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TALLER DE ORACIÓN CONOCER A JESÚS Por Julia Merodio Si quieres conocer a tu Señor, tendrás que descubrir la luz de su verdad, el amor de su entrega y la credulidad de sus obras, pues nadie puede decir que lo conoce si no vive como Él vivió. Desde que vivimos la resurrección del Señor, nos hemos hecho preguntas que, sólo fueron expuestas a los íntimos: ¿Por qué lloras? ¿A quién buscas? ¿Qué te turba? Nos hemos puesto delante de las heridas del cuerpo llagado de Jesús. -Hemos depositado en ellas a los padres, a los hijos, a la familia, a los amigos, a la comunidad. -Hemos puesto al marido, a la mujer, a los que un día prometimos fidelidad, para que Él fuera nuestra fuente de vida y felicidad. -Le hemos pedido que nos protegiese, que fuera nuestro guía. -Y hemos encontrado la respuesta en el evangelio de Juan: “Yo soy el Buen Pastor” -Jesús mismo, lo había dicho un día, a todos cuantos le escuchaban. **Él había dado ya la vida por sus ovejas, como había prometido. **Él entregó la vida para que todas pudieran recuperarla. Por eso quiero invitaros a proclamar a Jesucristo como nuestro único Pastor y a la Iglesia como la primera salvada con su amor redentor. Jesús al presentar esta parábola nos está dando una lección magistral de lo que debe ser la comunidad de creyentes. Destacan en ella dos figuras que son imprescindibles: ++El Pastor: hombre que sirve a la comunidad. ++Y Las Ovejas: comunidad seguidora del Pastor. Dos realidades que no se pueden separar. Dos responsabilidades que caminan juntas hacia la construcción del Reino. Y, en cada una de ellas, las diversas tareas a desarrollar y las responsabilidades que las acompañan; ya que sólo trabajando unidos se podrá hacer realidad lo que Jesús pretende. -Pastor.- La primera tarea del pastor es amar a la comunidad y hablarle. Él es la voz para la comunidad; y, para que esa voz llegue tendrá que conocer a todos, tendrá que dar vida, acoger, y sobre todo guardar a cada uno como si de él sólo se tratase. -Comunidad.- Por su parte la comunidad tendrá que responder escuchando, colaborando, estando disponible y siguiendo al pastor como su guía. REALIDADES DE GRAN CALADO No podemos pasar por alto la hondura de estas dos realidades. Es por eso por lo que vamos a tratarlas con mayor detenimiento; teniendo en cuenta que en cada Pastor se encuentra un sacerdote y estando en el año sacerdotal, su relevancia ha de ser grande. El pastor.- El Pastor tiene que hacer llegar la voz.- Nadie puede hablar de Dios si antes no lo ha escuchado. Por tanto lo primero será tomar conciencia de lo que significa ser la voz de la Voz. Para hablar en nombre de Dios habrá que haber guardado silencio. Pues ¿Quién puede hablar de Él si antes no ha hablado con Él? A ti te corresponde ser la voz de un mensaje. El mensaje de Cristo. Pero no podrás serlo si antes no has orado con él. Pues sólo cuando lo interiorices podrás ser voz de consuelo para todos, voz que libera, que transmite, que da esperanza, que da testimonio de la presencia de Dios. Sólo así, tu voz llegará a los hombres para interpelar, para interrogar... para hablarles al corazón. El Pastor tiene que conocer a las ovejas.- La palabra conocer en la Biblia tiene un significado muy hondo. Significa comunión, relación íntima con la persona, entender sus problemas, captar sus exigencias más profundas, conocer sus situaciones sin reducir a nadie a un ser anónimo al que no se le presta atención. Conocer equivale a dar nombre y rostro a cada uno. Tener en cuenta sus diferencias, vivir en unidad respetando la pluralidad y vivir en plenitud sin que nadie se sienta marginado ni aplastado. Pero para conocer sobre todo hay que escuchar. Hay que mirar más con el corazón que con los ojos y sobre todo hay que estar siempre abierto para aprender de los demás. Es ofrecer a los hermanos tu tiempo, tu paciencia, tu sonrisa, tu don... gastándote por ellos, compartiendo, ayudando, sirviendo. Y todo con la mayor fidelidad. Además hemos de ser conscientes de que esto no se adquiere con un acto heroico momentáneo, sino con una entrega diaria gratuita y silenciosa. El Pastor tiene que guardar las ovejas.