7 FLORES PARA MARIA Por Javier Leoz La alegría. Lo simbolizamos con este instrumento musical. María proclamó, y cantó con alegría, la visita del Señor. ¿Somos cristianos alegres? ¿Llevamos con alegría nuestra fe? Alguien, con razón, dijo que la sonrisa y el canto deben de ser dos notas dominantes en la vida de un cristiano. La fraternidad. La simbolizamos con esta hogaza de pan. María, llena de Dios, se puso en camino para visitar y ayudar a su prima Santa Isabel. No se quedó encerrada en sí misma, en sus problemas. Se puso en camino. ¿Miramos alrededor para descubrir las carencias de los demás? ¿Nos empleamos a fondo para echar una mano allá donde sea preciso? La oración. María, lo dice el evangelio, meditaba todo en su corazón. Era una mujer reflexiva. Simbolizamos esta flor con esta lámpara. Un cristiano sin oración es alguien que ha perdido su relación con el Padre. ¿Rezamos todos los días? ¿Buscamos espacios de silencio o sólo buscamos la comunidad y la misa dominical como vínculo con el Señor? La confianza. La expresamos con esta bandeja de tierra. Hay que dejar que, el Señor, haga fructificar nuestros esfuerzos y trabajos. María confió. No entendió al principio pero, luego, dejó que Dios llevara hasta el final su obra. ¿Nos fiamos de Dios? ¿Pueden más las dudas que la claridad que nos infunde la Palabra del Señor? La sencillez. No por tener demasiado, las personas, somos más o menos felices. La sencillez de María la queremos reflejar con este ovillo de lana. Sin tener demasiado, la Virgen, era inmensamente feliz. Y es que, la auténtica felicidad, la tenemos en el corazón. ¿Cómo vives tus días? ¿Pendiente de lo material? ¿Luchando por lo aparentemente espectacular? La pobreza. Significamos esta flor con estas sandalias. Nunca como hoy, el mundo, ha tenido tanto y, nunca como hoy, encontramos amigos, familiares, hermanos o vecinos, insatisfechos de sí mismos, de su vida (de nuestra vida). ¿Eres consciente de que nuestra riqueza está en el servicio, en el ofrecimiento, en el ser…más que en el tener? La disponibilidad. No siempre hay que comprender ni entender todo lo que se nos presenta en la vida. María, ante la noticia del mensajero celestial, se quedó ruborizada. ¿Quién soy yo para que, un Angel, me traiga semejante noticia? ¿Por qué, Dios, no habrá puesto sus ojos en otra nazarena? Pero, María, creyó y puso sus entrañas al servicio del Misterio de la Salvación. ¿Estamos disponibles en nuestras parroquias, en nuestras comunidades, allá donde Dios nos quiere? ¿No vivimos demasiado cómodamente nuestra fe? Coloquemos, estas 7 flores de mayo, ante la imagen de la Virgen. Que florezcan nuestras actitudes (cristianas y marianas) en el inmenso campo de nuestra vida diaria.
EL FINAL ES LO QUE IMPORTA Por David Llena Algunos acontecimientos de la vida, son un reflejo de la propia vida, y me explico; hay ocasiones donde hay que pasar por una situación difícil para luego, tener una gran alegría. Es la experiencia de aquellos atletas que sufren un silencioso entrenamiento, para luego triunfar en el estadio, o aquellos que dedican varios años de su vida a preparar unas oposiciones y disfrutan de ese esfuerzo una vez superado el examen. O los que sufren una enfermedad que tras recuperarse comprenden el malestar pasado. Y es ese el caminar por la vida. Muchas veces, y cuanto más joven se es más sucede, nos sentimos perdidos ante una situación que se nos presenta, ante alguna tarea a la que no queremos comprometernos y que por una razón u otra nos vemos inmersos. Al no ser querida, nos resulta ingrata y aunque sabemos que trabajamos para bien, no estamos a gusto, no trabajamos con satisfacción. Esa ha sido mi experiencia en esta última semana. Montábamos una cruz, para celebrar el día de la cruz, una costumbre muy del sur. Se adorna una cruz, y en torno a ella aparece la fiesta se sirve comida y bebida, se baila, se comparte y todo para obtener fondos para algún fin. En nuestro caso para levantar un nuevo templo, pues nuestra parroquia carece de él y estamos de prestado en la capilla de la Casa de Espiritualidad de Aguadulce. La realidad es que ha sido un año muy intenso, y la Semana Santa se había llevado gran parte de mis fuerzas y no tenía ánimo para ayudar en la preparación de la cruz. Pero Dios me quería allí. A pesar de mis reservas, acabé pasando largas horas en torno a esa cruz. Largas porque mi ánimo era adverso, no quería estar allí y sin embargo, allí me encontraba. ¿Quién me mandaba meterme en aquellos berenjenales? Y para colmo las cosas no iban rodadas. Sumemos la falta de ilusión, con los problemas que toda actuación conlleva y entenderán lo mal que me sentía. Pero al final, cuando se ve el fruto del trabajo, se da por bueno todo lo pasado. Y a veces, tenemos la experiencia de sentirnos mal por no haber hecho algo que debíamos. Ese es el pan nuestro de cada día. Hacer la voluntad del Padre, Él sabe lo que debemos hacer, Él debe guiar nuestro pasos, y muchas veces Él nos lleva por donde nosotros no queremos, pero al final nos hace recostar en verdes praderas. ¡Aún nos queda mucho por aprender de la pedagogía de Dios!
