumergido en aquel océano de fuego de amor, sólo el mismo Jesús lo sabe, que yo no"."Desde este punto he andado absorto, y anegado en este Divino Corazón; al comer, al dormir, al hablar, al estudiar y en todas partes parece que no palpa mi alma otra cosa que el Corazón de su Amado, y cuando estoy delante del Señor Sacramentado, aquí es donde se desatan los raudales de sus deliciosísimos favores, y como este culto mira al Corazón Sacramentado, como a su objeto, aquí logra de lleno sus ansias amorosas”. "Dióseme a entender que no se me daban a gustar las riquezas de este Corazón para mi sólo, sino para que por mi las gustasen otros. Pedí a toda la Santísima Trinidad la consecución de nuestros deseos, y pidiendo esta fiesta en especialidad para España, en que ni aun memoria parece hay de ella, me dijo Jesús: “reinaré en España, y con más veneración que en otras muchas partes’ "“yo no salgo del Corazón Sagrado; allí me encontrará v. r. (Bernardo escribe al P. Juan de Loyola); quiere este Divino Dueño que yo sea discípulo del Corazón Sagrado de Jesús, y discípulo amado: así la obra de Bernardo de Hoyos. El P. Bernardo de Hoyos falleció en 1735, a los 24 años de edad, solo algunos meses después de su ordenación sacerdotal. En sus pocos años de vida escribió varios centenares de cartas principalmente a su director espiritual el p. Juan de Loyola, así como escritos espirituales, apuntes y sermones. EL REINADO DEL SAGRADO CORAZÓN
La principal fuente para conocer estos escritos de Bernardo es el libro "vida del angelical joven P. Bernardo Francisco de Hoyos de la Compañía de Jesús" escrito por Juan de Loyola. Dice el propio p. Loyola: “Todos estos papeles han estado a mi vista al tiempo de escribir esta historia; y todos están hoy en este colegio de nuestro S. Ignacio de Valladolid, noticia que puede satisfacer a cualquiera que dudase de algún hecho particular de lo que escribo”. BERNARDO CONSAGRADO SACERDOTE A los 23 años le correspondía a Bernardo comenzar el cuarto curso de teología, y aunque no tenía edad para ordenarse, sus superiores pidieron dispensa para que pudiese hacerlo durante ese curso, y con esta dispensa pudo ordenarse de diácono. Poco después se ordenó de Presbítero, y unos días después celebró la primera misa en el colegio de san Ignacio de Valladolid. A los 24 años, pocos meses después de haber sido ordenado sacerdote, enfermó de tifus y falleció, habiendo recibido el viático y la santa unción. EL REY FELIPE V DE ESPAÑA El rey Felipe V de España, de la familia Borbón, nieto del rey Luis XIV de Francia, favoreció mucho la difusión del culto al Sagrado Corazón de Jesús. No obstante, en tiempos del rey Carlos III, en el año 1767, los jesuitas fueron expulsados de España y sus bienes fueron confiscados, entre ellos los apuntes y escritos de Bernardo de Hoyos que estaban en el colegio de san Ignacio de Valladolid. Cuando los jesuitas regresaron a España, nunca se pudieron encontrar estos apuntes y escritos espirituales de Bernardo, pero conocemos muchos de ellos gracias al libro "vida del angelical joven P. Bernardo de Hoyos de la Compañía de Jesús" escrito por su director espiritual el p. Juan de Loyola s. j., quien antes de perderse los escritos de Bernardo, había copiado muchos de ellos FATIMA Los niños de Fátima lograron propagar la devoción a los dos Corazones ya comenzada por san. Juan Eudes en el siglo XVII. La devoción a los Corazones de Jesús y María prendió como fuego. SANTA FAUSTINA El siglo XX, en medio de tantos combates espirituales, fue privilegiado con las apariciones de Jesús a la novicia polaca santa Faustina. Le reveló su Corazón radiando rayos rojos y blancos. le dictó también un diario donde el se da a conocer como la divina misericordia. Expresó que el desea derramar la misericordia de su corazón sobre toda la humanidad. la oposición fue fuerte. Pero con el asenso del cardenal polaco de su diócesis a la sede de Pedro las cosas cambiaron. Juan Pablo II canonizó a santa Faustina. Fue la primera canonización del año jubilar 2000. La devoción a la divina misericordia ha tenido una difusión verdaderamente milagrosa. Soy testigo de que la imagen de Jesús de la misericordia se encuentra con frecuencia en los lugares mas remotos. Después de la muerte de santa Faustina se han cumplido muchas de las promesas. La devoción al Sagrado Corazón en otras iglesias también ha habido hermanos de otras iglesias que profesan devoción al Corazón de Jesús. Juan Wesley, fundador de los metodistas, en 1819 re-imprimió un libro sobre el Sagrado Corazón. Wesley también profesaba amor a la Virgen María. OPOSICIÓN Nunca faltó la oposición a la devoción al Corazón de Jesús y a sus adeptos. en el siglo XVII, mientras Dios actuaba por medio de sus santos, el enemigo fomentaba odio, desprecio y burla contra la devoción al Corazón de Jesús. Los Jansenistas fueron grandes enemigos de la devoción. También fue un gran golpe la supresión, en 1773, de la Compañía de Jesús. Desde España a Austria, todo lo relacionado al Sagrado Corazón: asociaciones, imágenes, libros, etc., fue perseguido. Los amantes de Sagrado Corazón eran perseguidos aun dentro de la Iglesia, en los seminarios se llegó a decir: "la fiesta del Sagrado Corazón ha echado una grave mancha sobre la religión.". Francia fue castigada con la revolución. Más tarde sufrió el castigo toda Europa. Los que no quisieron aceptar de Francia el don de Dios recibieron de ella el flagelo de las guerras Napoleónicas. Tal como ocurría ya al pueblo de Israel, los castigos fueron de purificación y después de ellos la devoción se propagó. Numerosas revoluciones comunistas también se han ensañado diabólicamente contra el Corazón de Jesús. En Cuba, por ejemplo, muchas estatuas del Corazón de Jesús fueron destruidas y las imágenes fueron remplazadas por las del guerrillero ateo Che Guevara, con los ojos elevados en pose mística. Por eso la importancia de la visita del Papa a Cuba en la que se desplegó una enorme imagen del Sagrado Corazón. Si consideramos la popularidad de El "Che" en todo el mundo, empezamos a entender hasta donde ha llegado la falsificación de la religión. La oposición y las consecuentes persecuciones continuarán en el futuro. Pero contamos con la promesa alentadora de Jesús a Sta. Margarita: "Mi Corazón reinará a pesar de mis enemigos". EL MAGISTERIO DE LOS PONTIFICES El Magisterio son las enseñanzas de la Iglesia, de los Concilios y de los Papas El Papa León XIII, consagró al mundo a este corazón humano de Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre. Pîo IX consagró el género humano al Sagrado Corazón de Jesús. Pío IX extendió la fiesta del Sagrado Corazón a toda la Iglesia. Después Pío XI, 1928, escribió la Encíclica “Miserentisimus Redentor”, sobre la devoción al Corazón del Señor, llamando a los hombres a tomarse