EL NOMBRE DE BETANIA Por Ángel Gómez Escorial No sé si yo, a la postre, doy un poco la tabarra a los lectores de Betania con mis recuerdos relativos a mis cuestiones de creyente, o a los pasos que se dieron para lanzar esta web. La realidad es que no pretendo que nadie me escriba una biografía, pero entiendo que la aventura de Betania es grande, que dentro de poco cumplirá 14 años, que no ha fallado nunca --¡bendito sea Dios!—en su presencia semanal en la Red y que tiene un importante número de lectores, la mayoría de los cuales son extraordinariamente fieles. En fin, que una vez más voy a escribir unas líneas sobre estas cuestiones “biográficas”. La escena evangélica de Lucas que se proclama en este Domingo XVI del Tiempo Ordinario transcurre en Betania, la aldea cercana a Jerusalén, donde vivían los hermanos María, Marta y Lázaro. Y siempre he considerado que dicho relato evangélico contiene como un mensaje onomástico para la web Betania. Y así solemos celebrarlo año tras año. LAICOS CONVERTIDOS ¿Cómo se me ocurrió el nombre de Betania? Pues a poco de convertirme –en estos días de julio se cumplen los 19 años—entendí que en mi nueva condición de cristiano debería utilizar mi oficio de periodista para transmitir la palabra de Dios. Me habían impresionado mucho las figuras, por ejemplo, de laicos que habían dedicado su vida desde su conversión a transmitir el mensaje de Dios. Los dos que más: San Agustín y San Ignacio de Loyola. Y, muy especialmente, Ignacio. Pero también, y mucho, Ángel Herrera Oria. Había fundado en los años veinte y treinta del siglo pasado una serie de medios periodísticos para mejor transmitir la Palabra de Dios, dentro del ambiente de la Acción Católica. Hoy todavía permanecen la Biblioteca de Autores Cristianos (BAC) y la Asociación Católica de Propagandistas. La Editorial Católica, tal vez, su obra preferida hoy no existe, pero está perfectamente en el recuerdo el Diario Ya. En fin, fue un laico muy creativo que después se hizo sacerdote y llegó a obispo y a Cardenal. SEMANARIO IMPRESO Bien. Pensé en crear un semanario impreso, cuya historia principal, cuyo tema “fuerte” de cada semana, estuviese inspirado en el evangelio dominical. Por ejemplo, el domingo que tocara el relato del Hijo Pródigo pues se dedicaría a narrar, en clave actual, la relación de los hijos con los padres, y de los padres con los hijos, cuando existen grandes bienes que transmitir. Me daba cuenta que todos los evangelios dominicales tenían un evidente reflejo con la realidad y que desde la óptica cristiana era muy fácil encontrar argumentos informativos y de opinión. No tenía título. Y una mañana desperté con el nombre de Betania en la cabeza. No sabia mucho de Betania, pero en seguida me di cuenta que era el nombre ideal: un lugar cercano a Jerusalén donde Jesús descansaba con sus amigos. E, incluso, registré como marca el nombre de Betania en Registro español de Marcas. Registrar un marca no es barato, pero consideré que era importante. Como editor en ciernes tenía otros registros preparados como títulos de revistas. Algunos he llegado a utilizar, otros, no. No tenía fecha para editar el semanario de pensamiento cristiano. Y un día surgió la posibilidad de Internet. Y comencé. INCULTO DEL CRISTIANISMO. La web al principio sólo tenía las lecturas del domingo. Y añadía Una interpretación mía, en plan moderno, del evangelio de la semana. No tenía ni idea de que ello se llamara homilía. También, una reseña de un libro religioso y algunos comentarios de los lectores que, enseguida, comenzaron a llegar. Yo había sido un alejado de la fe, y mucho. Y, sobre todo, era un completo inculto del cristianismo. Mis conocimientos de otros temas eran muy superiores a los que tenía del cristianismo. Mi cultura general era muy amplia. De cristianismo, casi cero. Pero había descubierto la perla más preciosa. Y todo fue poco para ir aprendiendo. Y nunca leí tanto, ni nunca tuve tanta facilidad para entender lo que leía. Era como si ya me lo hubieran contado antes. La sección de “El Libro de la Semana” de Betania me ayudó mucho. Por lo menos a leer un libro religioso a la semana. La elección era completamente propia. Entraba en una librería religiosa y compraba lo que me llamaba la atención. En fin lo demás, es más o menos conocido, aunque, realmente, yo quise crear una web para atraer alejados y, al final, ¡bendito sea Dios!, Betania ha crecido como una página en la que entran muchos sacerdotes. Las facilidades litúrgicas, las moniciones y las homilías les deben ayudar. Pero, en efecto, fue el nombre de Betania, que me fascinaba en sí mismo, y la posibilidad de definir un lugar hermoso donde Jesús de Nazaret descansaba lo que, en definitiva, me atrajo especialmente para dar nombre a una wb religiosa.
|