El martes , día 29, la Iglesia celebra la Solemnidad de San Pedro y San Pablo. Ofrecemos el interesante reportaje que ha realizado en exclusiva para Betania, el padre Martí Ballester. Esperamos que sea del agrado de nuestros lectores. Por otro lado --y al final-- de la página repetimos el reportaje que ya incluimos la semana pasada. Es de nuestro colaborador, Antonío Pavía y es otra reflexión referida a San Pablo San Pedro y San Pablo, origen y meta de la Iglesia de Dios Por Jesús Martí Ballester Jesús propuso una encuesta a sus discípulos. Primero quiere saber lo que dice de él la gente y después, qué piensan ellos: "¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre? - Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? - Simón Pedro contestó: "Tu eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo". Entonces Jesús le hizo una promesa formal: "Dichoso, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre, que está en el cielo. Y yo te digo: Tú eres Pedro" Mateo 16,13. --Pedro, Petros, Quefá, Piedra, Roca--. En ese momento, Pedro sintió la mirada fija del Señor, pues toda vocación implica una mirada especial del Esposo, que enamora a la esposa, de invitación, predilección, y de gracia. Pedro es el primero a quien Jesús ha llamado. Nació en Betsaida, junto al lago de Tiberiades y se trasladó a Cafarnaún, donde junto los hijos del Zebedeo, con Juan y Santiago, había montado una sociedad familiar, una empresa pesquera. Elegidos los tres por Jesús, se convirtieron en los discípulos más íntimos y fueron testigos de los mayores acontecimientos de su vida, como la Transfiguración en el Tabor, donde Pedro pretendía establecerse, la resurrección de la hija de Jairo, y la agonía de Getsemaní, donde le contemplaron chorreando sangre. LA PSICOLOGÍA DE PEDRO
EL PODER DE LAS LLAVES Otras dos metáforas expresan el poder especial de Pedro: “A ti te daré las llaves del reino de los cielos” (Mt 16,19), lo que significa que goza de la autoridad sobre la Casa. “Y lo que atares en la tierra será atado en el cielo y lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos” (Ib), símbolo del poder de permitir y prohibir, lo que significa el gobierno de la Iglesia como sociedad. Pero, como en el mundo el poder corrompe, Jesús quiere que "el mayor entre vosotros sea el último de todos y el servidor de todos" (Mt 23,11. Poder ejercido desde el amor: por eso Cristo pregunta a Pedro: "¿Me amas más que éstos? (Jn 21,15)”. Esta es la segunda vocación de Pedro, que tuvo que pasar por lo más amargo de su vida, experimentar visible y públicamente, su debilidad: negó tres veces a su Maestro, por quien lo había dejado todo. Cuando se arrepintió y lloró amargamente, Jesús convirtió su vuelta al amor en curación de amor, con sus tres promesas de amor, con lo cual lo purificó para ser el pastor de los corderos y de las ovejas. El amor lo purifica todo. El que había de ser pastor de pecadores, es necesario que experimente la prueba humillante de ser él mismo pecador. ¿Cómo habría, si no, podido comprender las experiencias de una comunidad de pecadores? “La Iglesia es un pueblo de pecadores y de santos”, dice la L. G. Nadie es más humilde que el que se sabe pecador perdonado. De no ser que sea un cínico. Sólo entonces, después de la Resurrección, el que había recibido la promesa de que la Iglesia sería construida sobre su Piedra, es confirmado en su misión de apacentar el rebaño. Los dones de Dios son inmutables y en él no hay ni venganza ni revancha, porque sabe que somos de barro, que, si hay humildad, él puede moldear y restablecer, recrear. Pedro negó a Jesús, y lo negó precisamente por creerse totalmente confirmado cuando todavía estaba sujeto a pecado. Pedro presumió ante Jesús cuando dijo: “Aunque tenga que morir contigo, no te negaré.” Y esa afirmación fue una verdadera humillación cuando se dio cuenta que había negado al Señor tres veces. Ahora aparece un Pedro humillado interiormente y externamente, un Pedro más humanizado por la derrota. Ya no tiene la prepotencia que tantas veces le había corregido Jesús. Por eso cuando Jesús le pregunta por tercera vez, tal vez en recuerdo de la triple negación, si lo ama más que los otros, Pedro no responde como antes, sino con un: “Señor, tú lo sabes todo: tú sabes que te quiero". Y cuando Pedro está entristecido por el recuerdo de su pecado y se manifiesta humilde, recibe la misión de apacentar la Iglesia, a los corderos y a las ovejas, es decir, lo constituye Pastor Universal, hermano mayor de los que quedamos aguardando la segunda venida del Señor. Pedro no se desesperó, sino que creció en humildad y mereció recibir una confirmación de su misión. Pedro, un pecador arrepentido, fue elegido por Jesús para ser el guía de su Iglesia, santa y pecadora. MORIR HIJO DE LA IGLESIA
Cuando yo comencé a necesitar un mentor, había poco que escoger: la furia marxista había martirizado a una gran parte del clero español, la mejor. Pero la Iglesia me ofreció un acervo de revelación y de literatura, de águilas y de santos, de místicos y de genios actuales, que han forjado mi personalidad. Los errores que he detectado en la Iglesia, siempre los he visto rectificados por otros hombres más lúcidos y compruebo que los obstáculos ejercen de galvanizadores y las zancadillas de fertilizantes, ya que las cosas crecen por lo que nacen, y lo que nace de la cruz crece por la misma cruz, aunque al ritmo peculiar de la vida. ¿Qué sería del mundo sin la cultura creada y conservada en las Abadías, sin el arte cultivado por la Iglesia? ¿Qué de las escuelas? ¿Qué de los huérfanos, drogadictos, minusválidos, etc.? Iglesia, no sólo el papa, obispos y sacerdotes; también misioneros heroicos, santos seglares, obreros y santas madres que sufren, rezan y se inmolan por sus hijos, todos fuertes por la oración y la vida sacramental. Por la Eucaristía, la Palabra, el Perdón de Dios transmitido en y por la Iglesia. ¿Cómo olvidar al Sacerdote que me fascinó de niño hasta el punto de que quise ser como él? ¿Y a aquella pléyade de mártires asesinados en su florida juventud? ¿Y a tantas santas religiosas anónimas y pobres, trabajando y orando por toda la humanidad en el silencio de los claustros? También ¡cómo no!, barro humano. Pero ¿puede oscurecer el barro de nuestra pobreza el fulgor deslumbrante de tantos millones y millones de estrellas? ¿La Pietá de Miguel Ángel, dejará de ser hermosa, aunque tenga manchas? Veinte siglos viene caminando por esta hermosa y pobre tierra este Pueblo de redimidos; polvo lleva en las sandalias, el polvo del mismo suelo que pisa; sus pies son de barro, pero su Cabeza de oro celestial resplandece brillante entre luceros. Mi gloria y mi vida será servir siempre a la Iglesia, y como Teresa de Jesús, morir hijo de la Iglesia: “Al fin muero hija de la Iglesia”. HE ROGADO POR TI.
