1.- FLORES SACERDOTALES A LA VIRGEN

Mes de mayo (Año Sacerdotal 2010)

Por Javier Leoz

1.-“He aquí la esclava del Señor” (Lc 1,26) Brindémonos generosamente por nuestras comunidades. Alejémonos de aquello que nos impide volcarnos de lleno en la misión que la Iglesia nos ha confiado. Muchas veces el “no puedo” esconde justificaciones acomodos personales.

2.-“Haced lo que El os diga” (Jn 2,5) No perdamos la esperanza. Recuperemos o intensifiquemos el gusto por la oración. No recemos para que se nos vea pero, ¡por qué no!, que nuestros fieles comprueben que los sacerdotes nos arrodillamos y rezamos.

3.- “Maravillas hizo en mí el Poderoso” (Lc 1,39) Demos gracias a Dios por el don del sacerdocio. Rememoremos aquellos momentos en los que, diciendo “si” nos estremecimos ante la llamada de Dios. Hablemos a nuestros amigos y parroquias de nuestra propia vocación.

4.- “Hágase en mí según su Palabra” (Lc 1,38) Proclamemos con valentía y con claridad la Palabra de Dios. Preparemos con más interés la homilética. Miremos las situaciones que nos rodean y, a la luz de la Palabra, orientemos aquello que produce sufrimiento, dudas o deserción

5.- “¡Oye! ahí fuera están tu madre y tus hermanos que desean hablarte.” (Mt 12,46) Busquemos y encontremos en el rostro sufriente de nuestros hermanos, la voluntad de Dios. No nos encerremos en nuestras seguridades, en nuestros templos, en el “siempre se ha hecho así”. Seamos receptivos y demos facilidades para el sacramento de la confesión.

6.- “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?” (Mt 12,46ss) Esforcémonos por salir de los mínimos. Nuestro sacerdocio es mucho más que un cumplir el expediente o convertirnos en simples funcionarios. Desempeñar la voluntad del Señor, en muchos momentos, implica ir en contra de nuestra propia comodidad.

7.- “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” (Lc 1,26ss) Vivamos con alegría este mes de mayo. Comprometámonos, junto con María, en la vivencia pascual de estos días. Manifestemos la alegría de ser sacerdotes: una oración preparada, un rosario sacerdotal, una peregrinación a un santuario mariano.

8.- “En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel” (Lc 1,39) No nos quedemos lamentándonos en aquello que nos ha producido dolor o sorpresa. El Señor va por delante. Nuestras cruces, en muchos casos, son más pequeñas que aquellas que a muchos hermanos nuestros les hiere sus vidas. Salgamos, como María, al encuentro de los demás.

9.- “Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre” (Lc 1,28) Proclamemos, especialmente en este mes de mayo sacerdotal, las virtudes de María. ¿Por qué no dirigir nosotros personalmente el rezo del rosario? A veces, nuestra presencia y nuestra presidencia, dan doble valor o despierta más el interés a las cosas de Dios.

10.- “¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!”(Lc 1,45) Vivamos según aquello que creemos. Transmitamos a nuestros fieles la esperanza de que Dios nunca falla. Renovemos, con la eucaristía y la oración, nuestra consagración al Señor. Cantemos el credo en las misas dominicales.

11.- “María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón” (Lc 2,19) Dediquemos algún momento a la oración mariana. Coloquemos, en un lugar significativo, una imagen de la Virgen María. Abramos nuestros templos y potenciemos algunas oraciones marianas: el rezo del ángelus, el santo rosario, una ofrenda semanal, la visita al santísimo.

12.- “Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de él” (Lc 2,33) Que nuestros fieles nos vean entusiasmados y contentos con nuestro Ministerio. Que, en este mes de mayo, incorporemos alguna oración especial –en la eucaristía o en el rosario- en acción de gracias por nuestra vocación sacerdotal.

13.-“Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción - ¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!” (Lc 2,33-35) Que las cruces personales o ajenas no sean más grandes que nuestra capacidad para hacerles frente. Miremos al pie de la cruz. Debajo, está María. Visitemos a los enfermos.

