Denso e importante contenido de está página de Reportaje en esta semana. En primer lugar presentamos un texto sobre el periodista Lolo –Manuel Lozano Garrido—que será beatificado este 12 de junio en Linares, Jaén, España. El segundo tema es un estudio teológico de nuestro colaborador –y Escritor del Año Betania—Antonio García-Moreno sobre el Evangelio de San Juan y el sacerdocio de Cristo. Texto que es de extraordinaria utilidad para estos días finales del Año Sacerdotal. David Llena, colaborador muy querido aquí en Betania, nos relata la procesión del Corpus Christi en Aguadulce, Almería, la ciudad donde él vive. Es un ejemplo de las muchas procesiones que dedicadas al Santísimo Sacramento se celebran en toda España.


“Lolo”, un periodista en los altares

Por Ángel Gómez Escorial

Manuel Lozano Garrido fue un periodista y escritor católico de gran importancia. Y lo fue mucho más porque una terrible enfermedad estuvo presente muy pronto en su vida y no le impidió ejercer su profesión y su apostolado. El 3 de junio de 2000 se producía el Decreto de Validez sobre posible milagro en la Congregación para las causas de los santos, en Roma. El 14 de abril se producía la clausura del proceso diocesano sobre posible milagro en Linares, Jaén, España. En 1996, el 27 de abril se abría en Roma el Proceso de Beatificación de Manuel Lozano Garrido, conocido por todos como Lolo. Y el 12 de Junio de este 2010, en Linares, en su ciudad natal, será beatificado. Sube a los altares como un ejemplo de entrega a los demás por, sobre todo, su oficio de periodista

Había nacido en Linares, Jaén, el 9 de agosto de 1920. En 1931 ingresa en la Acción Católica. En 1940 escribe su primer artículo y en 1942 aparece su enfermedad. Se trata de una enfermedad degenerativa que le va debilitando y postrando, hasta llegar a la invalidez total en una silla de ruedas. Esto ocurre en 1944. Y por tanto realiza toda su labor como periodista, escritor y apóstol desde esa terrible disminución física. Daba a al relación con los demás una enorme alegría no exenta de un gran sentido del humor. Su trabajo se extiende a la prensa local y nacional. Y brillaría también como escritor y poeta.

En 1962 ganaría un certamen de poesía en Cazorla, Jaén. Sería Premio Feijoo, de la Asociación Española para el Progreso de la Ciencia, en 1963. Y de 1964 a 1968 mantuvo una beca de literatura de la prestigiosa Fundación March. También fue seleccionado en el Premio Nadal de novela, uno de los más importantes de España. Eso ocurría 1967, con la novela “Las estrellas se ven de Noche”. Su capacidad de trabajo se demuestra, por ejemplo, sin contemplamos los cuatro premios obtenidos en 1969: Olivo de Oro, premio de “Poetas de Jaén”, seleccionado en el concurso de cuentos, Ciudad de Salamanca y tercer premio en el concurso Ateneo de Valladolid, por su narración “El árbol desnudo”.

No se trata de representar aquí su importante biografía literaria, que la tuvo; lo que queremos significar es su capacidad de entrega y de trabajo, a pesar de su grave dolencia. Y eso le llevaría a fundar, en 1958, la revista “Sinaí”, dedicada a los enfermos. Lolo fallecería el 3 de noviembre de 1971 y todos los que le conocieron o trataron tuvieron siempre la clara impresión de que estaban tratando con un santo.

A modo de ejemplo vamos a reproducir dos trabajos suyos relativos a la profesión periodística que esperamos nos sirvan de ayuda y de ejemplo a todos aquellos que seguimos esa profesión y que con la intercesión de Lolo podamos santificarnos con el ejercicio del periodismo, del buen periodismo que la sociedad necesita.

** DECÁLOGO DEL PERIODISTA

I.- Da gracias al ángel que clavó en tu frente el lucero de la Verdad y lo bruñe a todas horas.

II.- Cada día alumbrarás tu mensaje con dolor, porque la Verdad es un ascua que se arranca del cielo y quema las entrañas para iluminar, pero tú cuida de llevarla dulcemente hasta el corazón de tus hermanos.

III.- Cuando escribas lo has de hacer: de rodillas para amar; sentado, para juzgar; erguido y poderoso, para combatir y sembrar.