Es Cristo quien da el poder: poder de perdonar los pecados, de administrar los sacramentos de la salvación, para construir la Iglesia, y el de dar testimonio de la Palabra de Dios. Esos son los poderes espirituales de Cristo Pastor, transferidos a San Pedro afirma el Cardenal Lustiger, arzobispo emérito de París. Y sigue diciendo Lustiger: “Ya se que Napoleón identificó al obispo con los prefectos y con los generales, pero yo me había sensibilizado mucho contra la Iglesia como sistema de promoción y de poder, y determiné que nunca me metería en situaciones que favorecieran la promoción”. LA CÁTEDRA DE SAN PEDRO EN ROMA. Expectación en el autocar. Tras largas horas de viaje, al fin, Roma. Recortada en el horizonte al amanecer, la Cúpula de San Pedro. Me apresuré a entonar el Credo gregoriano, que corearon los cuarenta y tantos sacerdotes con entusiasmo. Cuando poco después en la Basílica de San Pedro, vimos al Papa Pío XII en la silla gestatoria, ante su figura majestuosa, vibrando de emoción, sentí sus ojos negros y penetrantes clavados en mí y grité con Pedro: “Aunque todos te nieguen, yo no te negaré”. Fue un momento, que después de 59 años recuerdo vivísimo.
Referido por el libro de los Hechos ue San Pedro estableció su primera sede en Antioquia, origen del calificativo de cristianos, y luego pasó a Roma. La sede, es la cátedra, pues cátedra es la silla desde donde el Maestro explica sus lecciones. Por eso la catedral es la iglesia en la que está la sede del Obispo. En la catedral calvinista de Ginebra he podido ver la silla desde donde el reformador Calvino impartía sus lecciones. El Cronógrafo del año 354 señala ya la "Depositio martyrum", o "Natale Petri de cathedra". En Roma, el año empezaba en marzo y finalizaba en febrero. Durante los últimos días de ese mes los romanos recordaban a los difuntos. Por eso la fiesta de la Cátedra de San Pedro enlaza con el culto que los cristianos tributaban este día a sus padres en la fe junto a las tumbas de Pedro en el Vaticano y de Pablo “extramuros” en la Via Ostiense. El natale Petri de cathedra era una conmemoración fúnebre de Pedro, organizada por la comunidad romana para venerar a su primer Papa y creador de la Iglesia de Roma. En los primeros siglos, los cristianos, como los ciudadanos de Roma, celebraban comidas fúnebres junto a los sepulcros de los mártires. En ese Banquete se colocaba una silla para el muerto, que recordaban como si estuviera presente y fueron los griegos quienes denominaron la comida fúnebre por la silla presente; así el banquete en memoria de Pedro se llamó "Cathedra Petri". La gran festividad anual de Pedro y Pablo, pasó al 29 de junio. Ya el Sacramentario Gelasiano invoca un "principatus Petri" referido a la "verdad evangélica difundida por todos los reinos del mundo", recordando también que todas las iglesias tienen su origen en el fundamento de la Cátedra de Pedro. EL CATECISMO DE LA IGLESIA
(Lumen Gentium 22, Christus Dominus 2; 9). CATEDRA EN ROMA Tu barca de pescador, que llegó de Roma al puerto, va siguiendo el rumbo cierto que le trazara el Señor. La va llevando el amor siempre a nuevas singladuras. En las borrascas oscuras, para que a Cristo sea fiel, Simón Pedro, el timonel, vela desde las alturas. Si toda la Iglesia oraba por ti, ahora tú por ella, que eres su roca y su estrella. Cuando se tambaleaba tu fe, sobre el mar, te daba Cristo fuerza con sus manos. Boga mar adentro, y danos a la Iglesia, que te implora tú presencia guiadora y confirma a tus hermanos. EL SUCESOR DE PEDRO Hoy es el Papa, sucesor de Pedro, quien tiene la misión de guiar la Iglesia de Cristo, su rebaño. Es el sucesor de Pedro, quien lleva el palio, metáfora de Cristo cargado con las ovejas que redime. Este episodio evangélico tiene que llevarnos a renovar nuestra fidelidad al Papa y a los obispos, y a pensar que a ejemplo de Pedro, el Señor nos pide saber amar. Sólo podremos ser apóstoles del Señor, si sabemos amar. El amor y la humildad, son las dos virtudes que debemos aprender de Pedro y tratar de vivir. Sólo cuando vivimos éstas virtudes seremos capaces de cumplir la misión que el Señor nos ha encomendado a cada uno. La importancia de San Pablo
SUPREMA HUMILDAD Una característica singular de Pablo es que “Se complace en sus debilidades, porque cuanto más débil soy, soy más fuerte” (2 Cor 12,10). Está convencido de que su fuerza tiene las raíces en la flaqueza. No era elocuente, ni tenía presencia retadora, era débil en las persecuciones, lleno de mansedumbre en el gobierno de las almas, y predicaba verdades repugnantes a contracorriente a los no creyentes y también a los creyentes. Pero estaba convencido de su fuerza venía de Dios y que con sus sufrimientos suplía lo que faltaba a la pasión de Cristo (Col 1,24). Y por encima de todo, estaba colmado de amor: “¿Quién enferma y no enfermo yo? ¿Quién se escandaliza y yo no ardo?” (2 Cor 11,29). Padeció torturas espirituales, defección de sus evangelizados, persecuciones, abandonos, soledad. Y a pesar de todo, está alegre, “aunque triste, pero enriqueciendo a muchos” (2 Cor 7,4) y a los Filipenses les recomienda la alegría cuando está en la cárcel. El poeta Ovidio, desterrado escribió sus obras tituladas Tristia, y paradójicamente Pablo escribe el “Gaudete, iterum dico, gaudete”, encarcelado. La razón está en que las páginas brotan de manantiales diferentes. Pablo era hombre de oración, de acción de gracias y de peticiones y esperanzas, sabía que sembraba