14.- “Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando.” (Lc 2,48) Que no nos cansemos de buscar y de proponer a Cristo como modelo para nuestras familias, para nuestros pueblos, barrios o ciudades. ¿No sería bueno, en este mes de mayo, indicar un libro o textos marianos a nuestras comunidades?

15.-“¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!” (Lc 11,27) Seamos agradecidos con nuestras familias. Recordemos, especialmente en este mes de mayo, a nuestras madres. Ellas nos llevaron en su seno. Nos acercaron a su pecho. Rezaron por nosotros. ¿Por qué no encender un cirio ante la Virgen por nuestros padres? ¿Por qué no rezar un misterio del Rosario por nuestras familias?

16.- “No tienen vino.” (Jn 2,3) Confiemos a la Virgen María la escasez y las dificultades de nuestra Iglesia, de las familias que componen nuestra parroquia. Un buzón mariano para acoger las peticiones escritas de los fieles conseguirá dos cosas: oraciones y un incentivo para visitar una iglesia abierta con la Virgen aguardando.

17.- “Mujer, ahí tienes a tu hijo.” (Jn 19,26) Postrémonos ante María antes de acostarnos. Saludemos a la Madre con motivo del nuevo día. Facilitemos, en un pequeño folleto, algunas oraciones o poesías dedicadas a la Virgen María.

18.- “Ahí tienes a tu madre” (Jn 19,26ss) Organicemos alguna actividad extraordinaria con motivo del mes de mayo. La visita domiciliaria de una capilla de la Virgen. Una procesión mariana con toda la catequesis o con todos los grupos que componen la parroquia. El final de curso puede ser una llamada, en este año sacerdotal, a dejar todo lo sembrado a los pies de María

19.- “Todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos (Hch 1,14) Suscitemos, allá donde sea posible, algún movimiento mariano, la suscripción a alguna publicación mariana. Como sacerdotes estamos llamados a indicar que, María, es un camino excelente para llegar hasta Cristo.

20.- “Una gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza” (Ap 12,1) Proporcionemos a nuestros fieles una estampa con la imagen de la Virgen que se venera en cada parroquia o con la que más devoción inspire. Que no falte en ella una oración mariana.

 

2.- EL SACERDOTE

Por Pedrojosé Ynaraja

Recibí una vocación, me pareció que Dios me quería sacerdote y he pretendido, durante mi vida, responder a esta llamada. Que hubiera un obispo, un canónigo y alguna monja en la familia, creo que no influyó en esta decisión. Tampoco tuve ocasión de tratar con ellos. Ni “padres espirituales” tampoco. Entré en el seminario después de haber estudiado el bachillerato de aquellos tiempos, de siete cursos. El primer día de estancia en el seminario, ya me tocó vestir sotana, no me atrevía a salir de la habitación de la vergüenza que me daba aquel atuendo. La mayoría de mis compañeros estaban allí desde pequeños. Al final de la carrera, vino la ordenación y al cabo de poco la fiesta de la primera misa. No hubo banquete, ni sermón de campanillas, como se estilaba, pero asistieron unas 500 personas, la mayoría jóvenes, procedentes del escultismo, del excursionismo o de la JOC. Y sanseacabó. Mi corta etapa de dedicación ministerial, no fue precisamente un éxito. Pero la respuesta a la llamada de Dios, me facilitó y continúa proporcionándome, proyectos y realizaciones a favor del Reino de los Cielos, que ha llenado de felicidad mi vida, pese a sufrir la muerte de mis más queridos, la incomprensión de unos y la marginación de otros.

Quisiera recordar que la época inicial era peculiar y difícilmente se repetirá. La guerra civil, acompañada de una feroz persecución religiosa, había sido semilla de radicales vocaciones cristianas, cargadas de ideales heroicos, teñidas de romanticismo, como correspondía a quienes sucedíamos a recientes mártires. Ejercer de sacerdote y ser reconocido como tal, era fácil, satisfacía. Han cambiado los tiempos. Por lo común, el sacerdote no es admirado, ni apreciado. Y no estaban preparados para este cambio. Se siente la frustración, el desencanto. Nadie ignora que tomar la decisión de hacerse sacerdote hoy, es una osadía, pero a esta audacia, a diferencia de la del deportista, del cantante de conjunto, o del empresario de, le falta atractivo social. No responde a los cánones de las aspiraciones que cuentan: el éxito es incierto, el aplauso popular nadie se lo asegura, la situación económica no es lisonjera… Se muerde el vacío silencioso de la inactividad, sin saber como salir de él.

