DE GOLES Y ABORTO

Por David Llena

Escribo el lunes después de que en los partidos del mundial que se celebra en Sudáfrica, correspondientes al día de ayer, hubiera dos errores clamorosos que influyeron de forma decisiva en los correspondientes resultados. En uno de los partidos no se concedió un gol marcado por la selección de Inglaterra que era a todas luces legal; y en el otro, subió al marcador un gol de Argentina marcado por un jugador en fuera de juego.

En ambos casos una decisión desafortunada del árbitro, que tiene el poder de decidir, fue injusta. Unos, los que sufrieron la acción y por culpa de ella tuvieron que abandonar el mundial, no olvidarán esa injusticia y quedará para siempre en el recuerdo del equipo, la afición y el país entero. Otros los beneficiados, continuarán adelante pero siempre les quedará ese “borrón” que, por decisión del árbitro, tendrá para siempre esa victoria.

Y eso pasa con las leyes injustas. Todo el mundo se dio cuenta, porque repitieron la jugada por los videomarcadores, de la ilegalidad del gol concedido pero el gol está inamovible para siempre en el marcador. Cuando se produce un aborto, muchos protestamos ante tal injusticia, pero el niño que iba a nacer no puede continuar su evolución, de forma totalmente injusta se le priva de de seguir adelante y se le desaloja del sitio que realmente le corresponde.

Y es que podrán venir otros partidos, que se podrán ganar o perder, pero aquella “mancha”, aquella “sombra” quedará para siempre en el corazón de la mujer que sufrió el aborto, de la familia…

Lástima que los defensores del aborto no tengamos tanta afición que paralicemos el país, y nos indignemos cuando muchos son “eliminados de forma injusta”.

 

HISTORIA DE NUESTRA FE (4)

Por Pedrojosé Ynaraja

¿La Fe es un fenómeno existencial o cerebral? La religión es una actitud esencial y totalmente humana.

La oración es lo más elemental. Probablemente las suplicas pecarán de egoísmo. La forma más fácil de rezar es pedir, que, por muy ambiciosa que pueda parecer esta postura, implica una cierta dosis de humildad. Si pedimos, es señal de que reconocemos que aquel a quien se le solicita, nos supera de alguna manera.

Ahora bien, antes de avanzar, es preciso examinarse. Lo primero es tener en cuenta que para vivir y progresar es necesario no ser egocéntrico, saber desprenderse de la ambición e iniciarse y progresar en la generosidad, cosa que implica un riesgo. Dar, implica desprenderse, perder algo de lo que uno tiene y hay personas cuyo único deseo es atesorar. Quieren estar siempre seguras. Por este camino se llega a la indigencia. Se enriquece uno en tanto en cuanto da, en cuanto se da.

(Recuerdo ahora un poema sublime de Tagore que explica que un mendigo se sorprende al observar que desciende de su rico carruaje alguien importante, le alarga la mano y le pide una limosna. El indigente le da un grano de trigo y el potentado marcha. Al regresar el pordiosero a casa y vaciar su saco, observa que tiene un grano de oro y se lamenta y cuan amargamente llora, por no haber tenido la valentía de darse del todo) (lamento que, por cuestiones de espacio, no lo he trascrito literalmente).

Vencido un poco el egoísmo, nunca puede uno vaciarse totalmente de él, empieza a convencerse de la bondad de Dios y a sentir agradecimiento. ¿Cómo podrá expresarlo?

A Dios no se le puede dar una limosna, tampoco un beso. Regalar puede resultar ingenuamente bello, pero no corresponder a la realidad respecto al Señor. Todo es de Él, no nos engañemos, nada se le pueda entregar que no sea ya suyo. En esta situación, se le ocurre al hombre inventar el sacrificio.

Pasan años sin que yo vaya al cine y difícilmente dedico mi tiempo a ver películas por TV, pero recuerdo ahora dos que me impresionaron. Años ha, me tocó ver “2001, una odisea del espacio” más tarde “En busca del fuego perdido”.

De la primera, recuerdo que en un momento dado, y ante la descripción de lo maravilloso que es el “cerebro electrónico” que dirige el artefacto, preparado para cualquier evento, le preguntan al técnico proyectista que lo ha montado y programado, si es capaz de amar. Responde que está preparado para actuar con amor propio, es decir, puede uno imaginar un aparato egoísta. Ser generoso es genuinamente humano.

Aunque el otro film esté centrado en la búsqueda del fuego, marginalmente, se asiste a la hominización de unos seres que inicialmente eran puros animales ambiciosos, como lo es cualquier perro o gato doméstico. Uno de estos individuos, ya de vuelta, es capaz de desprenderse de la tiranía del sexo y la ambición. Al amar a aquella diminuta hembra de la tribu rival, muestra su incipiente hombría.

La cimentación del sacrificio exige una personalidad capaz de amar. Afianzado, pues, en la generosidad y el amor, como un experimento arriesgado, fruto de su incipiente intuición, el hombre toma algo que aprecia: unas espigas o un animalito, lo eleva a Dios diciéndole: Esto que de ti he recibido, esto que es bello y que me resulta útil, te lo presento y te digo que estoy dispuesto a desprenderme de él, para que sepas que, si es preciso, yo mismo arriesgaré mi vida por ti.

Un simple ramo de flores silvestres depositado a los pies de una imagen, unos bastoncitos de incienso dejados en la cima del Everest, como hizo el sherpa Tenzing, un cirio que se deja ardiendo, son sencillos sacrificios, cosa que ningún animal, por superior que sea, se le ocurriría hacer.