en serio este amor, porque ahí está la esperanza y la salvación del mundo y la fuerza capaz de frenar la violencia y el mal que reinaban durante esos años en Europa y en todo el mundo. Años más tarde, después del horror de las guerras mundiales, Pío XI escribió la Encíclica más importante “Hahurietis Aquas” en la que se habla de la verdadera devoción al Corazón de Cristo, de lo sustantivo de esta devoción, que es lo que va mas allá de las culturas y de los tiempos, y de lo adjetivo, que puede irse modificando según las circunstancias. Es una Encíclica llena de esperaza que ayuda a recuperar el sentido de la vida. También el Papa Juan Pablo II habló mucho a lo largo de sus años de pontificado sobre la devoción al Corazón de Jesús. Sagrado Corazón es la devoción que en la Iglesia católica se refiere al Corazón físico de Jesús de Nazaret, como un símbolo de amor divino. La devoción al Sagrado Corazón al enfocarse en el corazón de Jesús, de forma metafórica se refiere a la vida emocional y moral de Jesús, especialmente a su amor por la humanidad. Algunos católicos ligan esta devoción a la divina misericordia. El Sagrado Corazón de Jesús es simbolizado por una corona de espinas y heridas, simboliza en gran parte el amor y el dolor de Cristo por las personas que él no pudo salvar. -Haurietis aquas ,-1928, Pío XI. Encíclica sobre la reparación que todos debemos al Sagrado Corazón -Annum sacrum -1956, Pío XII sobre el culto al Sagrado Corazón. -Miserentissimus Redemptor.-1999, Juan Pablo II -en el centenario de la consagración de León XIII. SANTA MARGARITA MARÍA ALACOQUE Llegamos así a Santa Margarita María Alacoque, que es una figura clave del siglo XVII en la devoción al Corazón de Cristo en su etapa moderna. A ella el Corazón de Cristo le reveló cómo su amor redentor arde hacia todos los hombres. Durante la adoración Eucarística contempló cómo Jesús le mostró ese Corazón que tanto ha amado a los hombres y que en recompensa es despreciado. Desde que ella tuvo estas revelaciones, se difundió por toda Iglesia el culto y la devoción al Sagrado Corazón, en sus expresiones de consagración y reparación. La devoción al Corazón de Jesús tiene un origen medieval, siendo los escritos de santa Matilde de Hackeborn, santa Gertrudis de Helfta y la beata Angela de Foligno uno de los testimonios más antiguos. Sin embargo la fuente más importante de la devoción en la forma en que la conocemos ahora, fue santa Margarita María Alacoque de la Orden de la Visitación, a quien Jesús se le apareció y le dijo que quienes oraran con devoción al Sagrado Corazón, recibirían algunas gracias divinas. Su confesor fue San Claudio de la Colombière, quién creyendo en las revelaciones místicas que recibía, propagó la devoción. Los jesuitas propagaron la devoción por el mundo. Los libros de los jesuitas Juan Croisset y José de Gallifet fueron fundamentales para esta difusión. A pesar de las controversias y de los opositores, sobre todo de los Jansenistas. Mas los fieles confiaron en la promesa que Jesús hizo a la santa: "Mi corazón reinará a pesar de mis enemigos"'. La entronización del Corazón de Jesús en las familias es el medio para que llegue su reinado social (P. Mateo Crawley) Dios en su providencia velaba por el pequeño Eduardo Crawley, para que en su niñez y juventud fuera educado en la firme tradición católica de la familia de su madre, y cómo el 24 de agosto de 1907, recibía del Corazón de Jesús en Paray-le-Monial el encargo de ser apóstol de sus designios de ser entronizado en los hogares de las familias cristianas como medio para preparar la instauración de su reinado social en el mundo. Ya en sus primeros años apostólicos en Chile el Corazón de Jesús le había hecho intuir al padre Mateo la misión para la que le destinaba, viendo los distintos elementos de su vocación: Reinado del Corazón de Jesús, devoción en familia, consagración familiar, pero los veía dispersos. La luz plena la recibe en la capilla de la Visitación en Paray-le-Monial, donde el Señor le da a entender cómo esos elementos han de estar reunidos, integrados y orientados a su fin: promover el reinado social del Corazón de Jesús. El camino será una cruzada para conquistar las familias una a una; el medio, entronizar al Sagrado Corazón en cada casa, y enseñar a sus moradores a convivir amorosamente con Él; su ámbito será el mundo entero. Antes de dejar Paray hace colocar sobre la puerta de la capilla de las Apariciones un exvoto de mármol rojo sobre el que hizo grabar este texto: «Este es el santuario del divino amor, la fuente inagotable de la vida. Basta con venir una vez junto al Corazón dulcísimo de Jesús para poder decir: ¡qué bien se está aquí! esta es la puerta misteriosa por donde se llega al paraíso de tu corazón de rey, de hermano, de amigo, dulcísimo Jesús. En el cielo tú has inscrito ya nuestros nombres con caracteres imborrables. Haz que, escondidos en esa herida íntima, te estemos unidos eternamente en vida de santidad, en sed de gloria, en amor de reparación. 1 de septiembre de 1907». De vuelta a su Valparaíso chileno para el comienzo del curso universitario, su preocupación no es ya académica; se ve desplazada por la nueva llamada recibida en Paray que le consume. En octubre hace la primera entronización en un hogar amigo, y en ella utiliza el cuadro del Corazón de Jesús de García Moreno que se convertiría en bandera de su cruzada. Envía a todos los párrocos un folleto explicativo de su obra cuyo fin es «instalar la imagen del Sagrado Corazón de Jesús en el lugar más noble de la casa, de tal modo que Jesucristo Nuestro Señor reine visiblemente en los hogares católicos». Millares de familias la acogerán en sus hogares. De las familias pasa a las comunidades religiosas, a los colegios, a los hospitales, hasta dos periódicos de la ciudad: El Chileno y La Unión, entronizan el Sagrado Corazón en sus redacciones. La obra se extiende por América del Sur y Estados Unidos, y llega hasta Palestina y Constantinopla. En Uruguay predicó durante tres meses, clausurando su estancia con una Hora Santa en la catedral de Montevideo abarrotada de fieles. El número de conversiones fue tal, que el arzobispo le despidió diciéndole agradecido que su misión había sido como una resurrección milagrosa, pero no como la resurrección individual de Lázaro, sino que había sido la resurrección de todo un cementerio. «El Congreso aprueba la entronización del Corazón de Jesús en el hogar, y ve en ello el medio escogido por ese divino Corazón para establecer su reinado social en el mundo.» (Conclusión del Congreso Eucarístico Internacional de Lourdes de 1914) Más de un millón de familias de toda América habían acogido al Corazón de Jesús y se le habían consagrado como a Rey de su hogar, pero el padre Mateo sentía los deseos del Corazón de Jesús de presidir también