¡Qué difícil es reflejar la conversación-entrevista que mantuve con ella hace una semana durante dos horas en el despacho de la parroquia donde ella ejerce funciones pastorales! Difícil porque mi pluma no es ágil para expresar la grandeza de su sencillez, la naturalidad con la que vive la coherencia de su fe, su inteligencia natural pulida con la sabiduría serena que dan los años y la experiencia de un Dios entregado a los hombres por medio de nosotros. La conocí hace casi 25 años en la guardería donde asistía mi niño. Sin percibirlo ella me fijaba en el cariño con que trataba a los niños, en todo momento y en especial cuando les tenía que quitar sus suciedades. Por aquel tiempo andaba yo cabizbaja anímicamente, el stress, lo llaman ahora. Incapaz de sonreír, admiraba de aquella religiosa su sonrisa y su serenidad. Mi hijo ha crecido sabiendo quién le cambió de dodotis durante más de un año. Al cabo de los años la parroquia nos ha vuelto a unir. Ambas echamos un cable al cura en las dos parroquias de la que él es responsable. Le propuse hacer una entrevista para Betania y ella sonreía: “qué puedo decir yo, que le pueda interesar a la gente”, era su respuesta. El ajetreo por persigue a ambas y no encontrábamos unas horas para hablar. Lo logramos hace una semana. Por razones de respeto a su intimidad no puedo entrar en detalles de todo lo que me contó. Acepté ese principio y agradecí sus confidencias. Nació en un pueblo de Ciudad Real hace 66 años. Fue una chavala normal y una joven con las aspiraciones de todas las mujeres que rondan esa edad: formar una familia. Si por aquellos años le hubieran dicho que sería Hija de la Caridad, se hubiera carcajeado por la inviabilidad del proyecto. Sus caminos eran otros. Era practicante y piadosa, es verdad, pero lo sabía compatibilizar con la amistad de los amigos. Estudió, entre otras cosas, auxiliar de clínica trabajó en un centro sanitario. Allí, unos ojos amables le observaban su trato con los enfermos y con los ancianos. Celia gozaba de esa cualidad de ser feliz haciendo feliz a los demás y esa virtud no pasó desapercibida en una Hija de la Caridad que trabajaba allí. A Celia le costó mucho tiempo y corazón decidirse y ello habla de su honestidad vocacional. Leer la biografía de S. Vicente de Paúl y su entrega a los humildes le animó a dar el salto. Era “dejar las propias redes” por las vendas de los heridos y montar a los desposeídos de la sociedad sobre la “propia cabalgadura” de sus días y sus años. S. Vicente de Paúl actuó según los signos de los tiempos. No se concebía que la vocación religiosa de las mujeres se desarrollase extramuros de los conventos. Vicente las necesitaba en la calle, en las encrucijadas del dolor. Supo sortear las dificultades de su osadía y logró un ejército de mujeres que, por no ser monjas, debían hacer sus votos religiosos anualmente. Celia sonríe hablando de las expectativas que abrió el Concilio Vaticano II. La toca dejó de ser tan aparatosa y el hábito se acortó un poco. Hoy muchas, entre ellas la propia Celia, viste de seglar, confundiéndose entre las mujeres del barrio, aunque le resulta imposible porque treinta y dos años con Rekalde, nuestro barrio, le han hecho granjearse todo el cariño del mundo. Ayer cuidando a nuestros niños y hoy a nuestros ancianos, además de ser casi imprescindible en una de las parroquias. Mucha labor callada. Mucha Benina galdosiana (personaje de la novela Misericordia) en cada Hija de la Caridad. La ingratitud, en ocasiones, de un sector de la sociedad que ve el mundo con parámetros distorsionados, que se rasga las vestiduras ante la generosidad ajena, lleva a impertinencias juveniles como las que sufrió Celia en un parque público de una ciudad del interior donde estuvo destinada unos años. Paseaba con hábito a unos niños abandonados por sus padres en situación conflictiva. Unas adolescentes se cruzaban a diario con ella mofándose de que posiblemente esos niños de esa religiosa eran hijos de ella y de algún cura. Celia aguantó la broma durante días hasta que una vez supo responderlas con severidad. Le dolía sobre todo la falta de respeto hacia esos niños. Consultó a sus superioras y se decidió que quedase exenta de la obligación de llevar hábito para que esos niños pasasen desapercibidos en el morboso cotilleo de la ciudad. Con toca o sin toca, lo cierto es que cada Hija de la Caridad es una mujer tocada por el amor de Dios y la entrega a los más indefensos. Mil gracias Celia y mil gracias a cada una de vosotras, Beninas de nuestra sociedad olvidadiza. Feli Alonso Curiel Bilbao (Euskadi) España NOTA DEL EDITOR.- Es interesante que Feli se anime a hacer entrevistas. Sería un aporte interesante, como lo es hoy la conversación con Celia.