IV.- Abre pasmosamente tus ojos a lo que veas y deja que se te llenen de sabia y de frescura el cuenco de las manos, para que los otros puedan tocar ese milagro de la vida palpitante cuando te lean.

V.- El buen peregrino de la palabra pagará con moneda de franqueza, la puerta que se le abre en la hospedería del corazón.

VI.- Trabaja el pan de la limpia información con la sal del estilo y la levadura de lo eterno y sírvela troceada por el interés, pero no le usurpes al hombre el gusto de saborear, juzgar y asimilar.

VII.- Árbol del Dios, pídele que te haga roble, duro e impenetrable al hacha de la adulación y el soborno, pero con tu frente en las ramas a la hora de la cosecha.

VIII.- Si a tu silencio se llama fracaso porque la luz falta a la cita, acepta y calla. Pobre del ídolo que tiene los pies de barro de la mentira. Pero ojo a su vez, con la vanagloria del mártir cuando las palabras suenan por cobardía.

IX.- Siégate la mano que va a mancillar, porque las salpicaduras en los cerebros, son como sus heridas, que nunca se curan.

X.- Recuerda que no ha nacido para prensa de colores. Ni confitería, ni platos fuertes: sirve mejor el buen bocado de la vida limpia y esperanzadora, como es.

** ORACIÓN POR LOS PERIODISTAS

Señor:

Pon en la frente de todos los que escriben, una proa que enfile al buen puerto que eres, y asegura a su nave un paisaje completo de obreros y operarios, estudiantes y madres, profesores y chicas.

Que a su vez, en el trato y al margen del oficio sean semilla noble de ejemplo y de ternura.

Que también acaricien mirando a los semáforos o en el coche o en el metro.

Que su poso de ciencia tenga el espejo al fondo de tu sabiduría.

Que cuando las masas griten y suenen puñetazos en las cafeterías, él hable con un vaso en la palma y el agua esté serena como la faz de un lago.

Si un milagro hace falta sea en los teclados se les vaya pintando la imagen de su hijo o de los amigos.

Que si de pronto se hace en el mundo un silencio porque hacen falta normas, su corazón sea bravo para decir la palabra; que sea clara y rotunda y, sobre todo, justa.

Le negarás el sueño, como también la sal y el pan de cada día, si sólo él puede hablar y calla por cobarde.

Tendrá que poner “robo” o “compasión”, o “hambre”, y lo dirá sin tentarle la bolsa o el ascenso, el susto o la amenaza.

Que de sus labios broten consejos como fuente de pueblo, que mana día y noche.

Si alguna ración doble hay que dar de optimismo, de amor y de esperanza, escáncialas sobre ellos, mensajeros de fe y alegría.

Que escriban de rodillas cuando un hogar naufraga.

Que no les tiente la prensa de colores —“negra”, “amarilla” y “rosa”—.

Un periodismo al sol, claro y limpio como tu luz dorada sea tu guía.

Y, por último, tantas gracias ocultas de quejas aceptadas y rodillas que sangran, a ver si ellos, a ver si en ellos puedes que estén siempre en la brecha del sudor y del esfuerzo, para que un hombre vaya por la acera o aprisa y se dé con tu rostro que le sonríe entre líneas.

Impresionan dichos textos sobre todo a quienes de una forma u otra estamos cerca del quehacer periodístico. Existe una Asociación de Amigos de Lolo”, que mantienen una excelente página en Internet, que además de haber seguido muy de cerca todo el proceso de beatificación, proporcionan toda la información sobre la vida y obra de Manuel Lozano Garrido.

http://amigosdelolo.com/

Hay también una Web dedicada especialmente a la beatificación

http://www.beatificaciondelolo.es/


El sacerdocio de Cristo según San Juan

Por Antonio García-Moreno

El IV Evangelio muestra en este tema, como en tantos otros, su propio enfoque y peculiaridad. Ante todo es preciso recordar su estilo tan dado a los símbolos, a las evocaciones y sugerencias, a las frases llenas de intencionalidad, insinuando los distintos aspectos de la realidad. En cuanto al sacerdocio está bastante claro que es el escrito neotestamentario más próximo a la epístola a los Hebreos. Este escrito neotestamentario, el único que habla expresamente del sacerdocio de Cristo, proviene de la misma área geográfica que el IV Evangelio así como la 1 Pet, y las cartas del Apocalipsis, en el que el tema del sacerdocio era particularmente candente.

