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Hemos preparado está página especial sobre la Jornada Mundial de la Juventud, de Madrid. Tiene por fin este espacio, informar sobre los días centrales de la Jornada y sobre la visita del Papa Benedicto XVI. Ya con el Papa en Madrid consignamos aquí esta especie de sumario sobre la Jornada y la presencia de Benedicto XVI en la capital de España. Las informaciones van todas seguidas.

1.- Programa del Papa en Madrid

2.- Carta del Editor con las crónicas de cada una de las Jornadas

3.- Noticias donde ofrecemos los discursos y homilías –todo ello en texto íntegro-- de los diferentes acontecimientos.


El Papa en Madrid


Programa del Papa Benedicto

Roma

9.30. Salida en avión desde el aeropuerto de Roma Ciampino hacia Madrid

Madrid

12.00.- Llegada al aeropuerto internacional de Madrid Barajas

Ceremonia de bienvenida en el aeropuerto internacional de Madrid Barajas. Discurso del Santo Padre

19.15.- Paseo con algunos jóvenes por la Puerta de Alcalá en la Plaza de la Independencia de Madrid

19.30.- Fiesta de acogida de los jóvenes en la Plaza de Cibeles de Madrid. Discurso del Santo Padre

Viernes 19 de agosto de 2011

7.30.- Santa Misa en privado en la Capilla de la Nunciatura apostólica de Madrid.

10.00.- Visita de cortesía a SS. MM. los Reyes de España en el Palacio de la Zarzuela de Madrid

San Lorenzo de El Escorial.-

11.30. Encuentro con religiosas jóvenes en el Patio de los Reyes de El Escorial. Saludo del Santo Padre

12.00.- Encuentro con profesores universitarios jóvenes en la Basílica de San Lorenzo de El Escorial. Discurso del Santo Padre

Madrid

13.45.- Comida con jóvenes en el Salón de los Embajadores de la Nunciatura apostólica de Madrid.

17.30.- Encuentro oficial con el Presidente del Gobierno en la Nunciatura apostólica de Madrid.

19.30. Vía Crucis con los jóvenes en la Plaza de Cibeles de Madrid. Discurso del Santo Padre

Sábado 20 de agosto de 2011

9.00.- Confesión de algunos jóvenes de la XXVI JMJ en los Jardines del Buen Retiro de Madrid

10.00.- Santa Misa con los seminaristas en la Catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid. Homilía del Santo Padre

12.45. Comida con los cardenales de España, los obispos de la provincia de Madrid, los obispos auxiliares de Madrid y el séquito papal en la residencia del cardenal arzobispo de Madrid.

17.00. Encuentro con los Comités organizadores de la XXVI JMJ en la Nunciatura apostólica de Madrid

19.40. Visita a la Fundación Instituto San José de Madrid. Discurso del Santo Padre

20.30. Vigilia de oración con los jóvenes en el aeródromo Cuatro Vientos de Madrid. Discurso del Santo Padre

Domingo 21 de agosto de 2011

9.30. Santa Misa de la XXVI Jornada Mundial de la Juventud en el aeródromo Cuatro Vientos de Madrid. Homilía del Santo Padre

Rezo del Angelus Domini en el aeródromo Cuatro Vientos de Madrid. Palabras del Santo Padre

12.45.- Comida con los cardenales de España y con el séquito papal en la Nunciatura apostólica de Madrid

17.00. Despedida de la Nunciatura apostólica de Madrid

17.30. Encuentro con los voluntarios de la XXVI JMJ en el pabellón 9 de la Feria de Madrid-IFEMA. Discurso del Santo Padre

18.30. Ceremonia de despedida en el aeropuerto internacional de Madrid Barajas. Discurso del Santo Padre

19.00. Salida en avión desde el aeropuerto internacional Barajas de Madrid hacia Roma

Roma

21.30. Llegada al aeropuerto de Roma Ciampino


POR ÁNGEL GÓMEZ ESCORIAL

PRIMERA JORNADA

Espera y Recompensa

La realidad es que se había trabajado mucho para que la Jornada y la presencia del Papa Benedicto pudiera ser un éxito. Los organizadores de la JMJ, contagiados, del rigor y de la exactitud del Vaticano, habían trabajado con eficacia. El inicio oficial de la JMJ de Madrid había sido la misa multitudinaria en la Plaza de Colón de Madrid, oficiada por el Cardenal Arzobispo, Antonio María Rouco Varela, el miércoles 17 de agosto, quien pronunció una homilía de bienvenida a todos los peregrinos y que fue, asimismo, un resumen previo –un buen exordio—de que lo iba a ser la JMJ.

A las doce de la mañana del jueves día 18 el Airbus pontificio, con los colores de Alitalia, y el escudo vaticano en su fuselaje, aterrizaba en el aeropuerto de Barajas. Nada más aparecer en la escalerilla del avión se produjo una estruendosa ovación de las personas que esperaban la llegada del Pontífice. En seguida comenzó la recepción oficial, presidida por los Reyes de España, Don Juan Carlos y Doña Sofía. El Papa Benedicto utilizó su primera alocución en el aeropuerto como un primer saludo a los jóvenes peregrinos. El Rey de España, además de la bienvenida al Santo Padre planteó en su discurso la necesidad de que los jóvenes tengan esperanza ante el futuro y tengan la ayuda suficiente para cumplir sus expectativas. También, estuvo presente en la recepción oficial el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero y la presidenta de la Comunidad Autónoma del Madrid, Esperanza.

Y, en fin, el primer contacto con la población de Madrid no pudo ser más halagüeño. El Papa, por la tarde, conocería los alrededores de la Plaza de la Independencia acompañado de algunos jóvenes peregrinos. Luego a las siete y media de la tarde se inició el acto de acogida de los peregrinos al Papa en la Plaza de la Cibeles, frente al nuevo Ayuntamiento y antiguo Palacio de Correos. El mensaje del Santo Padre fue, sobre todo, de paz y de esperanza y los jóvenes lo entendieron muy bien.

 

SEGUNDA JORNADA

Familia, Historia y Cultura

Parece como si el Papa Benedicto hubiera deseado dar a la jornada del viernes 19 un contenido familiar y cultural. Celebró su misa privada en la tranquilidad de la Nunciatura Apostólica para luego trasladarse al Palacio de la Zarzuela y tener un encuentro, sin duda, entrañable con la Familia Real española.

Iba a pasar una buena parte de la jornada en el entorno del Monasterio de San Lorenzo del Escorial, obra pública fundamental del Rey Felipe II y que fue, durante muchos años, considerado como Maravilla del Mundo. El primer encuentro del Benedicto XVI fue con religiosas jóvenes. El Papa Ratzinger tiene un especial amor por las religiosas y está preocupado y ocupado en que esa línea de consagradas, tan querida por la Iglesia, sigua fuerte y pujante. Y, por ello, el conjunto de esas mujeres jóvenes presentes en el Patio de los Reyes dieron un muy emotivo recibimiento al Vicario en la Tierra del Esposo, probablemente la más cariñosa expresión de todo esto singular viaje.

El encuentro con profesores universitarios jóvenes fue un deseo muy especial de Josep Ratzinger siempre especialmente unido al movimiento universitario y siempre pendiente del mismo. Este encuentro tuvo lugar en la Basílica de San Lorenzo y el discurso del Santo Padre fue, sencillamente, muy notable. Decir que nuestro buen amigo y colaborador de Betania, David Llena estuvo entre los invitados a este acto y, en cierta forma, nos representaba a todos los que hacemos Betania.

Regresado a Madrid tuvo un almuerzo con jóvenes en la Nunciatura y allí recibió –era el segundo encuentro con el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. A su vez, hubo un encuentro diplomático entre el Cardenal Tarsicio Bertone, el presidente Zapatero y la ministra de Exteriores de España, sobre algunas cuestiones –Basílica de la Cruz de la Caídos e Iglesia vasca y ETA—sobre los que no hubo respuesta vaticana inmediata.

El Via Crucis en la Plaza de la Cibeles fue importante y lleno de emoción. Tanto Benedicto XVI como su antecesor, el Beato Juan Pablo II celebran todos los viernes del año esta fundamental devoción de la fe católica. El Mensaje del Papa Ratzinger en Cibeles fue magnífico.

Se cerraba una jornada muy plena de la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid, preparatoria, sin duda, de las horas plenas que se iban a vivir en los dos siguientes días.

 

TERCERA JORNADA

Ensayo general con todo

Es la frase que se utiliza en la carpintería teatral para designar el momento cumbre previo al gran estreno: “Ensayo general con todo”. Y eso fue la Vigilia de Oración llevada a cabo en el escenario magnifico de la aeródromo de Cuatro Vientos, lugar en el que el domingo 21 se celebraría la Misa de la Jornada Mundial. Pero este sábado 20 se presentaba como algo previo a la apoteosis final de la JMJ. La cifra del millón ya rondaba en la Vigilia…

El día 20 había comenzado con la confesión, por parte de Benedicto XVI, de varios jóvenes en el bosque de confesionarios puntiagudos que se había instalado en el histórico Parque del Buen Retiro de Madrid. A las 10 de la mañana se iniciaba en la Almudena una misa del Papa acompañado de los seminaristas de las diócesis de la Provincia de Madrid.

Y a la postre esta celebración en la catedral de Madrid, sede del Arzobispo, tuvo una cierta condición de homenaje pontificio al Cardenal de Madrid, Antonio María Rouco Varela que, además, en ese 20 de agosto cumplía 75 años, edad de fuertes connotaciones canónicas ya que es el momento en que todos los obispos tienen que ofrecer, por carta, al Santo Padre su renuncia a la actividad pastoral normal y pasar a la condición de eméritos. Pero fuera como fuese, Benedicto XVI recordó en su homilía el papel de Monseñor Rouco como obispo de Madrid, ciudad organizadora de la JMJ, y como presidente de la Conferencia Episcopal Española.

La jornada, y antes de la Vigilia de Cuatro Vientos, se iba a completar con un almuerzo del Papa con todos los prelados de Madrid, titulares de Madrid, Alcalá de Henares y Getafe, los obispos auxiliares y el sequito de Pontífice. Este almuerzo tuvo lugar en la residencia del arzobispo Rouco Varela. Un mensaje de apoyo y gratitud expresó Benedicto XVI a los comités organizadores de la JMJ-Madrid 2011. Se produjo también la visita a la Fundación del Instituto San José de Madrid. Y como decía el final del día fue esa Vigilia en Cuatro Vientos, preparación del gran momento del domingo 21.

 

CUARTA JORNADA

Más de un millón de jóvenes…

El punto culminante de la Jornada ha sido la Eucaristía en el aeródromo de Cuatro Vientos. Todo se había preparado para ese acto. Lo demás –aun teniendo mucho valor—es menos importante. Más de un millón de jóvenes y un buen número de cristianos ya no tan jóvenes habían viajado mucho para escuchar a Benedicto XVI… Y es llamativo que el evangelio del Domingo XXI del Tiempo Ordinario es uno de los más importantes de toda la liturgia, porque, no nos engañemos, la pregunta de Cristo “¿Quién soy yo para ti?” es fundamental para todos y cada uno de los cristianos y cristianas. El Papa Ratzinger lanzó esa pregunta al tiempo y al espacio –a los cuatro vientos—en la planicie artificial de Cuatro Vientos: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?», dice Jesús de Nazaret. Y el Papa aconsejó a los jóvenes que, como los apóstoles en su día, los jóvenes peregrinos buscaran y se dieran respuesta.

En el ámbito ferial de IFEMA el Papa pudo contemplar a los millares de voluntarios que han hecho posible la JMJ y ha tenido sentidas palabras de agradecimiento. También, las tuvo para el Rey de España, Don Juan Carlos, de agradecimiento por la hospitalidad y la acogida… Y a las siete de la tarde del domingo 21 de agosto de 2011, un Airbus de Iberia especialmente acondicionado para transportar al Padre Santo iniciaba la operación de despegue del aeropuerto de Barajas… La JMJ 2011 ya era historia, pero habrá que volver muchas veces sobre ella para sacar enseñanzas…


“TAMBIÉN HOY CRISTO SE DIRIGE A VOSOTROS CON LA MISMA PREGUNTA QUE HIZO A LOS APÓSTOLES”

Homilía del PP en la Eucaristía de Cuatro Vientos

MADRID (BETANIA -SIC- JMJ PRESS).- La misa en el aeródromo de Cuatro Vientos ha sido el acto central de la JMJ de Madrid. Y el Papa Benedicto XVI ha expresado en la homilía de esa misa multitudinaria, a la que han asistido más de un millón de jóvenes: Pero la fe no es fruto del esfuerzo humano, de su razón, sino que es un don de Dios”

TEXTO INTEGRO (ALOCUCIÓN DE ENTRADA)

Queridos jóvenes:

He pensado mucho en vosotros en estas horas que no nos hemos visto. Espero que hayáis podido dormir un poco, a pesar de las inclemencias del tiempo. Seguro que en esta madrugada habréis levantado los ojos al cielo más de una vez, y no sólo los ojos, también el corazón, y esto os habrá permitido rezar. Dios saca bienes de todo. Con esta confianza, y sabiendo que el Señor nunca nos abandona, comenzamos nuestra celebración eucarística llenos de entusiasmo y firmes en la fe.

TEXTO INTEGRO DE LA HOMILÍA

Queridos jóvenes:

Con la celebración de la Eucaristía llegamos al momento culminante de esta Jornada Mundial de la Juventud. Al veros aquí, venidos en gran número de todas partes, mi corazón se llena de gozo pensando en el afecto especial con el que Jesús os mira. Sí, el Señor os quiere y os llama amigos suyos (cf. Jn 15,15). Él viene a vuestro encuentro y desea acompañaros en vuestro camino, para abriros las puertas de una vida plena, y haceros partícipes de su relación íntima con el Padre. Nosotros, por nuestra parte, conscientes de la grandeza de su amor, deseamos corresponder con toda generosidad a esta muestra de predilección con el propósito de compartir también con los demás la alegría que hemos recibido. Ciertamente, son muchos en la actualidad los que se sienten atraídos por la figura de Cristo y desean conocerlo mejor. Perciben que Él es la respuesta a muchas de sus inquietudes personales. Pero, ¿quién es Él realmente? ¿Cómo es posible que alguien que ha vivido sobre la tierra hace tantos años tenga algo que ver conmigo hoy?

En el evangelio que hemos escuchado (cf. Mt 16, 13-20), vemos representados como dos modos distintos de conocer a Cristo. El primero consistiría en un conocimiento externo, caracterizado por la opinión corriente. A la pregunta de Jesús: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?», los discípulos responden: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas». Es decir, se considera a Cristo como un personaje religioso más de los ya conocidos. Después, dirigiéndose personalmente a los discípulos, Jesús les pregunta: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Pedro responde con lo que es la primera confesión de fe: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo». La fe va más allá de los simples datos empíricos o históricos, y es capaz de captar el misterio de la persona de Cristo en su profundidad.