En esta situación, ubicarse espiritualmente es una tarea urgente e imperiosa. La vocación sacerdotal equidista de la del monje y el misionero. Como un imán que atrae por los dos extremos, así ha de ser el posicionamiento personal.

¿Quién carece de vehículo propio? Compartir de alguna manera con una comunidad contemplativa, no es difícil. La famosa frase: Francia, país de misión, (extendida a cualquier otro territorio) y que dio paso a tantas iniciativas, en algún caso justifico quedarse en casa sin hacer nada, hoy puede realizarse en todo el orbe. Mientras unos discuten si es lícito copiar textos sin pagar derechos de autor, debemos ser conscientes de que un escrito introducido en la Red, se multiplica y extiende por todo el mundo. Descubrí sorprendido que un texto mío, redactado en catalán y por supuesto para un medio católico, aparecía en portugués, en una web metodista, radicada en Sao Paulo. El Apóstol de las Gentes nunca hubiera imaginado tal prodigio.

Para que el presbítero sea capaz de una tal actitud, le es necesario gozar de aprecio, tanto de su obispo, como de los fieles con los que se relaciona. Y por desgracia, no es generalmente lo que recibe. Cada uno, antes de analizar o criticar actuaciones sacerdotales, debe revisarse. Deberá calibrar la esencia del sacerdocio y examinarse de caridad, para decidir el trato que le debe dar. Si fuera así, otro gallo nos cantara.

 

3.- SACERDOTE

Por David Llena

 

Apéndice de Dios,

Manos de Cristo,

Portador de barro

del tesoro divino.

 

Pilar de la Iglesia

apostólico discípulo,

realizáis milagros

por obra del Espíritu.

 

Laváis las almas

con el poder recibido,

sabiendo el pecador

que nos perdona Cristo.

 

La Iglesia nos abrís

con el don del Bautismo,

perdonando con agua

el pecado primitivo.

 

Guiáis las almas

por el sendero establecido,

cargando a los hombros

al pecador malherido.

 

Sembráis la Palabra,

Animáis al desvalido,

confortáis el luto,

educáis a los niños.

 

En el Calvario de tus manos

levantáis a Cristo

que atrae los corazones

del pueblo redimido.

 

Acequias del Amor,

puentes del Camino,

que nos traen la Salvación,

que nos llevan a Cristo.

 

¡Que el Señor os bendiga

los desvelos infinitos

y que vuestro rebaño,

siga fiel a vuestros silbos!

 

4.- VEJEZ: POR UNA EDUCACIÓN DIGNA Y ESPERANZADA

Por Ángel Gutiérrez Sanz

Entre las grandes conquistas logradas por el hombre en los últimos tiempos hay una, que aún no siendo la más espectacular, es la que más directamente nos afecta a los humanos. Me estoy refiriendo a la longevidad, que ha alterado de forma sustancial la situación del hombre y de la mujer. Hoy son muchos los viejos que están viviendo el equivalente a dos vidas de épocas pasadas y no es sólo ya el que hoy se viva mucho, sino que se vive mejor. La vejez de antes se corresponde con la madurez de ahora. Los factores que están detrás de este fenómeno son bastante diversos; por supuesto los avances de al medicina, la higiene, condiciones de salubridad, alimentación, prevención, comprobación de los estados biológicos, ejercicio, control del peso, fármacos…qué sé yo; en pocas palabras nos cuidamos más, porque hay medios para hacerlo y el resultado ha sido un cambio de vida asombroso, más aún en la mujer que en el hombre.

