1.- SIETE FLORES CON EL ESPÍRITU PARA MARÍA

Por Javier Leoz

1.- El espíritu de la verdad. Como la de Ella. No quiso caminos fáciles que le alejaran de Dios. Su verdad fue precisamente servir a Dios con un corazón sincero. Le ofrecemos en este día los Evangelios. Queremos caminar con el Espíritu Santo, artífice de la verdad suprema.

2.- El espíritu de la fortaleza. No lo tuvo fácil María. Su camino no fue un sendero de rosas. Las espinas aparecieron en muchos momentos de su profunda fe. Con esta corona de espinas queremos reflejar, no aquellas de oro y de plata con las que coronamos su cabeza, sino el sufrimiento que padeció María por ser fiel a Dios y a Jesús.

3.- El espíritu de la constancia. El “sí” de María no fue “hoy sí” y “mañana no”. Se comprometió en Nazaret y, pasando por el calvario o por la mañana de resurrección, su “sí” se mantuvo fiel y sin fisuras hasta el mismo día de Pentecostés. Con este “SI” manifestamos nuestro deseo de permanecer fieles en nuestra fe cristiana.

4.- El espíritu de lucha. La imagen que tenemos de la Virgen, a veces, es demasiado dulce y tierna. Pero lo cierto es que, María, fue una mujer decidida, con coraje. Estuvo allá donde tuvo que estar y en el instante preciso. Con esta agenda nos comprometemos a llevar en todos nuestros días, la presencia del Señor.

5.- El espíritu de superación. Hay una bella fábula de un águila real que, creciendo por casualidad en un corral, creyó ser gallina. Hasta que buen día le hicieron caer en la cuenta de aquello que era en realidad. Con las bienaventuranzas, como María, queremos superarnos en el camino de la perfección cristiana. Que no nos conformemos con los mínimos.

6.- El espíritu del agradecimiento. “De buenos hijos es el ser agradecidos”. Hoy todo son derechos. Parece que, nuestra sociedad, nos educa para exigir, para no depender de nadie, para ser individualistas. Con esta palabra “gracias” pedimos a la Virgen que nunca dejemos de agradecer a Dios el ser sus hijos y el don de la fe

7.- El espíritu de la pobreza. El Señor, cuando en el Evangelio, enaltece a la pobreza y a los pobres, no nos pide ser mendigos. Mucho menos el no luchar contra aquellas situaciones injustas y que dividen a la humanidad en dos: pobres y ricos. María, aún teniéndolo todo –a Dios- vivió felizmente con lo que Dios le daba en el día a día. Ofrecemos un pan como símbolo de aquello que es necesario para vivir. ¡VEN ESPÍRITU SANTO! TE ESPERAMOS, CON MARIA

 

2.- PENTECOSTÉS SACERDOTAL

Por Javier Leoz

1. Dejémonos guiar por la fuerza del Espíritu Santo y, el Señor, hará obras grandes allá donde estemos. En tiempos de debilidad y de turbulencias es donde hemos de agarrarnos más aún a la providencia.

2. Pensemos que, cada Eucaristía, es un cenáculo donde el Espíritu Santo se hace presente de una forma excepcional. En el pan y en el vino, el poder del Señor, hace que sean su Cuerpo y su Sangre.

3. El Señor, con su Espíritu, cubrió en una inmensa sombra la bondad y la pobreza de María. También a nosotros, el Señor, con su Espíritu, nos protege, nos auxilia. Sale al encuentro en cada situación proporcionándonos el valor y el coraje necesario para ser sus siervos y testigos de su reino.

4. María se sintió totalmente llena y feliz por el Espíritu Santo. ¿De qué nos tenemos que desprender nosotros? ¿Qué nos impide, como sacerdotes, disfrutar de los innumerables dones, capacidades y caricias que el Señor nos da?

5. El Espíritu Santo, en el día de nuestra ordenación, selló nuestra alma de un modo definitivo. Renovemos, con nuestro servicio entusiasta y convencido, nuestro sacerdocio. Abramos nuestras manos para que, el Espíritu Santo, una y otra vez, nos consagre en el inmenso amor que Dios nos tiene.