Pero la fe no es fruto del esfuerzo humano, de su razón, sino que es un don de Dios: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos». Tiene su origen en la iniciativa de Dios, que nos desvela su intimidad y nos invita a participar de su misma vida divina. La fe no proporciona solo alguna información sobre la identidad de Cristo, sino que supone una relación personal con Él, la adhesión de toda la persona, con su inteligencia, voluntad y sentimientos, a la manifestación que Dios hace de sí mismo. Así, la pregunta de Jesús: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?», en el fondo está impulsando a los discípulos a tomar una decisión personal en relación a Él. Fe y seguimiento de Cristo están estrechamente relacionados. Y, puesto que supone seguir al Maestro, la fe tiene que consolidarse y crecer, hacerse más profunda y madura, a medida que se intensifica y fortalece la relación con Jesús, la intimidad con Él. También Pedro y los demás apóstoles tuvieron que avanzar por este camino, hasta que el encuentro con el Señor resucitado les abrió los ojos a una fe plena.

Queridos jóvenes, también hoy Cristo se dirige a vosotros con la misma pregunta que hizo a los apóstoles: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Respondedle con generosidad y valentía, como corresponde a un corazón joven como el vuestro. Decidle: Jesús, yo sé que Tú eres el Hijo de Dios que has dado tu vida por mí. Quiero seguirte con fidelidad y dejarme guiar por tu palabra. Tú me conoces y me amas. Yo me fío de ti y pongo mi vida entera en tus manos. Quiero que seas la fuerza que me sostenga, la alegría que nunca me abandone.

En su respuesta a la confesión de Pedro, Jesús habla de la Iglesia: «Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia». ¿Qué significa esto? Jesús construye la Iglesia sobre la roca de la fe de Pedro, que confiesa la divinidad de Cristo. Sí, la Iglesia no es una simple institución humana, como otra cualquiera, sino que está estrechamente unida a Dios. El mismo Cristo se refiere a ella como «su» Iglesia. No se puede separar a Cristo de la Iglesia, como no se puede separar la cabeza del cuerpo (cf. 1Co 12,12). La Iglesia no vive de sí misma, sino del Señor. Él está presente en medio de ella, y le da vida, alimento y fortaleza.

Queridos jóvenes, permitidme que, como Sucesor de Pedro, os invite a fortalecer esta fe que se nos ha transmitido desde los Apóstoles, a poner a Cristo, el Hijo de Dios, en el centro de vuestra vida. Pero permitidme también que os recuerde que seguir a Jesús en la fe es caminar con Él en la comunión de la Iglesia. No se puede seguir a Jesús en solitario. Quien cede a la tentación de ir «por su cuenta» o de vivir la fe según la mentalidad individualista, que predomina en la sociedad, corre el riesgo de no encontrar nunca a Jesucristo, o de acabar siguiendo una imagen falsa de Él.

Tener fe es apoyarse en la fe de tus hermanos, y que tu fe sirva igualmente de apoyo para la de otros. Os pido, queridos amigos, que améis a la Iglesia, que os ha engendrado en la fe, que os ha ayudado a conocer mejor a Cristo, que os ha hecho descubrir la belleza de su amor. Para el crecimiento de vuestra amistad con Cristo es fundamental reconocer la importancia de vuestra gozosa inserción en las parroquias, comunidades y movimientos, así como la participación en la Eucaristía de cada domingo, la recepción frecuente del sacramento del perdón, y el cultivo de la oración y meditación de la Palabra de Dios.

De esta amistad con Jesús nacerá también el impulso que lleva a dar testimonio de la fe en los más diversos ambientes, incluso allí donde hay rechazo o indiferencia. No se puede encontrar a Cristo y no darlo a conocer a los demás. Por tanto, no os guardéis a Cristo para vosotros mismos. Comunicad a los demás la alegría de vuestra fe. El mundo necesita el testimonio de vuestra fe, necesita ciertamente a Dios. Pienso que vuestra presencia aquí, jóvenes venidos de los cinco continentes, es una maravillosa prueba de la fecundidad del mandato de Cristo a la Iglesia: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación» (Mc 16,15). También a vosotros os incumbe la extraordinaria tarea de ser discípulos y misioneros de Cristo en otras tierras y países donde hay multitud de jóvenes que aspiran a cosas más grandes y, vislumbrando en sus corazones la posibilidad de valores más auténticos, no se dejan seducir por las falsas promesas de un estilo de vida sin Dios.

Queridos jóvenes, rezo por vosotros con todo el afecto de mi corazón. Os encomiendo a la Virgen María, para que ella os acompañe siempre con su intercesión maternal y os enseñe la fidelidad a la Palabra de Dios. Os pido también que recéis por el Papa, para que, como Sucesor de Pedro, pueda seguir confirmando a sus hermanos en la fe. Que todos en la Iglesia, pastores y fieles, nos acerquemos cada día más al Señor, para que crezcamos en santidad de vida y demos así un testimonio eficaz de que Jesucristo es verdaderamente el Hijo de Dios, el Salvador de todos los hombres y la fuente viva de su esperanza. Amén


“JÓVENES: QUE NINGUNA ADVERSIDAD OS PARALICE”

Celebración de la Vigilia en Cuatro Vientos

MADRID (BETANIA -SIC- JMJ PRESS).- Como se dice en la Carta del Editor, la Vigilia en el espacio de Cuatro Vientos fue, sin duda, como “un ensayo con todo” de lo que se produciría al dia siguiente. La vigilia fue el último acto de un sábado 21 de agosto de 2011 cargado de actos y de esfuerzo para el Papa y para los peregrinos. Este es discurso del Papa en la citada Vigilia de Cuatro Vientos

TEXTO ÍNTEGRO

Queridos amigos:

Os saludo a todos, pero en particular a los jóvenes que me han formulado sus preguntas, y les agradezco la sinceridad con que han planteado sus inquietudes, que expresan en cierto modo el anhelo de todos vosotros por alcanzar algo grande en la vida, algo que os dé plenitud y felicidad.

Pero, ¿cómo puede un joven ser fiel a la fe cristiana y seguir aspirando a grandes ideales en la sociedad actual? En el evangelio que hemos escuchado, Jesús nos da una respuesta a esta importante cuestión: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor» (Jn 15, 9).

Sí, queridos amigos, Dios nos ama. Ésta es la gran verdad de nuestra vida y que da sentido a todo lo demás. No somos fruto de la casualidad o la irracionalidad, sino que en el origen de nuestra existencia hay un proyecto de amor de Dios.

Permanecer en su amor significa entonces vivir arraigados en la fe, porque la fe no es la simple aceptación de unas verdades abstractas, sino una relación íntima con Cristo que nos lleva a abrir nuestro corazón a este misterio de amor y a vivir como personas que se saben amadas por Dios.

Si permanecéis en el amor de Cristo, arraigados en la fe, encontraréis, aun en medio de contrariedades y sufrimientos, la raíz del gozo y la alegría. La fe no se opone a vuestros ideales más altos, al contrario, los exalta y perfecciona. Queridos jóvenes, no os conforméis con menos que la Verdad y el Amor, no os conforméis con menos que Cristo.

Precisamente ahora, en que la cultura relativista dominante renuncia y desprecia la búsqueda de la verdad, que es la aspiración más alta del espíritu humano, debemos proponer con coraje y humildad el valor universal de Cristo, como salvador de todos los hombres y fuente de esperanza para nuestra vida. Él, que tomó sobre sí nuestras aflicciones, conoce bien el misterio del dolor humano y muestra su presencia amorosa en todos los que sufren. Estos, a su vez, unidos a la pasión de Cristo, participan muy de cerca en su obra de redención. Además, nuestra atención desinteresada a los enfermos y postergados, siempre será un testimonio humilde y callado del rostro compasivo de Dios.

Queridos amigos, que ninguna adversidad os paralice. No tengáis miedo al mundo, ni al futuro, ni a vuestra debilidad. El Señor os ha otorgado vivir en este momento de la historia, para que gracias a vuestra fe siga resonando su Nombre en toda la tierra. En esta vigilia de oración, os invito a pedir a Dios que os ayude a descubrir vuestra vocación en la sociedad y en la Iglesia y a perseverar en ella con alegría y fidelidad. Vale la pena acoger en nuestro interior la llamada de Cristo y seguir con valentía y generosidad el camino que él nos proponga.

A muchos, el Señor los llama al matrimonio, en el que un hombre y una mujer, formando una sola carne (cf.Gn 2, 24), se realizan en una profunda vida de comunión. Es un horizonte luminoso y exigente a la vez. Un proyecto de amor verdadero que se renueva y ahonda cada día compartiendo alegrías y dificultades, y que se caracteriza por una entrega de la totalidad de la persona. Por eso, reconocer la belleza y bondad del matrimonio, significa ser conscientes de que solo un ámbito de fidelidad e indisolubilidad, así como de apertura al don divino de la vida, es el adecuado a la grandeza y dignidad del amor matrimonial.

A otros, en cambio, Cristo los llama a seguirlo más de cerca en el sacerdocio o en la vida consagrada. Qué hermoso es saber que Jesús te busca, se fija en ti y con su voz inconfundible te dice también a ti: «¡Sígueme!» (cf. Mc 2,14).

Queridos jóvenes, para descubrir y seguir fielmente la forma de vida a la que el Señor os llame a cada uno, es indispensable permanecer en su amor como amigos. Y, ¿cómo se mantiene la amistad si no es con el trato frecuente, la conversación, el estar juntos y el compartir ilusiones o pesares? Santa Teresa de Jesús decía que la oración es «tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama» (cf. Libro de la vida 8).

Os invito, pues, a permanecer ahora en la adoración a Cristo, realmente presente en la Eucaristía. A dialogar con Él, a poner ante Él vuestras preguntas y a escucharlo. Queridos amigos, yo rezo por vosotros con toda el alma. Os suplico que recéis también por mí. Pidámosle al Señor en esta noche que, atraídos por la belleza de su amor, vivamos siempre fielmente como discípulos suyos. Amén.

Saludo en francés

Chers jeunes francophones, soyez fiers d’avoir reçu le don de la foi, c’est elle qui illuminera votre vie à chaque instant. Appuyez-vous sur la foi de vos proches, sur la foi de l’Église ! Par la foi, nous sommes fondés dans le Christ. Retrouvez-vous avec d’autres pour l’approfondir, fréquentez l’Eucharistie, mystère de la foi par excellence. Le Christ seul peut répondre aux aspirations que vous portez en vous. Laissez-vous saisir par Dieu pour que votre présence dans l’Église lui donne un élan nouveau!

Traducción española: Queridos jóvenes de lengua francesa, estad orgullosos por haber recibido el don de la fe, que iluminará vuestra vida en todo momento. Apoyaos en la fe de aquellos que están cerca de vosotros, en la fe de la Iglesia. Gracias a la fe estamos cimentados en Cristo. Encontraros con otros para profundizar en ella, participad en la Eucaristía, misterio de la fe por excelencia. Solamente Cristo puede responder a vuestras aspiraciones. Dejaros conquistar por Dios para que vuestra presencia dé a la Iglesia un impulso nuevo.

Saludo en inglés

Dear young people, in these moments of silence before the Blessed Sacrament, let us raise our minds and hearts to Jesus Christ, the Lord of our lives and of the future. May he pour out his Spirit upon us and upon the whole Church, that we may be a beacon of freedom, reconciliation and peace for the whole world.

Traducción española: Queridos jóvenes, en estos momentos de silencio delante del Santísimo Sacramento, elevemos nuestras mentes y corazones a Jesucristo, el Señor de nuestras vidas y del futuro. Que Él derrame su Espíritu sobre nosotros y sobre toda la Iglesia, para que seamos promotores de libertad, reconciliación y paz en todo el mundo.

Saludo en alemán

Liebe junge Christen deutscher Sprache! Tief in unserem Herzen sehnen wir uns nach dem Großen und Schönen im Leben. Laßt eure Wünsche und Sehnsüchte nicht ins Leere laufen, sondern macht sie fest in Jesus Christus. Er selber ist der Grund, der trägt, und der sichere Bezugspunkt für ein erfülltes Leben.

Traducción española: Queridos jóvenes de lengua alemana. En el fondo, lo que nuestro corazón desea es lo bueno y bello de la vida. No permitáis que vuestros deseos y anhelos caigan en el vacío, antes bien haced que cobren fuerza en Cristo. Él es el cimiento firme, el punto de referencia seguro para una vida plena.

Saludo en italiano

Mi rivolgo ora ai giovani di lingua italiana. Cari amici, questa Veglia rimarrà come un’esperienza indimenticabile della vostra vita. Custodite la fiamma che Dio ha acceso nei vostri cuori in questa notte: fate in modo che non si spenga, alimentatela ogni giorno, condividetela con i vostri coetanei che vivono nel buio e cercano una luce per il loro cammino. Grazie! Arrivederci a domani mattina!

Traducción española: Me dirijo ahora a los jóvenes de lengua italiana. Queridos amigos, esta Vigilia quedará como una experiencia inolvidable en vuestra vida. Conservad la llama que Dios ha encendido en vuestros corazones en esta noche: procurad que no se apague, alimentadla cada día, compartidla con vuestros coetáneos que viven en la oscuridad y buscan una luz para su camino. Gracias. Adiós. Hasta mañana.

Saludo en portugués

Meus queridos amigos, convido cada um e cada uma de vós a estabelecer um diálogo pessoal com Cristo, expondo-Lhe as próprias dúvidas e sobretudo escutando-O. O Senhor está aqui e chama-te! Jovens amigos, vale a pena ouvir dentro de nós a Palavra de Jesus e caminhar seguindo os seus passos. Pedi ao Senhor que vos ajude a descobrir a vossa vocação na vida e na Igreja, e a perseverar nela com alegria e fidelidade, sabendo que Ele nunca vos abandona nem atraiçoa! Ele está connosco até ao fim do mundo.

Traducción española: Mis queridos amigos, os invito a todos a establecer un diálogo personal con Cristo, exponiéndole las propias dudas y sobre todo escuchándolo. El Señor está aquí y os llama. Jóvenes amigos, vale la pena escuchar en nuestro interior la Palabra de Jesús y caminar siguiendo sus pasos. Pedid al Señor que os ayude a descubrir vuestra vocación en la vida y en la Iglesia, y a perseverar en ella con alegría y fidelidad, sabiendo que Él nunca os abandonará ni os traicionará. Él está con nosotros hasta el fin del mundo.

Saludo en polaco

Drodzy młodzi przyjaciele z Polski! To nasze modlitewne czuwanie przenika obecność Chrystusa. Pewni Jego miłości zbl żcie się do Niego płomieniem waszej wiary. On was napełni Swoim życiem. Budujcie wasze ż ycie na Chrystusie i Jego Ewangelii. Z serca wam b łogosławię.

Traducción española: Queridos amigos procedentes de Polonia. Esta vigilia de oración está colmada de la presencia de Cristo. Seguros de su amor, acercaos a Él con la llama de vuestra fe. Él os colmará de su vida. Edificad vuestra vida sobre Cristo y su Evangelio. Os bendigo de corazón.


