TIRAR LOS PIES POR ALTO EN PENTECOSTÉS

Por Ángel Gómez Escorial

Fue el padre Jesús Martí Ballester, el primer sacerdote que se acercó a Betania, quien dijo que “había intuido pronto que el Espíritu estaba en Betania”. Esa afirmación –realizada ahora hace cerca de 13 años--me produjo un gran desconcierto. No daba yo más importancia a Betania que la que para mí tenía: un producto muy simple llevado a cabo por un periodista con poca cultura religiosa y, casi, recién convertido. La cosa se fue alargando y como en el viejo anuncia de las pilas eléctricas, pues “la cosa dura y dura”. Y mi asombro personal es que Betania haya durado, haya prevalecido tanto tiempo. Y sin faltar jamás –gracias a Dios—a la cita semanal.

Pasado el tiempo tuve que pensar que Martí Ballester debía tener razón. Y hoy lo repito, una vez más, con la máxima humildad pero con el mayor convencimiento. Betania es fruto del Espíritu. Y esta afirmación quiere ser rotunda. Si no fuera por el Espíritu Santo esta web no estaría ya camino de cumplir 14 años. Surgió sin planificación alguna en un momento dado y sin más deseos que expandir la Palabra de Dios y servir a los hermanos. La formula de Hoja Dominical del Espacio Cibernético, también se obtuvo sobre la marcha, en la idea de que la Misa dominical era punto de encuentro de toda la asamblea católica y que en ella estaba situada la Palabra en su mejor compañía, la del alimento espiritual que es la Eucaristía, el Sacramento del Altar. Respondía –como queda dicho más arriba-- a las inquietudes de apostolado de un recién convertido, ya adulto y maduro, que no se atrevía a importunar a sus amigos, vecinos, colegas, con el "cara a cara". La única virtud era el oficio periodístico del promotor y la capacidad resolutiva que tiene dicho oficio para poner publicaciones en marcha. Había un antecedente "interno" y es el registro del titulo "Betania" en la oficina de patentes españolas, bajo la idea de convertirse un día en una revista impresa y difundida mediante el kiosco y las suscripciones. Ese proyecto no era posible por su carestía y dificultad y se utilizó la marca para la web en Internet. Es verdad, asimismo, que esto lo he referido muchas veces, pero creo que no es ocioso repetirlo una vez más. Entiendo, por otro lado, que esta Carta les resultará “deja-vu” a muchos lectores. Con ocasión del Domingo de Pentecostés, siempre la repito

SIN PERMISOS

No se pidió permiso a nadie. No hubo más trabajador a tiempo total en la primitiva Betania, que el aludido converso y periodista – es decir, yo mismo--, quien tomó su mantenimiento y elaboración como trabajo de apostolado. Su financiación sale del mismo sitio y aunque su ejercicio económico es pequeño --el "hostage" en un servidor y sin gasto por los cambios semanales, lo hace, ahora, el propio editor. Hemos buscado, últimamente, alguna vía de financiación por la vía de los donativos, pero ha sido limitada, aunque ahí queda nuestro mayor agradecimiento a las personas que nos enviado dinero. Pensamos que hay que buscar una regularización de las aportaciones, mediante la suscripción o cosas parecidas.

Y volviendo a lo anterior, no era cuestión de pedir permiso a un obispado o una parroquia o un movimiento. Y suponemos que no fue por soberbia, sino porque saliera adelante. A lo mejor –o a lo peor—tampoco sabíamos entonces donde acudir. Pero también es verdad que toda organización, tiene sus responsabilidades y ha de ser coherente con las mismas. Solo había un cuidado personal de no confundir, de no herir y de ser --y mantenerse-- como hijos fieles de la Iglesia Católica. Y para ello era suficiente con una cierta humildad argumental al obviar aquellos temas difíciles o polémicos. Pero para llegar a esa fidelidad hay que tener unos ciertos conocimientos.

CAMINO DE CONVERSIÓN

Mi peripecia personal, mi camino de conversión iniciado en 1989 y sentido de manera fehaciente en julio de 1991 –va a hacer 19 años-- había estado acompañado de un nivel muy abundante de lecturas apropiadas. La falta de cultura religiosa de me llevaba febrilmente a no hacer "otra cosa" que leer obras de espiritualidad. Y ya se sabe que el mejor alimento para cualquier escritor es la lectura. Y también una dirección espiritual mantenida con un padre jesuita –José María Maruri-- provisto de una enorme dosis de buen humor y gran sentido común. Y esos serían los mimbres que basaron el "cuerpo doctrinal" de Betania. Y ya se sabe, el primer domingo de Adviento de 1996 aparecía en la red Betania.