con lágrimas, pero esperaba la cosecha entre cantares y como ha escrito Bergson, la alegría anuncia siempre la vida que ha triunfado. SUFRIMIENTOS DE PABLO Hay que haber comenzado alguna empresa, alguna obra, para poder barruntar las dificultades de todo género que se les presentaron y que tuvieron que superar aquellos débiles hombres escogidos: hospedaje, fieles, trabajo, amistades, poder sobrevivir, abrirse camino. Nosotros nos lo encontramos todo hecho, ellos tuvieron que empezar de cero y con un mensaje impopular e innovador. Llegados a Roma, los dos fueron encarcelados en la Cárcel Mamertina, y sacrificados bajo Nerón: Pedro crucificado, acusado del incendio de Roma, que el mismo emperador había provocado; Pablo, como ciudadano romano, decapitado con espada: Así lo escribe en vísperas de su inmolación: "Yo estoy a punto de ser sacrificado" (2 Timoteo 4,6). Los sepulcros de los dos están en Roma como cimiento de la Iglesia. Por contraste, las ruinas de la “Domus aurea” de Nerón, apenas reciben algún turista curioso, pero las Basílicas de Pedro y Pablo son visitadas constante y continuamente por creyentes y no creyentes todos los días del año. “Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mt 16,18). BENEDICTO XVI, OBISPO DE ROMA El Papa Benedicto XVI al tomar posesión de su cátedra como obispo de Roma en la Basílica de San Juan de Letrán, Madre de todas las Iglesia, su Catedral, afirmó en la homilía que el obispo de Roma se sienta en su cátedra para dar testimonio de Cristo, que es el símbolo de la «potestas docendi», potestad de enseñanza que constituye una parte esencial del mandato de atar y desatar conferido por el Señor a Pedro y, después de él, a los Doce. En la Iglesia, la Sagrada Escritura, cuya comprensión crece bajo la inspiración del Espíritu Santo, y el ministerio de la interpretación auténtica, conferido a los apóstoles, se pertenecen mutuamente de manera indisoluble. Allí donde la Sagrada Escritura es extraída de la voz viva de la Iglesia, se convierte en víctima de las disputas de los expertos. La ciencia por sí sola no puede ofrecernos una interpretación definitiva y vinculante; nos es capaz de darnos, en la interpretación, esa certeza con la que podemos vivir y morir. Hace falta la voz de la Iglesia viva, confiada a Pedro y al colegio de los apóstoles hasta el final de los tiempos. Esta potestad de enseñanza da miedo a muchos hombres dentro y fuera de la Iglesia. Se preguntan si no es una amenaza a la libertad de conciencia, si no es una presunción que se opone a la libertad de pensamiento. No es así. El poder conferido por Cristo a Pedro y a sus sucesores es, en sentido absoluto, un mandato a servir. La potestad de enseñar, en la Iglesia, comporta un compromiso al servicio de la obediencia a la fe. EL MINISTERIO DEL PAPA El Papa no es un soberano absoluto, cuyo pensamiento y voluntad son ley. Por el contrario, el ministerio del Papa es garantía de la obediencia a Cristo y a su Palabra. El Papa no debe proclamar sus propias ideas, sino vincularse y vincular a la Iglesia a la obediencia a la Palabra de Dios, ante los intentos de adaptarse y aguarse, así como ante todo oportunismo. El Papa es consciente de estar ligado a la gran comunidad de la fe de todos los tiempos, a las interpretaciones vinculantes desarrolladas a través de la peregrinación de la Iglesia. Su poder no está por encima, sino que está al servicio de la Palabra de Dios, y sobre él pesa la responsabilidad de hacer que esta Palabra siga haciéndose presente en su grandeza y resonando en su pureza, de manera que no se haga añicos con los continuos cambios de las modas. La cátedra es símbolo de la potestad de enseñanza, que es una potestad de obediencia y de servicio, para que la Palabra de Dios -¡su verdad!- pueda resplandecer entre nosotros, indicándonos el camino. Pero ¿cómo es posible dejar de recordar las palabras que san Ignacio de Antioquia escribió a los romanos? Pedro, procedente de Antioquia, su primera sede, se dirigió a Roma, que se convirtió en sede definitiva con el martirio que unió para siempre su sucesión con Roma. Ignacio, obispo de Antioquia, se dirigía hacia el martirio en Roma. En su Carta a los Romanos, se refiere a la Iglesia de Roma como la que preside en el amor. Para la antigua Iglesia, la palabra amor, «ágape», hacía referencia al misterio de la Eucaristía. En este misterio, el amor de Cristo siempre se hace tangible entre nosotros. Aquí, Él se entrega siempre de nuevo. Aquí, Él se hace traspasar el corazón siempre de nuevo. Aquí, Él mantiene su promesa según la cual, desde la Cruz, habría atraído a todos hacía sí. En la Eucaristía, nosotros mismos aprendemos el amor de Cristo. LA EUCARISTIA Gracias a este centro y corazón, gracias a la Eucaristía, los santos han vivido, llevando el amor de Dios al mundo de formas y maneras siempre nuevas. ¡Gracias a la Eucaristía, la Iglesia renace siempre de nuevo! La Iglesia no es más que esa red -¡la comunidad eucarística!