1.- PENSAMIENTOS PARA EL CAMINO DE SANTIAGO Por Javier Leoz *No busques a Dios en el camino pero, no lo dudes, haciendo el camino hacia Santiago no dejes de buscar a Dios dentro de ti. Seguro que, tarde o temprano, andando lo encuentras. *Si vas hacia Santiago no intentes adaptar el tiempo de Dios a tu reloj, no quieras reducir a Dios a tu espacio. ¿No es mejor amoldar nuestros pasos al camino que, no el camino, a nuestros pasos? *Algo nos lleva hacia la tumba del Apóstol. Unas veces la fe y, al día siguiente, nos invade la duda. Por la mañana el júbilo y, cuando regresa la noche, la incertidumbre. Y es que, un apóstol, es alguien que está en permanente búsqueda, crisis y encuentro consigo mismo. *Jesús, al pasar por el lago, encontró buenos amigos. Algo así ocurre con el Camino de Santiago: miras hacia el cielo y te regala estrellas; miras hacia un lado y otro…y no puedes ver sino amigos. *Llegar a Santiago no es una meta sino, por el contrario, un punto y seguido. Es el comienzo de algo nuevo: una fe renovada, un espíritu sencillo, ligeros de equipaje, con los ojos puestos en lo eterno. *Los hombres y mujeres de nuestro tiempo vamos mendigando amor. Nos parece ser autómatas, dueños de todo y….en el fondo necesitamos un poco de cariño. El Camino de Santiago ofrece y da lo que tiene: amor de Dios para el que lo busca. *El Camino, aunque nos parezca lo contrario, empieza en Santiago. Una boda no es un final, es el inicio de una aventura, juntos. Cuando un barco se bautiza, no es algo definitivo…es el comienzo de una travesía todavía no escrita. *Al llegar a Santiago se sienten varias cosas: no son necesarios los zapatos, sino las ganas de caminar; no es urgente el comer, sino el apetito de lo esencial; no cuenta el camino recorrido……sino el horizonte que el apóstol enseña: el Señor. *El Camino de Santiago es un inmenso desierto en el cual, cuando uno avanza, siente que se fortalecen el alma, el corazón, el espíritu y que adelgaza el cuerpo. *Los peregrinos, cuando coinciden en el Camino, debieran de pensar algo que sólo lo puede ofrecer Dios: el peregrinar les ha hecho conocerse pero, el mensaje de Santiago –la eternidad- les hará de nuevo coincidir como moradores en la Vida Eterna. *Cuando se inicia el Camino hacia Santiago hay que preguntarse dos cosas: ¿Por qué voy? Y ¿Hacia dónde voy? Si peregrino porque busco al Señor, merece la pena el esfuerzo y, si lo hago porque me aguarda un Alguien en el cielo, es cuando la peregrinación se convierte en un valor eterno. *No te de miedo abandonar a los tuyos para ir hacia Santiago. Entre otras cosas porque, en ese Camino, Dios te guarda una sorpresa: encontrarte contigo mismo. *Hay peregrinos que piensan que lo esencial es el camino. Si por lo que sea, un día te decides hacerlo, marca bien el sendero pero, sobre todo, no olvides qué quieres encontrar en su destino. *Cuando avances en el Camino de Santiago sentirás dos sensaciones: la soledad y la compañía. Al principio se te hará duro pero, luego, siempre un Alguien iluminará la ruta compostelana: Dios *Al iniciarse el Camino uno lo hace con incertidumbre ¿qué me espera el trayecto? Y, al culminarlo, siempre viene un pensamiento: ¿Por qué me siento distinto? *Una de las cosas más positivas del Camino es que no existe el reloj. El horizonte, el mañana, el paisaje, el arte, la oración, el agua del arrollo, la historia de cada pueblo y ciudad…..hace que el peregrino camine en un auténtico paraíso sin más calendario que el sentir que está amaneciendo o anocheciendo.