Todo lo anterior lo he contado muchas veces, pero hay lectores nuevos que no lo saben y otros que parece que lo han olvidado. De todos modos el largo exordio se justifica por una repetición habitual en los correos de los lectores: "¡Ya sabemos quien es usted!", afirman con júbilo no contenido algunos comunicantes que parecen adivinar el origen y vinculaciones de Betania. Y es un misterio recurrente que aunque aclaramos de vez en cuando suele aparecer cíclicamente. La realidad es que inquieta esa falta de orígenes y adscripciones

DE APOLO, DE PABLO, DE CEFAS

Ya lo decía San Pablo que ya se encontró en su tiempo el problema de los partidos o de las adscripciones. Y el intento de definir es obsesivo. Tal vez se busca idoneidad o identidad. Todos somos un poco inquisidores. Pero en fin, a nosotros en Betania y a lo largo de este tiempo, nos han “apuntado” a muchas cosas. E, incluso, algunas ni siquiera católicas. Pero ya dentro de la Iglesia –no se olvide que publicamos los textos de unan misa dominical “romana” en cada edición—hemos pasado de ser unos peligrosos progresistas a unos terribles conservadores. Hace ya unos cuantos años, con poca diferencia de tiempo, en “El Libro de la Semana” aparecía la reseña sobre un volumen relacionado con el Opus Dei, con su Fundador, el San Josemaría. Pero a la siguiente, por ejemplo, la crítica encendida y favorable un libro, muy honesto, del mítico Monseñor Iniesta, antiguo obispo auxiliar de Madrid, conocido por su talante progresista. Pues bien ante la presencia del libro cercano al Opus Dei, nos adjudicaban pertenencia esa Prelatura. Pero ante la reseña del volumen de Iniesta, nos colocaban a ese lado de la raya. Éramos unos marxistas muy peligrosos. Ocurrió, también –en esos mismos días—que una posición equilibrada sobre el caso del celibato sacerdotal, en editoriales y comentarios, llenó de dudas a nuestros “seguidores” progresistas y conservadores. Y solo porque, de un lado, admitíamos, que el celibato podía ser tema de discusión en un semanario como Betania. Y de otro porque añadimos que la figura de “celibato opcional” era una falacia. El celibato –la soltería— es siempre opcional. A nadie le ponen una pistola en el pecho para casarse. Y es que los primeros pretendía que el tema no se tratase y los segundos que nos declaramos partidarios de las tesis de los curas casados. Son ejemplos. No crean jurisprudencia, ni hermenéutica. Son ejemplos que marcan una evolución.

Pero insisto de todo eso hace tiempo. Hoy los lectores –y en especial los de Latinoamérica escriben menos. No entran en polémicas. Incluso nuestros viejos y queridos “inquisidores –unos lectores muy pendientes siempre de nuestra ortodoxia—han desaparecido, casi. O nos han dejado por imposible. O los ortodoxos ya somos nosotros. No sé. La verdad. Ciertamente, que Betania ha pasado muchas etapas y no pocas tesituras. Hoy, por ejemplo, Feli Alonso Curiel anima la sección de Testimonios con una dedicación que agradecemos, aunque –menos mal—alguna vez nos regaña, me regaña a mí. Hace bien. Antes era José Luis, de Madrid, auténtico flagelo de este editor que soy yo. José Luis está enfermo y la enfermedad –creo yo—le ha calmado.

PROGRESISTAS Y CONSERVADORES

Mis opiniones han intentado, siempre, a lo largo de estos últimos 13 largos años, estar centradas y ser fieles al Magisterio de la Iglesia. Si la mayoría de los católicos fueran habituales en la lectura de los textos pontificios, de los documentos vaticanos, verían que, incluso, en los temas en los que de defiende una cuestión de manera inequívoca y firme, hay siempre un cuidado en no herir y un respeto para las posiciones legitimas que no coinciden. Aunque es posible que la búsqueda de la ortodoxia traiga problemas, porque, a veces, muchas cosas discutidas son materia de opinión y pueden convertirse en camino dogmático a ultranza. Aunque, claro, hay quienes, asimismo, tienen prisa. Desean convencer rápidamente. O les falta humildad. No se.

