Desde hace unos años observo que la informática se utiliza en las celebraciones eucarísticas, en las celebraciones sacramentales de Reconciliación, en toda charla, al margen del perfil del auditorio, en las conferencias de muchas universidades. El ratón, el mando a distancia son clave para el comunicador. Ayer asistí a una charla para los mayores de mi barrio, alrededor de unos 200. Además de la charla de un psicólogo, amenizó la tarde un mago que les arrancó una sonrisa, un pequeño grupo de invidentes que, además de buenas voces, tocaban diversos instrumentos musicales Escuché atentamente al conferenciante psicólogo y cuando sacó su ordenador portatil y empezó a husmear públicamente entre sus documentos y archivos me sonreí socarronamente. Aunque la megafonía era buena, el local era lo suficientemente espacioso como para que en las filas últimas perdiera nitidez la palabra y, por supuesto, ininteligible, lo escrito en la pantalla. Los asistentes frisarían una media de 80-85 años, edad en la que la vista y el oído adolecen de perfección. A mí que me faltan más de 30 años para esa edad y que noto que esos dos sentidos empiezan a flojearme, cogí una silla y me coloqué en las primeras filas. Estaba allí para “echar una mano” en la organización del evento. El tema de la charla me interesaba: “Cómo comunicarnos mejor”. Bonito tema para unos ancianos que se sienten “descolgados” en esta sociedad tan paradójica, donde a más medios de comunicación se produce más aislamiento. Me gustaban los cinco puntos que quiso tratar el psicólogo. La idea era ésta: el ser humano siempre se está comunicando. Le es imposible no hacerlo, puesto que incluso cuando siente indiferencia hacia el que está a su lado, le está comunicando que no quiere saber nada de él. Al escuchar esta idea recordé una idea peregrina de un profesor mío de Teología cuando nos aseguraba que el hombre y la mujer no pueden vivir sin esperanza y que el suicida también la tiene: en la búsqueda de su fin, alberga la esperanza de no sufrir. Nunca me acabó de convencer esa idea, pero no es el momento de hablar sobre ello. Sigo con la charla del psicólogo. Hablaba que un buen número de sociólogos, psicólogos viajaron por los cinco continentes, abarcando todo tipo de culturas, en busca del elixir de la comunicación. Los setenta sabios de Alejandría tras cotejar sus datos y agitarlos en la coctelera de las estadísticas sacaron estas conclusiones: que el ser humano es el mismo al margen de idiomas, creencia religiosa, grado de globalización e índice de “urbanitabilidad”. Nos gusta ser escuchados, necesitamos expresarnos de palabra, por escrito, por gestos, tactilmente, con la mirada y un largo etc. Que nos importa tanto lo que se nos dice cómo la entonación; que los gestos, las sonrisas pueden facilitar o congestionar la comunicación. Que la empatía, ponernos en el lugar del otro, ayuda a interiorizar que nuestra percepción de los hechos es real, pero parcial y que se complementa con la del otro. Que hay que saber qué comunicamos, a quién y en qué momento y que el respeto a los que tienen una autoridad sobre nosotros se debe manifestar también en el lenguaje. Que al comunicarnos debemos ser conscientes de que nos expresamos con nuestros prejuicios sociales e ideológicos. Creo haber hecho una síntesis sencilla de las pautas del psicólogo. Y si les digo que la charla fue un estrepitoso fracaso a tenor de las caras aburridas que se veían en los ancianos y de los comentarios que después salieron entre nosotros mismos. ¿Qué es lo que falló? En mi sencilla opinión fueron varias causas: 1ª Un conferenciante no puede estar más atento a su ordenador que a su público. 2º Los párrafos escritos en la pantalla eran textos entresacados de manuales de psicología y si no lo eran, eran textos técnicos ininteligibles para ancianos que, en su mayoría, tenían un nivel cultural elemental. No pude por menos de reírme cuando el orador dijo que aquellos investigadores habían realizado “trabajos de campo” en sus investigaciones interdisciplinares. ¿Trabajo de campo? ¿Habrían ido esos sesudos señores con azadones, palas, para saber qué es la comunicación? La expresión “trabajo de campo” es un tecnicismo sociológico que significa tomar datos allí donde se vaya. Al buen psicólogo se le escapaba su jerga lingüística sin tener en cuenta que un elemento clave de la comunicación es asegurarse que el receptor conozca las palabras que usa el emisor. Y puesto que según este avezado comunicador el ser humano siempre se está comunicando, tengo la impresión que la mayoría de los 200 ancianos/as, algo sordos y con alguna catarata que otra, le comunicaron , más o menos: “¡Chaval, pasamos de ti! Bendita generación de intelectuales y clero que no necesitaron del ratón para transmitir y comunicar conocimientos y fe cristiana. Como todo es comunicación, desde mi banco de la parroquia o desde mi asiento cuando asisto a conferencias comunico mi indiferencia hacia este sistema ambiguo. Confío en que esta moda pase y sea la palabra del orador, su expresividad y el oído de oyente los ingredientes necesarios para comunicarnos. Cuando leo los evangelios me quedo admirada de la capacidad comunicadora de Jesús de Nazaret… ¡Él sí que hizo trabajo de campo! ¡Tomaba datos de cuanto veía y lo integraba en sus diatribas con los escribas y fariseos o en las metáforas con los sencillos! Feli Alonso Curiel Bilbao, Euskadi, España NOTA DEL EDITOR.- Interesantísima reflexión de Feli. Y tiene razón. Hay portátiles hasta en la sopa.