“IDENTIFICARSE CADA VEZ MÁS CON AQUEL QUE SE HA HECHO POR NOSOTROS SIERVO, SACERDOTE Y VÍCTIMA”

Homilía del Santo Padre ante los seminaristas madrileños

MADRID (BETANIA -SIC- JMJ PRESS) El Papa Benedicto tenía un especial interés en celebrar en la Catedral de la Almudena una Eucaristía junto con los seminaristas de las diócesis de la Provincia eclesiástica de Madrid. Para muchos fue también un homenaje al Cardenal Rouco Varela que en ese mismo día cumplía 75 años. Benedicto XVI dijo en su homilía a los seminaristas: “el sacerdote ha de fructificar en toda clase de obras buenas”

TEXTO ÍNTEGRO

Señor Cardenal Arzobispo de Madrid,

Venerados hermanos en el Episcopado,

Queridos sacerdotes y religiosos,

Queridos rectores y formadores,

Queridos seminaristas,

Amigos todos

Me alegra profundamente celebrar la Santa Misa con todos vosotros, que aspiráis a ser sacerdotes de Cristo para el servicio de la Iglesia y de los hombres, y agradezco las amables palabras de saludo con que me habéis acogido. Esta Santa Iglesia Catedral de Santa María La Real de la Almudena es hoy como un inmenso cenáculo donde el Señor celebra con deseo ardiente su Pascua con quienes un día anheláis presidir en su nombre los misterios de la salvación. Al veros, compruebo de nuevo cómo Cristo sigue llamando a jóvenes discípulos para hacerlos apóstoles suyos, permaneciendo así viva la misión de la Iglesia y la oferta del evangelio al mundo. Como seminaristas, estáis en camino hacia una meta santa: ser prolongadores de la misión que Cristo recibió del Padre. Llamados por Él, habéis seguido su voz y atraídos por su mirada amorosa avanzáis hacia el ministerio sagrado. Poned vuestros ojos en Él, que por su encarnación es el revelador supremo de Dios al mundo y por su resurrección es el cumplidor fiel de su promesa. Dadle gracias por esta muestra de predilección que tiene con cada uno de vosotros.

La primera lectura que hemos escuchado nos muestra a Cristo como el nuevo y definitivo sacerdote, que hizo de su existencia una ofrenda total. La antífona del salmo se le puede aplicar perfectamente, cuando, al entrar en el mundo, dirigiéndose a su Padre, dijo: “Aquí estoy para hacer tu voluntad” (cf. Sal 39, 8-9). En todo buscaba agradarle: al hablar y al actuar, recorriendo los caminos o acogiendo a los pecadores. Su vivir fue un servicio y su desvivirse una intercesión perenne, poniéndose en nombre de todos ante el Padre como Primogénito de muchos hermanos. El autor de la carta a los Hebreos afirma que con esa entrega perfeccionó para siempre a los que estábamos llamados a compartir su filiación (cf.Heb 10,14).

La Eucaristía, de cuya institución nos habla el evangelio proclamado (cf. Lc 2,14-20), es la expresión real de esa entrega incondicional de Jesús por todos, también por los que le traicionaban. Entrega de su cuerpo y sangre para la vida de los hombres y para el perdón de sus pecados. La sangre, signo de la vida, nos fue dada por Dios como alianza, a fin de que podamos poner la fuerza de su vida, allí donde reina la muerte a causa de nuestro pecado, y así destruirlo. El cuerpo desgarrado y la sangre vertida de Cristo, es decir su libertad entregada, se han convertido por los signos eucarísticos en la nueva fuente de la libertad redimida de los hombres. En Él tenemos la promesa de una redención definitiva y la esperanza cierta de los bienes futuros. Por Cristo sabemos que no somos caminantes hacia el abismo, hacia el silencio de la nada o de la muerte, sino viajeros hacia una tierra de promisión, hacia Él que es nuestra meta y también nuestro principio.

Queridos amigos, os preparáis para ser apóstoles con Cristo y como Cristo, para ser compañeros de viaje y servidores de los hombres. ¿Cómo vivir estos años de preparación? Ante todo, deben ser años de silencio interior, de permanente oración, de constante estudio y de inserción paulatina en las acciones y estructuras pastorales de la Iglesia.

Iglesia que es comunidad e institución, familia y misión, creación de Cristo por su Santo Espíritu y a la vez resultado de quienes la conformamos con nuestra santidad y con nuestros pecados. Así lo ha querido Dios, que no tiene reparo en hacer de pobres y pecadores sus amigos e instrumentos para la redención del género humano. La santidad de la Iglesia es ante todo la santidad objetiva de la misma persona de Cristo, de su evangelio y de sus sacramentos, la santidad de aquella fuerza de lo alto que la anima e impulsa. Nosotros debemos ser santos para no crear una contradicción entre el signo que somos y la realidad que queremos significar.

Meditad bien este misterio de la Iglesia, viviendo los años de vuestra formación con profunda alegría, en actitud de docilidad, de lucidez y de radical fidelidad evangélica, así como en amorosa relación con el tiempo y las personas en medio de las que vivís. Nadie elige el contexto ni a los destinatarios de su misión. Cada época tiene sus problemas, pero Dios da en cada tiempo la gracia oportuna para asumirlos y superarlos con amor y realismo. Por eso, en cualquier circunstancia en la que se halle, y por dura que esta sea, el sacerdote ha de fructificar en toda clase de obras buenas, guardando para ello siempre vivas en su interior las palabras del día de su Ordenación, aquellas con las que se le exhortaba a configurar su vida con el misterio de la cruz del Señor.

Configurarse con Cristo comporta, queridos seminaristas, identificarse cada vez más con Aquel que se ha hecho por nosotros siervo, sacerdote y víctima. Configurarse con Él es, en realidad, la tarea en la que el sacerdote ha de gastar toda su vida. Ya sabemos que nos sobrepasa y no lograremos cumplirla plenamente, pero, como dice san Pablo, corremos hacia la meta esperando alcanzarla (cf. Flp 3,12-14).

Pero Cristo, Sumo Sacerdote, es también el Buen Pastor, que cuida de sus ovejas hasta dar la vida por ellas (cf.Jn 10,11). Para imitar también en esto al Señor, vuestro corazón ha de ir madurando en el Seminario, estando totalmente a disposición del Maestro. Esta disponibilidad, que es don del Espíritu Santo, es la que inspira la decisión de vivir el celibato por el Reino de los cielos, el desprendimiento de los bienes de la tierra, la austeridad de vida y la obediencia sincera y sin disimulo.

Pedidle, pues, a Él, que os conceda imitarlo en su caridad hasta el extremo para con todos, sin rehuir a los alejados y pecadores, de forma que, con vuestra ayuda, se conviertan y vuelvan al buen camino. Pedidle que os enseñe a estar muy cerca de los enfermos y de los pobres, con sencillez y generosidad. Afrontad este reto sin complejos ni mediocridad, antes bien como una bella forma de realizar la vida humana en gratuidad y en servicio, siendo testigos de Dios hecho hombre, mensajeros de la altísima dignidad de la persona humana y, por consiguiente, sus defensores incondicionales. Apoyados en su amor, no os dejéis intimidar por un entorno en el que se pretende excluir a Dios y en el que el poder, el tener o el placer a menudo son los principales criterios por los que se rige la existencia. Puede que os menosprecien, como se suele hacer con quienes evocan metas más altas o desenmascaran los ídolos ante los que hoy muchos se postran. Será entonces cuando una vida hondamente enraizada en Cristo se muestre realmente como una novedad y atraiga con fuerza a quienes de veras buscan a Dios, la verdad y la justicia.

Alentados por vuestros formadores, abrid vuestra alma a la luz del Señor para ver si este camino, que requiere valentía y autenticidad, es el vuestro, avanzando hacia el sacerdocio solamente si estáis firmemente persuadidos de que Dios os llama a ser sus ministros y plenamente decididos a ejercerlo obedeciendo las disposiciones de la Iglesia.

Con esa confianza, aprended de Aquel que se definió a sí mismo como manso y humilde de corazón, despojándoos para ello de todo deseo mundano, de manera que no os busquéis a vosotros mismos, sino que con vuestro comportamiento edifiquéis a vuestros hermanos, como hizo el santo patrono del clero secular español, san Juan de Ávila. Animados por su ejemplo, mirad, sobre todo, a la Virgen María, Madre de los sacerdotes. Ella sabrá forjar vuestra alma según el modelo de Cristo, su divino Hijo, y os enseñará siempre a custodiar los bienes que Él adquirió en el Calvario para la salvación del mundo. Amén.


PROCLAMACIÓN DE SAN JUAN DE ÁVILA COMO DOCTOR DE LA IGLESIA

MADRID (BETANIA -SIC- JMJ PRESS) El Papa Benedicto adelantó la declaración de San Juan de Ávila como Doctor de la Iglesia.

TEXTO ÍNTEGRO

Queridos hermanos:

Con gran gozo, quiero anunciar ahora al pueblo de Dios, en este marco de la Santa Iglesia Catedral de Santa María La Real de la Almudena, que, acogiendo los deseos del Señor Presidente de la Conferencia Episcopal Española, Eminentísimo Cardenal Antonio María Rouco Varela, Arzobispo de Madrid, de los demás Hermanos en el Episcopado de España, así como de un gran número de Arzobispos y Obispos de otras partes del mundo, y de muchos fieles, declararé próximamente a San Juan de Ávila, presbítero, Doctor de la Iglesia universal. Al hacer pública esta noticia aquí, deseo que la palabra y el ejemplo de este eximio Pastor ilumine a los sacerdotes y a aquellos que se preparan con ilusión para recibir un día la Sagrada Ordenación.

Invito a todos a que vuelvan la mirada hacia él, y encomiendo a su intercesión a los Obispos de España y de todo el mundo, así como a los presbíteros y seminaristas, para que perseverando en la misma fe de la que él fue maestro, modelen su corazón según los sentimientos de Jesucristo, el Buen Pastor, a quien sea la gloria y el honor por los siglos de los siglos. Amén.


“EL HIJO DE DIOS QUISO ABRAZAR LIBREMENTE EL DOLOR Y LA MUERTE”

El Papa en la Fundación San José

MADRID (BETANIA -SIC- JMJ PRESS).- Importante acto de Benedicto XVI en la Fundación San José: donde entre otras cosas dijo: “la imagen de Dios se nos ofrece también en el rostro de quien padece”. La Fundación se dedica a la atención especial de jóvenes y niños discapacitados por varios tipos de dolencias.

TEXTO ÍNTEGRO

Señor Cardenal Arzobispo de Madrid,

Queridos hermanos en el Episcopado

Queridos sacerdotes y religiosos de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios,

Distinguidas Autoridades,

Queridos jóvenes, familiares y voluntarios aquí presentes

Gracias de corazón por el amable saludo y la cordial acogida que me habéis dispensado. Esta noche, antes de la vigilia de oración con los jóvenes de todo el mundo que han venido a Madrid para participar en esta Jornada Mundial de la Juventud, tenemos ocasión de pasar algunos momentos juntos y así poder manifestaros la cercanía y el aprecio del Papa por cada uno de vosotros, por vuestras familias y por todas las personas que os acompañan y cuidan en esta Fundación del Instituto San José.

La juventud, lo hemos recordado otras veces, es la edad en la que la vida se desvela a la persona con toda la riqueza y plenitud de sus potencialidades, impulsando la búsqueda de metas más altas que den sentido a la misma. Por eso, cuando el dolor aparece en el horizonte de una vida joven, quedamos desconcertados y quizá nos preguntemos: ¿Puede seguir siendo grande la vida cuando irrumpe en ella el sufrimiento? A este respecto, en mi encíclica sobre la esperanza cristiana, decía: “La grandeza de la humanidad está determinada esencialmente por su relación con el sufrimiento y con el que sufre (…).

Una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir mediante la compasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado también interiormente, “es una sociedad cruel e inhumana” (Spe salvi, 38). Estas palabras reflejan una larga tradición de humanidad que brota del ofrecimiento que Cristo hace de sí mismo en la Cruz por nosotros y por nuestra redención. Jesús y, siguiendo sus huellas, su Madre Dolorosa y los santos son los testigos que nos enseñan a vivir el drama del sufrimiento para nuestro bien y la salvación del mundo.

Estos testigos nos hablan, ante todo, de la dignidad de cada vida humana, creada a imagen de Dios. Ninguna aflicción es capaz de borrar esta impronta divina grabada en lo más profundo del hombre. Y no solo: desde que el Hijo de Dios quiso abrazar libremente el dolor y la muerte, la imagen de Dios se nos ofrece también en el rostro de quien padece.

Esta especial predilección del Señor por el que sufre nos lleva a mirar al otro con ojos limpios, para darle, además de las cosas externas que precisa, la mirada de amor que necesita. Pero esto únicamente es posible realizarlo como fruto de un encuentro personal con Cristo. De ello sois muy conscientes vosotros, religiosos, familiares, profesionales de la salud y voluntarios que vivís y trabajáis cotidianamente con estos jóvenes. Vuestra vida y dedicación proclaman la grandeza a la que está llamado el hombre: compadecerse y acompañar por amor a quien sufre, como ha hecho Dios mismo. Y en vuestra hermosa labor resuenan también las palabras evangélicas: “Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis” ( Mt 25, 40).

Por otro lado, vosotros sois también testigos del bien inmenso que constituye la vida de estos jóvenes para quien está a su lado y para la humanidad entera. De manera misteriosa pero muy real, su presencia suscita en nuestros corazones, frecuentemente endurecidos, una ternura que nos abre a la salvación. Ciertamente, la vida de estos jóvenes cambia el corazón de los hombres y, por ello, estamos agradecidos al Señor por haberlos conocido.

Queridos amigos, nuestra sociedad, en la que demasiado a menudo se pone en duda la dignidad inestimable de la vida, de cada vida, os necesita: vosotros contribuís decididamente a edificar la civilización del amor. Más aún, sois protagonistas de esta civilización. Y como hijos de la Iglesia ofrecéis al Señor vuestras vidas, con sus penas y sus alegrías, colaborando con Él y entrando “a formar parte de algún modo del tesoro de compasión que necesita el género humano” (Spe salvi, 40).

Con afecto entrañable, y por intercesión de San José, de San Juan de Dios y de San Benito Menni, os encomiendo de todo corazón a Dios nuestro Señor: que Él sea vuestra fuerza y vuestro premio. De su amor sea signo la Bendición Apostólica que os imparto a vosotros y a todos vuestros familiares y amigos.


