Domingo XI del Tiempo Ordinario
20 de junio de 2010

MONICIÓN DE ENTRADA

Sed todos bienvenidos a la Eucaristía. En este domingo XII del Tiempo Ordinario vamos a aprender que todas las lecturas tienen presente al Mesías. En la primera Zacarías profetiza sobre la pasión de Cristo. En la segunda Pablo habla de que todos estamos incorporados a Cristo y en el Evangelio de Lucas Pedro profetiza, también y a su modo, anunciado que Jesús de Nazaret es el Mesías. Se abre pues el camino del Cristo que terminará con su sacrificio por la libertad de todos. Iniciemos, pues, con la máxima alegría esta asamblea fraterna que nos muestra la salvación que Cristo nos ofrece.

 

MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS

1.- El fragmento de la profecía de Zacarías nos relata el sufrimiento de Cristo en la Cruz por nuestra salvación. Es impresionante ver como en los textos del Antiguo Testamento se perfila, perfectamente, lo que después –muchos siglos después—será nuestra salvación.

S.- Salmo de enorme contenido místico es muy apropiado para el conjunto de las lecturas de hoy. Algunos expertos que, al dar la autoría del Salmo 62 a David, ven su inspiración en la revuelta de Absalón contra el poder real. Pero lo que más nos interesa es ese canto profundo y fuerte que busca a Dios con gran sed, con necesidad física.

2.- San Pablo en el fragmento de la Carta a los Gálatas que vamos a leer hoy nos muestra la unidad de todos –judíos y griegos—en torno a la persona de Cristo. Todos somos uno en Cristo y es lo que el Bautismo impera en nosotros: la unidad con Jesús y para siempre.

3.- Jesús hace a sus apóstoles una pregunta personal y directa. Y a nosotros también. Nos pregunta que pensamos de Él, quién es Él. Pedro gracias a la gracia de Dios confiesa que Jesús es el Mesías. Hemos de reflexionar calmadamente, tal vez, luego en nuestras casas, sobre que es Cristo para nosotros. En la respuesta estará el inicio de una gran transformación.

 

Lectura de Postcomunión

MONICIÓN

Una vez más el sacerdote navarro nos ofrece una excelente oración para meditar en estos momentos de calma, al final de nuestra Eucaristía

¿QUÉ QUIERES SER PARA MI, SEÑOR?

El Hijo de Dios, que me ofrece VIDA ETERNA

o, por el contrario, simplemente

hombre que sale al encuentro del hombre

sin más pretensión que llenarle de satisfacciones.

 

QUE SEAS PARA MI, SEÑOR

Ilusión que me empuje a trabajar por tu Reino

Fe que me ayude a sentirte siempre presente

Esperanza que me anime en el desaliento

Amor que haga desplegar lo mejor de mí mismo

Amén.


Exhortación de despedida

Hemos de salir felices del templo. Hemos reconocido a Jesús y le hemos dicho que es nuestro Salvador, el Mesías que da fuerza y felicidad.