- en la que todos nosotros, al recibir al mismo Señor, nos convertimos en un solo cuerpo y abrazamos a todo el mundo. Presidir en la doctrina y presidir en el amor, al final, tienen que ser una sola cosa: toda la doctrina de la Iglesia, al final, lleva al amor. Y la Eucaristía, como amor presente de Jesucristo, es el criterio de toda doctrina. Del amor dependen toda la ley y los profetas, dice el Señor (Mateo 22, 40). El amor es el cumplimiento de la ley, escribe san Pablo a los romanos (13, 10). El Papa debe ligarse a sí mismo a la Iglesia para obedecer la palabra de Dios cuando se enfrenta a todos los intentos de adaptar, y al oportunismo". "Eso fue lo que hizo Juan Pablo II cuando, frente a interpretaciones erróneas de la libertad, subrayó de un modo inequívoco la inviolabilidad del ser humano, de la vida humana desde la concepción a la muerte natural". "La libertad para matar no es una verdadera libertad sino una tiranía que reduce al ser humano a la esclavitud”. El Papa afirma que mantendrá la posición de Juan Pablo II sobre el aborto y la eutanasia asegurando que los Pontífices deben ser fieles a la palabra de Dios frente a los intentos de "aguar" la doctrina de la Iglesia. Y en la vida interna de la Iglesia, ¡cuánto trabajo por hacer, tantas verdades a medias por aclarar, cuántas indolencias y cuántos errores aún por disipar, cuántos fuegos moribundos por avivar! Lo irá haciendo con su estilo claro y terso, diáfano, estéticamente perfecto, que entienden todos y deleita a todos, con el don de la oratoria de que hablaba Horacio para el orador, “vir bonus dicendi peritus”, con su sabiduría teológica que sabe ir al grano y a la manifestación de la verdad y de la belleza, con su mansedumbre, tan denostada e incomprendida, que le han colgado unos y otros, el erudito profesor, el teólogo que atraía a la juventud en su cátedra de Ratisbona. ESTADO ACONFESIONAL Que el Estado sea aconfesional no significa que el Estado sea amoral; y cuando se va contra la ley natural se es amoral. Si la ley exige que se encarcele a los terroristas no es porque es católica, sino porque es humana. Si la ley detiene a los ladrones no es por ser católica, sino humana. Si ha de ser protegida toda vida humana aún no nacida no es por ley católica, sino por valor humano. Si los embriones humanos son dignos de respeto es porque todos hemos sido embriones. Si es injusto igualar el matrimonio a las uniones homosexuales es porque tenemos ojos en la cara, no porque vamos a misa. Si la guerra injusta es un error intolerable, no es por ser ley católica, sino porque no se puede hacer un mal para conseguir un bien. Eso sí. Si nos esforzamos por no hablar mal y rezar por los que están haciendo mucho daño a la sociedad eso sí que es porque seguimos el evangelio. CLAUDE LEVI-STRAUSS Hay pocos hombres con galones suficientes para mirar de frente a la Humanidad como el etnólogo francés Claude Lévi-Strauss. Con un siglo de pensamiento a sus espaldas, a sus 97 años, ha cantado las cuarenta al género humano. “La única oportunidad que le queda a la Humanidad es reconocer que se ha convertido en su propia víctima, para quedarse en igualdad con todas esas otras formas de vida que se ha empeñado y se empeña en destruir”, dijo con dicción acompasada y sin inmutarse, en los salones de la Academia Francesa, donde recibió el XVII Premio Internacional de Cataluña. Con fuerzas todavía para hacer sonar la campana de la Historia, el pensador clamó para que la sociedad frene su tren desbocado de desarrollo a costa de consumirse y Occidente deje de ser carnívoro: “Los derechos de la Humanidad cesan en el momento en que su ejercicio pone en peligro la existencia de otras especies. Lévi-Strauss considera que está en peligro ese registro inmaterial que es el saber si unas culturas devoran a otras, si Occidente se zampa otros continentes y el ser humano arrasa con otros seres vivos. Si esperamos saber un día qué es el hombre, urge reunir, mientras sea todavía posible, todas las realidades culturales, aseveró uno de los últimos sabios del XX, escoltado por la atenta mirada de los cuadros y estatuas de Montesquieu, Dumas o Corneille, que le precedieron en descifrar y describir el mundo. LOS DESASTRES DE LOS NACIONALISMOS Levi-Straus considera que las nuevas relaciones que desbordan las fronteras permitirán borrar los desastres que provocaron en el XX, «las identidades nacionales» de los Estados. Reconoció haberse inspirado en Ramón Llull, escritor mallorquín del siglo XIII. Llena de gozo y esperanza este caso de juventud nonagenaria y compensa la pena de los más frecuentes de decrepitud espiritual juvenil. Hace falta mucho garbo para, sin dejar de ser un hombre de orden y un maestro de cortesías, saber recibir un premio de la Generalitat de Catalunya y convertir el acto, en la Academia que fundó el cardenal Richelieu, en una demoledora crítica ante el fenómeno del nacionalismo. El antropólogo propone como alternativa reforzar los Estados. Está a favor del sentido común y de la Historia para que los vectores que han marcado la condición humana a lo largo de los siglos puedan seguir actuando en el futuro. BENEDICTO XVI VISTO POR GUSTAVO BUENO Gustavo Bueno, filósofo -ateo católico-, considera que Benedicto XVI no está en Babia y que sabe muy bien cuál debe ser la postura de la Iglesia en este momento, muy lejos de utópicas alianzas de civilizaciones. “Estar en Babia” es un refrán español, proveniente del reino de León, cuando España estaba formada por reinos que luchaban por recuperar de los árabes los reinos arrebatados. Los reyes de León pasaban el verano en Babia, región placentera, bien comunicada, habitada por gente pacífica e hidalga, leal al rey y llena de lugares para cazar osos, corzos y jabalíes; lugares paradisíacos y alejados del campo de batalla. Los Ordoños, Alfonsos, Ramiros y Fernandos se encerraban en Babia huyendo de las intrigas de la corte leonesa y de las ambiciones de los nobles. Los