Hace unos años un catedrático en psicología, miembro de una orden religiosa, en una conversación privada, me decía que cuando una persona es demasiado buena puede darse el caso de sufrir una patología psicológica, porque hacer el bien es fruto de la libertad y no una actitud a la que se está abocado. No supe reaccionar. Le escuchaba embebida y pensé que siendo alguien con una gran experiencia cristiana, si afirmaba aquello, lo tendría fundamentado. A lo largo de mi vida he ido encontrando a algunas personas que son radicalmente buenas. No saben ser otra cosa. No son “tontos útiles” como se califica a la bondad meliflua sin criterios. Esas pocas personas a las que me refiero son inteligentes y con criterios en todos los ámbitos de la vida. Son gente que necesitan, para ser ellas mismas, volcarse en los demás, descentrarse de sí mismas, arrinconar sus necesidades, para hacer eje de su vida las necesidades de los otros. Alguna vez he leído que las personas que más se dan, en el fondo lo que están pidiendo a gritos inconscientes, es un reclamo para ser queridas. En la viña del Señor también se darán estos casos, no lo dudo y hasta he conocido algún caso. Pero me quiero centrar en ese tipo de psicología, para mí sana, que sin esperar nada a cambio, son felices en la medida que se dan. ¿Qué hago con mi capacidad de amor? nos decía una joven, más mayor que yo, hace muchos años a un grupo de amigas. No entendí esa pregunta retórica que se hacia en voz alta. No la entendí, más la conservé en mi memoria. Con los años la he ido entendiendo. Cada ser humano nace con una capacidad de entrega diferente, al igual que nacemos con otras distintas aptitudes. Yo lo llamaría el don de la entrega. Tengo muchas veces presente la afirmación de aquel catedrático de psicología. Y la recuerdo cada vez que escucho en el evangelio que a quien te pida que le acompañes media legua, acompáñale una entera, aun desviándote de tu camino o cuando escucho la afirmación cristiana que hay más satisfacción en dar que en recibir. Sin poder evitarlo me asalta la duda si quien descubre esa satisfacción no se le estará generando en su comportamiento una adicción a hacer el bien, aun a costa de cualquier sacrificio: una santa adicción a la bondad. Feli Alonso Curiel Bilbao (Euskadi) España NOTA DEL EDITOR.- Como de costumbre Feli nos ilustra con su sabiduría.
Amigo Ángel: Te envío una bella fábula que he encontrado entre mis papeles por si crees que puede tener aceptación en la revista. Desconozco el autor. Por supuesto solo me puedo atribuir el título que le he dedicado Un abrazo José Guillermo García Olivas Madrid, España ---------- JUNTOS PARA TODA LA ETERNIDAD Contaba Ovidio que Júpiter cansado del néctar del olimpo y también cansado de la lira de Orfeo, decidió darse un paseo por la tierra tomando la apariencia de un pobre vagabundo y pidiendo asilo y comida por todas las casas que se iba encontrando; pero nadie le atendió. Por fin llego a una humilde choza, la mas pobre de las que había encontrado, donde vivía una pareja de edad avanzada. El matrimonio no solo le dio cobijo sino que pusieron ante el todo cuanto tenían. Entonces el les contó que era el dios Júpiter y que como agradecimiento les concedería todo cuanto quisieran. La petición de la pareja fue que no consintiera que ni un solo día quedaran solos y les concediera el morir juntos. Pasó el tiempo y un buen día cuando ya eran muy viejecitos y estaba recordando la pareja el amor que siempre se habían tenido, cada uno se fue dando cuenta que el otro se iba llenando de hojas y después una corteza les recubrió sin apenas darle tiempo a el de decirle a su querida compañera… adiós y gracias por tu amor, porque nada mas salir esas palabras de sus labios, los dos se transformaron en árboles. Pero ya estaban juntos para toda la eternidad porque el roble y el tilo tienen un solo tronco. NOTA DEL EDITOR.- José Guillermo nos aporta esta fabula que, sin duda, tiene interés
Saludos: Les felicito por la web. ¿Este grupo BETANIA, es parte de la Familia Espiritual Carlos de Foucault? Gerardo España NOTA DEL EDITOR.- El tema de la pertenencia de Betania produce muchas preguntas y a veces las respuestas, asombro. No pertenecemos a ningún grupo concreto. Betania es una tarea que se ha impuesto desde hace casi 14 años este Editor. Aconsejamos leer en la página de Editoriales, Quienes Somos. Ahí se explica bien.
Hola: Soy una lectora de Valladolid y suelo leer con agrado las colaboraciones de la sección de Opinión y, especialmente, las de David Llena que son muy reales y espontáneas. La última, sobre el Salmón comprado por su mujer, me pareció genial. Saludos cordiales María Encarnación Valladolid, España NOTA DEL EDITOR.- Pues agradecemos a María Encarnación sus palabras sobre David y estamos de acuerdo con ella.
|
|||