los hogares de las familias de la vieja y orgullosa Europa. Para ello precisaba una aprobación de Roma, y redacta un dossier que presenta ante la Santa Sede el embajador. Moviliza a sus amigos, y en 1913 El Universo de Madrid reproducía sus escritos, y los obispos de Barcelona, Granada y Mallorca, recomendaban la entronización en sus pastorales. Luis Veuillot escribió en su Univers un entusiasta artículo: «El Corazón de Jesús, Rey de las familias» que tuvo gran eco en Francia, y en la embajada de Chile en Roma se estableció un secretariado bajo la presidencia del futuro cardenal monseñor Tedeschini. La ocasión propicia para su venida al viejo continente fue el Congreso Eucarístico Internacional de Lourdes de 1914. Por distintas causas el viaje se demoró y el padre Mateo no pudo llegar a tiempo. Su ponencia no fue admitida por estimarla ajena al tema, pero su amigo el padre Baños, respaldado por el cardenal de Sevilla, logró incluirla en la sección de habla española, y luego en el pleno hizo adoptar por unanimidad sus conclusiones: «El Congreso aprueba la entronización del Corazón de Jesús en el hogar, y ve en ello el medio escogido por ese divino Corazón para establecer su reinado social en el mundo. El Congreso, en este espíritu, invita a todos los hogares católicos y a todos los centros privados y públicos, a introducir su imagen en la habitación principal de la casa.» Su viaje a Europa estuvo enmarcado por dos noticias funestas: al ir a embarcar en Montevideo le llega la del inicio de la Guerra Europea, y al desembarcar, conoce la más dolorosa para él: la muerte del papa Pío X que tanto le había animado y cuyas aprobaciones y bendiciones iba a presentar como carta de acreditación. «Nunca se podrá insistir demasiado en la unión indispensable entre la Eucaristía y el Corazón de Jesús, son dos palabras, dos títulos pero un solo amor, uno sólo.» (Padre Mateo Crawley) Se dirigió en primer lugar a Paray-le-Monial a pedir al Corazón de Jesús su gracia de darlo a conocer. Hizo un retiro de doce días en el que permanecía de las 6 de la mañana a las 3 de la tarde en la capilla de las Apariciones. Se le tuvo que arrancar de allí para que predicara en la Basílica. Le pidieron tratase sobre su tema predilecto en Paray: el Corazón de Jesús y la Eucaristía. Sintiendo que ser apóstol de la Eucaristía no era cosa distinta que serlo del Corazón de Jesús, había escrito: «Nunca se podrá insistir demasiado en la unión indispensable que debe haber entre estos dos cultos, son dos palabras, dos títulos pero un solo amor, uno sólo». Pese a su mal francés, su éxito fue extraordinario, requiriéndole continuase la predicación en la parroquia y conventos de Paray durante dieciséis días más, a razón de cuatro sesiones diarias. LA PRUEBA DELA CONTRADICCIÓN Comienza la prueba de la contradicción: el misterio de las oposiciones en el bien. En octubre de 1914 pisaba por primera vez España, tierra de sus antepasados, esperanzado por la singular promesa del Corazón de Jesús al padre Hoyos de que reinaría en ella con más veneración que en otras partes. Llevaba tres meses predicando con éxito creciente en Madrid, cuando, de pronto, le llegó una seca comunicación del obispado haciéndole saber que no podía aprobar la entronización, por ser «una novedad sin fundamento teológico que cae bajo la condena de la Santa Sede, especialmente de un reciente decreto de la Congregación de Ritos que prohíbe los títulos inusuales en el culto.» Tras las explicaciones oportunas, el conflicto se desvanecería, y el 22 de enero se celebraba en la cripta de la Almudena una fiesta de las familias que habían entronizado al Corazón de Jesús, presidida por el obispo de Madrid por la mañana, y por el Nuncio de Su Santidad por la tarde. Fue su adiós a España, reclamado por Francia. De Madrid viajó directamente a Paray, su Betania, donde sabía iba a hallar luz y recibir gracia, pero no pensó que además recibiría allí la misma cruz que en Madrid. El arzobispo de Besançon, monseñor Gauthey, antiguo capellán de Paray y reconocido historiador de la entonces Beata Margarita María, de la que había publicado una edición crítica de sus escritos, le hacía saber que desaprobaba formalmente la palabra entronización y tachaba la obra de novedad de la que desconfiar. El misterio de las oposiciones en el bien se vale muchas veces de nuestras miserias humanas. Paray pertenecía al obispado de Autun del que monseñor Gauthey era metropolitano, y el cardenal arzobispo de Lyon y el obispo de Moulins, se habían atrevido a invitar a un joven religioso chileno que apenas hablaba francés, a predicar en Francia sobre el Corazón de Jesús, sin consultarle. La decisión del arzobispo provocó reacción en cadena, y el rector de la basílica de Paray, que antes le había alabado, manifestó ahora también al padre Mateo su desacuerdo, al igual que el de la basílica del Voto Nacional de Montmartre, que en aquellos meses de guerra era frecuentada por multitud de devotos, muchos de los cuales consagraban sus hogares al Corazón de Jesús mediante su fórmula. Cuando monseñor Gauthey conoció la aprobación de la obra del padre Mateo por Benedicto XV tuvo la elegancia de reconocer su error, y le escribió: «Vuestro celo ha sido alabado y aprobado por el Papa; está dicho todo. Hace mucho tiempo que estoy en la escuela de Margarita-María para no haber aprendido a hacer actos de humildad. Pido al Corazón de Jesús que de nuestro conflicto sobre la manera de honrarle, saque provecho para su gloria.» INVITACIÓN DEL CARDENAL DE LYON El arzobispo de Lyon, cardenal Servin, tras oírle, le requirió: «Debéis volver a decir en público lo que me acabáis de decir en privado, y de la misma manera.» El padre Mateo replicó: «Pero, Eminencia, ¡si yo hablo el francés como... una vaca española! No os preocupéis, al principio yo iré repitiendo lo que decís, luego ya no hará falta». Habló en Fourviére y cautivó al auditorio de tal manera que al final el arzobispo declaró que la consagración al Corazón de Jesús de las familias debía ser la corona de todas las obras de la diócesis, nombrando director del secretariado al jesuita padre Perroy, muy conocido por sus escritos, quien al poco redactaría un folleto que se haría muy popular: el Catecismo de la Entronización y la Consagración de las familias. En la Visitación de Lyon predicó a las hermanas de santa Margarita María que: «El Rey de Amor no es amado; pero el Rey de Amor quiere ser amado, y el Rey de Amor será amado», conferencias que serían también publicadas más tarde alcanzando una tirada de ciento treinta mil ejemplares. El cardenal Andrieu, arzobispo de Burdeos, declaraba el 15 de agosto de 1915: «Oyéndoos hemos sentido algo de que los discípulos experimentaron camino de Emaús hablando con el misterioso desconocido, hemos notado como nuestro corazón