súbditos cuando necesitaban al rey y preguntaban por él, los ministros les contestaban: El rey está en Babia, expresión que hoy se refiere a toda persona distraída o que parece ausente. Bueno critica a los católicos que arremeten contra el Papa y no dejan la Iglesia, y a los no católicos entrometidos que también le fustigan. El prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe debía conocer el Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento, los teólogos, los santos padres, la tradición agustiniana y sobre todo la tomista. Dicen que no se interesa por las cuestiones sociales. La teología de la liberación la considera una cuestión social. Pero a mí me parece que su actitud ante Boff es doctrinal. Boff dice que en los pueblos del Tercer Mundo están las semillas del verbo. Y que por tanto hay que interpretar las mitologías étnicas para entender la teología de la liberación. La clave del rechazo no está tanto en el diálogo entre cristianos y marxistas cuanto en las visiones teológicas indigenistas. CON HANS KÜNG Leí bien a Hans Küng, es un embrollo tremendo pues es de una ambigüedad enorme. Mezcla Nietzche con no se qué más. Un lío, no sabe dónde está. Y lógicamente Ratzinger lo condena. Recuerdan aquello de Fray Gerundio de Campazas: “El Espíritu Santo dice, y en mi opinión dice bien”. Lo llaman reaccionario, inquisidor. Están los teólogos, los cristianos de base o las catequistas. Es el colmo ver a una catequista muy progre diciendo que no le vale este Papa. Vaya falta de sindéresis. Sorprende que siendo católicos no afirman que el Espíritu Santo dice y dice bien, sino que el Espíritu Santo dice y dice mal. Es el colmo de la insolencia. Que se vayan de la Iglesia. Otros dicen, como un cura de Oviedo, que este Papa es un teórico. Pero lo que dice un defensor de la fe no es teoría, es doctrina. No es un teórico es un teólogo. Santo Tomás utilizaba a Aristóteles y Benedicto XVI utiliza a Kant. Ratzinger dice que la Iglesia es Cristo. Y que Cristo es verdad y caridad que confluyen y se identifican porque la caridad sin la verdad es ciega y la verdad sin la caridad es vacía. ¡Eso es Kant!, que afirma que los conceptos sin intuiciones son vacíos y las intuiciones sin conceptos son ciegas. Coge a Kant y lo varía un poco. Modula a Kant. Es muy importante porque ése es uno de los puntos en que Kant demuestra que no tiene idea de cómo se unen esas dos cosas. La intuición es el espacio y el tiempo y los conceptos son el entendimiento puro, las categorías. Explicar con metáforas auditivas o visuales cómo se unen no es ya filosofía. Es uno de los puntos débiles del sistema kantiano. En cualquier caso, la Iglesia se entiende por la teología. Es lo que dignifica al catolicismo. El catolicismo sin teología no se distingue de los mormones absolutamente en nada. Los que no admitan la teología porque lo consideran pura teoría que se salgan de la Iglesia, dice Gustavo Bueno. La cosa es aún peor con los críticos no creyentes. Como Saramago, que dice que este Papa es el gran inquisidor. Saramago es especialmente rechazable por gratuito. Se presenta además como la última palabra de la progresía. Hablar de gran inquisidor es identificarse con la época de Galileo o de Voltaire. Pero ahora la gente en tal caso se deja inquirir. Saramago defiende a supuestos oprimidos. Como él hay mucha gente, todos los intelectuales y artistas. No respetan a la gente que voluntariamente está en la Iglesia. Al caer la Unión Soviética la democracia es la referencia universal. El fin de la historia política, según Fukuyama, es una idea ya compartida por todos. Lo que hay, en tal caso, es déficit democrático, dicen. Hasta China es demócrata de alguna manera. La ortodoxia es la democracia. Desde la caída del Muro, la gente ve la Iglesia como una sociedad antidemocrática. Pero los grandes jefes de Estado se arrodillaron ante el cadáver del Papa Juan Pablo II. Ratzinger dice que la Iglesia no es democrática sino sacramental y jerárquica. Los jefes de Estado de todo el mundo, que hablan en nombre de la democracia, se arrodillan ante él. Es lo más importante de lo que está ocurriendo y sin embargo no se capta porque aún no se ha digerido. Una de dos, o se considera que no tiene razón Fukuyama y su fin de la historia o estamos ante el fin de la Iglesia. Pero como la Iglesia no es una reliquia, está viva y coleando, ya me dirán. -Se discute hasta el nombre, que ya son ganas de marear la perdiz, sigue diciendo Bueno. BENEDICTO XVI NO ESTÁ EN BABIA En los inicios del siglo XX, Benedicto XV había puesto al día las críticas contra el modernismo según el cual la Iglesia mana a través de la inmanencia vital. Roma no tiene sentido. Es de alguna manera lo que muchos años después dijo Boff: Dios inspira a través de la mitología de los pueblos. Cuando la batalla de las Navas de Tolosa por Alfonso VIII de Castilla, el rey de León se había ido a Babia. Era la gran batalla donde se jugaba el destino de España. Al principio apoyan tropas francesas y alemanas pero hacen tal matanza de moros que Castilla los rechaza. Portugal no ayuda y el rey de León se va a Babia. Benedicto XVI no está en Babia, no habla de la alianza de civilizaciones, ni de la paz perpetua. Lo que sí dice a unos y a otros es, que no se puede tomar el nombre de Dios para incitar a la guerra. Lo que se debe hacer en nombre de Dios es unirse en pro de la paz y de la libertad. Soy ateo católico que no es lo mismo que ser ateo musulmán. Los católicos