El IV Evangelio, además, muestra un interés constante por la liturgia y el culto que, en cierto modo, está exigiendo una referencia al sacerdocio. En cuanto a los elementos litúrgicos baste recordar las características de un himno litúrgico que presenta el Prólogo, las alusiones al Templo nuevo, el anuncio de un culto distinto en espíritu y en verdad, el interés por las fiestas en torno a las cuales se desarrolla el relato evangélico. Especial tratamiento requiere el carácter sacrificial que para San Juan tiene la muerte de Cristo, insinuada ya en el Bautismo de Jesús cuando el Bautista señala a Jesús como Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Al hablar de que Jesús fue entregado para que le crucificaran, el evangelista advierte que era al mediodía, a la hora sexta, de la Parasceve, momento preciso en que se iniciaba el sacrificio de los corderos de la Pascua en el templo. De esa forma se insinúa que esús, el Cordero de Dios, era inmolado como víctima de la Pascua nueva. Podemos decir que el tema del sacrificio de Cristo es el leit motiv de San Juan, un continuo ritornelo que resuena como una música de fondo, cuya melodía se oye cada vez más, hasta ocupar toda la banda sonora del relato joanneo. Pero hablar de sacrificio conlleva necesariamente la idea del sacerdocio. Así lo enseña San Agustín.

EL CORDERO DE DIOS

Respecto a la muerte de Cristo como sacrificio, según acabamos de ver, tiene gran importancia el título Cordero de Dios, cuyo sentido se apoya en el canto del Siervo paciente de Yahvé, según los Padres de la Iglesia oriental y en paralelo con otros textos joanneos. Ese misterioso personaje, que la predicación apostólica identifica con Jesucristo sugiere la idea de sacerdote al ofrecer su propia vida como sacrificio expiatorio. Por el vocablo hebreo 'asham, término claramente sacrificial, se deduce el carácter de verdadero sacrificio que tiene la muerte del Siervo, así como, en consecuencia, su condición de sacerdote. De tal forma que podemos ver como cada vez que en el Nuevo Testamento se alude al Siervo, en relación con Cristo, se alude también al sacerdocio de la Nueva Alianza. Otro factor que permite entrever el carácter sacrificial de la muerte de Cristo es el paralelismo de este hecho con el sacrificio de Isaac, la Aqedah, relacionado con la Pascua por la literatura rabínica. Jesús como Isaac lleva sobre sus hombros el instrumento de su inmolación, se ofrece a sí mismo al igual que Isaac, según la interpretación targúmica. Es una tipología frecuente también en los Padres de la Iglesia y en la literatura rabínica posterior.

Siguiendo con el relato joánico de la Pasión vemos cómo se usó un hisopo, empapado en vinagre, que se aplicó a los labios de Jesús cuando exclama que tiene sed. Hay aquí una posible alusión al sacrificio del cordero pascual, pues era con hisopo con lo que se empapó su sangre en la noche de la primera Pascua, tiñendo de rojo los dinteles de las viviendas hebreas. Nos parece una referencia un tanto forzada, aunque sí válida en ese estilo sugerente de nuestro hagiógrafo. Más clara es la evocación del sacrificio del cordero pascual cuando se dice que a Jesús no le rompieron las piernas. Es un dato que recuerda el rito del sacrificio de la Pascua, según el cual no se podía romper ningún hueso del animal sacrificado. De alguna forma se evoca también la protección divina en favor del justo perseguido que vaticina el salmista, y recuerda además al Siervo de Yahvé, claramente presente en la cita del profeta Zacarías, que dice "mirarán al que traspasaron".

LA TÚNICA SIN COSTURAS

Por último hay otro dato en la narración joánea de la Pascua de Cristo que apoya su condición de Sumo Sacerdote de la Nueva Alianza. Nos referimos a la túnica sin costuras del Señor, que los soldados se sortean en el Calvario. Es cierto que presenta en primer lugar un simbolizo relacionado con la unidad de la Iglesia. Sin embargo, ese simbolismo no excluye sino complementa el que hace referencia al Sumo Sacerdote, cuya vestidura recuerda, sin duda, dicha túnica, aunque no fuera exactamente igual. El argumento principal está tomado de Flavio Josefo y de Filón que hablan de las vestiduras del Sumo Sacerdote y, aunque no exactamente, describen una túnica semejante.

