Me gusta escribir por la noche. La casa se silencia y la calle también. La noche, hasta que me acuesto, son horas que me doy de regalo. Necesito como el aire un rato de soledad elegida, acompañarme de mi misma. Decía mi admirado maestro Unamuno que “la verdadera soledad es no saber aguantar uno su propia compañía”, y sin enmendarle la plana al bilbaíno universal, ahora, además de ser cierta su intuición, nos acucia la falta de tiempo para vivir con y de nosotros mismos. Vivir de nosotros mismos no es narcisismo, sino alimento espiritual. Como las plantas, necesitamos regarnos para crecer y dar sombra acogedora a los que se acercan a nosotros. Esta semana pensaba escribir sobre algo tan tierno y emotivo como la muerte de la perrilla de familiares próximos. Los perros, también envejecen y les llega la muerte soportando enfermedad. Laica, una perrilla color canela, fue durante más de 15 años el juguete leal y amoroso de mis sobrinas. Fiel al amor de sus amos, agradecida, generosa. Quién sabe si ese Dios que creó el mundo con amor, que creó a los mamíferos y les dio su visto bueno, no guardará un lugar escatológico para esa parte de su creación. Quién sabe si cuando hablamos del Más Allá se nos cuela una visión narcisista y ensimismada en nuestro ombligo de reyes de la creación y excluyamos al resto de las criaturas de Dios de regresar de donde partieron: del amor de Dios. También quiero hablaros de la Vigilia de Pentecostés que hemos celebrado en una de las tres parroquias que conformamos la Unión Pastoral: Rekalde, mi parroquia, Peñaskal y Uretamendi. El escritor Martín Vigil inmortalizó el barrio de Uretamendi en su novela “Una chabola en Bilbao” allá por los años sesenta. Un barrio favela, en las faldas del monte Arraitz. Hasta allí llegaban buscando techo y pan gentes de otros lugares de España. Hacinados, en barracones construidos en una sola noche para así tener realengo de vivienda e impedir a las autoridades que la derruyeran. Un amasijo de tablas y latones con tejado constituía un hogar. Los jesuitas trabajaron con denuedo por dignificar el barrio y lograr, con ayuda del vecindario, que se construyesen bloques de viviendas salubres. Pero de lo que fue Uretamendi hay constancia en las fotos y en la memoria de sus moradores mayores. También nosotros hemos sido pobres, aunque a veces lo olvidemos. También nosotros fuimos emigrantes y cruzamos, en éxodo esperanzador, de una provincia a otra de la geografía española o allende el mar. Hoy Uretamendi es un barrio sencillo con sus necesidades elementales cubiertas, que acoge a gentes venidas de tierras lejanas. Ojalá que ningún descendiente de aquellos emigrantes de los años cuarenta-sesenta ose arrinconar a los “descamisados” de otro color, idioma, que pululan por sus calles. Ojalá, que, a modo de undécimo Mandamiento, nuestra fe cristiana pase por nuestra memoria histórica: “Trata bien al extranjero, pues tú fuiste emigrante en Egipto”. (Ex 22,21) Los feligreses de las tres parroquias escuchamos juntos la lectura propia de Pentecostés. Cada uno/a, según su libre albedrío, se fijaría en un versículo y yo me centré en la grandeza sugerente de esta frase: “porque cada uno les oía hablar en su propia lengua”. La lengua no es sólo el idioma de cada uno, es más. Es la cultura en la que se aprende esa lengua en la que pensamos, amamos, sufrimos y ofrecemos alabanzas a Dios. Se rezó el Gure Aita (Padre Nuestro en euskera), y entonamos canciones acompañados por la redondez sonora de la ocarina en labios de un sudamericano. Los sonidos de los instrumentos musicales, las letras evocadoras son lenguajes, los gestos de la Liturgia nos permiten entablar diálogo de Dios con nosotros y nosotros con Él. Hablar y escuchar. Escuchar a Dios es posar nuestro “oído visual”, es aquello que nos reveló su Hijo por excelencia. Jesús escuchaba a Dios en todo lo que veía. Y la Fiesta de Pentecostés es aceptar en nuestro caminar por esta vida ese don emanado de su resurrección. De vuelta a casa charlé con unos padres recién estrenados a los que atendí en el despacho para bautizar a su pequeña. El diálogo fue fluido, más espontáneo que en el despacho al temer que si manifiestan sus dudas de fe se les puede cuestionar que ese bebé sea educado cristianamente. Su fe sufre laceramiento por la muerte de un familiar joven. Le increpan a Dios. Me piden disculpas temiendo que me escandalice. Me sonrío. Compruebo, una vez más, que para mucha gente alejada de la Iglesia, los que practicamos somos vistos o como hipócritas o como santos, que el sufrimiento de la vida no hace mella en nuestra fe ni para fortalecerla ni para debilitarla. Le escucho entendiendo su dolor. Habla borboteando su desgarro. Feli, ¿si Dios existe como consintió esa muerte? No me deja hablar y no me importa. Apenas logro acuñar palabras sueltas y hasta observo que no me presta atención. Lo acepto porque sé que el mero hecho de contármelo le tranquiliza. Siempre me viene a la cabeza en estas situaciones la frase de Bonhoffer: “Dios es tan humilde que cuando el corazón de alguien está herido por la ausencia de quien le amó, Dios acepta que le saquen de ese corazón”. Y yo añado: Dios se colocará a la altura de los pies de esa persona rota de dolor para que su paso sea lo más firme posible. Con estos pensamientos subí la cuesta de mi calle al anochecer de un día caluroso. Feli Alonso Curiel Bilbao (Euskadi) España NOTA DEL EDITOR.- Como siempre, interesantes temas planteados por Feli.
