Denso e importante contenido de está página de Reportaje en esta semana. En primer lugar presentamos un texto sobre el periodista Lolo –Manuel Lozano Garrido—que será beatificado este 12 de junio en Linares, Jaén, España. El segundo tema es un estudio teológico de nuestro colaborador –y Escritor del Año Betania—Antonio García-Moreno sobre el Evangelio de San Juan y el sacerdocio de Cristo. Texto que es de extraordinaria utilidad para estos días finales del Año Sacerdotal. David Llena, colaborador muy querido aquí en Betania, nos relata la procesión del Corpus Christi en Aguadulce, Almería, la ciudad donde él vive. Es un ejemplo de las muchas procesiones que dedicadas al Santísimo Sacramento se celebran en toda España. “Lolo”, un periodista en los altares Por Ángel Gómez Escorial
Había nacido en Linares, Jaén, el 9 de agosto de 1920. En 1931 ingresa en la Acción Católica. En 1940 escribe su primer artículo y en 1942 aparece su enfermedad. Se trata de una enfermedad degenerativa que le va debilitando y postrando, hasta llegar a la invalidez total en una silla de ruedas. Esto ocurre en 1944. Y por tanto realiza toda su labor como periodista, escritor y apóstol desde esa terrible disminución física. Daba a al relación con los demás una enorme alegría no exenta de un gran sentido del humor. Su trabajo se extiende a la prensa local y nacional. Y brillaría también como escritor y poeta.
No se trata de representar aquí su importante biografía literaria, que la tuvo; lo que queremos significar es su capacidad de entrega y de trabajo, a pesar de su grave dolencia. Y eso le llevaría a fundar, en 1958, la revista “Sinaí”, dedicada a los enfermos. Lolo fallecería el 3 de noviembre de 1971 y todos los que le conocieron o trataron tuvieron siempre la clara impresión de que estaban tratando con un santo. A modo de ejemplo vamos a reproducir dos trabajos suyos relativos a la profesión periodística que esperamos nos sirvan de ayuda y de ejemplo a todos aquellos que seguimos esa profesión y que con la intercesión de Lolo podamos santificarnos con el ejercicio del periodismo, del buen periodismo que la sociedad necesita. ** DECÁLOGO DEL PERIODISTA
II.- Cada día alumbrarás tu mensaje con dolor, porque la Verdad es un ascua que se arranca del cielo y quema las entrañas para iluminar, pero tú cuida de llevarla dulcemente hasta el corazón de tus hermanos. III.- Cuando escribas lo has de hacer: de rodillas para amar; sentado, para juzgar; erguido y poderoso, para combatir y sembrar. IV.- Abre pasmosamente tus ojos a lo que veas y deja que se te llenen de sabia y de frescura el cuenco de las manos, para que los otros puedan tocar ese milagro de la vida palpitante cuando te lean. V.- El buen peregrino de la palabra pagará con moneda de franqueza, la puerta que se le abre en la hospedería del corazón. VI.- Trabaja el pan de la limpia información con la sal del estilo y la levadura de lo eterno y sírvela troceada por el interés, pero no le usurpes al hombre el gusto de saborear, juzgar y asimilar. VII.- Árbol del Dios, pídele que te haga roble, duro e impenetrable al hacha de la adulación y el soborno, pero con tu frente en las ramas a la hora de la cosecha. VIII.- Si a tu silencio se llama fracaso porque la luz falta a la cita, acepta y calla. Pobre del ídolo que tiene los pies de barro de la mentira. Pero ojo a su vez, con la vanagloria del mártir cuando las palabras suenan por cobardía. IX.- Siégate la mano que va a mancillar, porque las salpicaduras en los cerebros, son como sus heridas, que nunca se curan. X.- Recuerda que no ha nacido para prensa de colores. Ni confitería, ni platos fuertes: sirve mejor el buen bocado de la vida limpia y esperanzadora, como es. ** ORACIÓN POR LOS PERIODISTAS
Pon en la frente de todos los que escriben, una proa que enfile al buen puerto que eres, y asegura a su nave un paisaje completo de obreros y operarios, estudiantes y madres, profesores y chicas. Que a su vez, en el trato y al margen del oficio sean semilla noble de ejemplo y de ternura. Que también acaricien mirando a los semáforos o en el coche o en el metro. Que su poso de ciencia tenga el espejo al fondo de tu sabiduría. Que cuando las masas griten y suenen puñetazos en las cafeterías, él hable con un vaso en la palma y el agua esté serena como la faz de un lago. Si un milagro hace falta sea en los teclados se les vaya pintando la imagen de su hijo o de los amigos. Que si de pronto se hace en el mundo un silencio porque hacen falta normas, su corazón sea bravo para decir la palabra; que sea clara y rotunda y, sobre todo, justa. Le negarás el sueño, como también la sal y el pan de cada día, si sólo él puede hablar y calla por cobarde. Tendrá que poner “robo” o “compasión”, o “hambre”, y lo dirá sin tentarle la bolsa o el ascenso, el susto o la amenaza. Que de sus labios broten consejos como fuente de pueblo, que mana día y noche. Si alguna ración doble hay que dar de optimismo, de amor y de esperanza, escáncialas sobre ellos, mensajeros de fe y alegría. Que escriban de rodillas cuando un hogar naufraga. Que no les tiente la prensa de colores —“negra”, “amarilla” y “rosa”—. Un periodismo al sol, claro y limpio como tu luz dorada sea tu guía. Y, por último, tantas gracias ocultas de quejas aceptadas y rodillas que sangran, a ver si ellos, a ver si en ellos puedes que estén siempre en la brecha del sudor y del esfuerzo, para que un hombre vaya por la acera o aprisa y se dé con tu rostro que le sonríe entre líneas.