He cambiado mi artículo para Betania por un caso que me ha ocurrido recientemente. La dueña de una de las tiendas que frecuento en mi localidad se considera no creyente, muy respetable y respetada por mi parte. Pero en lo que creo no tiene base donde fijar sus opiniones en nuestra conversación es en la práctica que ella considera inútil. Y es que para ella las vacaciones llegan y por tanto ya no deben poner en práctica lo que como supuestamente cristianos, los niños y jóvenes que se preparan para recibir alguno de los sacramentos aprenden, metamos a Dios en un cajón, metamos con El algo de naftalina por si acaso, cerremos y hasta la próxima temporada, como el abrigo de lana, ese sería su título. Mis neuronas se deben estar endureciendo pues no entiendo nada y no logro buscarle desconexión, vacaciones y fe. Con Dios no se hace el cambio de armario, para un cristiano Dios es la base en la que fijar nuestra vida, o debiera ser. El proceso catequético debiera estar presente en la vida cotidiana, en la compra diaria, en las clases, en los amigos, en el trabajo, en la mesa…. El camino hacia la catequesis creo que primero donde tiene que empezar es en la familia, como muchos aspectos de esta nuestra sociedad que la han dejado en pausa, y se cree que la educación en valores sociales, afectuosos, morales deben de tomarlos nuestros hijos de farándulas televisivas, maquinitas comecocos, diversas tribus callejeras y apuntalamientos sociales con doctrinas pasteleras. El amor, el de verdad es tan importante que no se compra en ninguna semana guay, ni en ninguna gran empresa por mucha oferta que tenga, porque eso nunca está en oferta, su precio es elevado y lleva consigo sacrificio, y esta es palabra clave que va desapareciendo entre nosotros. Comprendo que estamos viviendo en un mundo pluralista y secularizado, en el que hay formas de indiferencia religiosa que nos pueden llevar a confusión y abandono de práctica, para terminar viviendo como si Dios no existiera. Así la fe amenazada corre el riesgo de apagarse si no la alimentamos y cuidamos constantemente, en otros casos la podemos convertir en una mera pancarta de creyentes sociológicos y tradicionales. Recuerdo la pequeña discrepancia que hubo en mi parroquia sobre si los niños tomaban la comunión en el altar, porque “toda la vida había sido así”. Ya salió la tradición y se apartó el significado del sacramento que aplastaba todo razonamiento en pos de lo tradicional, pero no lo recordamos cuando hay que defender formas y modos de vivir en familia, por ejemplo. A la par de nuestros hijos, tal vez debiéramos tener una catequesis paralela para que podamos reengancharnos con ellos y mostrar un mínimo de coherencia con lo que ellos están descubriendo, comunidades y vivencias cristianas. A veces los adultos nos sentimos como niños debajo de una piñata, el ruido social nos pone una venda y no nos deja ver qué camino tomar, hacia donde dar el golpe, nos encontramos faltos de recursos y ayudas. La oración nos puede ayudar a interiorizar para intentar conocer mejor al Señor e intentar seguirle, amarle. Decía mi profesora de historia del