ardía de amor.» «Es pura y simplemente la franca devoción al Corazón de Jesús, tal como nos ha sido transmitida por las revelaciones de la beata Margarita María, y tal como la Iglesia la ha aprobado con su suprema autoridad.» dijo el gran teólogo, Cardenal Billot. Ya no gobernaba la Iglesia el santo papa Pío X quien, como vimos, en 1907, había bendecido el proyecto del joven padre Mateo y le había conferido el mandato de predicarla: «Salvando la familia se salva la sociedad. Emprendéis una obra de salvación social, consagradle vuestra vida». Esta había sido su carta de presentación hasta entonces, pero el santo Papa había muerto, y algunos de sus críticos comenzaron a extender el rumor de que esos sus poderes habían caducado con el fallecimiento de su poderdante, y que había que estar a lo que decidiera su sucesor. La forma de consagración de la familia al Corazón de Jesús que promovía el padre Mateo desmentía la taimada crítica de devoción sentimental, meramente individual, sin trascendencia eclesial ni social, pues tal como era propuesta por él, mediante la presencia del sacerdote en el hogar y su predicación a domicilio, se presentaba como una fuente de espiritualidad no sólo personal, sino eminentemente familiar que propiciaba una permanente convivencia natural con Cristo. Sus oponentes invocaban además la ya clásica crítica de novedad. El padre Mateo, poco amigo de dilaciones, decidió ir a Roma y zanjar la cuestión dejándola en manos del nuevo papa al que remitió un informe en el que le exponía la historia de su obra con la que intentaba renovar y ratificar en el ámbito familiar el gesto de León XIII de consagrar el mundo al Corazón de Jesús en 1899, y como, a su humilde juicio, las pruebas que atravesaba en este momento la Cristiandad exigían para salvarla que el remedio se aplicara a la raíz, y por ello actuar sobre la familia, transformándola por el amor en familia del Corazón de Jesús. A la espera de la audiencia pedida al Papa, el padre Mateo en Roma acudió a consultar al afamado teólogo cardenal Billot sobre los ataques de novedad y falta de fundamento que recibía. Su respuesta fue terminante: «No se trata de ningún modo de una devoción nueva que por su propia novedad pudiera parecer sospechosa; no, se trata pura y simplemente de la franca devoción al Corazón de Jesús, tal como nos ha sido trasmitida por las revelaciones de la beata Margarita María y tal como la Iglesia la ha aprobado con su suprema autoridad. Veo en ella un medio sencillo y práctico de realizar los deseos del Corazón de Jesús, y en segundo lugar el medio más apropiado de santificación de la familia, y por ella de toda la sociedad». Apoyándose en san Pablo, san Agustín y Bossuet, el sabio cardenal demostraba en su dictamen como «por el gran sacramento sobre el que se basa, la familia cristiana nos aparece como sumergiendo sus raíces en las mismas profundidades del Corazón del que ha nacido la Iglesia, y por ello ¿dónde mejor que en la familia puede tener su sitio la devoción al Corazón de Jesús?, ¿dónde tendrá un medio, y me atrevería decir, un terreno de cultivo más apropiado?». El padre Mateo escribe unas notas de la audiencia que el 6 de abril de 1915 le concedió el papa Benedicto XV: «Ha durado una media hora; el papa me ha tratado y animado como si fuera Jesús. Le he leído mi informe; me ha pedido se lo dejara, y me ha dicho que me responderá con una carta que escribiría él mismo. Yo le agradecí tanto favor, pero me contestó: "No, no me lo agradezcáis. Si Jesús es el Rey del Amor, y yo su primer ministro, no hago más que cumplir con mi deber". «Instalar la imagen del Sagrado Corazón de Jesús en el lugar más noble de la casa, de tal modo que Jesucristo Nuestro Señor reine visiblemente en los hogares católicos.» (Benedicto XV) MÁS DE LO QUE ESPERABA La respuesta del Papa no se hizo esperar, y su carta autógrafa, tal como le había prometido, sería publicada en las Acta Apostolicae Sedis del 6 de mayo de 1915. Hasta entonces el padre Mateo no había recibido de Roma más que aprobaciones verbales, cuya interpretación podía cuestionarse, y esperaba, a lo más, un breve de elogio y ánimo, pero, sobre todo lo que esperaba, se vio recompensado con una carta firmada del Papa y publicada en el diario oficial de la Santa Sede, en la que la Cabeza de la Iglesia se pronunciaba sobre las cuestiones de doctrina y pastoral que le había sometido, dando razón de su aprobación, y precisas directivas para su aplicación. El documento comienza precisando como la entronización «Es instalar la imagen del Sagrado Corazón de Jesús en el lugar más noble de la casa, de tal modo que Jesucristo Nuestro Señor reine visiblemente en los hogares católicos», definición que se hará clásica y, palabra por palabra, será retomada por sus sucesores Pío XI y Pío XII. Dice luego que, lejos de duplicar la consagración colectiva de sus predecesores, la completan felizmente en el dominio que toca a cada hombre más de cerca: su familia; y vienen en su momento más necesario, cuando asistimos a una poderosa ofensiva para paganizar y laicizar la sociedad, cuyos esfuerzos se dirigen especialmente contra «la sociedad doméstica que contiene como en germen los principios de la sociedad civil». La carta señala los tres frentes sobre los que se dirige el ataque contra la familia: «El divorcio que quebranta su estabilidad; el monopolio de la enseñanza, que elimina la autoridad de los padres; y la búsqueda del placer que burla los derechos de la naturaleza... Hacéis bien en poner vuestras miras la sociedad humana... continuad vuestros esfuerzos y apostolado para suscitar a través de los hogar católicos las llamas de amor que nos inflaman mirando al Corazón de Jesús. Nada hay más oportuno que vuestra empresa en los tiempos presentes, y actuando así obedecéis al mismo Jesucristo». DOS POLOS EN FRANCIA: Dos polos desde los que el Corazón de Jesús atrae a las almas en Francia: Paray-le-Monial y Lisieux. El padre Mateo en Paray le había pedido a Beata Margarita María que le trasmitiera su devoción al Corazón de Jesús, su celo por culto y por la divulgación de su imagen, y que hiciera sentir el fuego de su consagración y sus ansias de reparación, su confianza en la promesa de los primeros viernes y su certeza en el advenimiento del triunfo prometido de su divino Corazón. Ahora en Lisieux le pide a la venerable pequeña Teresa que le enseñe su «caminito» de total confianza en nuestro buen Padre Dios, la sencillez de niño y la alegría de sentirse pequeño y a poder ofrecer por amor al Corazón de Jesús 1os pequeños actos del día. Llegado el mes de junio viene a Paray a ver cumplido por primera vez su siempre aplazado anhelo: la gracia de poder celebrar la fiesta del Corazón de Jesús en el mismo lugar donde Jesús ha pedido a la Iglesia que instituya, y en el día