Impresionan dichos textos sobre todo a quienes de una forma u otra estamos cerca del quehacer periodístico. Existe una Asociación de Amigos de Lolo”, que mantienen una excelente página en Internet, que además de haber seguido muy de cerca todo el proceso de beatificación, proporcionan toda la información sobre la vida y obra de Manuel Lozano Garrido. Hay también una Web dedicada especialmente a la beatificación http://www.beatificaciondelolo.es/ El sacerdocio de Cristo según San Juan Por Antonio García-Moreno
El IV Evangelio, además, muestra un interés constante por la liturgia y el culto que, en cierto modo, está exigiendo una referencia al sacerdocio. En cuanto a los elementos litúrgicos baste recordar las características de un himno litúrgico que presenta el Prólogo, las alusiones al Templo nuevo, el anuncio de un culto distinto en espíritu y en verdad, el interés por las fiestas en torno a las cuales se desarrolla el relato evangélico. Especial tratamiento requiere el carácter sacrificial que para San Juan tiene la muerte de Cristo, insinuada ya en el Bautismo de Jesús cuando el Bautista señala a Jesús como Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Al hablar de que Jesús fue entregado para que le crucificaran, el evangelista advierte que era al mediodía, a la hora sexta, de la Parasceve, momento preciso en que se iniciaba el sacrificio de los corderos de la Pascua en el templo. De esa forma se insinúa que esús, el Cordero de Dios, era inmolado como víctima de la Pascua nueva. Podemos decir que el tema del sacrificio de Cristo es el leit motiv de San Juan, un continuo ritornelo que resuena como una música de fondo, cuya melodía se oye cada vez más, hasta ocupar toda la banda sonora del relato joanneo. Pero hablar de sacrificio conlleva necesariamente la idea del sacerdocio. Así lo enseña San Agustín. EL CORDERO DE DIOS
Siguiendo con el relato joánico de la Pasión vemos cómo se usó un hisopo, empapado en vinagre, que se aplicó a los labios de Jesús cuando exclama que tiene sed. Hay aquí una posible alusión al sacrificio del cordero pascual, pues era con hisopo con lo que se empapó su sangre en la noche de la primera Pascua, tiñendo de rojo los dinteles de las viviendas hebreas. Nos parece una referencia un tanto forzada, aunque sí válida en ese estilo sugerente de nuestro hagiógrafo. Más clara es la evocación del sacrificio del cordero pascual cuando se dice que a Jesús no le rompieron las piernas. Es un dato que recuerda el rito del sacrificio de la Pascua, según el cual no se podía romper ningún hueso del animal sacrificado. De alguna forma se evoca también la protección divina en favor del justo perseguido que vaticina el salmista, y recuerda además al Siervo de Yahvé, claramente presente en la cita del profeta Zacarías, que dice "mirarán al que traspasaron". LA TÚNICA SIN COSTURAS Por último hay otro dato en la narración joánea de la Pascua de Cristo que apoya su condición de Sumo Sacerdote de la Nueva Alianza. Nos referimos a la túnica sin costuras del Señor, que los soldados se sortean en el Calvario. Es cierto que presenta en primer lugar un simbolizo relacionado con la unidad de la Iglesia. Sin embargo, ese simbolismo no excluye sino complementa el que hace referencia al Sumo Sacerdote, cuya vestidura recuerda, sin duda, dicha túnica, aunque no fuera exactamente igual. El argumento principal está tomado de Flavio Josefo y de Filón que hablan de las vestiduras del Sumo Sacerdote y, aunque no exactamente, describen una túnica semejante. Cuanto hemos dicho hasta ahora sobre el sacerdocio en el IV Evangelio, podemos considerarlo como indicios que apoyan la presencia de este tema en la cristología joannea. En efecto, hay que