2.- LO QUE SUPONE EL CAMINO Por David Llena Siendo este año, Año Santo Compostelano, y este domingo el día de Santiago Patrón de España, es certero hacer una reflexión sobre lo que supuso para mí hacer el camino de Santiago hace justamente un año, desde la perspectiva de los que ya han vuelto, han descansado, han curado sus pies, pero que todavía guardan en el alma, ya más sosegada, los pasos y sensaciones de aquellos días. Lo mejor, y eso es importante en nuestra vida, es cambiar la rutina. Ahora, durante el camino, la rutina está alejada de la televisión, de nuestra casa, de nuestras comodidades, pero también nuestro tiempo… ahora nuestro tiempo es para caminar. Durante seis o siete horas: caminar. ¡Qué distinto de nuestra vida sedentaria! Y esas horas dan para mucho, esas horas son para mí y el camino, para los que me acompañan y para mi soledad, y todas esas cosas nos acercan a Dios. ¿Cuántos caminantes por estos caminos? ¿Cuánta fe ha movido a millones de personas durante los últimos siglos a pisar por donde nosotros estábamos pisando? El paisaje, nos invita a pensar en el Creador, el caminar en Aquel que nos acompaña, el cansancio en Aquel que repara nuestras fuerzas, nuestros pies doloridos en los de aquellos que sufren e invocan a Cristo. Y al finalizar el día, lavados nuestros cuerpos y curadas nuestras heridas nos presentamos en la Casa del Padre para dar gracias y pedir por la próxima jornada. ¿Y qué es la vida sino un caminar hacia Dios? Un caminar acompañado por todos los que viven nuestro tiempo, siguiendo los pasos de otros que ya llegaron y marcaron la senda a seguir. Flechas amarillas, conchas indicadores de distancia, se asemejan a los Mandamientos, advertencias consejos que Nuestra Madre la Iglesia nos pone en el camino para guiarnos. Podemos hacer caso o no, pero si queremos llegar al final ellos nos muestran el sendero. Otro aspecto resaltable, y que viene muy bien para darnos cuenta de nuestra psicología, es lo duros que se hacen los dos primeros días. Parece que no seremos capaces de aguantar esta transformación. Sin embargo, el paso de los kilómetros, va borrando esas dudas y nos va llenando de confianza. Lo mismo ocurre en la vida interior, cuando Dios nos pide una cosa la vemos imposible y nos cuesta mucho al principio, pero si perseveramos, cueste lo que cueste, nos encontramos con que el caminar se vuelve sencillo. ¡Confiemos siempre en Dios! ¡Él es el Camino recto! ¿Cuántos miedos se superan con el solo gesto de confiar en Dios? Miedos presentados por el Maligno que nos reta: ¡No serás capaz! ¡No podrás con tus fuerzas! Sin embargo, los cristianos podemos con la fuerza de Dios, debemos lanzarnos a caminar, será duro pero Él nos sostiene y conforta. Es una gran experiencia, encontrarnos con Dios a través del camino, encontrarnos con nosotros a través del camino, encontrarnos con el hermano a través del camino.
3.- LA IGLESIA Por Pedrojosé Ynaraja La Iglesia de Dios. Esposa amada de Jesucristo. Madre nuestra querida. No sé si se le pueden dar otros títulos, con ellos me basta. En la actualidad hay gente que practica el deporte de denigrarla, se dice que se ha levantado la veda. En este, como en tantos casos la ignorancia es atrevida y agresora. Casi siempre, quien así de ella habla, se está refiriendo a la Jerarquía y de ello me voy brevemente a ocupar. El símil que utilizaré parecerá estrambótico, nadie me negará su actualidad. Se me ha ocurrido viendo dos fotografías. Me ahorro descripciones prolijas. La primera es de la prensa diaria. El artículo se refería a las disposiciones que dictará la autoridad municipal de un pueblo de la Costa Brava. Afirmaba que se prohibirá ir por el casco urbano en atuendo propio de la playa y se ilustraba con la fotografía de unas atractivas señoritas, paseando en bikini por la calle. Hay que reconocer que habían sabido escoger a las espontáneas modelos. La otra procede de Internet. Se comentaba que habían salido a subasta tres radiografías torácicas de Marilyn Monroe y se había pagado un buen precio por ellas. Se acompañaba de una reproducción. Cualquier lector se podrá imaginar la imagen. Presentaba una clara visión del tejido óseo y poca cosa más. Ninguna belleza tenía la estructura, que semejaba la maqueta de un monumental proyecto de Calatrava. Líneas de aguante atrevidas, flexibilidad y encajes perfectos. Seguramente se sometió la artista a un examen radiológico, sin perder por ello, la que dicen era espectacular belleza. Pero los rayos Rotgen solo fueron capaces de grabar en la placa fotográfica unas imágenes que a nadie encandilarían. Y recuérdese que eran de la que enloqueció a más de uno. Una mujer con belleza física, cierta inteligencia y simpatía y un corazón insatisfecho, que buscaba atolondradamente amar y ser amada. Una interioridad espiritual plagada de luchas, desaciertos y ensueños. Esa era su realidad más autentica. En la escala de los seres vivos nos definimos como cordados y, más concretamente, vertebrados. Son conceptos fundamentales de nuestra corporeidad. Uno no es capaz de imaginar a un individuo carente de esqueleto. No obstante ser verdad lo dicho, excepto a quien le pueda interesar la patología ósea, nadie pensará en este tejido al ver a un individuo o contemplar un acertado retrato de él. Dicho esto, perdóneseme la comparación que utilizaré. La Jerarquía es el esqueleto de la Iglesia. Así como sabemos que hay personas privadas de audición, otras que le falta una pierna o que les queda un solo riñón, nadie puede imaginar un organismo humano vivo, carente de esqueleto, lo repito. A un precioso tablón de pino-oregón, puede encontrarle múltiples defectos un constructor de guitarras clásicas. Un carpintero apreciará uno de pino-valsain, que no le servirá a un decorador, quien preferirá los decorativos nudos de uno de Soria. Para un profano, un brillante es una joya, carbono puro cristalizado, tallado en 56+2 facetas. Esa es la definición, pero enseñad uno a un experto joyero y os hablara de tonalidades y fracturas internas y de aciertos e imperfecciones de la talla. Los expertos ven defectos. Los profanos admiramos un rojizo tablón de oregón que se luce en una repisa, una viga de melis, que sostiene un techo o una maravilloso anillo. La Santa Madre Iglesia es una rica joya de cuya vitalidad gozamos o los esbeltos troncos de una pérgola, bajo la que muchos nos cobijamos. Todo quisque tiene derecho a sacarle faltas pero será injusto e incorrecto quien solo se fije en ellas, como quien de Marilyn solo supiera como era su esternón y sus costillas.