«CRISTO ME AMÓ Y SE ENTREGÓ POR MÍ»

En el Vía Crucis

MADRID (BETANIA -SIC- JMJ PRESS) El Vía Crucis es una celebración muy querida por el Papa Benedicto, y también para su antecesor de entrañable recuerdo, el Beato Juan Pablo II. Benedicto XVI dijo, entre otras cosas en el Via Crucis: “Ésta es la Buena Noticia que devuelve la esperanza al mundo”

TEXTO ÍNTEGRO

Queridos jóvenes:

Con piedad y fervor hemos celebrado este Vía Crucis, acompañando a Cristo en su Pasión y Muerte. Los comentarios de las Hermanitas de la Cruz, que sirven a los más pobres y menesterosos, nos han facilitado adentrarnos en el misterio de la Cruz gloriosa de Cristo, que contiene la verdadera sabiduría de Dios, la que juzga al mundo y a los que se creen sabios (cf. 1 Co 1,17-19). También nos ha ayudado en este itinerario hacia el Calvario la contemplación de estas extraordinarias imágenes del patrimonio religioso de las diócesis españolas. Son imágenes donde la fe y el arte se armonizan para llegar al corazón del hombre e invitarle a la conversión. Cuando la mirada de la fe es limpia y auténtica, la belleza se pone a su servicio y es capaz de representar los misterios de nuestra salvación hasta conmovernos profundamente y transformar nuestro corazón, como sucedió a Santa Teresa de Jesús al contemplar una imagen de Cristo muy llagado (cf. Libro de la vida, 9,1).

Mientras avanzábamos con Jesús, hasta llegar a la cima de su entrega en el Calvario, nos venían a la mente las palabras de san Pablo: «Cristo me amó y se entregó por mí» (Gál 2,20). Ante un amor tan desinteresado, llenos de estupor y gratitud, nos preguntamos ahora: ¿Qué haremos nosotros por él? ¿Qué respuesta le daremos? San Juan lo dice claramente: «En esto hemos conocido el amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos» (1 Jn 3,16). La pasión de Cristo nos impulsa a cargar sobre nuestros hombros el sufrimiento del mundo, con la certeza de que Dios no es alguien distante o lejano del hombre y sus vicisitudes. Al contrario, se hizo uno de nosotros «para poder compadecer Él mismo con el hombre, de modo muy real, en carne y sangre… Por eso, en cada pena humana ha entrado uno que comparte el sufrir y padecer; de ahí se difunde en cada sufrimiento la con-solatio, el consuelo del amor participado de Dios y así aparece la estrella de la esperanza» (Spe salvi, 39).

Queridos jóvenes, que el amor de Cristo por nosotros aumente vuestra alegría y os aliente a estar cerca de los menos favorecidos. Vosotros, que sois muy sensibles a la idea de compartir la vida con los demás, no paséis de largo ante el sufrimiento humano, donde Dios os espera para que entreguéis lo mejor de vosotros mismos: vuestra capacidad de amar y de compadecer. Las diversas formas de sufrimiento que, a lo largo del Vía Crucis, han desfilado ante nuestros ojos son llamadas del Señor para edificar nuestras vidas siguiendo sus huellas y hacer de nosotros signos de su consuelo y salvación. «Sufrir con el otro, por los otros, sufrir por amor de la verdad y de la justicia; sufrir a causa del amor y con el fin de convertirse en una persona que ama realmente, son elementos fundamentales de la humanidad, cuya pérdida destruiría al hombre mismo» (ibid.).

Que sepamos acoger estas lecciones y llevarlas a la práctica. Miremos para ello a Cristo, colgado en el áspero madero, y pidámosle que nos enseñe esta sabiduría misteriosa de la cruz, gracias a la cual el hombre vive. La cruz no fue el desenlace de un fracaso, sino el modo de expresar la entrega amorosa que llega hasta la donación más inmensa de la propia vida. El Padre quiso amar a los hombres en el abrazo de su Hijo crucificado por amor. La cruz en su forma y significado representa ese amor del Padre y de Cristo a los hombres. En ella reconocemos el icono del amor supremo, en donde aprendemos a amar lo que Dios ama y como Él lo hace: esta es la Buena Noticia que devuelve la esperanza al mundo.

Volvamos ahora nuestros ojos a la Virgen María, que en el Calvario nos fue entregada como Madre, y supliquémosle que nos sostenga con su amorosa protección en el camino de la vida, en particular cuando pasemos por la noche del dolor, para que alcancemos a mantenernos como Ella firmes al pie de la cruz. Muchas gracias.


UN VÍA CRUCIS MUY ADECUADO PARA EL MOMENTO

MADRID, (ZENIT.org).– Un Vía Crucis de una belleza muy española –por las escenas de la Pasión y el acompañamiento musical - fue propuesta al Papa y a los jóvenes del mundo este viernes por la tarde, en recuerdo del Viernes Santo, explicó Benedicto XVI a su llegada a la Plaza de Cibeles de Madrid en este encuentro clave de la XXVI JMJ.

Cada una de las estaciones del vía crucis, desde el arresto de Jesús hasta su colocación en el sepulcro, estaba representada por grandes estatuas vestidas de tejidos preciosos, según las tradiciones de la Semana Santa en España. Algunas databan del siglo XVII y del XVIII y eran obras de escultores de renombre.

UN VÍA CRUCIS DIFERENTE A LOS DEMÁS

Estas catorce escenas diferían ligeramente de las escenas habituales meditadas en el Vía Crucis, como la “soledad de la Virgen María” de la catorceava estación.

Comenzaron por la Última Cena ante la imagen de la institución de la eucaristía llegada de Murcia (1763).

Siguieron “el beso de Judas” (Málaga, 1963), la negación de Pedro (1958, Orihuela), la condena de Jesús a muerte (1625, Madrid), Jesús con la cruz a cuestas (1942, Madrid), la caída de Jesús bajo el peso de la cruz (1942, Úbeda) y Simón de Cirene ayuda a Jesús a llevar la cruz (1630, León).

Verónica limpia el rostro de Jesús (1957, Jerez de la Frontera), Jesús es despojado de sus vestimentas (1986, Granada), Jesús clavado en la cruz (1885, Zamora), Jesús muerto en la cruz (el Cristo llamado “de la buena muerte”, 1942, Málaga) y el descendimiento de la cruz del cuerpo de Jesús (1945, Cuenca) fueron las imágenes sucesivas.

Y finalmente, Jesús en brazos de su Madre (1625, Valladolid), la colocación de Jesús en el sepulcro (Segovia, 1625) y la soledad de la Virgen María (1674, Sevilla): la estatua conocida como la “Sevillana”).

Esta celebración puede revivirse a través de los videos del Vaticano disponibles en la web de la JMJ de Madrid.

Para marcar este tiempo de meditación en la Pasión de Cristo, el Papa iba revestido con el color rojo, como en Viernes Santo.

La cumbre de la JMJ está configurada, de hecho, como el triduo de Pascua: una Pascua en pleno mes de agosto, con el dolor de la Pasión de Cristo, el viernes, y el “preludio de la resurrección”, destacó el Papa, hasta el domingo, día de la fiesta de la resurrección, cada semana, para los cristianos.

Este Vía Crucis empezó en la Plaza de Colón y terminó en la Plaza de Cibeles donde se encuentra el podio del Papa para estos días.

Jóvenes de distintos países que sufren especialmente llevaron durante toda la meditación la Cruz de las JMJ, regalada por Juan Pablo II a los jóvenes.

LOS SUFRIMIENTOS DE LOS JÓVENES

Entre las intenciones de oración de este Vía Crucis gigante, en la novena estación, que representaba a Jesús despojado de sus vestiduras, se oró por las víctimas de abusos sexuales.

Por los altavoces, se escuchó que Jesús se compadece del sufrimiento de las víctimas de los genocidios humanos en los que el hombre se muestra en su violencia brutal, se compadece con las violaciones y los abusos sexuales y los crímenes contra los niños y los adultos.

El Vía Crucis también recordó a los jóvenes que sufren por la guerra, por conflictos fratricidas, persecuciones por su fe, marginación o dependencia de la droga; a las víctimas del aborto, del terrorismo, de catástrofes naturales, del paro y de la crisis económica.

“FIESTA DEL PERDÓN”

Fue también una preparación a la “fiesta del perdón” de este sábado: el perdón de los pecados fue otorgado hoy por el mismo Papa a algunos jóvenes en el sacramento de la penitencia y de la reconciliación.

Los sacerdotes han recibido para la ocasión el poder de perdonar pecados como el aborto. Centenares de confesonarios en forma de vela de barco blanca se han instalado para los sacerdotes que estarán a disposición de los jóvenes.

Al final del vía crucis, el Papa pronunció una breve homilía en la que se refirió a los comentarios realizados por las Hermanitas de la Cruz, que sirven a los más pobres y necesitados.

Estos comentarios permitieron ayer entrar en el misterio de la cruz gloriosa de Cristo, que encierra la verdadera sabiduría de Dios, la que juzga al mundo, a los que se creen sabios.

LA BELLEZA AL SERVICIO DE LA FE

“También nos ha ayudado en este itinerario hacia el Calvario la contemplación de estas extraordinarias imágenes del patrimonio religioso de las diócesis españolas”, destacó Benedicto XVI en su discurso.

“Son imágenes donde la fe y el arte se armonizan para llegar al corazón del hombre e invitarle a la conversión”, indicó.

Y explicó que “cuando la mirada de la fe es limpia y auténtica, la belleza se pone a su servicio y es capaz de representar los misterios de nuestra salvación hasta conmovernos profundamente y transformar nuestro corazón, como sucedió a Santa Teresa de Jesús al contemplar una imagen de Cristo muy llagado”.

Después interrogó a los jóvenes sobre su respuesta al amor de Cristo que da su vida por ellos: “Ante un amor tan desinteresado, llenos de estupor y gratitud, nos preguntamos ahora: ¿Qué haremos nosotros por él? ¿Qué respuesta le daremos?”.

Y respondió citando a san Juan: “La pasión de Cristo nos impulsa a cargar sobre nuestros hombros el sufrimiento del mundo, con la certeza de que Dios no es alguien distante o lejano del hombre y sus vicisitudes”.

ESTAR CERCA DEL NECESITADO

“Queridos jóvenes, que el amor de Cristo por nosotros aumente vuestra alegría y os aliente a estar cerca de los menos favorecidos”, exhortó.

Y añadió: “Vosotros, que sois muy sensibles a la idea de compartir la vida con los demás, no paséis de largo ante el sufrimiento humano, donde Dios os espera para que entreguéis lo mejor de vosotros mismos: vuestra capacidad de amar y de compadecer”.

Para Benedicto XVI, “la cruz no fue el desenlace de un fracaso, sino el modo de expresar la entrega amorosa que llega hasta la donación más inmensa de la propia vida”.

El Pontífice invitó también a los jóvenes a confiarse a la oración de la Virgen María, “en particular cuando pasemos por la noche del dolor, para que alcancemos a mantenernos como Ella firmes al pie de la cruz”.

A estas reflexiones siguieron manifestaciones de entusiasmo; algunos jóvenes habían llegado el viernes y veían al Papa por primera vez. Parecía que no querían dejarle marchar. El Obispo de Roma les miró sonriendo y les dirigió signos amistosos desde su blanco coche panorámico.

Los jóvenes continuaron ovacionándole y coreando y cantando, algunos hasta perder la voz: “Esta es la juventud del Papa”, “Benedicto” o “Viva el Papa”, se escuchaba, junto a aplausos, por kilómetros jalonados de banderas y alegres pancartas, así como cantos ante la nunciatura a su llegada, escoltado por las cámaras, mientras la noche, vibrante, caía sobre Madrid iluminado.

[Por Anita S. Bourdin]


"EL CAMINO HACIA LA VERDAD COMPLETA COMPROMETE TAMBIÉN AL SER HUMANO POR ENTERO"

El Papa habla a los Universitarios Españoles.

MADRID (BETANIA-SIC-JMJ PRESS) Era un acontecimiento muy esperado el encuentro de Benedicto XVI con los profesores universitarios. El acto ha tenido lugar en el Monasterio del Escorial y entre otras cosas el Papa ha dicho a los universitarios: “los jóvenes necesitan auténticos maestros; personas abiertas a la verdad total en las diferentes ramas del saber”. Reproducimos el texto íntegro de la alocución del Santo Padre

TEXTO ÍNTEGRO

Señor Cardenal Arzobispo de Madrid,

Queridos Hermanos en el Episcopado,

Queridos Padres Agustinos,

Queridos Profesores y Profesoras,

Distinguidas Autoridades,

Amigos todos

Esperaba con ilusión este encuentro con vosotros, jóvenes profesores de las universidades españolas, que prestáis una espléndida colaboración en la difusión de la verdad, en circunstancias no siempre fáciles. Os saludo cordialmente y agradezco las amables palabras de bienvenida, así como la música interpretada, que ha resonado de forma maravillosa en este monasterio de gran belleza artística, testimonio elocuente durante siglos de una vida de oración y estudio. En este emblemático lugar, razón y fe se han fundido armónicamente en la austera piedra para modelar uno de los monumentos más renombrados de España.

Saludo también con particular afecto a aquellos que en estos días habéis participado en Ávila en el Congreso Mundial de Universidades Católicas, bajo el lema: “Identidad y misión de la Universidad Católica”.

Al estar entre vosotros, me vienen a la mente mis primeros pasos como profesor en la Universidad de Bonn. Cuando todavía se apreciaban las heridas de la guerra y eran muchas las carencias materiales, todo lo suplía la ilusión por una actividad apasionante, el trato con colegas de las diversas disciplinas y el deseo de responder a las inquietudes últimas y fundamentales de los alumnos. Esta “universitas” que entonces viví, de profesores y estudiantes que buscan juntos la verdad en todos los saberes, o como diría Alfonso X el Sabio, ese “ayuntamiento de maestros y escolares con voluntad y entendimiento de aprender los saberes” (Siete Partidas, partida II, tít. XXXI), clarifica el sentido y hasta la definición de la Universidad.

En el lema de la presente Jornada Mundial de la Juventud: “Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe” (cf. Col 2, 7), podéis también encontrar luz para comprender mejor vuestro ser y quehacer. En este sentido, y como ya escribí en el Mensaje a los jóvenes como preparación para estos días, los términos “arraigados, edificados y firmes” apuntan a fundamentos sólidos para la vida (cf. n. 2).

Pero, ¿dónde encontrarán los jóvenes esos puntos de referencia en una sociedad quebradiza e inestable? A veces se piensa que la misión de un profesor universitario sea hoy exclusivamente la de formar profesionales competentes y eficaces que satisfagan la demanda laboral en cada preciso momento. También se dice que lo único que se debe privilegiar en la presente coyuntura es la mera capacitación técnica. Ciertamente, cunde en la actualidad esa visión utilitarista de la educación, también la universitaria, difundida especialmente desde ámbitos extrauniversitarios. Sin embargo, vosotros que habéis vivido como yo la Universidad, y que la vivís ahora como docentes, sentís sin duda el anhelo de algo más elevado que corresponda a todas las dimensiones que constituyen al hombre. Sabemos que cuando la sola utilidad y el pragmatismo inmediato se erigen como criterio principal, las pérdidas pueden ser dramáticas: desde los abusos de una ciencia sin límites, más allá de ella misma, hasta el totalitarismo político que se aviva fácilmente cuando se elimina toda referencia superior al mero cálculo de poder. En cambio, la genuina idea de Universidad es precisamente lo que nos preserva de esa visión reduccionista y sesgada de lo humano.