Cuanto hemos dicho hasta ahora sobre el sacerdocio en el IV Evangelio, podemos considerarlo como indicios que apoyan la presencia de este tema en la cristología joannea. En efecto, hay que admitir que en San Juan, lo mismo que en los demás escritos neotestamentarios, exceptuada la carta a los Hebreos, el tema del sacerdocio de Cristo no se aborda directa y expresamente. Ello, sin embargo, no obsta para que existan elementos en dichos escritos, que fundamenten la doctrina sobre el sacerdocio, tal como la presenta Hebreos y la desarrolla luego la tradición primitiva. De hecho, el autor de Hebreos hace referencia esa tradición anterior, "la cual comenzó a ser anunciada por el Señor, y nos fue luego confirmada por quienes la oyeron" (Hb 2, 3).

LA CONSAGRACIÓN Y LA MISIÓN

Siguiendo con los escritos joanneos, vamos a fijarnos en dos factores que forma parte esencial del sacerdocio: la consagración y la misión. El concepto de consagración se expresa en el griego bíblico por el vocablo hagiazo. Como es lógico la terminología del Nuevo Testamento depende de los LXX, donde se observa una trasposición y espiritualización del sacerdocio, particularmente en Isaías, que culmina en el Nuevo Testamento, sobre todo en San Juan. El término hagiazo lo usan los LXX para traducir la raíz hebrea qdsh, indicando de ordinario una relación con el culto, con predominio de la acción de consagrar algo o a alguien, en orden a capacitarlo para entrar en la esfera de lo divino, de lo sagrado. De ahí que el sujeto del verbo consagrar sea, de ordinario, Dios mismo o un representante suyo. Lo que se consagra puede ser un lugar o un objeto y, sobre todo, una persona e incluso el pueblo entero. Ocurre entonces que lo consagrado ya no pertenece a la esfera de lo profano, de donde ha sido separado para que ya pertenezca a Dios y le sirva, de una forma o de otra. Por el hecho de que lo que se consagra es algo que se ofrece al Señor, se exige una integridad y perfección total en la ofrenda. En esa línea, ya en el Antiguo Testamento se dan unas normas claras, que alcanzan también a cosas y a personas. De ahí que se derive el concepto de lo consagrado hacia un sentido moral, exigiéndose en la persona consagrada que no haga nada que sea indigno de su condición, que sea santa. Por tanto, con el paso del tiempo, el término santo pasó a designar lo que es perfecto moralmente.

El verbo hagiazein se usa veintisiete veces en el Nuevo Testamento. De los evangelistas, Mateo lo usa tres veces, Marcos ninguna, Lucas tres y Juan cuatro. Se da la particularidad de que el IV Evangelio lo usa referido a Cristo, menos una vez que lo aplica a los apóstoles, aunque estrechamente ligados a Jesús, en cuanto que es El quien con su consagración hace posible la consagración de ellos (Jn 17, 19). Observamos que mientras el término hagiazein se usa en los Sinópticos en un sentido litúrgico o cultual, en San Juan se emplea en un contexto de persona consagrada, más propio de un lenguaje sobre el sacerdocio.

La consagración de Jesús, por tanto, recuerda la de los sacerdotes, apuntando las pistas de interpretación de los pasajes joanneos que hablan de la consagración. Así, pues, la expresión "Santo de Dios" aplicada a Jesús (Jn 6, 69) recuerda los sacerdotes de la Antigua alianza, que han de ser "santos para Dios" porque han sido consagrados por Dios (Lv 21,6.15; 22,9). Schnackenburg recuerda como Aarón es llamado ho hagios thou Theou, "el Santo de Dios", por el Salmista (Sal 106, 16).

La segunda vez que el verbo hagiazo se aplica a Jesús es cuando los judíos le acusan de haber blasfemado e intentan lapidario. El Señor se presenta entonces como aquel a quien "el Padre santificó y envió al mundo" (Jn 10, 36). Es un texto muy interesante que se señala como la consagración conlleva siempre una misión relacionada con lo divino. O dicho de otra manera, toda misión sagrada requiere una consagración previa. Consagración y misión, dos factores íntimamente ligados, como vimos, en el concepto del sacerdocio, y acorde con el sentido que tiene en el Antiguo Testamento. De hecho, en ocasiones, consagrar es sinónimo de consagrar al sacerdote ( ). Es una doctrina que recoge el Decr. Presbyterorum Ordinis que está "empapado, profundamente penetrado, por la misma idea fundamental ya expuesta en la Constitución Lumen gentium a propósito del Episcopado, es decir, el íntimo y profundo ligamen que existe entre consagración y misión. Esta unión, esta interdependencia, es lo que se ha procurado que sea el hilo conductor de todo el decreto Presbyterorum Ordinis".