admitir que en San Juan, lo mismo que en los demás escritos neotestamentarios, exceptuada la carta a los Hebreos, el tema del sacerdocio de Cristo no se aborda directa y expresamente. Ello, sin embargo, no obsta para que existan elementos en dichos escritos, que fundamenten la doctrina sobre el sacerdocio, tal como la presenta Hebreos y la desarrolla luego la tradición primitiva. De hecho, el autor de Hebreos hace referencia esa tradición anterior, "la cual comenzó a ser anunciada por el Señor, y nos fue luego confirmada por quienes la oyeron" (Hb 2, 3). LA CONSAGRACIÓN Y LA MISIÓN
El verbo hagiazein se usa veintisiete veces en el Nuevo Testamento. De los evangelistas, Mateo lo usa tres veces, Marcos ninguna, Lucas tres y Juan cuatro. Se da la particularidad de que el IV Evangelio lo usa referido a Cristo, menos una vez que lo aplica a los apóstoles, aunque estrechamente ligados a Jesús, en cuanto que es El quien con su consagración hace posible la consagración de ellos (Jn 17, 19). Observamos que mientras el término hagiazein se usa en los Sinópticos en un sentido litúrgico o cultual, en San Juan se emplea en un contexto de persona consagrada, más propio de un lenguaje sobre el sacerdocio.
La segunda vez que el verbo hagiazo se aplica a Jesús es cuando los judíos le acusan de haber blasfemado e intentan lapidario. El Señor se presenta entonces como aquel a quien "el Padre santificó y envió al mundo" (Jn 10, 36). Es un texto muy interesante que se señala como la consagración conlleva siempre una misión relacionada con lo divino. O dicho de otra manera, toda misión sagrada requiere una consagración previa. Consagración y misión, dos factores íntimamente ligados, como vimos, en el concepto del sacerdocio, y acorde con el sentido que tiene en el Antiguo Testamento. De hecho, en ocasiones, consagrar es sinónimo de consagrar al sacerdote ( ). Es una doctrina que recoge el Decr. Presbyterorum Ordinis que está "empapado, profundamente penetrado, por la misma idea fundamental ya expuesta en la Constitución Lumen gentium a propósito del Episcopado, es decir, el íntimo y profundo ligamen que existe entre consagración y misión. Esta unión, esta interdependencia, es lo que se ha procurado que sea el hilo conductor de todo el decreto Presbyterorum Ordinis". En cuanto a la consagración de Jesucristo para la misión encomendada se inicia propiamente en la Encarnación, aunque es desde la predicción sobre su muerte, cuando su vida adquiere el sentido de una ofrenda hecha al Padre para la Redención de los hombres. Es un dato que concuerda con la figura del Siervo paciente que fue "herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas... (dándose) a sí mismo en expiación... cuando él llevó el pecado de muchos, e intercedió por los rebeldes" (Is 53,5.10.12). Con razón se relaciona los pasajes de Jn 10,36 y Jn 17,19, que hablan de la consagración y misión de Jesús, con Jn 3,16 donde dice el Señor a Nicodemo que "tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito".
Respecto a la misión, el envío de que habla Jn 10, 36, recordemos que es el segundo elemento que destacábamos en el concepto de sacerdocio, siguiendo sobre todo en la doctrina del sacerdocio en el Levítico y en el Deuteronomio, así como en la epístola a los Hebreos ( Lv 8-10; Dt 10, 8; Hb 5.1-10), que el Decr. Presbyterorum Ordinis recoge y subraya, como ya dijimos. El envío para algo, es decir, la misión se expresa mediante dos palabras griegas: el verbo apostellein y el verbo pempein. Ambos términos son sinónimos. Sin embargo, el segundo es más usado por Juan que por los Sinópticos. Además este verbo se usa casi siempre para hablar exclusivamente del envío de Cristo, realizado por el Padre.