En efecto, la Universidad ha sido, y está llamada a ser siempre, la casa donde se busca la verdad propia de la persona humana. Por ello, no es casualidad que fuera la Iglesia quien promoviera la institución universitaria, pues la fe cristiana nos habla de Cristo como el Logos por quien todo fue hecho (cf. Jn 1,3), y del ser humano creado a imagen y semejanza de Dios. Esta buena noticia descubre una racionalidad en todo lo creado y contempla al hombre como una criatura que participa y puede llegar a reconocer esa racionalidad. La Universidad encarna, pues, un ideal que no debe desvirtuarse ni por ideologías cerradas al diálogo racional, ni por servilismos a una lógica utilitarista de simple mercado, que ve al hombre como mero consumidor.

He ahí vuestra importante y vital misión. Sois vosotros quienes tenéis el honor y la responsabilidad de transmitir ese ideal universitario: un ideal que habéis recibido de vuestros mayores, muchos de ellos humildes seguidores del Evangelio y que en cuanto tales se han convertido en gigantes del espíritu. Debemos sentirnos sus continuadores en una historia bien distinta de la suya, pero en la que las cuestiones esenciales del ser humano siguen reclamando nuestra atención e impulsándonos hacia adelante. Con ellos nos sentimos unidos a esa cadena de hombres y mujeres que se han entregado a proponer y acreditar la fe ante la inteligencia de los hombres. Y el modo de hacerlo no solo es enseñarlo, sino vivirlo, encarnarlo, como también el Logos se encarnó para poner su morada entre nosotros. En este sentido, los jóvenes necesitan auténticos maestros; personas abiertas a la verdad total en las diferentes ramas del saber, sabiendo escuchar y viviendo en su propio interior ese diálogo interdisciplinar; personas convencidas, sobre todo, de la capacidad humana de avanzar en el camino hacia la verdad. La juventud es tiempo privilegiado para la búsqueda y el encuentro con la verdad. Como ya dijo Platón: “Busca la verdad mientras eres joven, pues si no lo haces, después se te escapará de entre las manos” (Parménides, 135d). Esta alta aspiración es la más valiosa que podéis transmitir personal y vitalmente a vuestros estudiantes, y no simplemente unas técnicas instrumentales y anónimas, o unos datos fríos, usados sólo funcionalmente.

Por tanto, os animo encarecidamente a no perder nunca dicha sensibilidad e ilusión por la verdad; a no olvidar que la enseñanza no es una escueta comunicación de contenidos, sino una formación de jóvenes a quienes habéis de comprender y querer, en quienes debéis suscitar esa sed de verdad que poseen en lo profundo y ese afán de superación. Sed para ellos estímulo y fortaleza.

Para esto, es preciso tener en cuenta, en primer lugar, que el camino hacia la verdad completa compromete también al ser humano por entero: es un camino de la inteligencia y del amor, de la razón y de la fe. No podemos avanzar en el conocimiento de algo si no nos mueve el amor; ni tampoco amar algo en lo que no vemos racionalidad: pues “no existe la inteligencia y después el amor: existe el amor rico en inteligencia y la inteligencia llena de amor” (Caritas in veritate, n. 30). Si verdad y bien están unidos, también lo están conocimiento y amor. De esta unidad deriva la coherencia de vida y pensamiento, la ejemplaridad que se exige a todo buen educador.

En segundo lugar, hay que considerar que la verdad misma siempre va a estar más allá de nuestro alcance. Podemos buscarla y acercarnos a ella, pero no podemos poseerla del todo: más bien, es ella la que nos posee a nosotros y la que nos motiva. En el ejercicio intelectual y docente, la humildad es asimismo una virtud indispensable, que protege de la vanidad que cierra el acceso a la verdad. No debemos atraer a los estudiantes a nosotros mismos, sino encaminarlos hacia esa verdad que todos buscamos. A esto os ayudará el Señor, que os propone ser sencillos y eficaces como la sal, o como la lámpara, que da luz sin hacer ruido (cf. Mt 5,13-15).

Todo esto nos invita a volver siempre la mirada a Cristo, en cuyo rostro resplandece la Verdad que nos ilumina, pero que también es el Camino que lleva a la plenitud perdurable, siendo Caminante junto a nosotros y sosteniéndonos con su amor. Arraigados en Él, seréis buenos guías de nuestros jóvenes. Con esa esperanza, os pongo bajo el amparo de la Virgen María, Trono de la Sabiduría, para que Ella os haga colaboradores de su Hijo con una vida colmada de sentido para vosotros mismos y fecunda en frutos, tanto de conocimiento como de fe, para vuestros alumnos. Muchas gracias.


LA RADICALIDAD EVANGÉLICA ES ESTAR “ARRAIGADOS Y EDIFICADOS EN CRISTO"

Encuentro del Papa con jóvenes religiosas en el Escorial.

MADRID (BETANIA-SIC) El Papa Benedicto XVI ha dicho a jóvenes religiosas: “La Iglesia necesita de vuestra fidelidad joven arraigada y edificada en Cristo. Gracias por vuestro “sí”. Este acto ha tenido lugar en el Monasterio de El Escorial, en el Patio de los Reyes. Damos el texto en contenido íntegro, como en otras ocasiones

TEXTO ÍNTEGRO

Queridas jóvenes religiosas:

Dentro de la Jornada Mundial de la Juventud que estamos celebrando en Madrid, es un gozo grande poder encontrarme con vosotras, que habéis consagrado vuestra juventud al Señor, y os doy las gracias por el amable saludo que me habéis dirigido. Agradezco al Señor Cardenal Arzobispo de Madrid que haya previsto este encuentro en un marco tan evocador como es el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Si su célebre Biblioteca custodia importantes ediciones de la Sagrada Escritura y de Reglas monásticas de varias familias religiosas, vuestra vida de fidelidad a la llamada recibida es también una preciosa manera de guardar la Palabra del Señor que resuena en vuestras formas de espiritualidad.

Queridas hermanas, cada carisma es una palabra evangélica que el Espíritu Santo recuerda a su Iglesia (cf. Jn 14, 26). No en vano, la Vida Consagrada «nace de la escucha de la Palabra de Dios y acoge el Evangelio como su norma de vida. En este sentido, el vivir siguiendo a Cristo casto, pobre y obediente, se convierte en “exégesis” viva de la Palabra de Dios… De ella ha brotado cada carisma y de ella quiere ser expresión cada regla, dando origen a itinerarios de vida cristiana marcados por la radicalidad evangélica» (Exh. apostólica Verbum Domini, 83).

La radicalidad evangélica es estar “arraigados y edificados en Cristo, y firmes en la fe” (cf. Col, 2,7), que en la Vida Consagrada significa ir a la raíz del amor a Jesucristo con un corazón indiviso, sin anteponer nada a ese amor (cf. San Benito, Regla, IV, 21), con una pertenencia esponsal como la han vivido los santos, al estilo de Rosa de Lima y Rafael Arnáiz, jóvenes patronos de esta Jornada Mundial de la Juventud. El encuentro personal con Cristo que nutre vuestra consagración debe testimoniarse con toda su fuerza transformadora en vuestras vidas; y cobra una especial relevancia hoy, cuando «se constata una especie de “eclipse de Dios”, una cierta amnesia, más aún, un verdadero rechazo del cristianismo y una negación del tesoro de la fe recibida, con el riesgo de perder aquello que más profundamente nos caracteriza» (Mensaje para la XXVI Jornada Mundial de la Juventud 2011, 1).Frente al relativismo y la mediocridad, surge la necesidad de esta radicalidad que testimonia la consagración como una pertenencia a Dios sumamente amado.

Dicha radicalidad evangélica de la Vida Consagrada se expresa en la comunión filial con la Iglesia, hogar de los hijos de Dios que Cristo ha edificado. La comunión con los Pastores, que en nombre del Señor proponen el depósito de la fe recibido a través de los Apóstoles, del Magisterio de la Iglesia y de la tradición cristiana. La comunión con vuestra familia religiosa, custodiando su genuino patrimonio espiritual con gratitud, y apreciando también los otros carismas. La comunión con otros miembros de la Iglesia como los laicos, llamados a testimoniar desde su vocación específica el mismo evangelio del Señor.

Finalmente, la radicalidad evangélica se expresa en la misión que Dios ha querido confiaros. Desde la vida contemplativa que acoge en sus claustros la Palabra de Dios en silencio elocuente y adora su belleza en la soledad por Él habitada, hasta los diversos caminos de vida apostólica, en cuyos surcos germina la semilla evangélica en la educación de niños y jóvenes, el cuidado de los enfermos y ancianos, el acompañamiento de las familias, el compromiso a favor de la vida, el testimonio de la verdad, el anuncio de la paz y la caridad, la labor misionera y la nueva evangelización, y tantos otros campos del apostolado eclesial.

Queridas hermanas, este es el testimonio de la santidad a la que Dios os llama, siguiendo muy de cerca y sin condiciones a Jesucristo en la consagración, la comunión y la misión. La Iglesia necesita de vuestra fidelidad joven arraigada y edificada en Cristo. Gracias por vuestro “sí” generoso, total y perpetuo a la llamada del Amado. Que la Virgen María sostenga y acompañe vuestra juventud consagrada, con el vivo deseo de que interpele, aliente e ilumine a todos los jóvenes.

Con estos sentimientos, pido a Dios que recompense copiosamente la generosa contribución de la Vida Consagrada a esta Jornada Mundial de la Juventud, y en su nombre os bendigo de todo corazón. Muchas gracias.


“ESCUCHAD DE VERDAD LAS PALABRAS DEL SEÑOR”

Discurso del Papa a los jóvenes, en Cibeles.

MADRID (BETANIA-SIC).-“Vuestros deseos de ir a más, de llegar a lo más alto, hasta Dios, tienen siempre futuro cierto”, dijo el Benedicto XVI en la madrileña Plaza de Cibeles durante la recepción que le ofrecieron los jóvenes peregrinos. Siguiendo con la costumbre de Betania ofrecemos el texto íntegro del discurso del Santo Padre ofrecido por la Agencia SIC

TEXTO ÍNTEGRO

Queridos amigos:

Agradezco las cariñosas palabras que me han dirigido los jóvenes representantes de los cinco continentes. Y saludo con afecto a todos los que estáis aquí congregados, jóvenes de Oceanía, África, América, Asia y Europa; y también a los que no pudieron venir. Siempre os tengo muy presentes y rezo por vosotros. Dios me ha concedido la gracia de poder veros y oíros más de cerca, y de ponernos juntos a la escucha de su Palabra.

En la lectura que se ha proclamado antes, hemos oído un pasaje del Evangelio en que se habla de acoger las palabras de Jesús y de ponerlas en práctica. Hay palabras que solamente sirven para entretener, y pasan como el viento; otras instruyen la mente en algunos aspectos; las de Jesús, en cambio, han de llegar al corazón, arraigar en él y fraguar toda la vida. Sin esto, se quedan vacías y se vuelven efímeras. No nos acercan a Él. Y, de este modo, Cristo sigue siendo lejano, como una voz entre otras muchas que nos rodean y a las que estamos tan acostumbrados. El Maestro que habla, además, no enseña lo que ha aprendido de otros, sino lo que Él mismo es, el único que conoce de verdad el camino del hombre hacia Dios, porque es Él quien lo ha abierto para nosotros, lo ha creado para que podamos alcanzar la vida auténtica, la que siempre vale la pena vivir en toda circunstancia y que ni siquiera la muerte puede destruir. El Evangelio prosigue explicando estas cosas con la sugestiva imagen de quien construye sobre roca firme, resistente a las embestidas de las adversidades, contrariamente a quien edifica sobre arena, tal vez en un paraje paradisíaco, podríamos decir hoy, pero que se desmorona con el primer azote de los vientos y se convierte en ruinas.

Queridos jóvenes, escuchad de verdad las palabras del Señor para que sean en vosotros «espíritu y vida» (Jn 6,63), raíces que alimentan vuestro ser, pautas de conducta que nos asemejen a la persona de Cristo, siendo pobres de espíritu, hambrientos de justicia, misericordiosos, limpios de corazón, amantes de la paz. Hacedlo cada día con frecuencia, como se hace con el único Amigo que no defrauda y con el que queremos compartir el camino de la vida. Bien sabéis que, cuando no se camina al lado de Cristo, que nos guía, nos dispersamos por otras sendas, como la de nuestros propios impulsos ciegos y egoístas, la de propuestas halagadoras pero interesadas, engañosas y volubles, que dejan el vacío y la frustración tras de sí.

Aprovechad estos días para conocer mejor a Cristo y cercioraros de que, enraizados en Él, vuestro entusiasmo y alegría, vuestros deseos de ir a más, de llegar a lo más alto, hasta Dios, tienen siempre futuro cierto, porque la vida en plenitud ya se ha aposentado dentro de vuestro ser. Hacedla crecer con la gracia divina, generosamente y sin mediocridad, planteándoos seriamente la meta de la santidad. Y, ante nuestras flaquezas, que a veces nos abruman, contamos también con la misericordia del Señor, siempre dispuesto a darnos de nuevo la mano y que nos ofrece el perdón en el sacramento de la Penitencia.

Al edificar sobre la roca firme, no solamente vuestra vida será sólida y estable, sino que contribuirá a proyectar la luz de Cristo sobre vuestros coetáneos y sobre toda la humanidad, mostrando una alternativa válida a tantos como se han venido abajo en la vida, porque los fundamentos de su existencia eran inconsistentes. A tantos que se contentan con seguir las corrientes de moda, se cobijan en el interés inmediato, olvidando la justicia verdadera, o se refugian en pareceres propios en vez de buscar la verdad sin adjetivos.

Sí, hay muchos que, creyéndose dioses, piensan no tener necesidad de más raíces ni cimientos que ellos mismos. Desearían decidir por sí solos lo que es verdad o no, lo que es bueno o malo, lo justo o lo injusto; decidir quién es digno de vivir o puede ser sacrificado en aras de otras preferencias; dar en cada instante un paso al azar, sin rumbo fijo, dejándose llevar por el impulso de cada momento. Estas tentaciones siempre están al acecho. Es importante no sucumbir a ellas, porque, en realidad, conducen a algo tan evanescente como una existencia sin horizontes, una libertad sin Dios. Nosotros, en cambio, sabemos bien que hemos sido creados libres, a imagen de Dios, precisamente para que seamos protagonistas de la búsqueda de la verdad y del bien, responsables de nuestras acciones, y no meros ejecutores ciegos, colaboradores creativos en la tarea de cultivar y embellecer la obra de la creación. Dios quiere un interlocutor responsable, alguien que pueda dialogar con Él y amarle. Por Cristo lo podemos conseguir verdaderamente y, arraigados en Él, damos alas a nuestra libertad. ¿No es este el gran motivo de nuestra alegría? ¿No es este un suelo firme para edificar la civilización del amor y de la vida, capaz de humanizar a todo hombre?

