1.- SIETE FLORES TRINITARIAS PARA MARIA

Por Javier Leoz

1. Ofrezcamos a María el SANTIGUARNOS al salir de casa, al emprender un viaje o, si somos deportistas, al salir al terreno de juego. Con ello, a María, la felicitamos porque, también Ella –con su vida- dio gloria a la Trinidad.

2. Acojamos el perdón de aquellas personas que, por diversas circunstancias, se han apartado de nosotros. Perdonemos también nosotros. A María, las flores que más le agradan de sus hijos, es la COMUNION entre ellos.

3. Como la Santísima Trinidad, que cada uno conserve su peculiaridad pero, a María, le presentemos un CORAZON dispuesto al entendimiento, a la hermandad y a los buenos sentimientos.

4. Glorifiquemos a Dios con el PADRENUESTRO. Que no pase ni un solo día sin desgranar con nuestros labios la oración que Jesús nos enseñó. ¿Ante la Virgen? ¡Por qué no! Todo lo que le decimos a la Madre, del Padre, llega hasta oídos del mismo Dios.

5. Glorifiquemos a Cristo con nuestras BUENAS OBRAS. Cada día que amanecer es una oportunidad que el Señor nos da para perfeccionar nuestra vida cristiana con algún detalle, con una buena palabra, con una sonrisa a quién más lo necesita. María, con su vida, intentó agradar a Dios y no molestar a los que le rodeaban.

6. Glorifiquemos al Espíritu Santo con NUESTRA ORACION SINCERA. Busquemos espacios de silencio. Una iglesia abierta. Una reflexión sobre nuestra propia vida. María, abierta al Espíritu, supo alabar y bendecir al Señor meditando sus misterios en lo más hondo de su corazón.

7. Glorifiquemos a la Trinidad cuidando nuestra familia. TRANSMITAMOS nuestro patrimonio espiritual. Hablemos de Dios en nuestros círculos familiares. Bendigamos la mesa al mediodía. Asistamos a la misa dominical en familia. Siempre, a María, le agrada ver a sus hijos como miembros de la Iglesia y creyendo en familia doméstica

 

2.- EL SALMÓN Y EL ESPÍRITU SANTO

Por David Llena

Vaya por delante, como dice nuestro querido Padre Ynaraja, que en el reparto de obligaciones, soy el encargado de hacer la compra en casa. Es algo que siempre me gustó, los sábados por la mañana acompañaba a mi madre al mercado y luego cuando me casé siguió esa costumbre, mi mujer y yo íbamos cada sábado a comprar. Cuando nació la primera niña, aprovechaba el viaje al mercado para sacar a la pequeña en su paseo diario, mientras mi mujer se quedaba en casa atendiendo las otras tareas del hogar, y ahora muy pocas veces se encarga ella de comprar.

Una de esas pocas veces fue el sábado pasado, ya con los niños más grandes que ayudan en casa, aprovechamos que había que hacer otras compras para también llenar la nevera. Mientras yo con los niños iba al supermercado, ella se quedó en la pescadería comprando para el fin de semana. Y como ella es tan esplendida y le encanta el pescado, apañó una buena compra que incluía una pieza entera de salmón, además de otras variedades. Como dice ella, no tiene cálculo para comprar.

Pero esta vez era peor, sus padres nos iban a invitar el domingo a comer así que nos sobraría casi todo el pescado además de otras cosas que había en el frigorífico. Y para remate el sábado por la noche yo no cenaría en casa.

Ya se me hizo el cuerpo a comer salmón durante toda la semana. Al horno, a la plancha de mil maneras, pero salmón y yo no soy muy forofo del pescado. ¿Qué queda en estos casos? Resignación cristiana o crear una tensión más dentro del matrimonio, que bastante tensiona el día a día. Opté, el Espíritu vino en mi auxilio, por la primera opción, que supondría una semana con menú monocolor.

Pero ahí es donde me confundí. El Espíritu había planeado otra salida para ese salmón. Y fue que el domingo por la noche se presentó el acoger a unos amigos en casa y preparar una cena improvisada para seis adultos y cuatro niños. Un domingo sobre la marcha y cuando todos los comercios están cerrados aquel salmón que no sabía yo muy bien porque habíamos comprado hizo su función. No tiene mucho que ver con los panes y los peces, pero algo sí. Nosotros guiados por el Espíritu pusimos el pescado Cristo puso su Espíritu y gozamos todos de una velada muy, muy agradable.