- Es necesario que estén todas, que no se vayan a otros pastos más atractivos. El pastor tiene que salir en busca de las que se han perdido. Él sabe que hay lobos aunque hoy día estén muy camuflados con sonrisas, buenos modales, voces que acarician... y tendrá que olvidarse de sí mismo y poner el bien de los demás por encima del suyo propio. El pastor tendrá que olvidarse de sus comodidades y salir a los caminos, sin importarle ni la imagen, ni la fama, ni el prestigio... Mas no se trata sólo de preocuparte de los demás, se trata también de que te olvides de ti para que seas capaz de dejar a un lado tantos intereses egoístas como se te brindan. “El Dios de la paz, vino a ser el gran pastor de las ovejas, nuestro Señor Jesús. Él os haga aptos para el cumplimiento de su voluntad con toda clase de obras buenas” (Hebreos 13, 20 – 22) LA COMUNIDAD.- Pero no sólo tiene responsabilidades el pastor. Las tiene también la comunidad. La comunidad tiene que escuchar.- No basta con oír hay que escuchar. Es necesario dejar que la Palabra profundice, llegue dentro, cuestione... y sobre todo que reclame una decisión. No basta con estar de acuerdo, hace falta ponerlo en práctica. No basta con decir “tiene razón”, hay que salir de la pasividad, de la instalación, de la comodidad, de la retirada silenciosa. Escucha de verdad, quien es capaz de mejorar, de traducir lo escuchado en hechos concretos que se nos van presentando, en comportamientos dignos en palabra que se dirige a los demás. Traduciendo la vida en obras. Estando prontos a colaborar desde la coherencia y ayudando en lo que esté a nuestro alcance. Teniendo presente que una escucha que no nos ayuda a crecer y a madurar es un rechazo a la Palabra. Escuchar es: despertar, ponerse en pie, empezar a caminar... Las ovejas siguen al Pastor.- No se trata de que la comunidad acepte lo que le dicen con la cabeza baja, los ojos cerrados y la cabeza desactivada. Se trata de poner tus ideas, tus dones, tus aportaciones al servicio de los demás para que todos se enriquezcan. Para seguir hay que conocer la meta. Saber dónde quieres ir. Tener una conciencia comunitaria, estando disponible y siguiendo firme cuando lleguen las dificultades. Seguir es continuar dando pasos aunque nos llegue la fatiga. Seguir es avanzar sin arrastrar los pies, y sin que los pasos sean demasiado largos para no dejar atrás a los demás; es estar pendiente de los pasos de los más débiles sin ignorar que caminan a nuestro lado. Seguir es esforzarte por dejar a un lado el cansancio y la impaciencia por llegar. En este seguir tendremos que recordar que cuando Jesús nos invita a seguirle nos dice: “Tendrás que levantar tu propia cruz”; y, poner la cruz sobre los hombros, fatiga. Ya sabemos que aunque el camino de Cristo es liberador no está exento de dificultades. “Pero el sólido fundamento de Dios se mantiene firme marcado con este sello: El Señor conoce a los que son suyos. Y este otro: Apártese de la maldad el que invoca el nombre del Señor” (II Timoteo 2, 19) LA HORA DEL COMPROMISO Después de orar sobre todo esto, llega la hora de hacer un compromiso de fidelidad y lealtad, para que en la comunidad todos sean unos. Para que tengan un mismo sentir y un mismo pensar. Para trabajar al máximo tratando de descargar a los otros de sus deberes y no estar al acecho de ver en lo que fallan para poder con ello justificar nuestros incumplimientos. Pero todavía faltan otras ovejas. Las que no son de este redil, dice el evangelio; sin embargo Jesús nos las muestra con un cariño absoluto. Éstas son multitud. Algunas, aunque de tarde en tarde, se acercan a escuchar la Palabra. Otras, ni siquiera eso. Pero tienes que saber que eso no te da derecho a despersonalizarlas, a apartarlas. Jesús ha muerto por ellas lo mismo que por ti. Las ama y las espera con los brazos abiertos. Ellas no son una masa anónima. A ellas también hay que tenerlas en cuenta. Cada una tiene su corazón que siente, como el tuyo y como el mío. Cada una tiene sus lágrimas, cada una tiene su historia. No cierres la puerta para ponerte cómodo. Haz sitio para ellas. El espacio hay que irlo ampliando cada día más. Tú no eres nadie para juzgar a ninguna de las que entran. Sólo te corresponde tender la mano a los que todavía están a la espera. Acógelos desde el respeto y la aceptación, notarás con alegría que estas actitudes logran transformar el interior de las personas. Y recuerda una vez más que lo importante, lo esencial, no está por encima del hombre sino dentro de él.
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