6. El Espíritu Santo proporciona paz en aquellos que invocan su presencia. ¿En qué andamos preocupados? ¿Somos artífices de sosiego, reconciliación y entendimiento? ¿Somos contemplativos y activo o solamente dinámicos y en cortocircuito con Dios?

7. El Espíritu Santo reúne, no divide. “Que todos sean uno”-dijo Jesús- .Sumar, y no restar, debe de ser nuestro celo sacerdotal. Comprender, no rechazar ha de ser nuestro distintivo y nuestro carisma. Los brazos abiertos de Jesús se visualizan en el carácter comprensivo y afable del sacerdote.

8. El Espíritu Santo inspira la palabra y el gesto oportuno en aquellos que intentamos amar y servir a Dios, querer y brindarnos a nuestros hermanos. ¿Anteponemos nuestros criterios a los de la propia Iglesia? ¿Somos auténticos vehículos transmisores de la Palabra del Señor o de nuestras propias ideas? ¿Vivimos una Iglesia en comunión o a nuestra manera?

9. El Espíritu Santo nos hizo sacerdotes para siempre. ¿Damos gracias a Dios por este don inmerecidamente recibido? ¿Somos sacerdotes que renuevan su sacerdocio diariamente o que, con el paso del tiempo, hemos caído en la monotonía, en los mínimos, en el cumplimiento de lo exigido o exigible?

10. El Espíritu Santo, con su fuerza y su presencia, intenta modelarnos según la figura de Jesús. ¿Es nuestro sacerdocio imitación o identidad con el sacerdocio del Señor? ¿Contrastamos lo que hacemos, vivimos y ofrecemos con aquello que Cristo realizó, sintió y proclamó?

 

3.- NUESTRA LUCHA

Por David Llena

Acabó la liga de futbol en España. Ha sido una lucha entre dos, que ha durado hasta el final y que ha sido una batalla donde ambos contendientes han puesto todo su esfuerzo y dedicación para alcanzar el triunfo. Incluso algunos días atrás uno de los entrenadores aseguraba que este año debía haber dos campeones, pero esto no es posible.

Asemejo yo, esa lucha con la lucha que todos los días debemos tener con el Maligno, será una lucha encarnizada, donde habrá que batallar con esfuerzo y dedicación. Una lucha que como adelantó Jesús en la parábola del trigo y la cizaña, ambos crecerán juntos hasta el final.

Y es que el Maligno nunca bajará la guardia, su poder de engaño y de mentira es grande y logra confundirnos y confundir a todos. Es bien conocido el poder del engaño, el poder del miedo, el poder de la seducción, el poder de y esas son las armas que el Mal utilizará. Ante ellas, el Amor y todo lo que de él se deriva serán las armas que utilizaremos aquellos que seguimos a Cristo.

Muchas veces será, dura la batalla y a veces el Maligno conseguirá engañarnos. Como en el futbol habrá jornadas que serán difíciles y deberemos estar concentrados más tiempo, y otras veces ante un equipo más “fácil” sucumbiremos estrepitosamente. ¡Cuántas veces nos recordará el Espíritu aquella aseveración de San Pablo en la primera de Corintios “el que se cree seguro, ¡cuidado!, no caiga.”!

Y esta es nuestra lucha, una lucha diaria, una lucha que nos costará esfuerzo, que nos recibirá con golpes, una lucha que nos hará madurar y que afrontamos con la seguridad de que ganaremos. Pero ojo, Cristo nos aseguró que tendríamos penurias, que seríamos perseguidos, que sufriríamos, la victoria se hará pasando por la muerte como primeramente afrontó Cristo, y así cada herida, cada caída debe servir para superarla, levantarse y seguir en la batalla. El premio no es una corona que se marchita sino la vida eterna junto al Padre que nos ama.

En nuestra lucha, contamos con el Espíritu Santo que vive dentro de la Iglesia, con los sacramentos que nos confortan y con la Fe en la victoria segura, pues Cristo también venció. Mucho ánimo y que el Espíritu nos sostenga en los momentos de debilidad. ¡Feliz Pentecostés!