Queridos amigos: sed prudentes y sabios, edificad vuestras vidas sobre el cimiento firme que es Cristo. Esta sabiduría y prudencia guiará vuestros pasos, nada os hará temblar y en vuestro corazón reinará la paz. Entonces seréis bienaventurados, dichosos, y vuestra alegría contagiará a los demás. Se preguntarán por el secreto de vuestra vida y descubrirán que la roca que sostiene todo el edificio y sobre la que se asienta toda vuestra existencia es la persona misma de Cristo, vuestro amigo, hermano y Señor, el Hijo de Dios hecho hombre, que da consistencia a todo el universo. Él murió por nosotros y resucitó para que tuviéramos vida, y ahora, desde el trono del Padre, sigue vivo y cercano a todos los hombres, velando continuamente con amor por cada uno de nosotros.

Encomiendo los frutos de esta Jornada Mundial de la Juventud a la Santísima Virgen María, que supo decir «sí» a la voluntad de Dios, y nos enseña como nadie la fidelidad a su divino Hijo, al que siguió hasta su muerte en la cruz. Meditaremos todo esto más detenidamente en las diversas estaciones del Via crucis. Y pidamos que, como Ella, nuestro «sí» de hoy a Cristo sea también un «sí» incondicional a su amistad, al final de esta Jornada y durante toda nuestra vida. Muchas gracias.


EL PAPA PIDE A LOS JÓVENES VALENTÍA Y CONVIVENCIA EN SU LLEGADA A ESPAÑA

Benedicto XVI pide a los jóvenes que den un testimonio valiente, sin ocultar su propia identidad cristiana, en un clima de respetuosa convivencia y exigiendo al mismo tiempo el debido respeto a las propias opciones El Papa dice que es urgente animar a los jóvenes a permanecer firmes en la fe y afirma que la JMJ trae un mensaje de esperanza en el futuro del mundo y de la Iglesia Los Reyes agradecieron al Papa su visita, mientras que una ‘joven guardia suiza’, compuesta por unos 60 niños ataviados con el uniforme tradicional, ha dado la bienvenida a Benedicto XVI

MADRID, (BETANIA-JMJ) Benedicto XVI ha pedido a los jóvenes tras aterrizar en Madrid “que no se avergüencen del Señor” y “den un testimonio valiente y lleno de amor al hombre, sin ocultar su propia identidad cristiana, en un clima de respetuosa convivencia con otras legítimas opciones y exigiendo al mismo tiempo el debido respeto a las propias”. Estas han sido sus primeras palabras en tierra española, durante este viaje para participar en la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid, que comenzó el pasado 16 de agosto. En su discurso de bienvenida, el Papa ha señalado que, ante las dificultades y amenazas que les acechan, “es urgente animar a los jóvenes a permanecer firmes en la fe”. “Se les acosa queriendo apartarlos de Él, privándolos de los signos de su presencia en la vida pública, y silenciando hasta su santo nombre. Pero yo vuelvo a decir a los jóvenes, con todas las fuerzas de mi corazón: que nada ni nadie os quite la paz; no os avergoncéis del Señor”, palabras que fueron recibidas con una gran ovación del público. Tras agradecer al Rey sus palabras de bienvenida, Benedicto XVI, interrumpido en varias ocasiones por los lemas y cantos de saludo de los jóvenes, recordó las “inolvidables muestras de simpatía” que siempre ha recibido en anteriores visitas apostólicas a España y saludó a todos los que han contribuido con su esfuerzo y trabajo en la Jornada Mundial de la Juventud, convocatoria que “trae un mensaje de esperanza, que nos llena de confianza ante el mañana de la Iglesia y del mundo”, dijo.

Poco antes de las 12 de mediodía el avión papal ha tomado tierra en el aeropuerto de Barajas. Con una gran sonrisa, Benedicto XVI ha saludado desde lo alto de la escalerilla, acompañado por el nuncio en España, Renzo Frantini, y el introductor de embajadores, José María Rodríguez Coso, que subieron rápidamente para dar el primer recibimiento al Papa. Al pie del avión se encontraban los Reyes de España, don Juan Carlos y doña Sofía, y el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela. Tras un cordial recibimiento, al que se añadió la presencia de un grupo de niños ataviados con el uniforme de la Guardia Suiza, la banda de música de la compañía de honores interpretó los himnos pontificio y nacional.

En su discurso de bienvenida el Rey ha agradecido al Romano Pontífice su nueva visita a España, “un país abierto al mundo”, en el que “la aportación artística, religiosa y cultural del Cristianismo resultan clave para comprender su identidad”. “Confiamos en vuestro aliento, Santo Padre, no solo para animar a los jóvenes de España y del mundo entero a seguir creciendo en valores, sino para sensibilizar a nuestras sociedades sobre la necesidad de respaldarles en sus proyectos e ilusiones”. Finalizados los discursos, Benedicto XVI pasó a saludar a las autoridades principales: el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, los ministros Ramón Jáuregui, Antonio Camacho y Trinidad Jiménez; la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, y el alcalde de la ciudad, Alberto Ruiz-Gallardón, además de otros representantes de los poderes del Estado, así como numerosos cardenales y obispos llegados a la capital. Entre ellos, el presidente del Consejo Pontificio para los Laicos, cardenal Stanislaw Rylko, y César Franco, coordinador general de la JMJ y obispo auxiliar de Madrid. Calurosa acogida Al otro lado de las vallas, unas dos mil personas se habían congregado desde las diez de la mañana. Entre el público se encontraban numerosos jóvenes y familiares de los componentes de la “Joven Guardia Suiza”, que ya se ha hecho tradicional en los recibimientos españoles al Papa. Los niños han ensayado durante meses un cordón de honor a Benedicto XVI a imitación de la Guardia Papal del Vaticano y han tenido que acostumbrarse a verse ataviados con unos uniformes diseñados en los vivos colores de los Medicis.

La gran mayoría de los participantes en este recibimiento son estudiantes de colegios de Madrid, que recibieron la invitación de los organizadores meses atrás. En las dos horas de espera se escucharon canciones y lemas. Los congregados portaban pancartas que recogían palabras de bienvenida al Papa; otros cantaban y agitaban banderitas con los colores vaticanos. “Hemos tenido una suerte tremenda”, afirmaba una de las chicas, “es emocionante poder seguir tan de cerca la llegada del Papa; queremos que el Santo Padre note el calor de nuestra cercanía, así que la espera se nos ha hecho corta”.


PALABRAS DE BIENVENIDA DEL REY DON JUAN CARLOS

MADRID (BETANIA) Ofrecemos en texto íntegro las palabras de bienvenida del Rey Don Juan Carlos a l Papa Benedicto.

TEXTO ÍNTEGRO

Santidad,

Os doy de corazón la más afectuosa bienvenida a España, que Os acoge con gran alegría y con el muy grato recuerdo de Vuestras anteriores Visitas a nuestro país, en las que pudimos disfrutar de Vuestra amistad y cercanía.

Nos sentimos muy honrados de que hoy iniciéis la tercera Visita a España en los seis primeros años de Vuestro Pontificado.

Lo interpretamos como una especial distinción a nuestro país, que apreciamos y agradecemos en muy alta medida.

Una vez más Vuestra estancia en nuestra tierra -en la que deseamos que Os sintáis como en Vuestra propia casa- está llena de significación y alcance.

Conocemos Vuestra ilusión por venir a Madrid -una de las capitales europeas más abiertas y hospitalarias- para reuniros con jóvenes de todo el Planeta y hacerles llegar la fuerza de Vuestra palabra.

Cientos de miles de chicos y de chicas, venidos del resto de las tierras españolas y del mundo entero, Os esperan con entusiasmo para celebrar la Vigésimo Sexta Jornada Mundial de la Juventud, y acercarse a la hondura de Vuestro pensamiento.

Sabemos que, con esta convocatoria, la Iglesia viene expresando desde hace años su voluntad de cercanía y apoyo a la juventud. Una juventud que busca colmar sus legítimas aspiraciones en este mundo complejo e interdependiente.

Dedicamos un emocionado recuerdo a la gran figura inspiradora de esta iniciativa, Su Santidad el Papa Juan Pablo Segundo, que también realizó su tercer Viaje a España para presidir en 1989 la memorable Cuarta Jornada Mundial de la Juventud en Santiago de Compostela.

Santo Padre,

Por segunda vez esta Jornada vuelve a España, en donde tantos jóvenes, familias e instituciones reciben con los brazos abiertos a cuantos nos visitan desde los más variados rincones de la Tierra.

Muchos han llegado tras un largo viaje para dar testimonio de su ambición por lograr un mundo mejor en un clima de amistad.

En España encontrarán un país abierto al mundo por historia, lengua y cultura; una gran Nación democrática, antigua y diversa, amante de la paz, la libertad y la justicia.

Como ya quise destacar con ocasión de Vuestra despedida en Barcelona, la aportación artística, cultural y religiosa del Cristianismo resulta clave para entender la personalidad histórica de España.

Esta España comprometida con Europa, de profundavocación iberoamericana y mediterránea, es al mismo tiempo una Nación con una juventud solidaria como bien lo refleja su participación, entre otros ámbitos, en la Cooperación al Desarrollo o en las operaciones internacionales de mantenimiento de la paz.

Por ese sentido profundo de la solidaridad, por su compromiso social y por su afán de superación personal, la juventud española -la mejor formada de nuestra Historia- nos inspira sentimientos de orgullo y de confianza en el porvenir.

Santo Padre,

Desde la Primera Jornada Mundial de la Juventud se han producido indudables transformaciones para la vida de los hombres y en la escena internacional.

Junto a avances, descubrimientos y nuevas oportunidades, persisten sin embargo la pobreza, las enfermedades, o los ataques a los derechos humanos y a la dignidad de las personas; y sobre todo, el dolor provocado por las guerras y por el inaceptable flagelo del terrorismo.

Al iniciarse esta Jornada Mundial no podemos dejar de recordar muy especialmente a tantos niños y jóvenes víctimas de la violencia, que están hoy particularmente presentes en nuestros corazones.

Santidad,

Cuantos han venido a Madrid aguardan Vuestro reconocido magisterio de paz, caridad y justicia, para encauzar sus vidas, afrontar con éxito los desafíos actuales y construir una sociedad mejor.

No son estos tiempos fáciles para una juventud tantas veces frustrada por falta de horizontes personales y laborales, y que se rebela ante los graves problemas que aquejan al ser humano y al mundo de hoy.

En el trasfondo de todo ello se percibe una profunda crisis de valores. Los jóvenes necesitan no sólo oportunidades, sino también la ejemplaridad de sus mayores; no sólo razones, sino actitudes que motiven, llenen e impulsen su existencia y alienten su esperanza.

Como ha afirmado Vuestra Santidad en el Mensaje para esta Jornada Mundial “Sentir el anhelo de lo que es realmente grande, forma parte del ser joven”.

No podemos defraudar a los jóvenes en su legítimo anhelo de hacer realidad sus sueños. Sus aspiraciones y problemas deben ser nuestras primeras prioridades. En ello nos va su propio porvenir que es también el de toda la sociedad.

Es hora de redoblarles nuestro apoyo; de aportarles todos los medios disponibles para que logren abrirse camino; de acabar con el intolerable paro juvenil; y de animarles a tomar la antorcha de los valores que hacen grande a la Humanidad.

Confiamos en Vuestro aliento, Santo Padre, no solo para animar a los jóvenes de España y del mundo entero a seguir creciendo en valores, sino para sensibilizar a nuestras sociedades sobre la necesidad de respaldarles en sus proyectos e ilusiones.

Os reitero la más afectuosa y cordial bienvenida en nombre de la Reina y en el mío propio, así como en nombre del pueblo español y de sus instituciones.

Os deseamos, Santidad, una muy feliz y fructífera estancia entre nosotros, esta vez en la histórica y bella ciudad de Madrid y en la dinámica Comunidad Autónoma de Madrid.

Muchas gracias, Santidad, por visitarnos de nuevo.


INICIO DE LA JMJ

La homilía del Cardenal de Madrid

MADRID (BETANIA).-La Jornada Mundial de la Juventud, en su edición de Madrid, España, de 2011 se iniciaba con una misa multitudinaria en la Plaza de Colón oficiada por el cardenal arzobispo de Madrid, Mons. Rouco, en la Misa de apertura de la JMJ. Facilitamos el texto ofrecido por la Agencia SIC el 17 de agosto de 2011.

TEXTO ÍNTEGRO

Mis queridos hermanos y hermanas en el Señor:

1. ¡Bienvenidos a Madrid para la XXVI Jornada Mundial de la Juventud convocada por nuestro Santo Padre Benedicto XVI hace tres años en Sydney y que se inicia con la solemne celebración eucarística en esta céntrica Plaza madrileña de la Cibeles!

¡Bienvenidos Sres. Cardenales, Arzobispos y Obispos! ¡Os saludo con afecto fraterno en el Señor! Os acompañan numerosos sacerdotes, consagrados y consagradas y una ingente multitud de jóvenes, esperanza y futuro de nuestras Iglesias particulares, de nuestros pueblos y naciones, ¡de la Iglesia entera!

2. Permitidme que me dirija a ellos directamente como Pastor de la Iglesia Diocesana de Madrid y como Presidente de la Conferencia Episcopal Española y que les diga con todo el corazón:

Queridos jóvenes del mundo: ¡Bienvenidos a España! Muchos de vosotros habéis experimentado y apreciado ya en los días de la semana previa en vuestro recorrido por las Diócesis españolas la cordial acogida y el amor fraterno de vuestros hermanos los jóvenes de España, de sus familias, de sus comunidades y de sus Pastores. Habéis podido comprobar que esa actitud de brazos abiertos y de cálida simpatía tiene que ver profundamente con el hecho vivo de un viejo país formado por una comunidad de pueblos: ¡España!, cuya principal seña de identidad histórica, ¡de su cultura y modo de ser!, es la profesión de la fe cristiana de sus hijas e hijos en la comunión de la Iglesia Católica. La personalidad histórica de España se forja con rasgos inconfundibles en torno a la visión cristiana del hombre y de la vida desde los albores mismos de su historia, iniciada en gran medida con la primera andadura de la predicación apostólica en suelo español hace casi dos mil años. Uno de los más lúcidos escritores e intérpretes de la España contemporánea pudo decir: “España se constituye animada por un proyecto histórico que es su identificación con el cristianismo”[1].

3. ¡Bienvenidos a España y bienvenidos a Madrid, su Capital! La Iglesia metropolitana de Madrid con sus Diócesis sufragáneas, Alcalá de Henares y Getafe, os abren no sólo las puertas físicas de sus parroquias, de sus colegios, de sus más variados edificios e instalaciones culturales y deportivas, junto con las cedidas generosamente por las instituciones públicas y privadas para este acontecimiento singular, sino, también, esos ámbitos más humana y cristianamente cálidos que son sus familias y sus comunidades. Es decir: ¡os abren las puertas de su corazón!