Me contaron hará como dos semanas un caso de acoso a un adolescente, un caso incipiente que de momento se ha podido cortar en su inicio. Siempre en todas las épocas ha habido líderes en las pandas de amigos y seguidores de éstos, tan solo por no sentirse fuera del grupo. Me viene el recuerdo de cómo yo misma perdí, me decepcioné y aprendí de aquella a la que me sentía más unida y ella de mí. Llegó un momento en que me cansé de seguir al líder y me revelé, lo que hizo que el grupo me apartara hasta dejarme de hablar, pero los padres tomaron cartas en el asunto y salió todo lo que había pasado, nos volvieron a unir. Ha pasado mucho tiempo de aquello, y aunque los caso son los mismos, los métodos no. Ahora no tienes que mirar a la cara a nadie para insultar, para mentir, porque lo haces por otros medios. Cuando ya has sembrado la semillita de la desconfianza, sigues haciendo daño, no solo a la espalda, sino por móvil o alguna red social. Y es aquí donde nos introducimos en un bosque para los padres desconocido y desconcertante. Nosotros los antiguos adolescentes, nos hemos desecho de valores importantes con los que nos hemos criado para meter en la mochila los nuevos aires, ni siendo que nos pongan una matrícula de “anticuado “, los dos se podrían compaginar. Donde va a llegar nuestra prole, esa que estamos criando y que si lo caro siempre fuera lo bueno, nuestra panda de descendientes sería estupenda solo por el dinero que nos cuesta todas esa clases de aquello que se pone en boga, y que lo justificamos para su buena “preparación para el futuro”. Con todas nuestras mejores intenciones y deseos, por supuesto, pero es evidente que no está siendo así, si vemos no solo lo que tenemos a nuestro alrededor, sino los estudios que salen en prensa. El sentir general es que nuestros niños y jóvenes viven la cultura como una incomodidad para sus planes de fiestuki. Los padres somos carcas con entendederas neolíticas. La familia es un grupo de neandertales que solo buscan el fastidio juvenil con aburridas reuniones. Los profes granos en partes nobles, que solo les sirven para estrujarlos… la moral. “Los amigos” son los clínex, los usamos y los tiramos. Es como si la sociedad se estuviera convirtiendo en un inmenso rollo de papel de cocina, tiramos de todo lo que políticamente es correcto, la solidaridad, la comprensión, la amabilidad pero cuando no sirven a nuestros intereses, lo arrojamos al cubo de la basura. Equivocan las palabras, las usan mal y las transforman a su conveniencia, inventando otra lengua muy útil para esconderse detrás de un teclado y poner verde al alguno de sus” amigos”, entrecomillado porque… de esta palabra hacen un mal uso. En el Diccionario de la Real Academia (un libro con muchas palabras definidas para su buen y correcto uso con el que mi hijo pequeño se enfada cada vez que lo utiliza), amigo lo define así: “que tiene amistad, como tratamiento amistoso. Amistoso: perteneciente a la amistad, que gusta mucho de algo. Amistad: afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato. Bonita ¿verdad?, pero para escribirla en algún ejercicio de Lengua, porque nuestra chiquillería no se ha parado a leer su significado con atención, ni se lo plantean; y es que emplear palabras tan incomodas, como desinteresado, en un mundo que se mueve por todo lo contrario, como que no mola. Y así, a todo aquel que quiera guiarse un poco por la amistad, se le arrincona, acompleja, humilla, se le traiciona, aunque nos haya abierto las puertas de su casa, como que, al guiarse por la confianza y la amistad, no sigue el jueguecito del líder, ¡a la papelera con él! Por eso, lo que ellos llaman amigos, son en realidad amigotes, si de esos que son buenos para ir de botellón, de gamberrada, de fiesta, en definitiva, son un bonito envoltorio porque