LA CRISIS ECONÓMICA Y LA ACTITUD DE LOS CRISTIANOS

Sabemos que la crisis económica sigue teniendo una incidencia muy fuerte en España y que cada vez hay más personas en dificultades. Y aunque hay un sistema de subsidios para evitar los efectos del desempleo, la realidad es que muchas familias que no les llegan tales subsidios, por razones varias y, sobre todo, porque no cotizaron a la Seguridad Social o no fueron dados de alta en la misma por sus empleadores.

El termómetro de esta dificultad extrema lo miden perfectamente las Cáritas parroquiales de muchos lugares de España. Primero fueron las parroquias situadas en las grandes ciudades las que comenzaron a ver los graves problemas, pero ahora llega a todo tipo de poblaciones. Una parte de las necesidades más imperiosas se producen en la población inmigrante, pero cada día crece más el nivel de indigencia entre ciudadanos españoles.

La labor asistencial de la Iglesia española, en este sentido, es muy importante y suple en la medida de las posibilidades las acciones donde ya no llegan los subsidios o ayudas del Estado o de los organismos públicos. Como es lógico desde los despachos de Cáritas no se pregunta que derechos tienen o no tienen y, simplemente, se intenta facilitar ayuda. Hay una realidad muy cruda. Ya desde hace muchos meses desde las parroquias se piden alimentos no perecederos. Hay falta de comida y de recursos para comparla. Yo no funcionan las bolsas de trabajo, que en los primeros momentos de la crisis pudieron dar su resultado. Es ayuda de lo más primaria.

Los cristianos no podemos evadirnos de una situación como esa y, por ejemplo, marcharnos de vacaciones como si nada ocurriera. La necesidad es tan grande que, probablemente, lo más evangélico sería comenzar a compartir los dineros previstos para gastos más o menos superfluos como pueden ser las citadas vacaciones. u otro tipo de ocio o consumo, que son perfectamente prescindibles para los que todavía tenemos trabajo o recursos, y así poder ayudar a los más necesitados.

Y aunque parece que algunos síntomas de macroeconomía en la realidad española van mejorando, eso no significa que vayan a resolverse los graves problemas que nos aquejan. El retroceso ha sido grande y pasarán muchos años hasta que estos problemas puedan resolverse. Y la cuestión es que, como decíamos, los cristianos no podemos mirar para otro lado o conformarnos con culpar a estos o aquellos como causantes de la crisis económica. Tenemos que ayudar sin más, sin preguntar más.

Betania quiere, además en este editorial, rendir homenaje a los miles de personas que, en España, trabajan en los despachos parroquiales de Cáritas, porque están trabajando muy duro e, incluso, con enorme dedicación y gran ingenio para ir resolviendo problemas. Y pedimos a nuestros lectores que no se queden sordos o mudos o impávidos ante tanta necesidad. Hay que ayudar. Mucho. Y ya mismo.


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