son aliados míos en muchas cosas contra terceros. El catolicismo es derecho romano más filosofía griega. Es nuestra tradición. Benedicto XVI no está en Babia, no habla de la alianza de civilizaciones, sigue diciendo Bueno. El único programa que tiene el Santo Padre es «hacer la voluntad de Dios». EL PRIMADO DE PEDRO Pedro es el único apóstol a quien Jesús le encarga pastorear a sus corderos y ovejas. «Sólo juntos podemos estar con Cristo, que es el Señor de todos. garantizar así la comunión con Cristo. Jesús le asigna un nuevo nombre, Cefas, que quiere decir Roca. Siempre es recordado como el primero del grupo en los Evangelios. Custodio de la comunión con Cristo; tiene que guiar en la comunión con Cristo de modo que la red no se rompa, sino que sostenga la gran comunión universal». « La Iglesia es siempre de Cristo y no de Pedro. La responsabilidad de Pedro consiste en ser Primado de jurisdicción, y esta posición preeminente que Jesús quiso entregar a Pedro «se constata también después de la resurrección», en el nacimiento de la primera comunidad cristiana. «En el Concilio de Jerusalén, Pedro desempeña una función directiva, y precisamente por el hecho de ser el testigo de la fe auténtica, el mismo Pablo reconocerá en él un papel de "primero" .«Además, el hecho de que varios de los textos claves referidos a Pedro puedan ser enmarcados en el contexto de la Última Cena, en la que Cristo confiere a Pedro el ministerio de confirmar a los hermanos, muestra cómo la Iglesia, que nace del memorial pascual celebrado en la Eucaristía, tiene en el ministerio confiado a Pedro uno de sus elementos constitutivos». Este contexto del Primado de Pedro en la Última Cena, explica la esencia del primado: Cristo en los Evangelios confío a Pedro un papel preeminente entre los apóstoles que consiste en garantizar la unidad en la Iglesia. Recemos para que el primado de Pedro, confiado a pobres seres humanos, sea siempre ejercido en este sentido original deseado por el Señor y para que lo puedan reconocer cada vez más en su significado verdadero los hermanos que todavía no es tan en la Iglesia (7 junio 2006 Benedicto XVI) El Papa es una persona «perfectamente capaz de afrontar los grandes retos de la actualidad». Está muy preparado en varios frentes y afrontar la secularización, promover el ecumenismo e impulsar una decidida y sincera evangelización. EL CARDENAL RATZINGER Y EL PAPA JUAN PABLO II El cardenal Ratzinger y el Papa Juan Pablo II mantenían una estrecha colaboración, no sólo los viernes por la tarde a solas, sino también los martes, el día anterior a las audiencias generales. De ahí salieron varias catequesis de los miércoles y documentos. Ratzinger tenía fama de escribir todo lo que leía. Aunque cuenta con valiosos colaboradores, asume de un modo muy personal todo lo que dice o escribe. A lo largo de su vida, se ve cómo se deja llevar por la mano invisible de Dios, que le lleva adónde él no quería ir: dejar de ser profesor para convertirse en arzobispo a Munich, ir a Roma para ocupar uno de los cargos más duros en la Iglesia como es el de prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe, o aceptar subir a la cátedra de San Pedro, para empezar a ejercer su pontificado con gran soltura, bajo el nombre de Benedicto XVI. Todo demuestra valentía, y gran habilidad para dejar hacer a Dios. Tiene una privilegiada visión de conjunto de todos los problemas actuales de la fe, sobre todo la centralidad de Jesucristo y la importancia de la liturgia y la moral y de la mujer en la Iglesia, el sacerdocio como servicio, y el ecumenismo como tarea prioritaria y la primacía del logos sobre el ethos, que es lo decisivo del credo en la vida de los cristianos. Ahí está el catecismo del Vaticano II que él mismo impulsó y coordinó. Lo que es evidente es que, como protagonista fue del Concilio, sabe adónde ha de ir la Iglesia: Sólo hace falta seguir escuchando la voz de Dios en este continuo Pentecostés... JUAN PABLO II HABLÓ DE RATZINGER El trabajo del postulador de la causa de canonización del Siervo de Dios, Juan Pablo II, ha comenzado por el análisis de los escritos, a partir de un texto del año 1949 titulado «El Apóstol», sobre la vida de Jan Tyranowski, el modesto sastre de Cracovia que le enseñó a hacer oración mental y le dio a conocer los místicos castellanos, Teresa de Jesús y Juan de la Cruz. El número de escritos de Karol Wojtyla es elevadísimo, aunque se cuenta con la ventaja: de que están ya recogidos y publicados casi todos. Juan Pablo le decía al Cardenal Ratzinger en sus Bodas de Oro Sacerdotales: "Usted, venerado hermano, ha explorado con atención en sus investigaciones teológicas que en Pedro resalta el principio de unidad, fundado en la fe sólida como una roca del Príncipe de los Apóstoles; en Pablo, la exigencia intrínseca en el Evangelio de llamar a cada hombre y a cada pueblo a la obediencia de la fe. Además, estas dos dimensiones están combinadas en el testimonio común de santidad que selló la dedicación generosa de los dos Apóstoles al servicio de la inmaculada Novia de Cristo. ¿Cómo no poder ver en estos dos elementos los rasgos fundamentales del camino que la Providencia preparó para usted, Eminencia, al llamarlo al sacerdocio? Sus brillantes estudios filosóficos y sobre todo teológicos y la llamada precoz al papel de docente en las universidades alemanas más importantes deben ser vistos en esta perspectiva de fe. Usted expresó la intención que siempre lo guió en su compromiso de estudiar y enseñar en el lema que escogió con ocasión de su nombramiento episcopal: Cooperatores veritatis. Colaboradores de la verdad". Hoy este texto nos emociona. Y supongo que habrá quedado grabado a fuego en el alma de Benedicto XVI Tú lo sabes todo Por Antonio Pavía Martín-Ambrosio Misionero Comboniano