En la estructura tripartita de Jn 17 se dan diversas coincidencias con la liturgia del Yom Kippur, fiesta del Día de la Expiación, en la que el Sumo Sacerdote recitaba una plegaria en la que ruega por él mismo, por los suyos, y por el pueblo. Así ocurre también con la oración sacerdotal de Cristo: Ruega por Sí miso en los vv.1-5, por los apóstoles en vv.6-19 y por la Iglesia entera en vv.20-26. Otras semejanzas las tenemos en que el Sumo Sacerdote pronunciaba el nombre sagrado de Yahvé. También Jesús pronuncia el nombre del Padre y dice que lo ha dado a conocer. El decir que sean santificados en la verdad equivale a que son penetrados y transformados interiormente por la verdad que, en definitiva, se identifica con Cristo. De ahí que lo que pide el Señor es que el Padre haga semejantes a El a sus apóstoles. En el centro de esta breve perícopa, el v.18, di Jesús: "Como tú me enviaste al mundo, así los he enviado yo". Se establece así la continuidad de la misión salvadora que los discípulos, después de ser consagrados, llevarán a cabo por mandato de Cristo. LOS APÓSTOLES Y LA MISIÓN
En este sentido se da en el sacerdote una doble vertiente, la mediación de la palabra y la mediación del culto. A través de la predicación el sacerdote habla a los hombres de parte de Dios, y por el culto habla a Dios de parte de los hombres. Son dos facetas que ya se daban en el sacerdocio levítico y que, de forma similar aunque diversa, se da en Jesucristo, el Revelador del Padre y el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. La Palabra y el Sacrificio son dos conceptos que San Juan tiene siempre presente. Jesús, en efecto, es el Revelador del Padre pues "a Dios nadie lo ha visto jamás; el dios Unigénito, el que está en el seno del Padre, él mismo lo dio a conocer" (Jn 1, 18). Por otra parte, la muerte redentora de Cristo es el culmen de todo el relato joanneo, la "hora" que se oyó a medias en Caná y que resonó gloriosa en el Calvario. CELEBRACIÓN DEL CORPUS EN AGUADULCE, ALMERÍA Cerca del cielo Por David Llena
Eran las dos y media de la madrugada, acabábamos de terminar de reponernos de una procesión en Aguadulce (Almería, Andalucía, España) que paseó al Santísimo por sus calles bendiciendo a todo aquél que quiso acercarse. Yo, estuve en un lugar privilegiado, acompañando al Santísimo acompasando mis pasos al suyo, yendo pegado a Él. Pero antes de todo, fue la preparación. Este año se había cambiado la hora, y en lugar de salir el domingo por la mañana, lo haríamos el sábado por la tarde. Así pues, aunque llevábamos algunos años procesionando con el Santísimo por las calles de Aguadulce y ya es tradicional el recorrido, la preparación y adorno de la calle central de la Casa de Espiritualidad, este año era el primero que lo hacíamos en la víspera de la solemnidad lo que descuadraba un poco los esquemas, pues había que programar el trabajo en las horas de menos calor, primeras de la mañana y últimas de la tarde. AÑO SACERDOTAL
La niña María procesionaba detrás. A hombros de jóvenes de la parroquia, que con gran esfuerzo, pero mayor devoción cargaban con aquella niña que más tarde sería la Madre del Mesías y que Cristo nos dejó como Madre e intercesora al pie de la cruz. Así pues, a María también se le rendía homenaje y veneración pública. La ilusión y emoción de estos jóvenes que la cargaron durante las tres horas y media que duró la procesión, les hacía recapacitar en su corazón y sentir como Ella también los cargaría cuando se sintiesen solos y sin fuerza y los llevaría hacia Jesús Sacramentado.