A la vejez se la ido aplazando cada vez más y día llegará, ya se habla de ello, en que a los viejos de hoy serán el equivalente de los maduritos del mañana. Los tratamientos vegetativos, nutrición de células, refuerzos hormonales, rehabilitación funcional etc. dan pie para pensar que esto puede ser así. Sea como fuere, el hecho inapelable es que la vejez tarde o temprano acabará por llegar a nuestras vidas y con ella los achaques, las molestias y las limitaciones que le son propias. La vejez siempre es lo último, después ya no hay nada más. Con ella hay que contar por más que nos empeñemos en negarla, ocultarla o cambiarla de nombre, llamándola “tercera edad”. En nuestra cultura apenas se habla de ella y cuando se hace, es para descalificarla y mirarla con desdén. Éste es el gran fallo de nuestro tiempo. Nuestra cultura del “ Carpe diem” nos ha enseñado a vivir intensamente el momento presente; pero no nos ha enseñado el arte de envejecer, es por eso por lo que, quienes llegan a viejos, lo hacen, en la mayoría de los casos, sin estar preparados

Cuando hablamos de la vejez pensamos instintivamente en gentes disminuidas física y psíquicamente, que necesitan del cuidado de otras personas, que precisan de asistencias sanitarias y esto es verdad; pero olvidamos que el gran problema de la vejez es la soledad. El gran drama de la mayoría de los viejos de hoy, es sentirse abandonados, como si fueran unos expatriados, que no entienden ya la cultura vigente, ni la gente que les rodea comprenden la suya. Pocas cosas tan dolorosas como ésta. De una u otra forma la vejez tiene como compañera inseparable la soledad, por eso en la medida que estemos preparados para afrontarla, lo estaremos también para afrontar la vejez. Las mujeres sobrellevan mejor la vejez que los hombres, porque tienen más capacidad de soledad, de interiorización, de intimidad.

Si un día aprendemos a quedarnos a solas con nosotros mismos, comenzaremos a darnos cuenta, que nuestro más valioso patrimonio es lo que vamos dejando atrás, lo que hemos ido sembrando, no tenemos más. En el dialogo ciceroniano “ De Senectute” se pueden leer estas palabras: “ Los que encuentran todos los bienes dentro de sí, nada de lo que acontece por necesidad dentro de la Naturaleza les puede parecer malo. En este género de acontecimientos ocupa el primer lugar la vejez”. Es cierto que lo positivo de la vejez permanece oculto y no es fácil de descubrirlo; pero existe; hay que buscarlo en el espíritu que no en el cuerpo. “Cuando envejecemos, nos recuerda Rialp Waldo, la belleza se convierte en una cualidad interior” . Al igual que todas las edades de la vida, la vejez también posee su encanto. Como sucede con los vinos de solera, son los años los que van prestando el mejor aroma y sabor a los afectos y sentimientos, son los años los que nos ayudan a encontrar la serenidad de ánimo, el equilibrio emocional, que hacen posible la paz del espíritu

Todos hemos tenido ocasión de ver reflejada en la mirada profunda de alguna persona mayor, la serenidad tranquila que emana de su alma. Ana Cintra, la madre sacrificada que día a día ofrendó su vida para sacar su familia adelante, nos cuenta que en una ocasión su hijo pequeño, con la curiosidad del niño que oye una palabra por primera vez, le preguntó

¿Qué es la vejez? Ana le miró fijamente y mostrándole su rostro surcado por las arrugas , le dijo, aquí la ves reflejada, a lo que el niño sólo pudo responder: Mamá ¡ Qué bonita es la vejez!

Cuando ese momento llegue, después de haber acabado las tareas, lo mejor que a uno le puede pasar, para no morir de soledad, es sentirse reconciliado consigo mismo y con los demás en presencia del Dios Bueno, que alienta la esperanza, sin haber perdido las ganas de vivir , sin ver nunca apagada la ilusión, que nos permite seguir creyendo en cada despertar, que el día más hermoso de nuestra vida , está aún por llegar.

 

5.- A MI MADRE

Por Julia Merodio

 

Cuando digo, MADRE, siento:

que has guiado mi camino,

que has llorado mi sufrir,

que has gozado con mis logros,

y has estado junto a mí.

 

No importa si no lo supe,

no importa si huí de ti,

aunque buscase por fuera,

tú siempre estabas ahí.

 

Para acogerme a mi vuelta,

para ofrecerme tu amor,

para abrirme a la esperanza

y brindarme tu perdón.

 

Por eso quiero decirte:

en este momento, Madre,

que tu cariño me eleva,

tu afecto me satisface,

tu acogida me apasiona

y tu presencia me invade.