El pasado domingo mi hijo pequeño recibió la Primera comunión. He pasado dos años de catequesis con él y con otros nueve más, en este tiempo hemos vivido muchos momentos que me llevo sólo para mí; hemos tenido ratos en los que sus ocurrencias nos hacían reír, ratos en los que con las emociones de alguno nos han tocado al resto, también momentos un poco serios cuando el cambio de la actividad les provocaba un vaivén y la alteración aparecía, para luego tener que poner calma. Yo que soy una novata y que la única experiencia que tengo en el trato con niños es todo aquello que mi condición de madre de un niño de esa edad pueda aportarme, empecé por casualidad, el día que en reunión informativa a padres sobre el comienzo de catequesis el párroco, por circunstancias, me pidió que entrara a formar parte del grupo. Así, cuando me di cuenta me encontré que tenía mi propio grupo de niños. Mi fe en Jesús siempre ha estado ahí pero en fase rutinaria: asistir a misa, hablar con Él y compartir mis cosas a solas. Nada más. Y mucho más, porque cuando esta etapa comenzó esa fe hizo de flotador, mi vida estaba siendo muy difícil y comenzaba a aparecer u n gran agujero negro que quería absorber toda mi persona, pero “los caminos de Dios son inescrutables”, y El supo cómo hacer para iluminar lo que empezaba a estar en la oscuridad: me puso en el camino a quien se apellida así: Guillermo, el sacerdote de mi parroquia. A través de él, comencé el lento aprendizaje de” proclamadora” de la Palabra (reconozco que con muchas dosis de preocupación, un enorme pedazo de expectación y algo de miedo por mi falta de experiencia), volví a descubrir el mensaje que Jesús nos ha dejado y a considerar todo aquello que personas en mi vida me habían dejado la huella de la fe: mi abuela, mi madre, mi antiguo profesor de religión en el instituto: Don Pepe. La Palabra de Jesús, su vida, como Dios y hombre siempre me ha llenado pero en esta etapa que he vivido en dos años me ha cambiado la visión de las cosas, me han dado paz, refugio, aliento, fuerza y resistencia moral. Está convirtiendo que mire a través de un gran prisma tallado a muchas caras para que pueda mirar por muchos lados, para no limitar al ojo a mirar siempre por el mismo. Hay un cuadro de Murillo, “Los niños de la concha”, que en un fondo que transmite serenidad, mientras los ángeles miran desde arriba sonriendo, el Niño Jesús concha en mano con agua tomada de una limpísimo riachuelo se la da al pequeño Juan Bautista, yo me tomo el atrevimiento, con el perdón, de interpretarlo como imagen del catequista, con el catecismo podemos dar agua de la vida eterna. La palabra nos dice a nosotros mismos, es personal, es un don y una gracia que nos concede quien nos escucha. Cuando estoy en catequesis con los niños la palabra humana se enriquece con la Palabra de Dios, se engrandece para explicar su proyecto, es una gran distinción. Pero lo que se me está desarrollado es el sentido del oído, sobre todo el del “interior”. Varias cosas estoy descubriendo entre ellas: --Cada año, los niños cambian, los métodos y las formas cambian pero Jesús es el mismo que espera en el altar para recibirles. -- Que me dicen catequista, y no lo soy, porque yo misma como los niños, debo tener un proceso para llegar a serlo, (creo según mis modestas entendederas que no es lo mismo dar catequesis que ser catequista), en el proceso acompaño a los niños y juntos debemos crecer en la fe, en la participación de los sacramentos, en la lectura de la Palabra de Dios. En mi caso es algo recíproco, nos movemos en plural, somos” nosotros”, “nuestro grupo”, nos olvidamos del singular, del “yo”, de lo “individual”, en 1Jn 1,3 dice: “lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos también a vosotros, a fin de que vosotros tengáis comunión con nosotros.” --Que en esta tarea no estamos solo el grupo, sino que la familia, los padres deben y tienen que entrar a formar parte para ser anunciadores de la fe, no pueden sentirse sustituidos y por supuesto no