Mi idea es que hay demasiada rivalidad y competencia entre algunos miembros de la Iglesia católica. Y que, asimismo, la vieja dicotomía entre progresistas y conservadores solo sirve, a la postre, para beneficiar a los enemigos de la Iglesia. Últimamente, el Papa Benedicto XVI ha demostrado ser un Pontífice muy centrado, muy de dar a cada uno su sitio, respetando lo fundamental de la naturaleza de la Iglesia católica. ¿No hablan sus detractores de un pontificado conservador? Y no es cierto, bien al contrario. Defender la vida, desde el seno de la madre hasta el umbral de una ejecución, condenando el proceloso --y turbio-- mundo de la eutanasia, ello es progresista, muy progresista, porque se está defendiendo la vida y evita que le elimine lo que ya no sirve para nada. Esto es así. Lo demás es hipocresía. Y en fin que lo excesivamente conservador llega al fariseísmo. Y el "progresismo de salón" al olvido de Cristo.

HABLAR DE NOSOTROS

No somos aquí en Betania muy partidarios de hablar de nosotros, pero, a veces, las circunstancias lo exigen. Como se sabe, durante muchos meses, en los primeros años de Betania, ni siquiera apareció mi nombre de en Betania. Solo, al final, mis iniciales. Considerábamos que no era necesario personalizar. Pero en cierta ocasión pensamos que no era lógico mantener una especie de anonimato que podría levantar sospechas de oscurantismo. Pero es curioso que esta edición, y en la página de Editorial –menú azul de la izquierda—aparece por fin unos “Quienes somos”. A veces esa ausencia de “pie de imprenta había producido algún tipo de inquietud por parte de los lectores.

Decía, al principio, que Betania debe ser cosa del Espíritu. Así es, porque yo planifiqué la página para convertir y traer al redil a hermanos alejados. Sólo para eso. Ahora resulta que la mayoría de nuestros lectores son sacerdotes y católicos practicantes muy formados. Lo cual, por otro lado, nos encanta y nos llena de alegría.

ATRAER A LOS ALEJADOS

Pero todos los días me pregunto que podría hacer Betania para convertir y llevar el mensaje de Jesús a quien apenas lo recibe. Desde luego, se lo pedimos al Espíritu y esperamos. Qué el Espíritu --en este día de Pentecostés-- nos ayude, nos siga ayudando. Tengo que pensar –lo reitero-- en como puede acercarse Betania a los alejados, o a los que no se sienten satisfechos con la Iglesia de hoy, que para mí es la de siempre. Porque la Iglesia –obra humana—toma caminos, muchas veces torcidos, que después el Espíritu Santo endereza. Es verdad que Pedro, el primer Papa, dice en su Carta que la medida de tiempo de Dios es diferente a la de los humanos. Y así debe ser.

Llegó el Concilio Vaticano II, que fue una gran esperanza, pero a algunos sus cambios les parecieron muy drásticos. Y uno –yo mismo—no puede dudar de las palabras de Pablo VI sobre que el humo del infierno había entrado en la Iglesia. Pero, también, el soplo del Espíritu estaba ahí, al mismo tiempo, dándole un vigor inusitado e increíble. Lo que hace falta que nadie que esté engañado, o vendido al Enemigo, le ponga puertas al campo, entre otras cosas porque no es posible. El Espíritu de Jesús estará con la Iglesia hasta la consumación de los tiempos. Y eso es una seguridad de permanencia y de acierto, aunque a veces las cosas vayan como ríos grandes cuyas aguas discurren perezosas por enorme meandros y, otras veces, parezcan torrentes pujantes y ruidosos. El hombre –todo el género humano—es poca cosa frente a Dios, pero ese Dios ha entregado a sus criaturas predilectas, a los hombres y mujeres, el mantenimiento, mejora, ampliación y grandeza de la Iglesia. Las bases para ese trabajo son la pobreza, la mansedumbre, la fe, la esperanza, el amor a los hermanos, amor éste que se eleva hasta lo infinito por el amor de Dios que refleja la portentosa humanidad divina de Cristo. Y todo ello ayudado por el soplo permanente del Espíritu. Esto es así. No es retórica, ni exceso de espiritualismo. Por eso –repito— que todas las fiestas de Pentecostés estoy dispuesto a tirar los pies por alto y escribir estas cosas. Gracias a los que me leen y pedirles disculpas por el exceso de personalismo.