DE VIAJE Por Pedrojosé Ynaraja Mis primeras colaboraciones periódicas, entonces exclusivamente en papel, tuvieron este mismo título. Hijo de jefe de estación, los traslados y los viajes fueron frecuentes desde mi infancia. Recuerdo que en nuestros desplazamientos el principal objetivo era la visita a la familia y después a lugares o monumentos que pudieran mejorar nuestra cultura. Nunca olvido la ilusión que pusieron por llevarme a ver por primera vez el mar a los 10 años o a visitar el museo del Prado a los 12. La familia no es cultura, pero donde hay una buena familia, se fomenta la cultura. (Lo digo parafraseando a Pablo VI). La escuela es una institución maravillosa para proporcionar cultura escolar. En muchas ocasiones he ejercido de maestro de diferentes disciplinas, la religión incluida, y he estado y estoy en contacto con familiares y amigos que lo son. Confieso que me encuentro bien entre ellos. Ahora bien, observo que hoy en día, la institución ensancha sus quehaceres hacia terrenos que no le son exactamente propios. Cuando visito museos o monumentos y me cruzo con grupos de escolares, no siento especial satisfacción. Los veo con su cuaderno llenando anotaciones, que deberán presentar en la escuela y me temo que la belleza, más que un goce del espíritu, deviene para ellos un deber más para conseguir el aprobado. No hace mucho, visitaba uno de los mejores museos del mundo en arte románico y gótico. Un grupito de elegantes quinceañeras, seguían dócilmente, tal vez aburridamente, se separaron por un momento del conjunto, para hacerse fotos con su inseparable teléfono y oí que comentaban que las en Facebook (se trataba de una insulsa maqueta de poquísima importancia). Aquello, sus rostros con horribles muecas, es lo que las hacía felices. Era todo lo que les interesaba de aquella visita. Ocurre después, que si viajando les toca entrar en un museo, lo hacen con la indiferencia o desagrado con que recuerdan las clases de las asignaturas más antipáticas. Las visitas culturales escolares no son un buen estímulo para desarrollar su sensibilidad estética. Ya sé que voy a exagerar, pero me atrevo a decir que ciertas actividades promocionadas por los colegios, tienden a impedir que una vez abandonado el centro, se deje de progresar en cultura, que incluso aborrecen, ya que la relacionan con aquellas actividades que no escogieron libremente. Mientras tanto los padres preparan las vacaciones familiares proyectando ir a sitios que están de moda, playas, parques temáticos o países exóticos, dejándose conducir dócilmente por guías que dicen lo que han aprendido de memoria y les han indicado los poderes comerciales o políticos. Generalmente es en esta temporada cuando empiezan a proyectarse las vacaciones familiares. Lamento constatar por parte de padres cristianos que no se tiene en cuenta las posibilidades de educación cristiana que tienen estos proyectos. Voy a hablar de mi experiencia. Poco después de nuestra llegada a Burgos, mi padre me llevó a ver la cartuja de Miraflores y me contó lo poco que el sabía de la vida de los cartujos. A continuación las Huelgas, sin olvidar la catedral. En llegando a Cataluña, nos llevó ilusionado al Tibidabo, al templo de la Sagrada Familia y enseguida a visitar Montserrat. La cultura religiosa, la piedad popular, a la que tanta importancia se le da hoy en día, se trasmite, se contagia. Se lamentan los padres al comprobar que sus hijos, en llegando a una cierta edad, se alejen de todo interés cristiano y aducen para justificarse que les han llevado a los mejores colegios religiosos. Se engañaron, no era este exclusivamente el camino. |