por él elegido y expresamente señalado. Allí predicó como el fin que se propone es «realización práctica y concreta del Evangelio de misericordia revelado en Paray», precisamente haciendo que una consagración, que pudiera ser pasajera al Corazón de Jesús, una institución permanente que prepare el reinado social de Cristo Rey: «La familia es el templo de los templos; las espléndidas iglesias de piedra no salvarán el mundo, sino las familia cristianas, es decir Nazaret. La familia es la fuente de la vida. Si la fuente de la vida de una nación es envenenada, la nación perecerá. Queremos inyectar en la familia la ley del amor del Corazón de Jesús. Si Jesús está injertado en el árbol, todo el árbol será Jesucristo». En las notas de uno de sus oyente halla escrito: «En Betania había un muerto: Lázaro, una gran pecadora: María Magdalena; y un alma buena pero fácil en turbarse: Marta. ¡De cuántas familias es esta imagen! Pues bien, Jesús es recibido en ella como Amigo y como Maestro, y se hace el milagro: Lázaro resucita, Magdalena se transforma y Marta se pacifica. Eso es la Entronización». «Jesucristo viene a reclamar su sitio en el hogar, como en sus correrías apostólicas pedía hospitalidad en Betania, lugar de honor porque es el Rey y debe reinar en cada familia para poder reinar cuanto antes en la sociedad. Su lugar íntimo es la familia porque es el Amigo que quiere reinar por el Amor de su Corazón. La familia, célula social, debe ser el primer trono vivo del Rey de Amor». "Es el cumplimiento de las promesas a Margarita María de que el Salvador vuelve al mundo para reconquistarlo por su corazón" (Padre Mateo Crowley) Cuando se ponderaba el éxito de su predicación presentando el Evangelio resituado en la vida cotidiana y familiar como un nuevo Pentecostés, respondía: «No es más que el cumplimiento de las promesas a Margarita María de que el Salvador vuelve al mundo para reconquistarlo por su Corazón». Su buen amigo el jesuita padre Anzuini reclama al padre Mateo para que organice su obra en Italia. Al cardenal Van Rossum, redentorista holandés, prefecto de la Congregación de Propaganda Fide, le había llegado el eco del éxito de la predicación del padre Mateo en su país, y así se lo trasmitió al Papa Benedicto XV, quien quiso oírla de sus propios labios, convocándole para que el lunes siguiente asistiera a su misa en su capilla privada, la celebrara después él en su presencia y por sus intenciones, y recibirle luego en audiencia. Así el 17 de mayo de 1916 el Papa le preguntó: «¿Qué predicáis para atraer a tantas gentes? Respondió el padre Mateo: - Una sola cosa: la caridad, la misericordia, la realeza del Corazón de Jesús. El Papa comentó: ¡Ah, ahora me lo explico todo, cuando los sacerdotes predican este amor, son todopoderosos para conmover al mundo!» Benedicto XV siguió preguntándole: «¿Qué respondéis a quienes se quejan de estar tan abrumados por tantas obras como ya existen como para introducir una más? -Esto, Santo Padre: Yo no os traigo una lámpara más a añadir a las doce o a las veinticuatro que ya tenéis, os traigo aceite para todas vuestras lámparas». El Papa confió la obra en Roma al jesuita padre Anzuini, y aun predicando el padre Mateo cinco veces al día, entre ambos no podían dar abasto. Prefería predicar la Hora Santa, pues decía: «Una hora de oración vale más que cuatro sermones». «Pero si yo he venido aquí a rezar, no a predicar.» «Precisamente, sólo os pido que recéis, pero que recéis en voz muy alta». (Dom Chautard) De vez en cuando el padre Mateo desaparecía y se retiraba varios días, pasándolos desde la mañana a la noche solo ante el Santísimo, sin leer, ni meditar. Al salir de uno de ellos dijo: «No sé si el Señor está satisfecho de mí, en todo caso yo estoy muy contento de Él». Para uno de esos retiros pensó refugiarse en la trapa de las Siete Fuentes de la que era abad Dom Chautard, el célebre autor del Alma de todo apostolado. Se presentó allí creyendo que nadie le conocería, pero al día siguiente el abad ya le pedía que predicara a sus monjes. «Pero si yo he venido aquí a rezar, no a predicar» El abad le contestó: «Precisamente, sólo os pido que recéis, pero que recéis en voz muy alta». No pudo negarse: «Ya veo que he venido a la Trapa para dejarme atrapar». Sus charlas fueron luego editadas por la abadía y se tradujeron a 9 lenguas; su séptima edición fue de doscientos mil ejemplares. Reemprende su predicación por el Rosellón, la Gascuña, Bretaña y la Borgoña, donde es recibido «como un nuevo Pedro el Ermitaño cuya cruzada no se propone liberar una tumba vacía, sino colocar a Jesucristo vivo al frente de la fuente misma de la vida, la familia». Pasó de allí a la Vendée, tierra privilegiada del Corazón de Jesús, cuyos antepasados campesinos, en defensa de su fe católica que la Revolución francesa quería arrancarles, le ofrecieron sus vidas con su «sauvegarde» -nuestro «detente» prendido en el pecho. Su herencia no había sido malbaratada, como se ve por carta de Benedicto XV al obispo de Luçon en que refiere como el movimiento de entronizaciones ha desbordado las familias y ha alcanzado a la vida pública, donde numerosos ayuntamientos vendeanos, y el mismo departamento han sido consagrados al Corazón de Jesús para que reine en ellos. «Saludamos ya al alba de este mediodía tan deseado en que la soberanía de Cristo será reconocida por todos». (Benedicto XV) LA ENFERMEDAD DEL PADRE MATEO En febrero de 1918 le diagnosticaban en París al padre Mateo los primeros síntomas de gota, enfermedad que ya no le dejaría, pero tan triste diagnóstico quedó eclipsado por la gran alegría que le causaron las palabras de Benedicto XV en las sesiones preparatorias para la canonización de Margarita María: «Alabado sea Dios por la admirable difusión que ha tomado la obra de la consagración de las familias. La aurora deja entrever lo que será el mediodía, y ya saludamos al alba de este mediodía tan deseado en que la soberanía de Cristo será reconocida por todos». El padre Mateo reproduce en una circular las esperanzadoras palabras del Papa, recordando que la entronización es la realización progresiva, integral y vital de lo que vio Margarita María. «Toda obra divina debe recibir una triple consagración: la aprobación de la Iglesia, el milagro y la contradicción» (Padre Mateo Crawley) Si los años 1916 y 1917 fueron años de aprobación y extensión, 1918 iba a ser año de contradicción por la cruz, de la que había dicho que «la cruz es la más prodigiosa de las predicaciones y la más conquistadora de las misiones; para ser apóstol hay que sufrir.» Debía experimentarlo. «Toda obra divina, escribe el padre Mateo, debe recibir una triple consagración: la aprobación de la Iglesia, el milagro y la contradicción». Recién llegado a Italia contactó por medio del jesuita padre Anzuini con la popular «Unión de Mujeres Católicas», que puso a su disposición sus cuadros y comités extendidos por toda la península. El éxito superó a las expectativas, funcionando trescientos secretariados. Algunos creyeron improcedente dejar en manos de las mujeres un apostolado para el que, decían, no estaban preparadas, y que, de suyo, correspondía al clero. Fueron relevadas y surgieron protestas. El asunto fue llevado hasta el Papa, que preguntó al superior general de los Padres de los Sagrados Corazones, del que dependía el padre Mateo, si disponía de padres para la obra en Italia, y al decirle éste que la congregación no tenía por entonces más que un pie en Roma, el Papa confió la dirección de los secretariados y la consagración de las familias al Apostolado de la Oración, que tenía padres y residencias en abundancia. El padre Mateo escribió a todos los directores ordenándoles que siguieran las directrices pontificias y pusieran sus cuadros, locales y publicaciones en manos del Apostolado de la Oración, que acababa de reconstruirse en Italia y que tomó gran incremento. «No es una consagración pasajera, una fiesta familiar sin día siguiente, sino que Jesús es colocado no sólo aparentemente, sino realmente, sobre un trono en la familia, y queda allí como Rey, para que, alrededor de ese trono, la familia le ofrezca su tributo de amor y adoración» (Benedicto XV) El padre Mateo insistía en que había que dirigirse a la familia, pero sin agotarse en ella; la familia es la célula generadora de la sociedad y por ella se va a establecer el reinado social del Corazón de Jesús en toda la sociedad. Su protector, el cardenal Van Rossum, estaba convencido de que había que proceder no sólo a una verdadera predicación a domicilio, sino al mismo tiempo, proclamar una protesta contra el laicismo invasor que hace de la religión un asunto privado, confina a Dios en el templo y recluye al sacerdote en la sacristía, y por ello defendió la obra del padre Mateo ante el Papa. Benedicto XV resolvió inmediatamente que "la medida sólo afectaba a Italia, que el nombre en definitiva importaba poco, que lo esencial era que no fuera una consagración pasajera, una fiesta familiar sin día siguiente, sino que Jesús fuera colocado no sólo aparentemente, sino realmente, sobre un trono en la familia, y que quede allí como Rey, para que, alrededor de ese trono, la familia le ofrezca su tributo de amor y adoración". El nuevo año de 1919 iba a ser el de la apoteosis española de la realeza del Corazón de Jesús proclamada oficialmente en el Cerro de los Ángeles. El celoso padre Mateo, creyendo que tan grandioso acontecimiento era ya signo del inicio de su prometido reinado en nuestra patria, hizo sustituir del monumento la prevista inscripción de «Reinaré» por la de «Reino en España»; diecisiete años después, el primer viernes de agosto de 1936 el Corazón de Jesús era fusilado por una patrulla de pobres milicianos que desconocían el verdadero sentido de su acción, testimonio de la pervivencia de la fe recibida de sus padres, aunque escondida en los recovecos del alma a la espera de la voz de Jesús que la haga revivir, pues sólo se fusila a quien se sabe está verdaderamente vivo. El padre Mateo intervino en la consagración de España al Corazón de Jesús. CONSAGRADOS AL SAGRADO CORAZÓN Algunos países también han sido consagrados al Corazón de Jesús. Ecuador fue el primero. España, inspirada por la promesa hecha por Jesús, se consagró el 30 de mayo de 1919 en el Cerro de los Ángeles. El rey Alfonso XIII leyó la consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús. Cerca de Madrid, ante un gran monumento e imagen de piedra del Sagrado Corazón de Jesús situada en lo alto del cerro. El rey leyó la consagración de pie ante el Altar del Monumento con el Santísimo Sacramento expuesto. Al acto asistieron la Familia real, el Gobierno en pleno, otras autoridades civiles, autoridades religiosas y militares, y muchísima gente. Este es el texto de la consagración, leído por el rey: Consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús. "Corazón de Jesús Sacramentado, Corazón del Dios Hombre, Redentor del Mundo, Rey de Reyes y Señor de los que dominan: España, pueblo de tu herencia y de tus predilecciones, se postra hoy reverente ante este trono de tus bondades que para Tí se alza en el centro de la península. Todas las razas que la habitan, todas las regiones que la integran, han constituido en la sucesión de los siglos y a través de comunes azares y mutuas lealtades esta gran patria española, fuerte y constante en el amor a la Religión y en su adhesión a la Monarquía. Sintiendo la tradición católica de la realeza española y continuando gozosos la historia de su fe y de su devoción a Vuestra Divina Persona, confesamos que Vos vinisteis a la tierra a establecer el reino de Dios en la paz de las almas, redimidas por Vuestra Sangre y en la dicha de los pueblos que se rijan por vuestra santa Ley; reconocemos que tenéis por blasón de Vuestra Divinidad conceder participación de Vuestro Poder a los Príncipes de la tierra y que de Vos reciben eficacia y sanción todas las leyes justas, en cuyo cumplimiento estriba el imperio del orden y de la paz. Vos sois el camino seguro que conduce a la posesión de la vida eterna: luz inextinguible que alumbra los entendimientos para que conozcan la verdad y principio propulsor de toda vida y de todo legítimo progreso social, afianzándose en Vos y en el poderío y suavidad de vuestra gracia, todas las virtudes y heroísmos que elevan y hermosean el alma. Venga, pues, a nosotros tu Santísimo Reino, que es Reino de justicia y de amor. Reinad en los corazones de los hombres, en el seno de los hogares, en la inteligencia de los sabios, en las aulas de la Ciencia y de las Letras, y en nuestras leyes e instituciones patrias. Gracias, Señor, por habernos librado misericordiosamente de la común desgracia de la guerra, que tantos pueblos ha desangrado; continuad con nosotros la obra de vuestra amorosa providencia. Desde estas alturas que para Vos hemos escogido, como símbolo del deseo que nos anima de que presidáis todas nuestras empresas, bendecid a los pobres, a los obreros, a los proletarios todos para que en la pacifica armonía de todas las clases sociales, encuentren justicia y caridad que haga más suave su vida, mas llevadero su trabajo. Bendecid al Ejército y a la Marina, brazos armados de la Patria, para que en la lealtad de su disciplina y en el valor de sus armas sean siempre salvaguardia de la Nación y defensa del Derecho. Bendecidnos a todos los que aquí reunidos en la cordialidad de unos mismos santos amores de la Religión y de la Patria, queremos consagraros nuestra vida, pidiéndoos como premio de ella el morir en la seguridad de Vuestro Amor y en el regalado seno de Vuestro Corazón Adorable. Así sea."