4.- EN EL DÍA MUNDIAL DE LOS ABUELOS (26 de Julio 2010) Por Ángel Gutiérrez Sanz Entre las grandes conquistas logradas por el hombre en los últimos tiempos hay una, que aún no siendo la más espectacular, es la que más directamente nos afecta a los humanos. Me estoy refiriendo a la longevidad, que ha alterado de forma sustancial la situación del hombre y de la mujer. Hoy son muchos los viejos que están viviendo el equivalente a dos vidas de épocas pasadas y no es sólo que hoy se viva mucho, sino que se vive mejor. La vejez de antes se corresponde con la madurez de ahora Aún con todo el hecho inapelable es que la vejez tarde o temprano acaba por llegar a nuestras vidas y con ella los achaques, las molestias y las limitaciones que le son propias. La vejez siempre es lo último, después ya no hay nada más. Con ella hay que contar por más que nos empeñemos en negarla, ocultarla o cambiarla de nombre, llamándola “tercera edad”. En nuestra cultura apenas se habla de ella y cuando se hace es para descalificarla y mirarla con desdén, éste es el gran fallo de nuestro tiempo, que contrasta con los logros conseguidos en alargar la vida. Cuando hablamos de los abuelos, pensamos instintivamente en gentes disminuidas física y psíquicamente que precisan de asistencias sanitarias, que necesitan del cuidado de otras personas, y esto es verdad; pero olvidamos algo muy importante como es el gran problema de soledad con el que muchos de ellos se enfrentan. El gran drama de la mayoría de los abuelos hoy, es sentirse abandonados, como si fueran unos apátridas que no entienden ya la cultura vigente, ni la gente que les rodea comprenden la suya. Pocas cosas tan dolorosas como ésta. De una u otra forma la vejez tiene como compañera inseparable la soledad, por eso en la medida que estemos preparados para afrontarla, lo estaremos también para afrontar la vejez. Las mujeres sobrellevan mejor la vejez que los hombres, porque tienen más capacidad de soledad, de interiorización, de intimidad. Si previamente no aprendemos el arte de envejecer, estaremos condenados a ser unos viejos insatisfechos Todos debiéramos ser conscientes que al igual que todas las estaciones del año tienen su lado bueno, también lo tienen las edades de la vida El Ocaso de la humana existencia también posee su encanto. Como sucede con los vinos de solera, son los años los que van prestando el mejor aroma y sabor a los afectos y sentimientos, son los años los que nos ayudan a encontrar la serenidad de ánimo, el equilibrio emocional, los que hacen posible la reconciliación definitiva con nosotros mismos y con los demás En el dialogo ciceroniano “ De Senectute” se pueden leer estas palabras: “ Los que encuentran todos los bienes dentro de sí, nada de lo que acontece por necesidad dentro de la Naturaleza les puede parecer malo. En este género de acontecimientos ocupa el primer lugar la vejez”. Es cierto que lo positivo de la vejez permanece oculto y no es fácil de descubrirlo; pero existe; hay que buscarlo en el espíritu que no en el cuerpo. “Cuando envejecemos, nos recuerda Rialp Waldo, la belleza se convierte en una cualidad interior” Todos hemos tenido ocasión de ver reflejada en la mirada profunda de alguna persona mayor, la serenidad tranquila que emana de su alma. Ana Cintra, la madre sacrificada que día a día ofrendó su vida para sacar su familia adelante, nos cuenta que en una ocasión su hijo pequeño, con la curiosidad del niño que oye una palabra por primera vez le preguntó: ¿Qué es la vejez? Ana le miró fijamente y mostrándole sus ojos hundidos y su rostro surcado por las arrugas, le dijo, aquí la ves reflejada, a lo que el niño sólo pudo responder: Mamá ¡Qué bonita es la vejez! Cuando ese momento llegue, lo mejor que a uno le puede pasar para no morir de soledad, conservar la fuerza interior y no perder las ganas de vivir, porque el arte de envejecer está en mantener viva la esperanza, en poder despertar cada amanecer con ilusión, pensando que el día más ser hermoso de nuestra vida está aún por llegar. |