arte que cuando uno llega por primera vez a la Plaza de San Pedro de Roma y ve las columnas de Bernini que la rodean, le parece que todo está desordenado, que parece más un bosque que un conjunto simétrico y organizado. Sin embargo hay dos puntos en el suelo desde los cuales se percibe muy bien la maravillosa alineación de las moles de piedra en una elipse perfecta. Con los problemas humanos ocurre lo mismo, la oración nos da el punto para tener otra visión de lo que nos rodea. La oración que no hay que ponerla en la maleta y enviarla lejos para hacerla volver dentro de cuatro meses, sino que podemos tenerla cerca, tan cerca como queremos que el Señor esté entre nosotros, El no se aparta, lo aparcamos nosotros para entrar en el ruido del verano, de lo que se nos quiere vender. Carmen Ramos Tordesillas, Valladolid, España NOTA DEL EDITOR.- Es oportuno el tema planteado por Carmen. La realidad es que en el verano muchos cristianos cambiar de hábitos y no mantienen su religiosidad habitual. Siempre los viajes y los cambios de residencia producen algún problema. Pero lo cierto es que en todos los sitios está Dios y hay muchos sagrarios repartidos por la mayoría de los países cristianos que frecuentan todos los lectores de Betania. En España se hace un esfuerzo pastoral muy especial para atender a los veraneantes en aquellas parroquias que reciben a mucha gente de vacaciones.
Yo, como el Editor, volví a la fe muchos años después de dejar mi paso por las iglesias. Prácticamente lo dejé siendo un niño y regresé más tarde que el Editor, casi a los sesenta años. Mi hijo –que de momento no es creyente ni practicante—dice que yo de parte viejo le he visto las orejas al lobo y que por eso me he vuelto ahora un beato. Mi hijo es muy bromista, pero “a lo peor” tiene razón… Yo tengo mi historia de conversión o de vuelta que para mi es un todo muy valioso. En fin, por eso siempre he leído con mucho interés los testimonios del Editor, los cuales me sirven para seguir. En su última carta, la de “FE, OBJETIVIDAD, LIBERTAD Y VERDAD”, dice cosas que a mi me han ocurrido. En mi vida profesional, en mi paso por la política, mis ideas, mis planteamientos estaban siempre dominados por un uso excesivo del yo. Yo siempre estaba delante y todo pasaba por mi filtro. Cuando vuelvo a Jesús me apercibo que ya no puedo engañarme a mi mismo. Por supuesto, que no puedo engañar a nadie, pero menos a mí. Y eso incluye un uso de la objetividad que ayuda mucho en la búsqueda de la verdad. Pero he encontrado a personas que como yo, antes, en el trabajo o la política, utilizan su subjetividad, su yo, como medida de todo y hacen mal y lo pasan mal. En fin, a mi se me ocurre que el Editor podría escribir de seguido y ordenadamente sus memorias sobre su conversión, haría mucho bien a muchos. Y, bueno, decir que su Carta de esta semana me ha gustado mucho. Pere Domenech Barcelona, Cataluña, España NOTA DEL EDITOR.- Pere –Pedro en castellano—nunca había escrito a Betania, ni sabíamos nada de él. Nos ha llamado mucho la atención su conocimiento de Betania. Le invitamos, muy vivamente, a que escriba cuando quiera.