en el interior, en el corazón no hay nada de amistad. Y los adultos vemos impasibles todo porque no sabemos cómo pararlo. Nosotros los proveedores de la prole, intentamos justificarlos por lo entregados que estamos al trabajo y lo cortos que son los días, y con el diálogo colega hacia nuestros vástagos y el aparcamiento ante las pantallas creemos tenerlo algo controlado. Y creo que nos estamos apartando del centro. Nosotros, nos tenemos que convertir en jardineros para plantar en ellos los valores que realmente les pueden hacer crecer para la tolerancia, la humanidad, la sinceridad, el sacrificio, la prudencia, el compromiso, la generosidad, el dialogo, la superación, la sensibilidad, la lealtad, el perdón, la gratitud. Como dicen muchas personas que ya han entrado en eso llamado la tercera edad: “lo tenéis difícil”, pero debemos abrir nuestros ojos y oídos para saber cuál es la sintonía y los movimientos que les irá mejor en el baile social, que no se formen sobre pilares pasajeros, muy de moda, por cierto, los pilares del “día de… (La mujer, el niño, derechos humanos, de la tierra, de la paz, de la mujer trabajadora -como si los hombres no trabajaran-, del árbol, del libro, de los enamorados,…)” que en veinticuatro horas se han caído por tener como cimientos el recuerdo fugaz. Creo que lo que necesitamos es más entrega paterna y familiar y no pequeñas entregas de facsímiles semanales. Debemos ser sus referentes para quedarles huellas morales en el alma con las que se guíen en el caminar de sus vidas, lo que necesita su tiempo y también un apagón general para que las pantallas donde les estacionamos estén a oscuras, y enchufarles a las normas, los valores , los horarios. Muchas veces nos quejamos, quien no ha oído alguna vez “como está la vida”, “como esto no pare no sé donde vamos a llegar”, pues esas cosas de las que nos quejamos, somos los adultos, los que tenemos la oportunidad y la libertad, para cambiarlo, todos formamos esa sociedad. Carmen Ramos Tordesillas, Valladolid, España NOTA DEL EDITOR.- Lo que nos escribe Carmen esta semana merece una reflexión profunda
Queridos amigos de Betania: Hace un mes recibí esta poesía de una buena amiga que escribe cosas muy bonitas. Al llegar a mi correo enseguida me vino a la mente el compartirla con todos vosotros, pero dado que estaba muy cerca Mayo, mes dedicado a la Virgen, pensé guardarla para ofrecéosla en este momento; y aquí está, espero que os guste tanto como me gustó a mí. Un abrazo. Julia Merodio Madrid, España ------------------------ POESIA A LA SANTISIMA VIRGEN Por María Encarna
¡Oh madre de las Angustias, que triste vas y vienes con esa pena tan grande que al mundo entero entristece!
¡Oh madrecita querida que viste a tu hijo morir en la cruz y con una corona de espinas.
¿Por qué madre mía tenias que sufrir tanto siendo la culpa mía?
Hoy con mucha tristeza vengo a pedirte perdón desde este humilde pueblo que te tiene devoción.
Virgen de las Angustias tennos presentes y ruégale a tu hijo que sea paciente.
Que su sangre derramada nos llegue a conmover y aprendamos pronto y raudo lo que tenemos que hacer.
Nuestro señor Jesucristo por nosotros se entrego, ¿no merecería que al menos fuéramos un poco mejor?
Haciendo bien al hermano, teniéndole compasión, a quien lo necesitase sin mirar su condición.
¡Como decirte María que lo sentimos de verdad, como demostrártelo en la vida que es una realidad!
En estos momentos María tus lagrimas quisiera secar, de tus mejillas preciosas para poderte consolar.
Tú que eres nuestra madre te venimos a implorar, que nos tiendas una mano y nos ayudes a caminar.
Por eso Virgen bonita las gracias te quiero dar, para borrar tu tristeza y conseguirte alegrar.
Eres la madre del cielo, eres la madre de Dios, ilumínanos con tu gracia y danos tu bendición.