En cuanto a la consagración de Jesucristo para la misión encomendada se inicia propiamente en la Encarnación, aunque es desde la predicción sobre su muerte, cuando su vida adquiere el sentido de una ofrenda hecha al Padre para la Redención de los hombres. Es un dato que concuerda con la figura del Siervo paciente que fue "herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas... (dándose) a sí mismo en expiación... cuando él llevó el pecado de muchos, e intercedió por los rebeldes" (Is 53,5.10.12). Con razón se relaciona los pasajes de Jn 10,36 y Jn 17,19, que hablan de la consagración y misión de Jesús, con Jn 3,16 donde dice el Señor a Nicodemo que "tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito".

La idea de entregar su vida se repite con frecuencia en el IV Evangelio (Jn 6, 51; 10, 11. 15; 15, 13) y, casi siempre, se usa la preposición griega huper, "por", que es propia del argot sacerdotal y de ordinario expresa para qué, por qué fin, se ofrece un sacrificio. Tenemos un pasaje del Corpus joanneum que explica con toda claridad la entrega del Señor como una ofrenda sacrificial al decir que Jesús "es la víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero"(1 Jn 2,2¬). En la profecía de Caifás sobre la muerte del Señor vemos la misma doctrina, aunque expuesta de forma diversa, pero no menos clara: "conviene que un solo hombre muera por (uper) el pueblo....profetizó que Jesús iba a morir por (uper) la nación, y no sólo por (uper) la nación, sino para reunir a los hijos de Dios que estaban dispersos"(Jn 11, 50-52). Por otra parte, el hecho de que sea en la fiesta de la Hanukka, la fiesta de la Dedicación del Templo, cuando Jesús hable de que el Padre le ha santificado, apoya el sentido sacerdotal que tiene esa expresión en labios de Jesús. Se sigue así la interpretación que ya daba Teófilo en la antigüedad al afirmar que lo santificó es lo mismo que "lo consagró para que se sacrificara por el mundo".

Respecto a la misión, el envío de que habla Jn 10, 36, recordemos que es el segundo elemento que destacábamos en el concepto de sacerdocio, siguiendo sobre todo en la doctrina del sacerdocio en el Levítico y en el Deuteronomio, así como en la epístola a los Hebreos ( Lv 8-10; Dt 10, 8; Hb 5.1-10), que el Decr. Presbyterorum Ordinis recoge y subraya, como ya dijimos. El envío para algo, es decir, la misión se expresa mediante dos palabras griegas: el verbo apostellein y el verbo pempein. Ambos términos son sinónimos. Sin embargo, el segundo es más usado por Juan que por los Sinópticos. Además este verbo se usa casi siempre para hablar exclusivamente del envío de Cristo, realizado por el Padre.

El otro pasaje donde se usa el verbo hagiazein, en estrecha relación con los verbos apostellein y pempein es en Jn 17,17-19 que dice así: "Santifícalos (hagiason) en la verdad: Tu palabra es la verdad. Como Tú me enviaste (apésteilas) al mundo, así los he enviado (apésteila) yo al mundo. Por ellos me santifico (hagiazo), para que también ellos sean santificados (hegiasménoi) en la verdad" (Jn 17,17-19). Este dato, junto con la intercesión de Jesús ante el Padre por los apóstoles, y por cuantos creerían en el testimonio apostólico, es el fundamento para que ya San Cirilo de Alejandría contemplara aquí a Jesús como el Mediador perfecto, el Sumo Sacerdote que intercede por los hombres. Apoyado en esta interpretación, D. Chyträus (1531-1600) llamó a este pasaje praecatio Summi Sacerdotis. Desde entonces se ha venido llamando a este texto la oración sacerdotal de Cristo. De hecho, Jesucristo tiene en este pasaje todos los rasgos del Sumo Sacerdote descrito en la epístola a los Hebreos y en Rom 8,34: "un sumo sacerdote que está ante el trono de Dios para interceder por nosotros". La consagración de Jesús en estos momentos que preceden a su inmolación, tiene un especial significado si recordamos que en el Antiguo Testamento se consagraba no sólo al sacerdote, sino también a la víctima (Ex 40, 13; Lv 8, 30). Por tanto, podemos afirmar que cuando Jesús habla de su consagración se refiere a su condición de sacerdote que se ofrece a manera de víctima.