Siento que mi encuesta no les haya llegado, creo que he interpretado bien el cuestionario. Me alegro que admitan que el problema es de ustedes, del equipo de Betania, pues en esto de Internet y de las nuevas tecnologías siempre uno cree que quien se equivoca él. Opino que es útil el regalo de libros y que lo deberían hacer regularmente, sin encuesta o sin ella. Voy a esperar unos días para enviar otra vez la encuesta. Saludos cordiales desde Perú Bernardo Gómez Lima, Perú. NOTA DEL EDITOR.- Bernardo de Lima tiene toda la razón. Las deficiencias en el envío de las respuestas de la encuesta son en su 90 por ciento problema del modelo elegido. Estamos intentando cambiarlo. En cuanto al obsequio de libros decir que tiene su dificultad y, sobre todo, el coste del envío. Pero todo se andará.
Leo con frecuencia a Pedrojosé Ynaraja y no me pierdo ningún domingo su homilía joven. Lo que no entiendo es por qué esta haciendo serie de su trabajo sobre la “Historia de Nuestra fe”. Él ha publicado cosas muy largas en Betania y recuerdo una muy extensa vigilia de Pascua que, creo, publicó esta última Pascua. Supongo que tras publicada la serie lo publicará en Betania todo junto, pues interesarme me interesa. Carmen Sevilla, Andalucía, España NOTA DEL EDITOR.- Carmen, como se recordará, es lectora habitual de Betania desde hace mucho tiempo. La serie del padre Pedrojosé Ynaraja se debe a que, simultanea, la publicación de los artículos de nuestra sección de Opinión con los mismos, pero en catalán, que se publican en el semanario “Catalunya Cristiana”, que tendrá espacio limitado. Realmente, algo similar sucede aquí en “Opinión”. Si los textos fueran más largos tendrían que ir, por ejemplo a “Reportaje”.
Todo comenzó con Moisés. “¿Quién les digo me manda a decir estas cosas?” Es que la criatura desde el comienzo del uso de razón quiere explicar, encuadrar, lo divino - ha sido hecha a la imagen y semejanza ¿de qué, de quién? - e inventó la teología, el estudio de la divinidad, para darle una respuesta a ese anhelo suyo tan humano, tan divino. “Déjame ver tu rostro”, insistía Moisés. A la criatura le pareció que la idea de un dios invisible era un vacío y fabricó imágenes, no por idólatra, si no para, dándole un rostro visible a Dios, llenar ese vacío existencial que le roía el corazón. La criatura necesitaba un espejo para, con su imagen reflejada, poder percibir la imagen divina, poder vislumbrar su semejanza a Dios. Jesús pregunta a sus discípulos, “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”. Jesús, el que más claramente ve la imagen de Dios, siendo Dios mismo, les manipula con su pregunta. Les quiere llevar a un conocimiento mayor: a que se fijen, a que presten atención a lo que tienen frente a sus ojos. Ha estado con ellos todo ese tiempo y no le conocen. En una ocasión les había dicho, “Quien me ve a mí, ve a mi Padre” y no les cabe en la cabeza que sea así, y tras la pregunta le aplican cada epíteto que demuestra que no han reconocido su verdadera naturaleza. Le faltó a Jesús contestar a la pregunta original de Moisés con otra pregunta a sus discípulos: “Y vosotros, ¿quién decís que sois?”. Para llevarlos a contemplar a Dios, no sólo en él – en Jesús – sino en ellos mismos... Y para llevarlos aún más allá, a contemplar a Dios en los otros sus prójimos – como cerrando un círculo místico – les había dicho, “Lo que hagáis a uno de estos mis pequeños, a mi me lo hacéis”. Palabras de Dios que a través de los tiempos, como semillas caídas en tierra estéril, no han logrado germinar completamente en el corazón de la criatura y que al día de hoy todavía no logramos descifrar. Y no acabamos de caer en cuenta de que somos UNO con Dios mismo... Fernando Puerto Rico NOTA DEL EDITOR.- Fernando de Puerto Rico es sin duda uno de nuestros más antiguos lectores. Fue muy activo muchos años en esta sección. Ahora escribe mucho menos, pero siempre son muy bien venidos sus comentarios. Gracias Fernando por tu perseverancia
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