Casi al mismo tiempo que acaba este invierno de largos fríos y temporales de hielo y nieve y se asoma la primavera que nos mete la mejoría del tiempo con un sol que ya empieza a calentar, me planteo la posibilidad de escribir con más profundidad, sobre el Nuevo Testamento. Y me pregunto, si seré capaz de seguir sintiendo en mi conciencia, la necesidad de hablar de Dios y de transmitir su mensaje de amor y de paz, entendiendo que este nuevo reto que voy a comenzar con mis humildes artículos, continúe siendo un acto de servicio, lo confieso ingenuamente, para ayudar y ser útil a los tibios, angustiados o cansados que no “quieren ver” lo que deben hacer para serenar sus almas y descubrir esos gozosos rincones de alegrías que también existen, aunque no nos demos cuenta. Intentaré escribir, pensando que lo único que hago es guisar un poco mejor o un poco peor, lo que he ido acumulando en el saco del alma con el tiempo que dedico a leer, aún sabiendo que en mi cabeza hay una centésima parte de las ideas que recojo de la Biblia. Escribiré para aquellos que en el silencio de las noches estrelladas, miran al infinito y ofrecen todo su mal, todo su sufrimiento por la felicidad de los suyos, sin darse cuenta que aunque no lo crean, se lo están ofreciendo a Dios. Escribiré para los que cumplen escrupulosamente todas las reglas de la Iglesia Católica y viven en familia, apretados en su propio círculo, con el temor de que por no cumplir alguna regla religiosa, Dios les pudiera condenar. En definitiva para los que en lugar de amar a Dios, temen a Dios. No olvidaré a los que han perdido la fe y esperan la muerte sin esperanza, por que solo han creído en un mundo lejano y complicado al que les cuesta sudores acercarse. Dedicaré este espacio, para esa gente que estaría dispuesta a dar su vida por sus ideas o por su fe, pero se morirían ante la sola posibilidad de que alguien les acusara de ”anticuados” o “conservadores” y no piensan que un hombre verdaderamente libre y moderno es aquel que mantiene con su fe, la libertad del espíritu. Escribiré para los creen que lo más importante de la vida, es el perdón de sus pecados, su salud espiritual, su cercanía a Dios teniendo su conciencia tranquila, pero a veces van por la vida bajando la cabeza ante los demás para no ser calificados de “beatos”. Trabajaré para nuestros mayores, que viven en soledad o eternamente olvidados en residencias de acogida, esperando recibir, solo una parte del amor derramado por ellos. Y lucharé intentando demostrar a esos matrimonios rotos o a punto de hacerlo, que el vínculo contraído no tiene pegada la etiqueta que indique la “fecha de caducidad”. Por todo esto, estoy seguro que con la lectura de la Biblia, llegaremos a preguntarnos, que hacemos los cristianos después de dos mil años de historia cristiana y veremos que la historia de la Iglesia no podrá ser otra cosa, que una historia de amor que nos obliga a enseñar a otros la forma de amar. Procuraremos que repletos de savia cristiana, el Evangelio nos empape como lo hace el agua del rió al pasar por nuestra piel. Y aprenderemos que hemos de estar en silencio al lado de los que sufren, para hacerles un poco más llevadero el dolor y la injusticia que les atormenta. Intentaremos estar cerca del entorno de los que padecen soledad y hambre, entendiendo que donde hay amor no hay hambre y donde hambre no hay amor, ya que no existe una razón directa entre los que vamos a misa en una ciudad y el nivel de felicidad que puedan disfrutar en los suburbios, los pobres, los marginados o los indigentes, en definitiva personas humanas sin suerte pero con nombres y apellidos que viven bajo el umbral de la pobreza. Por todo ello y con el deseo de que el amor, sea algo fundamental en nuestra vida, me viene a la memoria aquella clara noche de verano, cuando con mi fiel amigo de la infancia Antonio, mirábamos la luna y las estrellas y nos parecía ver a Jesús, sintiéndonos estar junto a El, por que Jesús, me comentaba Antonio, está en la Luna, en el Sol, en los ríos limpios, en los prados verdes, en las rosas recién abiertas y en las gentes que se aman. Y nos parecía que Jesús se hubiera puesto por un momento junto a nosotros, para decirnos que lo realmente importante era amar a los demás, sin preguntarse si se lo merecían o no y de esta manera ir llenando los rincones de nuestra alma de verdadera alegría y buscar a Dios en su Evangelio para lograr un mundo más humano y más cristiano. José Guillermo García Olivas Madrid, España NOTA DEL EDITOR.- Agradecemos mucho a José Guillermo este escrito suyo y sus propósitos.
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