¡Sentíos como en vuestra propia casa, como en vuestro propio hogar! La Iglesia y el pueblo de Madrid quiso −y quiere− ser para todos vosotros desde ayer mismo, en ese siempre difícil momento de la llegada y del alojamiento de los peregrinos y durante los días de la Jornada que culminan el domingo, lugar propicio para vivir la amistad y la fraternidad cristiana en el marco a la vez humano y divino de la Iglesia Universal, que es Casa y Familia de los hijos de Dios esparcidos por toda la faz de la tierra. Y así como España no es inteligible sin su bimilenaria tradición católica, Madrid, residencia real y su Capital desde la segunda mitad del siglo XVI, en plena irrupción de la Modernidad, tampoco. Las raíces cristianas de esta ciudad, muy antiguas, bien identificadas al iniciarse el segundo milenio del cristianismo, siguen vivas y vigorosas influyendo en la configuración de su fisonomía social, cultural y humana, pero, sobre todo, de su alma: ¡el alma de sus hijos e hijas! ¡Madrid es una ciudad acogedora y cordial de todos los que la visitan, vengan de donde vengan!

4. Las Jornadas Mundiales de la Juventud, con su ya larga trayectoria de más de un cuarto de siglo, son inseparables del Beato, en cuya memoria celebramos esta tarde la Eucaristía en la Plaza de la Cibeles madrileña; muy cerca, por cierto, del lugar en que él mismo presidió tres grandes celebraciones en los años 1982, 1993 y 2003. Os estoy hablando del inolvidable, venerado y querido Juan Pablo II. ¡El Papa de los jóvenes! Con Juan Pablo II se inicia un periodo histórico nuevo, ¡inédito!, en la relación del Sucesor de Pedro con la juventud, y, consecuentemente, una hasta entonces desconocida relación de la Iglesia con sus jóvenes: relación directa, inmediata, de corazón a corazón, impregnada de una fe en el Señor, en Jesucristo, entusiasta, esperanzada, alegre, contagiosa. Desde aquella convocatoria primera de la Jornada de 1985 en Roma hasta esta Jornada de Madrid se ha ido desgranando una bella historia de fe, esperanza y amor en tres generaciones de jóvenes católicos y no católicos, que han visto cómo se transformaba su vida en Cristo y cómo surgían entre ellos innumerables vocaciones para el sacerdocio, la vida consagrada, el matrimonio cristiano y el apostolado. La santidad personal de Juan Pablo II brilla con un atractivo singular precisamente en este aspecto de la evangelización de los jóvenes contemporáneos. Nuestro Santo Padre Benedicto XVI no ha dudado en resaltar el amor a los jóvenes de Juan Pablo II en la Homilía de su Beatificación el primero de Mayo en la Plaza de San Pedro.

5. El secreto de esa luminosa personalidad, moldeada en la perfección de la caridad, se desvela fácilmente a la luz de la Palabra de Dios que ha sido proclamada. La clave de explicación de toda su vida, consagrada al Señor, a la Iglesia y al hombre, no es otra que su encendido amor a Jesucristo, del que, como San Pablo, no quiso apartarse nunca. Juan Pablo II pasó también en su vida por la aflicción, por la angustia, por la persecución, por las carencias más elementales en los años de la II Guerra Mundial, de la ocupación implacable y cruel de su patria, del despojo inhumano de los suyos… Sufrió el dolor de los perseguidos por la causa de Cristo antes y después de su elección a la Sede de Pedro: literalmente, hasta la sangre. Testigo indomable de la verdad y de la esperanza cristiana, vivió la verdad del “si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?”, sin miedo a ninguna oposición interna o externa a la Iglesia. ¡Fue un valiente de Cristo! Nada pudo apartarle de su amor.

¡Que emocionante resulta imaginarse y revivir los momentos de su diálogo íntimo con el Señor cuando le pregunta si “le ama más que éstos”! ¡Cuántas veces le habrá respondido en las más críticas, doloridas y decisivas circunstancias de sus años de Pastor de la Iglesia Universal: “Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero”! El Papa sabía muy bien que apacentar las ovejas de Jesús comportaba dejase “ceñir” por otro y ser llevado adonde uno no quisiera.

6. Este amor apasionado a Jesucristo es precisamente lo que fascinaba y cautivaba a los jóvenes. Comprendían que de este modo ellos eran queridos y amados por el Papa de verdad: sin halagos, ni disimulos; ni interesada, engañosa o superficialmente; sino con toda la autenticidad del que sólo buscaba su bien, el bien de sus vidas: ¡su felicidad!, ¡su salvación! Y lo buscaba entregando, sin reservase nada, la propia vida. Lo intuían con el corazón más que lo razonaban con la cabeza. No es extraño, pues, que viesen en el Papa a aquel mensajero de la gracia y de la paz de Jesucristo, anunciado por el Profeta Isaías, cuando decía: “¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la Buena Nueva, que pregona la victoria, que dice a Sión: «Tu Dios es rey»!”. Quien quiera que haya vivido las Jornadas Mundiales de Buenos Aires, Santiago de Compostela, Czestochowa, Denver, Manila, Paris, Roma, Toronto… habrá podido constatar que en la forma de recibir al Papa, con aquella mezcla tan entrañable de júbilo y respetuosa ternura, los jóvenes demostraban que le estaban reconociendo como aquel que venía a su encuentro en el nombre del Señor.

7. A partir de la IV Jornada Mundial de la Juventud en Santiago de Compostela en 1989 las Jornadas se conciben y viven como el final gozoso de una peregrinación, fuese cual fuese el lugar de su celebración, sintonizando con el estilo atrayente de la tradición cristiana. Al invitaros a participar en esta Jornada de Madrid, la vigésimo sexta, el Papa os está diciendo: poneos en camino para un nuevo encuentro con el Señor, el amigo, el hermano, ¡Jesucristo! El es el único que puede comprenderos y conduciros a la verdad; daros la vida que no acaba nunca; daros la felicidad: ¡el Amor verdadero! Sí, los jóvenes de las Jornadas Mundiales de la Juventud han sido desde Santiago de Compostela y para siempre peregrinos de la Iglesia. Recorren en comunión con ella un excepcional itinerario espiritual de consecuencias decisivas para el futuro de sus vidas. Comprueban que la senda señalada por el Sucesor de Pedro les lleva efectivamente a Cristo sin que ningún poder humano pueda impedirlo. Senda para su búsqueda; pero sobre todo, camino para su encuentro. Él es el que toma la iniciativa. Juan Pablo II nos recordaba en “el Monte del Gozo” compostelano en la vigilia de la noche del 19 de agosto de 1989 que “la tradición espiritual del Cristianismo no sólo subraya la importancia de nuestra búsqueda de Dios. Resalta algo todavía más importante: es Dios que nos busca. Él nos sale al encuentro”. ¡Cristo es, queridos jóvenes, el que os busca y sale al encuentro en la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid 2011! Dejarse encontrar por Él es la clave del éxito de toda Jornada Mundial de la Juventud. Y, por supuesto, también de ésta que hoy comenzamos. ¡Será vuestro éxito!

8. Benedicto XVI, nuestro Santo Padre, ha presidido las Jornadas de Colonia en agosto de 2005 y de Sydney en julio del 2008 en continuidad creativa con Juan Pablo II. ¡Inolvidables ambas! Pasado mañana, día 18 de agosto, llegará D.m. a Madrid, para presidir la que hoy y ahora se inicia con la Acción de Gracias y la Plegaria Eucarística de este atardecer madrileño en la Plaza de la Cibeles. En su llamada dirigida a vosotros, jóvenes del avanzado comienzo del Tercer Milenio, resuenan con nuevos y sugestivos acentos la misma solicitud paternal y el mismo amor que movió al Beato Juan Pablo II a instituir las Jornadas Mundiales de la Juventud. Vosotros, los jóvenes que os encontráis aquí, y otros muchos que hubieran deseado participar en nuestra Jornada de Madrid y no han podido o no han querido, sois la generación de Benedicto XVI. No es la misma que la de Juan Pablo II. Vuestro “sitio en la vida” tiene sus peculiaridades. Vuestros problemas y circunstancias vitales se han modificado. La globalización, las nuevas tecnologías de la comunicación, la crisis económica, etc., os condicionan para bien y, en muchas ocasiones, para mal. A los jóvenes de hoy, con raíces existenciales debilitadas por un rampante relativismo espiritual y moral, “encerrados por el poder dominante” (Benedicto XVI. Mensaje para la JMJ 2011, 1), y sin hallar sólidos fundamentos para vuestras vidas en la cultura y la sociedad actuales, incluso, no rara vez, en la propia familia…, se os tienta poderosamente hasta los límites de haceros perder la orientación en el camino de la vida: ¿Cómo no va a vacilar a veces vuestra fe? La juventud del siglo XXI necesita, tanto o más que las generaciones precedentes, encontrar al Señor por la única vía que se ha demostrado espiritualmente eficaz: la del peregrino humilde y sencillo que busca su rostro. El joven de hoy necesita ver a Jesucristo cuando Él le sale al encuentro en la Palabra, en los Sacramentos, “también, muy especialmente, en la Eucaristía y en el Sacramento de la Penitencia, en los pobres y enfermos, en los hermanos que están en dificultad y necesitan ayuda” (Benedicto XVI. Mensaje, 4). Necesita verle y entrar en diálogo íntimo con Él, que le ama sin pedirle nada a cambio, salvo la respuesta de su amor. La intención del Papa, que tanto os quiere, va justamente en esta dirección: que experimentéis en la Comunión Católica de la Iglesia la verdad y la imperiosa urgencia de hacer vida vuestra el lema de la Jornada Mundial de la Juventud 2011: “arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe” (Cf. Col 2,7).

9. Juan Pablo II concebía las Jornadas Mundiales de la Juventud como un valiosísimo instrumento de la nueva evangelización. También, nuestro Santo Padre Benedicto XVI.

Queridos jóvenes: ¡vivid, pues, esta celebración eucarística de la inauguración de la Jornada Mundial de la Juventud agradeciendo al Señor el sentiros llamados desde este mismo momento a ser sus discípulos y testigos! ¡No lo dudéis! Jesucristo os muestra el camino y la meta de la verdadera felicidad. No sólo a vosotros; también a vuestros compañeros y amigos alejados de la práctica religiosa e, incluso, de la fe o desconocedores de la misma. Jesús os busca para enraizarse en vuestro corazón de jóvenes del Tercer Milenio. Vivid la celebración como la gran Plegaria de la Iglesia que ofrece el Sacrificio de Jesucristo Crucificado y Resucitado al Padre como suyo propio por la salvación de todos los hombres; y en la Comunión eucarística de su Cuerpo y de su Sangre no rehuyáis que os haga enteramente suyos. Tened presente estos días que el Señor, por medio del Papa, os va a preguntar: ¿aceptáis el formidable y hermoso reto de “la nueva evangelización” de vuestros jóvenes coetáneos? Respondedle que sí, recordando aquella vibrante y valiente llamada de Juan Pablo II en la Homilía del Monte del Gozo el 20 de agosto de 1989: ¡“No tengáis miedo a ser santos”! ¡“dejad que Cristo reine en vuestros corazones”! Respondedle que sí con toda la capacidad de ilusión y apertura generosa a los grandes ideales de la vida que os es tan propia. ¡Responded a la renovada llamada de Benedicto XVI con un claro y coherente compromiso de vida! Se evangeliza con las palabras y con las obras, hoy más que nunca. Juan Pablo II decía a los jóvenes españoles en la Vigilia Mariana de “Cuatro Vientos”, el 3 de mayo de 2003, que la nueva evangelización es una tarea de todos en la Iglesia: “En ella los laicos tienen un papel protagonista, especialmente los matrimonios y las familias cristianas, sin embargo, la evangelización requiere hoy con urgencia sacerdotes y personas consagradas. Por lo tanto, si en estos días oyes la llamada de Dios “que te dice: «¡Sígueme!» (Mc 2, 14; Lc 5.22), no lo acalles. Sé generoso, responde como María ofreciendo el sí gozoso de tu persona y de tu vida”.

10. Al cuidado maternal de la Virgen María, Madre del Señor y Madre de la Iglesia, nos confiamos al iniciar la Jornada Mundial de la Juventud 2011. Los madrileños la invocan como su Patrona bajo la advocación de “Santa María, la Real de la Almudena”. María ha velado siempre por la firmeza de la fe, por la certeza de la esperanza y por el ardor de la caridad de todas sus hijas e hijos de Madrid. ¡Que vele muy especialmente estos días por vosotros, los jóvenes de esta Jornada Mundial de la Juventud del 2011, peregrinos a esta ciudad eminentemente mariana que es Madrid para el encuentro con el Santo Padre! ¡Que os cuide como sólo ella sabe hacerlo!, ¡que cuide a nuestro Santo Padre Benedicto XVI, a los Obispos y sacerdotes, a todos vuestros Pastores y acompañantes! ¡que cuide y proteja a vuestras familias! Rememorando la oración de Juan Pablo II, recitada al finalizar la inolvidable Vigilia del Rosario, ya mencionada −¡su broche de oro!−, os invito a implorar esta noche a María con sus mismas palabras:

“Dios te salve, María, llena de gracia.

Esta noche te pido por los jóvenes

venidos a Madrid desde todos los rincones de la tierra,

jóvenes llenos de sueños y esperanzas.

Ellos son los centinelas del mañana,

el pueblo de las Bienaventuranzas:

son la esperanza viva de la Iglesia y del Papa.

 

Santa María, Madre de los jóvenes,

intercede para que sean testigos de Cristo Resucitado,

apóstoles humildes y valientes del tercer milenio,

heraldos generosos del Evangelio.

Santa María, Virgen Inmaculada,

reza con nosotros, reza por nosotros”. Amén.

Santos Patronos de la JMJ 2011 −San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza, San Ignacio de Loyola, San Juan de Ávila, San Francisco Javier, San Juan de la Cruz, Santa Rosa de Lima, San Rafael Arnáiz− ¡rogad por nosotros!

¡Beato Juan Pablo II ruega por nosotros, ruega por los jóvenes de la JMJ 2011 para que abran de par en par sus corazones a la gracia salvadora de Cristo, el único Redentor del hombre, en estos extraordinarios días del Espíritu en los que queremos “contar las maravillas del Señor a todas las naciones”! Amén.


LAS JORNADAS DE LAS JUVENTUD, ESCUELAS DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN

Por el Padre Thomas Rosica *

MADRID (ZENIT.org).- A lo largo de su pontificado, el Papa Juan Pablo II gozó de una increíble popularidad entre los jóvenes católicos. Una de las grandes razones fue el énfasis que puso en las Jornadas Mundiales de la Juventud, una iniciativa que comenzó en 1985. A través de estos encuentros nacionales e internacionales, Juan Pablo II lo dejó muy claro: los jóvenes no sólo son el futuro de la Iglesia, sino también su presente.

