UNA SÁBANA CORTA Y ESTRECHA

Por Ángel Gómez Escorial

Cada vez se habla menos de pecados. La palabra gusta poco. Bueno, hay palabras equivalentes como pueden ser: faltas, carencias, desobediencias. Da igual. La cuestión es que si admitimos la trasgresión estaremos admitiendo que hay un parte positiva que marca nuestra conducta. Si admitimos que no es malo matar no mataremos. Y eso configurará nuestra conciencia y nuestra conducta. Por otro lado, a partir, de una existencia plena y multiforme veremos que hay muchas cuestiones buenas que impiden que hagamos cosas malas. No obstante el Decálogo, los Mandamientos de la Ley de Dios son Diez, no uno. A su vez existen los Mandamientos de la Santa Iglesia. Y aunque no se llega –por fortuna—a la locura ordenancista de los fariseos, el Catecismo de la Iglesia Católica marca un código de conducta amplio y multiforme de indudable interés. Es verdad que Cristo dejo todo resumido en una sola cosa: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. Pero si aplicaremos con justeza eso nada más nos haría falta. Y esta Carta que entrego a mis lectores no tendría razón de ser.

LOS PRINCIPALES

Por tanto hay varios pecados principales que se han de evitar. Pero no es así. Normalmente se reducen a unos pocos menos. Se suele primar unos u otros. Para poner algún ejemplo tópico pues decir que ha habido personas y épocas que han atacado más los temas de la lujuria, dando menos importancia a los casos de gula. O, por ejemplo, se ha condenado razonablemente el tema del aborto, defendiendo, sin embargo, la pena de muerte. Se ha primado, asimismo, la cuestión de la justicia total por encima de la misericordia. Y así asuntos, como los abusos o la explotación económica, no ha sido tomados como pecados –cuando lo son gravísimos—mientras que cuestiones de intolerancia ante algunas conductas –el llamado puritanismo—han traído en convertir en gravísimos pecados cuestiones que, tal vez, no tengan mucha importancia.

DAR LA MISMA IMPORTANCIA

Mi idea es que hay que dar la misma importancia a todos los pecados que son tomados como tal. Jesús nos enseñó que Dios es amor y todo aquello que combate y desfigura el amor de Dios es una falta muy grave. Y ante la traición del amor de Dios se abre un vademecum de pecados y faltas que han de tenerse en cuenta. Pero no será así. Las sociedades parecen formarse por principios más políticos e ideológicos que cristianos –de la verdad de Cristo—y así se llega a cristianizar lo “incristianizable”. Pero en fin…

Al no admitir por igual, todos nosotros, los pecados del Decálogo nos encontramos con situaciones de tensión y de falta de verdad entre los cristianos que crearían una situación parecida a lo que acontece cuando alguien no duerme solo y lo hace en una cama más grande que la sabana que nos tapa. Si además es corta y estrecha nos encontraremos una gran lucha en el trascurso del sueño y que cada uno tira de un lado o de lo alto o bajo de la sabana para tapar la carencia que la opinión discordante del otro le produce. Se pasa la noche entre tirones y aspavientos y, claro, no se descansa.

POSICIONES CASI IRRECONOCIBLES

Hay posiciones dentro de la Iglesia casi irreconocibles de acuerdo con la figura de Cristo porque se ha dado más importancia a un pecado que a otro, sin tener en cuenta la doctrina de Jesús… y sí las exigencias de un grupo social, económico y político, convirtiendo a Cristo en servidor de intereses imposibles de admitir por lo que todos honradamente sabemos de Él. La doctrina del amor y de la mansedumbre no se aplica porque es muy difícil y, totalmente, contraria a la violencia incluida en la forma del ser humano. Ojalá, algún día diéramos todos la misma importancia a todos los pecados graves. Y no sólo a los que no son útiles para nuestros criterios, o concepto de la sociedad. Sería útil que nos compráramos unas sabanas a la medida de nuestras camas para evitar los continuos tirones.