2.- EN LA JORNADA DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES “Si conocieras el don de Dios...” Por Antonio Pavía, Misionero Comboniano (**)
Esta, podríamos llamar, exhortación, cargada de vida y esperanza que Jesús dirige a la samaritana, imagen de la Iglesia y de la humanidad, me hace caer en cuenta de la riqueza de esta celebración eclesial. Si bien es cierto que es una jornada de oración de intersección que abarca la multitud de estilos de vida cristiana nacidos del Evangelio, quiero, sin embargo, en esta ocasión, centrarme en la llamada al sacerdocio ministerial. Para comprender y valorar el don del sacerdocio, vamos a sumergirnos en la historia de salvación puesta en marcha y conducida por Dios, con objeto de focalizar en ella la elección y misión de la tribu de Leví en el seno del pueblo elegido. LA TIERRA PROMETIDA Al conquistar la tierra prometida, Dios la dividió en once tribus o lotes, repartiéndolos entre todas las tribus surgidas de la descendencia de Jacob, menos una: la de Leví. Fue así porque Yahvé promulgó solemnemente que Él mismo era, había de ser, su lote su porción, su heredad: “Yahvé dijo a Aarón: Tu no tendrás heredad ninguna en su tierra; no habrá porción para ti entre ellos. Yo soy tu porción para ti entre ellos. Yo soy tu porción y tu heredad entre los israelitas” (Nm 18,20) El alcance de la elección y la misión de Leví son inconmensurables. Podemos afirmar que su proyección se engrandece y universaliza a partir de la encarnación del Hijo de Dios con el consiguiente cumplimiento de su misión. Remitiéndonos a la experiencia de Israel en la tierra prometida, y volviendo al reparto de sus territorios, intentaremos comprender la misión, el “oficio” de Leví con respecto al resto de las tribus o clanes. Las otras once tribus tienen el oficio de trabajar la heredad que se les ha dado, y desentrañar sus riquezas- minerales, agricultura, ganadería, etc.- para beneficio de todo el pueblo. El oficio de Leví es incomparable. Sus hijos tienen la misión de “desentrañar la infinita riqueza del Misterio de Yahvé” y darlo a conocer, ofreciéndolo como alimento a todos los israelitas. No desentrañan el Misterio de Dios por medio de adivinos, videntes o elucubraciones mentales, sino sumergiéndose en el instrumento ofrecido por el mismo Dios: Su Palabra, con su consiguiente experiencia de Amor y Salvación. Para los israelitas, su lote, la misión que Dios les ha confiado, no es ninguna carga; no tienen que hacer acopio de ingentes generosidades para “cultivar su heredad”. La han recibido como un don, un gesto de Dios hacia ellos inapreciable e intraducible en términos humanos. Un don que sobrepasa hasta la mente más imaginativa. Es indudable que los levitas se sienten desbordados por el don recibido, pero, entendámonos bien. Su gozo incontenible no está basado en gloria, honores, riquezas, ni nada que se le parezca. Su gozo, repito, incontenible, nace de la heredad misma y de lo que tiene que desentrañar de ella: El Misterio de Dios. Aun bajo el velo del Antiguo Testamento, los hijos de Leví conocieron y valoraron el don que habían recibido de Dios. Muchos son los testimonios que encontramos en las Escrituras. Nos centraremos en uno de ellos: el del salmista que, recogiéndose sobre sí mismo, se eleva hacia Dios con este cántico que le sale del alma: “Guárdame, oh Dios, en ti está mi refugio. Yo digo a Yahvé: Tú eres mi Señor, mi bien, nada hay fuera de ti”. (Sal 16, 1-2). Dios ha llenado de bienes toda la creación, por supuesto que también la tierra que les ha regalado; pero el Misterio que Él les ha llamado a desentrañar a favor de todos, es “su bien” por excelencia. Es por ello que el alma, el cuerpo y el ser del salmista, hijo de Leví, se rompe en un canto de gratitud confesando y proclamando que desborda de alegría y plenitud a causa del lote, la heredad que le ha tocado en suerte: “El Señor es el lote de mi heredad y mi copa; mi suerte está en su mano: me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad” (Sal 16, 5-6). EL DON DE DIOS
Rasgado en el Calvario (Lc 23, 45), el velo que separa al hombre de Dios, la nueva tribu de Leví, los que reciben el nuevo don de Dios, desentrañan su Misterio y su Espíritu oculto en su nueva heredad: el Evangelio. Desde él, alimentan los espíritus hambrientos de forma que puedan creer y desarrollarse hasta su plenitud, hasta alcanzar la estatura de Jesucristo, como dice el apóstol Pablo (Gá 4,19) La plenitud de la misión de los nuevos hijos de Leví ya había sido profetizada por Jeremías en lo que, dentro de su cuerpo profético, llamamos sus escritos de consolación. El alcance de su profecía llega, como todas ellas, hasta Jesucristo. En Él se cumplen y Él las hace fructificar en su Iglesia. Centrándonos en Jeremías y asomándonos a las profecías/promesas, que el Espíritu Santo ha puesto en su boca en orden a la restauración de Israel, nos encontramos con toda una serie de buenas noticias que preanuncian el esplendor que brotará del nuevo Israel que Yahvé va a reconstruir. EL PROFETA JEREMÍAS Entre las promesas que Jeremías da a conocer al pueblo santo, fijamos nuestros ojos en una de ellas que nos llama la atención por la intensidad de su consolación: “Porque ha rescatado Yahvé a Jacob, y le ha redimido de la mano de otro más fuerte… Entonces se alegrará la doncella en el baile, los mozos y los viejos juntos, y cambiaré su duelo en regocijo, y les consolaré y aliviaré de su tristeza; empaparé el alma de los sacerdotes de grasa, y mi pueblo se saciará de mis bienes” (Jr 31, 11-14). La profecía no puede ser más esperanzadora. Yahvé va a empapar el alma de los sacerdotes de su pueblo con su gracia, con su Palabra. Enriquecidas así estas almas, empapadas y marcadas por las huellas de Dios, todo el pueblo se saciará de sus bienes. En definitiva, Dios empapará el alma hambrienta de sus sacerdotes, los cuales, a su vez, alimentarán toda alma que reciba y acoja las palabras de gracia que salen de sus bocas. La promesa del profeta ya se había hecho realidad, al menos como primicia, en tantos hijos e hijas de Israel, auténticos buscadores de Dios; como, por ejemplo, el autor del salmo que veremos a continuación. En él, el salmista describe la Palabra como gozo del corazón, luz de los ojos, más apetecible que el oro, más agradable al paladar que el jugo de panales. Culmina esta descripción tan rica de los bienes propios de la Palabra, con esta confesión: “Por eso tu servidor se empapa de ella, gran ganancia es guardarla” (Sal 19,12) Seguimos avanzando en la misma línea y nos servimos ahora del profeta Isaías. Este hombre de Dios, llamado a fortalecer las rodillas vacilantes del pueblo elegido en una etapa histórica en la que duda seriamente si no de la existencia de Dios, sí de su presencia en medio de él, nos ofrece una catequesis antológica en la que como despierta a los israelitas con el fin de hacerles comprender cómo tiene que actuar para poder percibir la presencia de Dios en sus vidas. El profeta apunta unos datos