 

4.- DE VIAJE…Y BASTA

Por Pedrojosé Ynaraja

No hay cosa peor para la estabilidad de un barco, que la mala disposición de la carga. Uno de los males de nuestro tiempo, entre nosotros, es el desbarajuste en el terreno educativo. No hace mucho tiempo, la cosa estaba clara: el hijo permanecía en casa de pequeño y recibía allí las primeras normas de educación. Acudía al colegio después y se iniciaba el aprendizaje escolar. En la iglesia más cercana se instruía en la Fe. A estos tres vectores se les unía la vida de calle, que, bien encauzada, constituía el último y quizá más influyente parámetro educativo (de aquí las fundaciones educadoras de santos como Felipe Neri o Juan Bosco, o las intuiciones de Baden Powell, fundando el escultismo).

Nuestro mundo ha cambiado y no es posible suprimir guarderías, enseñanzas extraescolares de deportes, lenguas o manualidades. Por otra parte, la calle no es apta para el juego y este mismo ha sido substituido por los deportes competitivos. ¿Queda tiempo para la educación familiar y para la religiosa, dentro de la familia? Uno de los momentos, tal vez el único, son las vacaciones. Desde aquellos que se trasladan en coche, quizá en caravana, a los que lo hacen en transportes públicos. Hay tres cosas importantes a la hora de proyectar: el itinerario, los lugares a visitar y el alojamiento. Estoy escribiendo pensando en los padres que proyectan preocupándose por los más jóvenes. El trazado debe tener buenas dosis de novedad. Ir cada año al mismo sitio, y sin moverse, convierte las vacaciones en un aburrido balneario espiritual. Pero pensar únicamente en los parques estilo Disney, por mucho atractivo que puedan tener, es desaprovechar la ocasión de que los chicos reciban la educación que se merecen. Moverse, si las posibilidades económicas lo permiten, abre ya horizontes, prepara a tener de adultos mentalidades abiertas a las diferentes maneras de ser, de vivir y de hablar. Pero preparar los lugares a visitar es de suma importancia. Un factor importantísimo, si se trata de lugares de significado religioso, es el encuentro con alguien con quien se pueda tener un trato personal. Un lugar sorprendente como Taizé, puede resultar inútil, si se llega y permanece en él, viendo únicamente las largas colas para recibir la comida y como la consumen. Recuerdo la primera vez que fui, allá por la década de los 60. Nos acercamos a una puerta y un letrero decía: toca el timbre y entra. Al hacerlo, encima de una mesa un letrerito ponía: siéntate, un hermano baja a saludarte. Llegó el monje y, al conocer nuestra procedencia, nos dijo: esperad, vendrá otro que hablará mejor en castellano. Fr. Robert, fue un contacto personal que marcó nuestra feliz estancia. Los que van a Tierra Santa, con frecuencia no hacen más que subir y bajar del autocar, escuchando explicaciones que de memoria dicta un guía. Cosa distinta, es el que se separa y habla con el franciscano que está allí precisamente, para acoger cristianamente. Hasta en Roma o Compostela es conveniente tener contactos personales. Por Francia, tiene uno la facilidad, en muchos lugares, de contactar con juventud de CASA o en otros, con monjas benedictinas cuya misión especifica es la de acoger. Ejemplos de ello son “la sainte baume”, cerca de Marsella, recuerdo de la Magdalena, y el “Sacre Coeur” de Paris.

Siempre puede uno preparar la estancia acudiendo a la oración, lo sé por experiencia. Pido a Dios que seamos acogidos, como yo lo hago con los desconocidos que se presentan en mi casa o en alguna de las iglesias en las que tengo responsabilidad. Las sorpresas hacen inolvidable la visita. No hay que olvidar que la convivencia familiar viajando, es mucho más estrecha que la que se puede gozar en el domicilio habitual y la sola buena coexistencia es ya enormemente importante en el terreno educativo.