El Buen Pastor, obra del sevillano David Valenciano caminaba detrás de la niña María. También con la juventud marcada en su rostro de rasgos andaluces y con su vestido de gala rojo parecía emerger en un campo del que sobresalía un gran naranjo que daba un buen marco a esta escena. El pequeño Jesús cuidando de su pequeña oveja y sujetando una cruz a modo de cayado. En esa oveja debemos sentirnos representados, pedir al Buen Pastor que nunca nos deje alejarnos de Él. El marco no puede ser mejor en este año sacerdotal, el patrón de los párrocos y pronto patrón de todos los sacerdotes, San Juan María Vianney y el ejemplo donde los ministros de Dios deben mirarse. El propio Cristo Buen Pastor. Muchas mujeres con mantilla, en actitud de recogimiento y respeto, acompañaban al Buen Pastor. Guiaba a los costaleros con sus sones y marchas la Agrupación musical de Nuestra Señora del Mar de Huercal de Almería. Pero lo mejor, lo más importante estaba por llegar. Como precursores del pan eucarístico, habían pasado, San Juan María, la Virgen niña y el Buen Pastor y tras ellos al volver de cada esquina emergía la redondez blanca centro de la monumental custodia y fuente de todo lo que allí nos movía: Cristo, nuestro Salvador, presente realmente en aquel trozo de pan. Cristo hecho alimento para acompañar nuestro caminar en esta tierra. El Dios Todopoderoso, que en su segunda Persona, murió para rescatarnos une en el tiempo aquel Jueves Santo con este otro “jueves” que celebramos en sábado y mostramos al mundo el único tesoro que tiene la Iglesia. Lo mostramos y lo ofrecemos al mundo. Ante el pan Eucarístico, el mismo Dios hecho pan podemos afirmar como San Pablo: “Todo lo estimo pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor” (Flp 3, 8). JUNTO A DIOS
Solemnísimo, fue el traslado de la Eucaristía desde el altar de celebración de la multitudinaria misa (unas 500 personas), hasta la capilla de la Casa de Espiritualidad. Flanqueado, por el cuerpo de ciriales y bajo palio, abriéndose camino entre los asistentes que con gran fervor y emoción reflejados en sus rostros se inclinaban ante quien “… toda rodilla se doble, en el cielo, en la tierra, en el abismo…” y ante quien “… toda lengua proclame: Jesucristo es Señor para Gloria de Dios Padre” (Flp 2, 10-11). LA VIGILIA Luego, tuvo lugar la vigilia, por parte de la Adoración Nocturna venida de Almería, Roquetas, Berja, durante toda la noche del Santísimo que quedó expuesto y que fue honrado por muchos fieles, ante el cual presentaron sus intenciones, sus oraciones y sus plegarias. La emoción de la procesión, los sones, el bullicio daba paso al recogimiento interior y al diálogo de criatura a Creador, con Aquel que es manso y humilde de corazón. Desde aquí, solo resta decir: ¡Gracias! Gracias a todos los que el Señor llamó para este gran acontecimiento por vuestra respuesta. A todos aquellos que adornaron la Salida de la Casa de Espiritualidad, a los capataces, auxiliares y costaleros de todas las cofradías de Almería y alrededores: costaleros de la Esperanza, el Consuelo, la Merced, las Angustias, Pasión, la Cena, el Amor, la Oración, las Penas de Regiones, la Soledad, el Cautivo, los Desamparados o la Buena Muerte del Parador, que cargaron con los pasos, a las bandas de música, a los niños y mayores, a las familias que colocaron altares a lo largo del recorrido de la procesión, a la Corporación Municipal del ayuntamiento de Roquetas de Mar, a la policía local de Roquetas y a protección civil. A la Agrupación de Hermandades y Cofradías de Almería que nos cedió el trono del Santísimo, a la cofradía de la Entrada triunfal de Ntro. Padre Jesús en Jerusalén, popularmente conocida como “la borriquita” de Berja, que nos cedió el trono del Buen Pastor. A todos aquellos que se encargaron de la logística: El acarreo de agua, la preparación de los bocadillos, el arreglo del altar, el adorno de los tronos, la preparación del recinto donde tuvo lugar la celebración y a todos los que portaron el palio, los estandartes y banderas… ¡Gracias por vuestra generosa respuesta! Y Gracias a aquel que con su paciencia, cariño y buen hacer, con sus oraciones y sus desvelos, hizo posible que este acontecimiento brillara como solo Cristo se merece: ¡Gracias! a nuestro párroco, Don Ramón Garrido. Todo sea para la mayor Gloria de Dios y de su Iglesia. P.D. Aquella tarde, tuve la dicha de visitar a las Esclavas del Santísimo que celebraban su Fiesta Mayor y rezar junto a ellas, el Rosario y las Vísperas. ¡Qué honor! Junto a aquellas que dieron todo para vivir entregadas al Señor, este pecador que suscribe volvió a saborear la alegría del cielo. Un video en dos partes se puede ver en la siguiente dirección de youtube: http://www.youtube.com/watch?v=xFE4g3h1jM0 http://www.youtube.com/watch?v=byMNMMQA5Q4
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