catequéticos que sirven para todos, y que vienen a decir que el Dios a quien creen lejano lo podrán descubrir a su lado en la medida en la que practiquen la misericordia: “¿No será más bien este otro el ayuno que yo quiero: desatar los lazos de maldad, deshacer las columnas del yugo…, no será partir al hambriento tu pan, y a los pobres sin hogar recibir en tu casa? ¿Qué cuando veas a un desnudo le cubras, y de tu semejante no te apartes? Entonces clamarás, y Yahvé te responderá; pedirás socorro, y te dirá: Aquí estoy” (Is 58, 6-9). Como ya he dicho, estos datos catequéticos ofrecidos por el profeta, sirven para todo el pueblo. No obstante, a continuación anuncia una obra de misericordia que podríamos encuadrarla específicamente en aquellos que tienen la misión de desentrañar el misterio de Dios y extraer de él el alimento, el pan, con el fin de poder reanimar las almas desfallecidas y desnutridas: “Si repartes al hambriento tu pan, y al alma afligida dejas saciada, resplandecerán en las tinieblas tu luz, y lo oscuro de ti será como el mediodía” (Is 58, 10) La riqueza de este texto, ya de por sí magnífica, aumenta aún más si tenemos en cuenta que su traducción literal sería: “Si das al hambriento el pan de tu alma y el alma afligida dejas saciada…” Partiendo de estos textos proféticos en los que hemos visto de forma progresiva la misión sacerdotal en el seno del pueblo elegido, abrimos la puerta y entramos en el Nuevo Testamento. A la luz del Hijo de Dios, comprenderemos la plenitud de todo lo que le fue revelado a Israel con respecto a la, misión fundamental de los sacerdotes de Jesucristo. EL ALIMENTO DEL ALMA
Es posible que alguien haya podido ver en lo del Pan del Rostro de Dios oculto en el Evangelio, un simple y más o menos acertado recurso poético para embellecer el texto. No tengo ninguna pretensión poética o literaria, y, más aún si esto llevara consigo una distorsión de la catequesis. Cuando hablo del Pan del Rostro de Dios oculto en la Palabra, me estoy refiriendo ni más ni menos que al alimento del Hijo de Dios. Él alimentó su alma a lo largo de su vida con la Palabra que recibía del Padre. Él mismo dice que predica según oye y ve al Padre (Jn 8, 28y 38) Este alimento, fuerza y sabiduría para poder cumplir su misión, estaba todavía oculto incluso para sus discípulos. Recordemos cuando se quedó hablando con la samaritana junto al pozo y sus discípulos fueron hasta la ciudad para comprar comida. A su vuelta, le ofrecieron de lo que habían comprado, y Él les respondió: “Yo tengo para comer un alimento que vosotros no conocéis” (Jn 4,32). Éste es el Pan de la fe. Recordemos que Pablo afirma que la fe nace de la predicación del Evangelio (Rm 10,17), Pan del alma que Jesús lo irá dando a conocer progresivamente a sus discípulos. Después de su Resurrección, abrió sus inteligencias para que pudieran comprender la Palabra (Lc 24,45). En definitiva, y saboreando la espiritualidad bíblica, sabemos que lo que hizo fue abrir sus espíritus a fin de que fueran aptos para recibir el alimento del Evangelio y pudiesen así crecer en el discipulado. LA MULTIPLICACIÓN
Repasamos el cuadro escénico siguiendo el texto de Mateo. Toda una muchedumbre sale de sus pueblos para encontrarse con Jesús. Él se compadece de todos estos hombres u mujeres, pues ve que sus almas están hambrientas y desfallecidas. Llegado el atardecer, antes de despedirles a sus casas, decide multiplicar unos panes que está a mano, haciendo presente el paralelismo de las dos formas de padecer hambre: el del cuerpo y del alma. En el texto evangélico encontramos un dato catequético por el que encuadramos este milagro con la profecía ya anteriormente citada de Jeremías: “Empaparé el alma de los sacerdotes y mi pueblo se saciará de mis bienes”. Veamos la sucesión de gestos de Jesús, y comprenderemos que el pan multiplicado en sus manos es signo del alimento del que Jesús dijo a sus apóstoles que todavía no conocían: el alimento que sacia el alma. Vayamos a un extracto del milagro; “Tomó-Jesús- los cinco panes y los dos peces, y, levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, y, partiendo los panes, se los dio a los discípulos y los discípulos a la gente” (Mt 14,19). Desmenucemos catequéticamente este versículo. Jesús levanta los ojos al cielo, lo que quiere decir que entra en comunión con el Padre. A continuación parte los panes y los da-empapa el alma- a sus discípulos. Éstos, a su vez, los ofrecen-empapan el alma-a la multitud. Todos se saciaron del alimento desconocido; todos; tanto los apóstoles como la muchedumbre, que, en ese lugar de escucha, personifican a la Iglesia, el pueblo de Dios. Jesús mismo señala que las palabras que el Padre ha puesto en su boca y que constituyen el Evangelio, son alimento del espíritu. Escuchémosle: “El espíritu es el que da Vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son Espíritu y son Vida” (Jn 6,63). El Hijo de Dios proclama esta extraordinaria y bella noticia en la catequesis que sigue a la multiplicación de los panes narrada por Juan. Por supuesto que el escándalo que surgió en el seno de sus oyentes fue mayúsculo, hasta el punto de que se alejaron de Él. (Jn 6,66). Nos podemos imaginar la situación angustiosa que se creó. Podemos adivinar la decepción de los apóstoles que se frotaban las manos ante el espectacular triunfo de Jesús ante su pueblo. Cuando se dan cuenta, en la escena solamente quedan ellos y Jesús. Éste les lanza una pregunta que más parece un dardo: “¿También vosotros queréis marcharos?”. Es decir: ¿También vosotros pensáis que hablo por hablar, que mis palabras no tiene más valor que las de cualquier maestro de Israel? ¿Pensáis, como los que se han marchado, que no hay Espíritu y Vida en ellas? Conocemos la respuesta de Pedro: “¿Dónde quién vamos a ir?” No nos interesa otro tipo de palabras por muy seductoras o atrayentes que sean. Necesitamos palabras que sean Espíritu y Vida, y sólo tú las tienes. Sólo ellas alimentan nuestro espíritu, sólo ellas revelan el Misterio, sólo ellas son el Pan del Rostro del Padre…”Sólo tú tienes Palabras de Vida Eterna” (Jn 6,68) He escrito estas páginas con el deseo de presentar la vocación, la llamada al sacerdocio, incidiendo en la esencia y núcleo de este ministerio. Acariciándolo y acogiéndolo como una gracia que no tiene precio, se entenderá progresivamente la buena noticia de Jesús; “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: ¡Ven y sígueme…! Por poner sólo un ejemplo, diremos que Mateo conoció, valoró y amó con toda su alma y todo su corazón, el don de Dios en aquel día bendito de su vida en el que su Hijo se detuvo ante él y le propuso: ¡Ven y sígueme! (Mt 9,9)
(**) Para profundizar acerca del mismo tema de esta página se puede consultar el libro del mismo autor “El Buen Pastor”. De Editorial San Pablo. Y asimismo las estampas que ilustran el presente reportaje han sido editadas por Ediciones Paulinas y son una creación del Padre Pavía.
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