Es más que posible que, al pronunciar Pedro estas palabras, su mente y su corazón se posaran con calma en los acontecimientos de la última cena, aún fresca en sus recuerdos. El apóstol está descubriéndose ante el Maestro: ¡Señor, tú lo sabes todo! Sabes de mí lo que ni yo mismo sería capaz de imaginar lo que pudiera ser. Recorremos con Jesús y con Pedro, y también con los demás apóstoles, el discurrir de aquella cena. Alrededor de la mesa están celebrando con los demás judíos los memoriales salvíficos del pueblo santo. Hay no poca tensión e incertidumbre en el grupo. Los presagios son tenebrosos, los repetidos anuncios de Jesús acerca de su muerte han tomado cuerpo en los últimos días. A estas alturas la decisión del Sanedrín parece que no tiene vuelta atrás. La situación se toma más y más tensa por momentos. En éstas, Jesús desvela la traición de Judas, quien no sólo no la niega sino que sale del cenáculo para consumarla. Hecha la puesta en escena, damos protagonismo a Pedro partiendo del pasaje de Juan 13,36-38. A la pregunta de Pedro, ¿dónde vas? ”, Jesús le responde: “A donde yo voy no puedes seguirme ahora”. Sin embargo, le añade una promesa: “me seguirás más tarde”. Pedro oye pero no se entera. No está en absoluto de acuerdo con Jesús de que ahora, hoy, esta noche... no puede seguirle cuando lo ha dejado todo por El. Parece que Jesús no ha valorado lo que ha hecho hasta ahora siguiendo su llamada; de ahí su respuesta que no admite lugar a dudas: “Daré mi vida por ti” Aclaremos una cosa: Pedro no miente. Cree firmemente en lo que acaba de prometer. Ha puesto todo su corazón, toda su vehemencia en estas palabras, no hay vuelta atrás. El problema, en última instancia, reside en que Pedro no lo sabe todo sobre sí mismo; Jesús sí. De ahí la divergencia radical en sus postulados. Jesús que dice “¡no puedes! “, y Pedro: ¡sí, puedo y quiero, te seguiré hasta la muerte! Respecto al saber de Jesús, decimos que conoce palmo a palmo lo que hay en el armario de Pedro, aquel que todos llevamos..., o quizá es él quien nos lleva a nosotros, y que tenemos cerrado a cal y canto a toda mirada, incluida la nuestra. Por no saber, Pedro ni siquiera sospechaba los miedos que se superponían atropelladamente en las zonas más oscuras de su armario, Jesús sí. Sea como fuere, los acontecimientos siguen su curso normal. Los miedos ocultos, incluso ignotos de Pedro, salen en estampida de su guarida a la voz autoritaria e imperiosa de... una criada. No fue la subyugante autoridad de un gobernador, un rey o un sumo sacerdote. Fue el cara a cara con una criada quien derribó la fortaleza “inexpugnable” de Pedro. Ni él mismo creía lo que estaba saliendo de su boca: ¡No conozco a ese tal Jesús!, ¡no sé de quién me estás hablando!, y así una y otra vez.
EL POEMARIO DE UNAS LÁGRIMAS Lágrimas entrañables estas de Pedro. No todas las lágrimas de un hombre caído son iguales. Están las de Pedro, las del hombre caído pero genuinamente noble; y están las de los autosuficientes, los autocomplacientes. Enternecedoras, entrañables, como he señalado antes, son las de Pedro. Nos llegan a todos al alma, tanto que nos gustaría pedírselas prestadas en nuestras caídas. Responden a un dolor, a un gemido que nos sobrecoge. Repetimos: ¡No le he amado, no le he podido amar como hubiese querido! ¿Quién soy yo en realidad que me ha quedado paralizado en el intento? Pedro quiso pero no pudo, se dio de bruces con una muralla enorme con la que no contaba. Auténtica fortaleza que se levanta desafiante y hasta burlona y que le puso en su sitio. Desde su atalaya, pregona la diferencia insalvable entre lo que es el hombre y sus pretensiones de seguir los pasos del Señor Jesús. Así de brutal y disuasorio sonó a los oídos de Pedro el canto del gallo. Sin embargo, y me apetece insistir en esto, Pedro amaba con todo su ser -aún de barro- a Jesús. Y el barro se desató en lágrimas. Presurosas por aliviar tanto dolor, corrieron atropelladamente, huidizas como si quisieran pasar página cuanto antes a tanta vergüenza y hundimiento. Parece como si liberaran una carga y opresión insoportable. De libertad se trata precisamente. Conjurándose entre ellas, forman una corriente que alcanza el punto neurálgico que sostiene la fortaleza insultante que ha humillado su amor. Las lágrimas, en su venganza, se infiltran poco a poco en la base angular de ésta minando su resistencia y haciéndola caer de bruces; exactamente como ella hizo caer a Pedro. Como, ya he hecho notar, hay otro tipo de lágrimas que corresponden a otro hombre caído. Estas son hijas de la soberbia. El dolor de este hombre no tiene nada que ver con el de Pedro. Es fruto de una frustración, el estigma de un fracaso. Son lágrimas ácidas, agrias, que más que gritar, aúllan: qué bajo he caído, ¿cómo es posible que yo, sí, yo, haya podido actuar así? Estos hombres lloran y se lamentan porque sus sepulcros blanqueados (Mt 23,27) se han deteriorado con su caída. Sepulcros cubiertos con suntuosas losas de mármol que cierran herméticamente el paso al interior, ahí donde es guardado celosamente el armario que, como ya vimos, todos los seres humanos tenemos.