En la estructura tripartita de Jn 17 se dan diversas coincidencias con la liturgia del Yom Kippur, fiesta del Día de la Expiación, en la que el Sumo Sacerdote recitaba una plegaria en la que ruega por él mismo, por los suyos, y por el pueblo. Así ocurre también con la oración sacerdotal de Cristo: Ruega por Sí miso en los vv.1-5, por los apóstoles en vv.6-19 y por la Iglesia entera en vv.20-26. Otras semejanzas las tenemos en que el Sumo Sacerdote pronunciaba el nombre sagrado de Yahvé. También Jesús pronuncia el nombre del Padre y dice que lo ha dado a conocer.

El decir que sean santificados en la verdad equivale a que son penetrados y transformados interiormente por la verdad que, en definitiva, se identifica con Cristo. De ahí que lo que pide el Señor es que el Padre haga semejantes a El a sus apóstoles. En el centro de esta breve perícopa, el v.18, di Jesús: "Como tú me enviaste al mundo, así los he enviado yo". Se establece así la continuidad de la misión salvadora que los discípulos, después de ser consagrados, llevarán a cabo por mandato de Cristo.

LOS APÓSTOLES Y LA MISIÓN

Los apóstoles, por tanto, reciben la misma misión de Jesús. ¿Y para qué ha sido enviado el Hijo de Dios al mundo? Podíamos contestar que para salvarlo, siguiendo en esto también las palabras del Señor recogidas por Juan (Jn 3, 17). Pero podemos seguir preguntando cómo se lleva a cabo la salvación. Y a esto podemos responder que la misión encomendada está caracterizada por ser una mediación entre Dios y los hombres, y entre los hombres y Dios. Y aquí es donde cabe hablar del sacerdocio de Cristo, de su condición de Sumo Pontífice, que viene de puente. En efecto, Jesús es el Mediador perfecto. El es Perfectus Deus et Perfectus homo, en fórmula feliz del Símbolo Atanasiano.

En este sentido se da en el sacerdote una doble vertiente, la mediación de la palabra y la mediación del culto. A través de la predicación el sacerdote habla a los hombres de parte de Dios, y por el culto habla a Dios de parte de los hombres. Son dos facetas que ya se daban en el sacerdocio levítico y que, de forma similar aunque diversa, se da en Jesucristo, el Revelador del Padre y el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. La Palabra y el Sacrificio son dos conceptos que San Juan tiene siempre presente. Jesús, en efecto, es el Revelador del Padre pues "a Dios nadie lo ha visto jamás; el dios Unigénito, el que está en el seno del Padre, él mismo lo dio a conocer" (Jn 1, 18). Por otra parte, la muerte redentora de Cristo es el culmen de todo el relato joanneo, la "hora" que se oyó a medias en Caná y que resonó gloriosa en el Calvario.


CELEBRACIÓN DEL CORPUS EN AGUADULCE, ALMERÍA

Cerca del cielo

Por David Llena

Y después por la noche, durante una entrevista-coloquio que realizaron a un santo sacerdote, le preguntaron: ¿Y cómo es el cielo que el Señor tiene prometido a aquellos que cumplen su voluntad?

Eran las dos y media de la madrugada, acabábamos de terminar de reponernos de una procesión en Aguadulce (Almería, Andalucía, España) que paseó al Santísimo por sus calles bendiciendo a todo aquél que quiso acercarse. Yo, estuve en un lugar privilegiado, acompañando al Santísimo acompasando mis pasos al suyo, yendo pegado a Él.

Pero antes de todo, fue la preparación. Este año se había cambiado la hora, y en lugar de salir el domingo por la mañana, lo haríamos el sábado por la tarde. Así pues, aunque llevábamos algunos años procesionando con el Santísimo por las calles de Aguadulce y ya es tradicional el recorrido, la preparación y adorno de la calle central de la Casa de Espiritualidad, este año era el primero que lo hacíamos en la víspera de la solemnidad lo que descuadraba un poco los esquemas, pues había que programar el trabajo en las horas de menos calor, primeras de la mañana y últimas de la tarde.