puedo excluirles, todo lo contrario los invito a ser colaboradores, y desde aquí digo que en mi caso han sido bastante participativos, comprensivos, agradecidos con todo lo que hemos hecho. --Que aun me viene grande y que es una empresa importante para la que tengo que prepararme mucho, por lo que rezo para que mi capacidad aumente. --Que se descubren cosas nuevas que te enganchan poquito a poquito. --Que cuando me encuentro con conocidos, amigos me dan la enhorabuena por la primera comunión de mi hijo y me dicen:” enhorabuena, ya has acabado”, y lo que no saben es que apenas he comenzado. -- Que como todo tiene sus dificultades, hay mucho por hacer y los trabajadores son pocos: ¿OS ANIMAIS? Creo que merece la pena, por lo menos intentarlo. Carmen Ramos Tordesillas-Valladolid. NOTA DEL EDITOR.- Agradecemos mucho este artículo de Carmen, marca una realidad de nuestro entorno religioso.
Tiene razón el Señor Editor cuando dice que los latinoamericanos ya escribimos menos. No son, en general, tiempos buenos para las cuestiones de fe aquí en América. Conozco el ejemplo de México pues aquí vivo. Pero también sé que hay muchos problemas en Perú. En otros sitios no lo conozco directamente. Creo, asimismo, que los lectores latinoamericanos utilizan las moniciones de ustedes, porque son buenas y nos hay muchas páginas web dedicadas a este menester. Pero no así los artículos que nos parecen más propios de España, pero algunos, claro son de mucho interés. Sé de laicos que leen las homilías de Betania para ir mejor preparados a la Eucaristía. Decirle que en México hay enfrentamientos entre la Iglesia y algunas zonas de la sociedad, pero que, a mi juicio, la Iglesia no responde con flexibilidad para dar oportunidad a que algunos de los contrarios puedan volver. Les felicito por su trabajo y les recomiendo que escriban más de nuestros pueblos. Fernando Sanz R. México DF, México NOTA DEL EDITOR.- Tiene razón este lector. Pero siempre que hemos pedido colaboraciones desde América nunca nos han llegado. Estamos abiertos a todas las opiniones que nos puedan enviar desde esas tierras.
Les felicito para abrir esa consulta en Betania para determinar cual es la preferencia de los lectores. Yo ya he contestado la mía. Y preguntar si todas las respuestas entran en el sorteo del libro. Yo participé varias veces en el concurso de Betania que regalaba libros a los E-mail recibidos. A mi no me correspondió nunca. Pero sí un amigo de mi parroquia Luis Javier Bogotá, Colombia NOTA DEL EDITOR.- Podemos considerar como un éxito la recepción de cuestionarios a la encuesta. Pero esperamos más. Respecto a los libros haremos los sorteos cada quince días. En la primera página se dan detalles del desarrollo de estos primeros momentos de la encuesta.
Buenas tardes Quisiera saber si existe alguna forma de consultar moniciones dominicales futuras, ya que sólo puedo ver la más próxima. Les agradece y saluda Deyci Beltrán Chile NOTA DEL EDITOR.- Contestemos a esta lectora sobre la existencia del histórico y la posibilidad de obtener textos de todo el ciclo C publica durante el año 2007. Como se sabe hay que entrar a través de “consultar ediciones anteriores”, en el menú azul de la izquierda.
Como autor del libro Belleza y vida de fe, quiero agradecer a Betania la atención que ha tenido al seleccionar esta obra como LIBRO DE LA SEMANA. La verdad es que nunca me imaginé que un trabajo dedicado a mis compañeros de curso, con motivo de las Bodas de Oro de nuestra Ordenación Sacerdotal, pudiera merecer una evaluación tan elogiable como la que me ha brindado Ángel Gómez Escorial. A él y a todos los que componen el equipo de Betania, que Dios les bendiga y recompense con creces la magnífica labor pastoral que realizan. Con agradecimiento y afecto en Cristo Jesús Casás Otero España. NOTA DEL EDITOR.- La realidad es que a este Editor le gustó mucho el libro de don Jesús Casás. Y publicar su correo es un gran privilegio para nosotros.
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