COTIDIANAMENTE SANTA

Por David Llena

Hace unos días me llegaba la siguiente carta:

Soy un simple sacerdote católico uruguayo que hace 20 años vivo en Angola. Me siento feliz y orgulloso de mi vocación. Me da un gran dolor por el profundo mal que sacerdotes que deberían de ser señales del amor de Dios, sean un puñal en la vida de inocentes. No hay palabra que justifique tales actos. Veo en muchos medios de información, la ampliación del tema en forma morbosa, investigando en detalles la vida de algún sacerdote pedófilo. Así aparece uno de una ciudad de USA, de la década del 70, otro en Australia de los años 80 y así de frente, otros casos recientes…

¡Es curiosa la poca noticia y desinterés por miles y miles de sacerdotes que se consumen por millones de niños, por los adolescentes y los más desfavorecidos en los cuatro ángulos del mundo! Pienso que los medios de información no le interesa que yo haya tenido que transportar, por caminos minados en el año 2002, a muchos niños desnutridos desde Cangumbe a Lwena (Angola), pues ni el gobierno se disponía y las ONG’s no estaban autorizadas. No ha sido noticia que haya tenido que enterrar decenas de pequeños fallecidos entre los desplazados de guerra y los que han retornado; que le hayamos salvado la vida a miles de personas en Moxico mediante el único puesto médico en 90.000 km2, así como con la distribución de alimentos y semillas; que hayamos dado la oportunidad de educación en estos 10 años y escuelas a más de 110.000 niños...

No es de interés que con otros sacerdotes hayamos tenido que socorrer la crisis humanitaria de cerca de 15.000 personas en los acuartelamientos de la guerrilla, después de su rendición, porque no llegaban los alimentos del Gobierno y la ONU. No es noticia que un sacerdote de 75 años, el P. Roberto, por las noches recorra las ciudad de Luanda curando a los chicos de la calle, llevándolos a una casa de acogida, para que se desintoxiquen de la gasolina; que alfabeticen cientos de presos; que otros sacerdotes, como P. Stefano, tengan hogares transitorios para los chicos que son golpeados, maltratados y hasta violados y buscan un refugio. Tampoco que Fray Maiato con sus 80 años, pase casa por casa confortando los enfermos y desesperados.

No es noticia que más de 60.000 de los 400.000 sacerdotes, y religiosos hayan dejado su tierra y su familia para servir a sus hermanos en una leprosería, en hospitales, campos de refugiados, orfanatos para niños acusados de hechiceros o huérfanos de padres que fallecieron con Sida, en escuelas para los más pobres, en centros de formación profesional, en centros de atención a seropositivos… o en parroquias y misiones dando motivaciones a la gente para vivir y amar.

No es noticia que mi amigo, el P. Marcos Aurelio, por salvar a unos jóvenes durante la guerra en Angola, lo hayan transportado de Kalulo a Dondo y volviendo a su misión haya sido ametrallado en el camino; que el hermano Francisco, con cinco señoras catequistas, por ir a ayudar a las áreas rurales más recónditas hayan muerto en un asalto en la calle; que decenas de misioneros en Angola hayan muerto por falta de socorro sanitario, por una simple malaria; que otros hayan saltado por los aires, a causa de una mina, visitando a su gente.

En el cementerio de Kalulo están las tumbas de los primeros sacerdotes que llegaron a la región… Ninguno pasa los 40 años.

No es noticia acompañar la vida de un Sacerdote “normal” en su día a día, en sus dificultades y alegrías consumiendo sin ruido su vida a favor de la comunidad que sirve. La verdad es que no procuramos ser noticia, sino simplemente llevar la Buena Noticia, esa noticia que sin ruido comenzó en la noche de Pascua. Hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece.

No pretendo hacer una apología de la Iglesia y ni de los sacerdotes. El sacerdote no es ni un héroe ni un neurótico. Es un simple hombre, que con su humanidad busca seguir a Jesús y servir sus hermanos.