AÑO SACERDOTAL

Pero este año, había más pasos. A los ya tradicionales del Santísimo, el Buen Pastor y la niña María, se le unía en este año sacerdotal la imagen de S. Juan María Vianney, preciosa talla realizada por las virtuosas manos del joven cordobés Antonio Cabello. Y es que el cura de Ars era un enamorado de Cristo eucaristía, recordemos que sus primeros ingresos como cura los destinó a decorar el sagrario yendo él mismo a comprar un par de ángeles a la vecina localidad de Lyon. Él fue quien abrió la procesión. Él fue el primero que a hombros de los costaleros se inclinó ante la Sagrada Eucaristía como tantas veces hizo en la iglesia de Ars y sus ojos emocionados llegaron al corazón de más de uno de los fieles que allí estábamos. Pero el trono de del cura de Ars guardaba otra sorpresa. A sus pies, en la capillita delantera, estaba situada la reliquia de Santa Ángela de la Cruz esa santa que da esplendor a Sevilla y cuya orden que ella fundara, pronto tendrá una nueva beata, la Venerable Madre María de la Purísima, será el 18 de Septiembre de este año en Sevilla. Tras el cura de Ars acompasaba su caminar la Banda de tambores y cornetas “Clavos de Cristo” que llenaba el aire de Aguadulce de con sus sones.

La niña María procesionaba detrás. A hombros de jóvenes de la parroquia, que con gran esfuerzo, pero mayor devoción cargaban con aquella niña que más tarde sería la Madre del Mesías y que Cristo nos dejó como Madre e intercesora al pie de la cruz. Así pues, a María también se le rendía homenaje y veneración pública. La ilusión y emoción de estos jóvenes que la cargaron durante las tres horas y media que duró la procesión, les hacía recapacitar en su corazón y sentir como Ella también los cargaría cuando se sintiesen solos y sin fuerza y los llevaría hacia Jesús Sacramentado.

Los niños que este año hicieron su primera comunión iban acompañando a María, niña como ellos, con sus trajes de comunión impecables, como ellos, con la felicidad y alegría de sentirse dichosos como tantas personas que acompañaban o rendían su particular homenaje a la Madre de Dios. Que el Señor los guíe, para que imiten a María para que crezcan sin separarse de Jesús, y se conviertan en hombres y mujeres de fe adulta, esperanza sincera y gran caridad.

El Buen Pastor, obra del sevillano David Valenciano caminaba detrás de la niña María. También con la juventud marcada en su rostro de rasgos andaluces y con su vestido de gala rojo parecía emerger en un campo del que sobresalía un gran naranjo que daba un buen marco a esta escena. El pequeño Jesús cuidando de su pequeña oveja y sujetando una cruz a modo de cayado. En esa oveja debemos sentirnos representados, pedir al Buen Pastor que nunca nos deje alejarnos de Él.

El marco no puede ser mejor en este año sacerdotal, el patrón de los párrocos y pronto patrón de todos los sacerdotes, San Juan María Vianney y el ejemplo donde los ministros de Dios deben mirarse. El propio Cristo Buen Pastor. Muchas mujeres con mantilla, en actitud de recogimiento y respeto, acompañaban al Buen Pastor. Guiaba a los costaleros con sus sones y marchas la Agrupación musical de Nuestra Señora del Mar de Huercal de Almería.

Pero lo mejor, lo más importante estaba por llegar. Como precursores del pan eucarístico, habían pasado, San Juan María, la Virgen niña y el Buen Pastor y tras ellos al volver de cada esquina emergía la redondez blanca centro de la monumental custodia y fuente de todo lo que allí nos movía: Cristo, nuestro Salvador, presente realmente en aquel trozo de pan. Cristo hecho alimento para acompañar nuestro caminar en esta tierra. El Dios Todopoderoso, que en su segunda Persona, murió para rescatarnos une en el tiempo aquel Jueves Santo con este otro “jueves” que celebramos en sábado y mostramos al mundo el único tesoro que tiene la Iglesia. Lo mostramos y lo ofrecemos al mundo. Ante el pan Eucarístico, el mismo Dios hecho pan podemos afirmar como San Pablo: “Todo lo estimo pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor” (Flp 3, 8).

