
Domingo después de Pentecostés
La Santísima Trinidad
30 de mayo de 2010
MONICIÓN DE ENTRADA Hoy nuestra bienvenida debería ser muy especial por la grandeza de la Solemnidadque celebramos. Pero todos los domingos han de ser iguales para nuestra condición de cristianos y por eso os decimos, aunque, tal vez, con mayor énfasis: ¡bienvenidos seáis todos! Sed hermanos y hermanas especialmente bienvenidos e iniciemos con júbilo la Eucaristía. En ella vamos a celebrar lo esencial que sobre Dios nos reveló Jesucristo: que nuestro Dios no es un Dios solitario y lejano y que el conjunto insondable que es la divinidad hay tres personas unidas por el amor: la Trinidad Santísima. No nos importe hoy repetir ahora esa oración fundamental del cristiano: Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Deciros también que hoy iniciamos el Tiempo Ordinario que llegará hasta el 28 de noviembre que iniciaremos el Adviento. Es el Tiempo Ordinario un periodo de consolidación y de repaso histórico y espiritual de la Vida de Jesús. |
MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS 1.- En la primera lectura, sacada del Libro de los Proverbios, se explica de manera muy gráfica la creación del mundo por el Dios único que tiene poder para todo. Ha sido la Sabiduría de Dios quien lo ha hecho todo que había sido engendrada antes de la creación del mundo S.- El Salmo 8 es como una explosión de júbilo ante la maravilla de Dios y de su obra: “¡Señor dueño nuestro, que admirable es tu nombre en toda la tierra!” dirá nuestra respuesta. Este salmo octavo era una oración litúrgica entre los judíos para glorificar el poder de Dios. Los primeros cristianos vieron en él una clara profecía de la divinidad y majestad del Señor Jesús 2.- San Pablo, en la Carta a los Romanos, que es nuestra segunda lectura, revela que el amor de Dios está en nuestros corazones por el Espíritu Santo “que se nos ha dado”. Marca, sin duda, una continuidad con el Día de Pentecostés. 3.- El Evangelio de San Juan, se recuerda la maravilla de la venida del Espíritu Santo como continuador de la obra de Jesús, pero sobre todo define con maestría la realidad trinitaria. En las palabras de Jesús, referidas por Juan, el Hijo revela la presencia del Padre y del Espíritu |
Lectura de Postcomunión MONICIÓN El Padre Leoz nos propone esta sencilla y emotiva oración para estos momentos –tranquilos y de gratitud—finales de la Eucaristía
¡GRACIAS, SEÑOR! No eres un Dios solitario No eres un Dios cerrado No eres un Dios independiente ¡GRACIAS, SEÑOR! Porque, en tu intimidad, sabes desplegarte en tres personas tan distintas pero en un mismo Dios verdadero ¡GRACIAS, SEÑOR! Exhortación de despedida Salgamos con plenitud de Eucaristía. Hoy Jesús, en el Evangelio de San Juan, nos ha revelado el misterio más sublime de nuestra fe: que nuestro Dios no es un Dios solitario y lejano. Es un Dios en familia. Es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
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