En realidad, a final de cuentas el fariseo se ha encontrado con la misma muralla que encontró Pedro. Mas su reacción no está movida por el amor sino por la frustración. Ante la muralla contra la que ha chocado se ha quedado perplejo, embotado, incluso hasta embrutecido. La altura de la fortaleza que se ha interpuesto ante él está a la par de la de su jactancia y prepotencia. Hablamos del alzamiento orgulloso de todo su ser. El alma sepulcral de este hombre se resiste ante esta su realidad. Puede incluso sentir una cierta tentación acerca de la increencia. Con cierto temor se pregunta si no será mentira lo de Dios, Jesús y su Evangelio. Estas dudas que asoman a su mente golpean sus supuestos logros y avances espirituales. Siente pánico. No debería ser así, pues su poner en cuestión lo que hasta ahora ha sido su religiosidad, es por encima de todo una preciosísima gracia de Dios, es su soplo que destruye lo viejo para crear lo nuevo. UNA MIRADA QUE CREA FIDELIDAD Se puede enfrentar este paso de Dios de cara, con la elegancia que desprende toda honestidad. La verdad es que es necesario ser muy honesto para permitir que Dios, sin ningún miramiento, -así lo parece- arrase, levante, arroje contra el suelo y rompa en mil pedazos la losa de mármol que con tanto esfuerzo hemos conseguido colocar encima de nuestra conciencia. Hace falta mucho amor a la verdad para permitirle expoliamos de nuestras miserias. La verdad es que nosotros sabemos que lo son, pero el cofre que las esconde es demasiado precioso. Despojados y desnudos de nuestros pretendidos méritos, estos hombres tienen acceso a la libertad de los que buscan el Absoluto, de los que ambicionan y aspiran al Todo. La libertad de los que, levantados por El y hacia El, les es dado ver, desde la altura de Dios, los mármoles abandonados confundidos con los guijarros y arenas de las playas. Por supuesto que hay quienes se ponen al abrigo del soplo de Dios en el vano intento de proteger sus tesoros. Lo absurdo es que su corazón sabe que no tienen más consistencia que un castillo de naipes. Esto es lo trágicamente descabellado: que acepten ser hijos de la mentira y del absurdo (Jn 8,44).
Cuando cantó el gallo, Jesús vino en ayuda de este hombre torpe pero inmensamente noble. Le miró: “En aquel momento, estando aún hablando cantó un gallo, y el Señor se volvió y miró a Pedro...” (Lc 22,60-6 1). Dos pares de ojos se cruzaron. Los que le estaban dando la vida, ojos cargados de amor, y los del apóstol, que instantáneamente se cargaron de lágrimas. Con gran alivio dejó caer sus pretensiones. Ni siquiera intentó salvar los muebles de todo lo que se le estaba desmoronando. Por primera vez amó verdaderamente a Jesús. El Señor Jesús muere, resucita como había anunciado, y va al encuentro de sus discípulos. Quizá el más bello de estos encuentros es uno de los que nos relata Juan. Están los discípulos faenando en el mar. Vuelven a su trabajo anterior como si todo hubiera terminado. En esto, Jesús les grita desde la orilla. Su palabra produce, una vez más, una pesca abundante. Alguien, el discípulo amado, aquel justamente que, porque es amado como es amado y porque ama como ama tiene una luz especial en sus ojos que le permiten mirar, divisar, distinguir y reconocer más que a los otros, fuera de sí de alegría empezó a gritar: “ ¡Es el Señor!” (Jn 21,7). El grito resuena como un bramido que atraviesa el alma de Pedro. No necesita ni quiere oír ni saber más. No pregunta... va a lo suyo; parece ausente de todo y de todos. Nunca se sintió tan torpe para vestirse, consigue como puede ajustarse la túnica y, como ya he dicho, va a lo suyo; toma impulso y se echa de bruces al mar. No puede ni quiere esperar a que la barca maniobre para poner rumbo a la playa; cada segundo es un mundo para él. Lleva demasiado tiempo, demasiadas horas —cada una de ellas una eternidad- con el deseo de apoyarse, y para siempre, en el hombro del que ama su alma. Arde en ansias de dejar correr por las mejillas del que le amó con su mirada, las lágrimas que aún le quedan. Es como si recogiera el anhelo de la esposa del Cantar de los Cantares cuando salió en busca de su amado (Ct 5,6). Se arrojó primero al mar..., después a sus brazos. Se estrechó contra El. Hicieron fuego, asaron unos pescados y comieron. Al terminar dice Jesús a Pedro: ¿Me amas? Pedro le respondió: Señor, tú lo sabes todo, conoces hasta lo más escondido de mi conciencia... sabes también que te amo Jesús, que es siempre el mismo a pesar de nuestros miedos y caídas, le dice: Te prometí que te haría pescador de hombres (Le 5,10). Hoy cumplo mi palabra: ¡Apacienta mis ovejas! Le está pasando el testigo del Buen Pastor a él y a cada discípulo de todos los tiempos. Ante un amor así, ante tanta confianza depositada en él, ¿qué podría decir Pedro?, ¿hay alguien que se pueda resistir a un amor así? Sólo se puede balbucir ¡te quiero, te amo, Señor Jesús! Parece sonar como un susurro casi imperceptible, mas en realidad retumba como un trueno que deja vacíos los infiernos.
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