JUNTO A DIOS

Junto al trono del Santísimo, estuve caminando. Junto a Dios, pidiendo que siempre fuese así, no yo solo sino todos los que creen en Ti que nunca se alejen de la Eucaristía, que no hay tiempo más y mejor aprovechado que el que pasamos delante del Sagrario, con Dios nuestro Padre, que nos llama nos atiende, nos escucha y perdona. ¿Qué distinta sería nuestra vida y en consecuencia la de los demás si pasásemos más tiempo ante Cristo en el Santísimo Sacramento que ante la televisión? Delante de Cristo sí que se aprende lo importante. Meditaba, también esa misma pregunta que hacía al principio: ¿No será así el cielo? Con Dios a nuestro lado, pero para siempre, en adoración continua, descansando para siempre junto a Él. Los sones de la Agrupación musical Virgen de los Reyes de Sevilla, cuando lanzaban al aire el “Cerca de Ti Señor” juntaba todos los sentidos en un único sentimiento: El incienso que generosamente lanzaban al aire el cuerpo de ciriales venidos de Almería, inundaba el olfato, las notas musicales entraban directamente al alma y los ojos fijos en nuestro Señor, hacían aún más presente ese trozo de cielo.

Solemnísimo, fue el traslado de la Eucaristía desde el altar de celebración de la multitudinaria misa (unas 500 personas), hasta la capilla de la Casa de Espiritualidad. Flanqueado, por el cuerpo de ciriales y bajo palio, abriéndose camino entre los asistentes que con gran fervor y emoción reflejados en sus rostros se inclinaban ante quien “… toda rodilla se doble, en el cielo, en la tierra, en el abismo…” y ante quien “… toda lengua proclame: Jesucristo es Señor para Gloria de Dios Padre” (Flp 2, 10-11).

LA VIGILIA

Luego, tuvo lugar la vigilia, por parte de la Adoración Nocturna venida de Almería, Roquetas, Berja, durante toda la noche del Santísimo que quedó expuesto y que fue honrado por muchos fieles, ante el cual presentaron sus intenciones, sus oraciones y sus plegarias. La emoción de la procesión, los sones, el bullicio daba paso al recogimiento interior y al diálogo de criatura a Creador, con Aquel que es manso y humilde de corazón.

Desde aquí, solo resta decir: ¡Gracias! Gracias a todos los que el Señor llamó para este gran acontecimiento por vuestra respuesta. A todos aquellos que adornaron la Salida de la Casa de Espiritualidad, a los capataces, auxiliares y costaleros de todas las cofradías de Almería y alrededores: costaleros de la Esperanza, el Consuelo, la Merced, las Angustias, Pasión, la Cena, el Amor, la Oración, las Penas de Regiones, la Soledad, el Cautivo, los Desamparados o la Buena Muerte del Parador, que cargaron con los pasos, a las bandas de música, a los niños y mayores, a las familias que colocaron altares a lo largo del recorrido de la procesión, a la Corporación Municipal del ayuntamiento de Roquetas de Mar, a la policía local de Roquetas y a protección civil. A la Agrupación de Hermandades y Cofradías de Almería que nos cedió el trono del Santísimo, a la cofradía de la Entrada triunfal de Ntro. Padre Jesús en Jerusalén, popularmente conocida como “la borriquita” de Berja, que nos cedió el trono del Buen Pastor. A todos aquellos que se encargaron de la logística: El acarreo de agua, la preparación de los bocadillos, el arreglo del altar, el adorno de los tronos, la preparación del recinto donde tuvo lugar la celebración y a todos los que portaron el palio, los estandartes y banderas… ¡Gracias por vuestra generosa respuesta!

Y Gracias a aquel que con su paciencia, cariño y buen hacer, con sus oraciones y sus desvelos, hizo posible que este acontecimiento brillara como solo Cristo se merece: ¡Gracias! a nuestro párroco, Don Ramón Garrido. Todo sea para la mayor Gloria de Dios y de su Iglesia.

P.D. Aquella tarde, tuve la dicha de visitar a las Esclavas del Santísimo que celebraban su Fiesta Mayor y rezar junto a ellas, el Rosario y las Vísperas. ¡Qué honor! Junto a aquellas que dieron todo para vivir entregadas al Señor, este pecador que suscribe volvió a saborear la alegría del cielo.

Un video en dos partes se puede ver en la siguiente dirección de youtube:

http://www.youtube.com/watch?v=xFE4g3h1jM0

http://www.youtube.com/watch?v=byMNMMQA5Q4