Pbro. Martín Lasarte (salesiano) - Angola

Y es que la Iglesia es Santa, porque su cabeza es Cristo y está conducida por el Espíritu Santo. Individualmente somos pecadores, pero en cuanto dos o más nos reunimos allí está Cristo en medio y santificando. No miremos a nuestra Iglesia a través de esos pocos casos y sí, como nos dice el escrito anterior miremos a todos esos sacerdotes que viven siguiendo a Jesús y sirviendo a los hermanos.

 

HISTORIA DE NUESTRA FE (1)

Por Pedrojosé Ynaraja

Me ha ocurrido a veces que, acabada la misa, ha venido a hablar conmigo alguien, diciéndome afligido que su hijo ha ido a comulgar y ¡todavía no había hecho la primera comunión! Evidentemente, le respondo que si así ha ocurrido, ya la ha hecho en ese momento. Y, a continuación pregunto si sabía lo que hacía. Generalmente, me responden que ha ido a no sé cuantos cursos de catequesis. Pregunto si sabe lo que es comulgar y me dicen que sí, a su manera. Tengo la impresión de que en la preparación, se pone el acento en cuestiones teóricas, más que en la devoción. A veces me cuentan que el catequista ni siquiera va a misa. Opino que pretender formar diminutos teólogos no es la pedagogía divina.

Llegada la hominización, el ser consciente de tener conciencia, que esto es el hombre, por la vía de la intuición, reconoce una realidad superior y, de una u otra manera, siente respeto religioso a esta entidad misteriosa. Siente principalmente asombro, ante el fenómeno de la fecundidad de las plantas, de los animales y de la mujer. Capta el misterio. Si de alguna manera quiere evocarlo, tener algo que le relacione con este enigma, fabrica figuritas de divinidades femeninas. Esta postura le permite situarse mentalmente, pero no sentirse feliz. Pretende ser fiel a unos principios que brotaban de su interior, pero cae con frecuencia en el error, en el pecado y sufrir soledad.

Llegó un día que Abraham, un hombre privilegiado, se separó de su familia, pues escuchó una llamada interior que le indicaba que peregrinase hacia tierras del sur. En el lugar santo de Siquem, aquella voz se le manifestó como un ser personal, comunicativo. Más tarde incluso le diría que era su amigo. Esta experiencia cambió su vida e inició también el cambio religioso de la humanidad. El Patriarca no es que pensase que lo que había creído hasta entonces era falso, su progreso no llegaba a tanto. Entre todas las divinidades que pululaban en su imaginación, fruto de tradiciones familiares, se sintió escogido por una, que se convirtió en su Dios, al único que a partir de entonces adoraría, con el único que se sentiría comprometido, al solo que pediría favores. Esto fue un hecho tan importante, que nuestra cultura occidental le llama “Padre de los creyentes”.

En Siquem empieza la Historia de la Salvación, que es una historia de amor. Si es importante para un viajero saber su situación, precisa también no sentirse solo, no hundirse víctima del odio. El hombre quiere amar y ser amado y gozar con ello.

Cuando me encuentro con alguien que me dice que no tener fe, no pretendo instruirle en el conocimiento de dogmas o enunciados religiosos. Trato de que descubra que es amado por alguien, y que este Alguien, espera ser reconocido, para aumentar su amor hacia él e inundarle de felicidad a su medida.

Esta reflexión, que de alguna manera es oración, le introduce en el corazón de Dios. Digo siempre que no pretendo convencerle para que sea uno de los míos. Le aseguro que no obtengo ningún beneficio, si consigo su adhesión. Que es él el que logrará enriquecerse y sentir satisfacción. Vivir con un poco de confianza en Dios, cambia la vida. Avanzar acompañado de las enseñanzas de Jesús, un proceso lógico. Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en el sendero, dice el salmo 119.

Progresando poco a poco, irá descubriendo y aceptando las verdades que enriquecen nuestra Fe. Pero no cometamos el error de presentarle dogmas a los que debe adherirse previamente, ni le planteemos “cuestiones de sacristía”. La religiosidad auténtica empieza, prosigue y nunca debe de dejar de ser, una experiencia. Primero hombre de oración, después, en todo caso, erudito.