Y yo aprendí un poco más de la importancia de la resignación cristiana, del tomar la cruz de nuestro orgullo echarla a la espalda y mirar al frente que está Cristo andando delante nuestra.

 

3.- EVANGELIZACIÓN

Por Pedrojosé Ynaraja

Internet asombra. Pensar que uno puede realizar, sin moverse de casa, el encargo del Señor: id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura, es impresionante. Trato por tanto de ser fiel a este deseo del Señor y lo pongo en práctica de la siguiente manera. Voy pensándolo el artículo que escribiré, durante la semana, en cualquier momento y lugar, redacto al final. Una vez corregido y enviado, rezo. Ya he dicho más de una vez que una de las prácticas de plegaria que practico diariamente, es la de la simple intercesión. Entro en mi iglesia, a muy pocos metros de donde estoy escribiendo y sin tener que salir al exterior, con el sagrario abrazándolo, voy recitando nombres o lugares. Como si se tratase de una letanía, voy añadiendo: buenos días o buenas noches, les des Dios. O buenas eternidades, o buena salud, o buena fecundidad matrimonial, o buena Fe bautismal, etc. Añado también: a mis lectores: buenos días o buenas noches, les des Dios.

Pretendo siempre que el artículo tenga un contenido enriquecedor espiritualmente. Si se trata de papel, se ha tenido que pagar por la adquisición de la revista, si es por la Red, adquirir un PC o Mac y mantener la conexión, también cuesta dinero. Debo por tanto ser honesto y dar religiosamente más de lo que se ha pagado monetariamente.

Yo no se de qué habla la gente por las calles y otros foros. Según muchos, la gran preocupación es la pederastia en la que han caído alguno, poquísimos, clérigos. A mi me gustaría que se aprovechase la ocasión, para analizar el triste fenómeno. Porque que un sacerdote abuse de una criatura, cosa que yo no entiendo, ni apruebo, hay que advertir que, a trancas y barrancas, puede continuar viviendo, paseando y comiendo, en muchos sitios alejados del culpable y de donde fue agredido. Ahora bien, si quien abusó fue el padre, el hermano o el tío, la cosa se complica. Porque tal vez no pueda substraerse a la convivencia y siempre le resultará imposible borrar la relación personal que tiene con él. ¿Podrá un catequista decirle a un niño que Dios es padre, si ha experimentado una tal agresión? ¿O que los cristianos somos la familia de Jesús, si en el seno de la suya, ha sido de tal manera maltratado? ¿Tendrán sentido aleccionador tales expresiones?

Constata uno, la enorme ignorancia que hay entre las gentes de lo que es ser cristiano. Se tiene una idea muy pobre. Me disgusta enormemente el comportamiento, por parte de muchos. Más que predicar doctrina de salvación, motivos para gozar felicidad, parece que dediquen sus esfuerzos a la moralización, sin facilitar fundamentos.

Condenar el aborto, en una sociedad donde para muchos, la mayor preocupación que tienen es la extinción de alguna especie animal, es un error. Hablemos primero de la dignidad de la persona humana, muy superior a la de cualquier perro faldero. Es preciso añadir, sin dejar pasar la ocasión, que todo hombre está propuesto para ser santo, o que una de las grandezas del matrimonio, es la posibilidad de colaborar con Dios, a que haya santos. ¿de qué sirve la doctrina de la paternidad responsable, si se rinde culto sin freno al animal mascota, compañero inseparable y costoso de adquisición y mantenimiento?.

Se debe inculcar desde la infancia, que un santo, es un hombre muy superior al mejor deportista olímpico o al cantautor de mayor éxito. Y que así como para lograr triunfos atléticos o musicales, se ha de disponer de capital y medios técnicos, para ser un santo del calibre de Francisco, no es preciso ni siquiera disponer de ropa que ponerse. Y es solo un ejemplo emblemático. Se dirá: a la juventud de hoy esto no les gusta. ¡Como si los muchachos y chicas romanos o atenienses, estuvieran ávidos del evangelio y fueran al circo a admirar a los cristianos que predicaban a las fieras! Pese a que la doctrina de Jesús les tuviese sin cuidado, el evangelio predicado, oportuna e inoportunamente, triunfó.