Ante el cinismo, la desesperación y la falta de sentido que prevalecen en el mundo de hoy, la base de la nueva evangelización en el corazón de la enseñanza de Juan Pablo II es inspirar esperanza y vitalidad en la Iglesia. El Papa sabía muy bien que el mundo a menudo se caracteriza por la separación, la fragmentación y la soledad. A través del don de las Jornadas Mundiales de la Juventud, ofreció grandes oportunidades para convertirse en portadores de esperanza, agentes de la comunidad e instrumentos de una globalización moral.

La beatificación del Papa Juan Pablo II nos invita a hacer un balance de los dones que hemos recibido de él y a examinar la forma en que su visión y esperanza han afectado nuestros propios esfuerzos en el ministerio pastoral con adultos jóvenes.

LA FORMACIÓN DE UNA GENERACIÓN

Entre los elementos centrales de las Jornadas Mundiales de la Juventud se encuentran el culto, la Sagrada Escritura, la catequesis, los sacramentos, la cruz, los santos, la peregrinación, el servicio y las vocaciones. Cada uno de estos componentes contribuye en gran medida a un ministerio pastoral eficaz con los jóvenes, y debe encontrar su lugar en ese ministerio.

La preparación para las Jornadas Mundiales de la Juventud ofrece a la Iglesia grandes momentos para profundizar en la piedad cristiana y la devoción. En todo Canadá, es poco probable que se olviden las poderosas imágenes de la Cruz de la Jornada Mundial de la Juventud durante su histórico peregrinaje en 2002. Con la ayuda de los Caballeros de Colón, la cruz viajó a través de más de 350 ciudades, pueblos y aldeas de costa a costa. Finalmente, durante el Día Mundial de la Juventud en Toronto, la magnífica presentación de las Estaciones de la Cruz fue un profundo testimonio de la historia cristiana en el corazón de una ciudad moderna.

Los jóvenes adultos necesitan héroes y heroínas de hoy, y el Papa Juan Pablo II nos ha dejado excepcionales modelos de santidad y humanidad. Durante su pontificado canonizó a 482 santos y proclamó a otros 1,338 beatos. Qué apropiado que uno de los principales patrones del Día Mundial de la Juventud en Madrid en agosto de 2011 sea el beato Juan Pablo II.

Muchos sacerdotes y religiosas jóvenes han dicho “sí” a su vocación gracias al testimonio personal de Juan Pablo II, quien les dijo, “¡No tengáis miedo!”. Muchos hombres y mujeres jóvenes han descubierto el sentido de su teología del cuerpo y han llegado al matrimonio con profunda fe y convicción. Y mucha gente común ha hecho cosas extraordinarias gracias a su influencia, su enseñanza y hasta sus gestos.

El extraordinario impacto que Juan Pablo II tuvo en las generaciones más jóvenes felizmente continuó con su sucesor. Durante la Misa de clausura de la Jornada Mundial de la Juventud en 2008, el cardenal George Pell de Sydney, agradeció al Papa Benedicto XVI con estas palabras: “Su Santidad, las Jornadas Mundiales de la Juventud fueron el invento del Papa Juan Pablo el Grande. La Jornada Mundial de la Juventud en Colonia ya se había anunciado antes de su elección. Decidió seguir con las Jornadas Mundiales de la Juventud y celebrar ésta en Sydney. Estamos profundamente agradecidos por esta decisión, lo que indica que las Jornadas Mundiales de la Juventud no pertenecen a un Papa, o incluso a una generación, sino que ahora forman parte normal de la vida de la Iglesia. La generación de Juan Pablo II — jóvenes y viejos por igual — se enorgullece de ser hijos e hijas fieles del Papa Benedicto XVI”.

UNA IGLESIA JOVEN

Una persona puede optar por hablar acerca de su experiencia en la Jornada Mundial de la Juventud como algo del pasado que iluminó las sombras y la monotonía de la vida en un brillante momento en la historia. Hay, sin embargo, otra perspectiva. La historia del Evangelio no trata de momentos de “Camelot”, sino de momentos “Magnificat”, invitando constantemente a los cristianos a aceptar el himno de María de alabanza y acción de gracias por las formas en que Dios Todopoderoso transita por la historia humana, aquí y ahora. En otras palabras, la vida cristiana no se nutre sólo de recuerdos por muy buenos y hermosos que sean. La resurrección de Jesús no es el recuerdo de un acontecimiento lejano, sino que es la Buena Nueva que se sigue cumpliendo.

Debemos ser honestos y admitir que las Jornadas Mundiales de la Juventud no ofrecen una panacea o una solución rápida a los problemas de nuestro tiempo, tampoco a los desafíos que enfrenta la Iglesia de hoy cuando nos acercamos a las generaciones más jóvenes. En cambio, estos eventos ofrecen un nuevo cristal a través del cual miramos a la Iglesia y al mundo y construimos nuestro futuro común. Una cosa está clara: Nadie podría retirarse de Toronto, Colonia o Sydney pensando que es posible dividir su fe en secciones o reducirla a unas pocas reglas y celebraciones del domingo.

No puedo dejar de recordar las palabras conmovedoras del cardenal James Francis Stafford al dirigirse a la multitud de jóvenes reunidos en los alrededores de la Plaza de San Pedro en la ceremonia de inauguración de la Jornada Mundial de la Juventud del Jubileo el 15 de agosto de 2000. Dirigiéndose al Papa Juan Pablo II, visiblemente emocionado y envejecido, el cardenal Stafford dijo: “Santo Padre, a medida que transitaba por la década de los años 1960 a las sesiones del Concilio [Vaticano II] para expresar una vez más el misterio de la siempre joven Iglesia, experimentó muchas veces el abrazo de estas grandiosas columnatas. Hoy todos oramos para que su felicidad pueda ser completa. Porque estas multitudes juveniles, ahora también rodeadas por los brazos de San Pedro, son testigos vivos de la esperanza del Concilio y de la suya”.

Así, el cardenal expresó de la forma más bella la misión y el propósito de las Jornadas Mundiales de la Juventud, que son una foto instantánea de la alegría, la esperanza y la unidad a la que está llamada la Iglesia. Como dijo el Papa Benedicto XVI en su homilía inaugural en 2005, “La Iglesia está viva y es joven; lleva en sí misma el futuro del mundo y, por tanto, indica también a cada uno de nosotros la vía hacia el futuro”. Las Jornadas Mundiales de la Juventud son un recordatorio de esta verdad.

* El sacerdote y religioso Thomas Rosica fue el director nacional y director ejecutivo de la Jornada Mundial de la Juventud 2002 en Toronto. Es director ejecutivo del canal católico de televisión Salt and Light de Canadá desde 2003.


La Cruz de los jÓvenes vuelve a Madrid

El símbolo de la JMJ ha recorrido 20.000 kilómetros por toda España

Hacía 15 meses que Madrid despedía a la Cruz de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) y por fin esta tarde ha vuelto a la ciudad tras haber recorrido todas las diócesis de la geografía española, o lo que es lo mismo, nada menos que 20.000 kilómetros en los que miles de jóvenes se han podido acercar a la particular “antorcha olímpica” de la JMJ, que estará en diferentes iglesias de Madrid hasta la celebración de la Jornada.

El cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, ha dirigido el acto de bienvenida que ha tenido lugar en la catedral de la Almudena de Madrid para recibir a la Cruz de la JMJ que ha llegado al templo sostenida por doce jóvenes y escoltada por el Icono de la Virgen María. Ambos símbolos han sido colocados en el altar mayor de la catedral, donde permanecerá hasta el 30 de julio. A partir de ese día pasará por distintos templos de Madrid.

“Jesús es la verdad verdadera que ilumina a todo hombre que viene al mundo”, con esta frase ha comenzado Rouco Varela esta vigilia en la que los cánticos entonados por un coro de voluntarios de la JMJ han hecho de este encuentro un momento muy especial y emotivo para todos aquellos que llevan preparando con ilusión y durante tantos meses esta Jornada del Papa con los “jóvenes y con los que se sienten jóvenes de corazón”.

El significado de la Cruz

Durante su homilía el Cardenal de Madrid se ha dirigido a los jóvenes con un tono muy cercano y accesible para explicar el significado que debe tener el símbolo de la Cruz para todos los cristianos, y en especial para todos los que se reunirán del 16 al 21 de agosto en Madrid.

Abrazar la Cruz de Cristo, que es el instrumento que nos acerca al triunfo sobre la muerte física y del alma, a la victoria que nos conduce a la vida eterna y que da sentido a los pequeños éxitos que cosecha el hombre a lo largo de su vida, puede hacer que “la tierra sea un prólogo del cielo”. Así, esta Cruz de los peregrinos es un símbolo de la gloria de Jesús sobre la muerte y el dolor, y concretamente, tal y como esperamos, del éxito de este evento próximo, ya que “¿por qué la JMJ no va a ser un hito en la escritura de la historia de la salvación, un capítulo que nos acerque al Cielo?”.

Antes de finalizar el acto con el himno de la Jornada, Rouco Varela ha querido recordar el ejemplo de la Virgen María que no dudó en acercarse a la Cruz, así como a todos los santos patronos de la JMJ, entre los que se encuentra el recién beatificado Juan Pablo II. También ha querido agradecer a todos los organizadores de esta fiesta de la juventud y la alegría, a la vez que ha pedido oración para que sean muchos sus frutos. “Con esta Cruz ya nos hemos puesto en camino” ha concluido. Y nunca mejor dicho, ya queda menos de un mes para que Madrid reciba a los miles de jóvenes del mundo que asistirán a la JMJ, a los diferentes actos que se están preparando con tanto entusiasmo y que estarán presididos por esta enorme Cruz que Juan Pablo II entregó a la juventud del mundo en 1985 como “signo del amor de Cristo por la humanidad”. (JMJ-web)

Recorrido de la Cruz por Madrid:

31 DE JULIO: 9,00h, Iglesia San Jerónimo el Real, c/ Moreto, 4

1 DE AGOSTO: 9,00h, Parroquia Concepción de Ntra. Señora, c/ Goya, 26

2 DE AGOSTO: 10,00h, Catedral de Getafe

3 DE AGOSTO: 20,00h, Parroquia Santa María Micaela, c/ General Yagüe, 23

4 de AGOSTO: 20.00h, Parroquia San Bartolomé, c/ Guetaria, 1

5 DE AGOSTO: 9,00h, Parroquia Ntra. Sra. De la Moraleja, c/ Nardo, 44 - Alcobendas

6 DE AGOSTO: 10,00h, Catedral de Alcalá

7 de AGOSTO: 12,00h, Parroquia Ntra. Sra. De la Misericordia, c/ Arroyo del Olivar, 100

8 DE AGOSTO: 20,30h, Parroquia Santísimo Cristo de la Victoria, c/ Blasco de Garay, 33

12 DE AGOSTO: 19,00h, Parroquia San Miguel Arcángel, c/ General Ricardos, 21


Mensaje del Papa

MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI PARA LA XXVI JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD 2011

“Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe” (cf. Col 2, 7)

TEXTO ÍNTEGRO

Queridos amigos

Pienso con frecuencia en la Jornada Mundial de la Juventud de Sydney, en el 2008. Allí vivimos una gran fiesta de la fe, en la que el Espíritu de Dios actuó con fuerza, creando una intensa comunión entre los participantes, venidos de todas las partes del mundo. Aquel encuentro, como los precedentes, ha dado frutos abundantes en la vida de muchos jóvenes y de toda la Iglesia. Nuestra mirada se dirige ahora a la próxima Jornada Mundial de la Juventud, que tendrá lugar en Madrid, en el mes de agosto de 2011. Ya en 1989, algunos meses antes de la histórica caída del Muro de Berlín, la peregrinación de los jóvenes hizo un alto en España, en Santiago de Compostela. Ahora, en un momento en que Europa tiene que volver a encontrar sus raíces cristianas, hemos fijado nuestro encuentro en Madrid, con el lema: «Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (cf. Col 2, 7). Os invito a este evento tan importante para la Iglesia en Europa y para la Iglesia universal. Además, quisiera que todos los jóvenes, tanto los que comparten nuestra fe, como los que vacilan, dudan o no creen, puedan vivir esta experiencia, que puede ser decisiva para la vida: la experiencia del Señor Jesús resucitado y vivo, y de su amor por cada uno de nosotros.

1. En las fuentes de vuestras aspiraciones más grandes

En cada época, también en nuestros días, numerosos jóvenes sienten el profundo deseo de que las relaciones interpersonales se vivan en la verdad y la solidaridad. Muchos manifiestan la aspiración de construir relaciones auténticas de amistad, de conocer el verdadero amor, de fundar una familia unida, de adquirir una estabilidad personal y una seguridad real, que puedan garantizar un futuro sereno y feliz. Al recordar mi juventud, veo que, en realidad, la estabilidad y la seguridad no son las cuestiones que más ocupan la mente de los jóvenes. Sí, la cuestión del lugar de trabajo, y con ello la de tener el porvenir asegurado, es un problema grande y apremiante, pero al mismo tiempo la juventud sigue siendo la edad en la que se busca una vida más grande. Al pensar en mis años de entonces, sencillamente, no queríamos perdernos en la mediocridad de la vida aburguesada. Queríamos lo que era grande, nuevo. Queríamos encontrar la vida misma en su inmensidad y belleza. Ciertamente, eso dependía también de nuestra situación. Durante la dictadura nacionalsocialista y la guerra, estuvimos, por así decir, “encerrados” por el poder dominante. Por ello, queríamos salir afuera para entrar en la abundancia de las posibilidades del ser hombre. Pero creo que, en cierto sentido, este impulso de ir más allá de lo habitual está en cada generación. Desear algo más que la cotidianidad regular de un empleo seguro y sentir el anhelo de lo que es realmente grande forma parte del ser joven. ¿Se trata sólo de un sueño vacío que se desvanece cuando uno se hace adulto? No, el hombre en verdad está creado para lo que es grande, para el infinito. Cualquier otra cosa es insuficiente. San Agustín tenía razón: nuestro corazón está inquieto, hasta que no descansa en Ti. El deseo de la vida más grande es un signo de que Él nos ha creado, de que llevamos su “huella”. Dios es vida, y cada criatura tiende a la vida; en un modo único y especial, la persona humana, hecha a imagen de Dios, aspira al amor, a la alegría y a la paz. Entonces comprendemos que es un contrasentido pretender eliminar a Dios para que el hombre viva. Dios es la fuente de la vida; eliminarlo equivale a separarse de esta fuente e, inevitablemente, privarse de la plenitud y la alegría: «sin el Creador la criatura se diluye» (Con. Ecum. Vaticano. II, Const. Gaudium et Spes, 36). La cultura actual, en algunas partes del mundo, sobre todo en Occidente, tiende a excluir a Dios, o a considerar la fe como un hecho privado, sin ninguna relevancia en la vida social. Aunque el conjunto de los valores, que son el fundamento de la sociedad, provenga del Evangelio –como el sentido de la dignidad de la persona, de la solidaridad, del trabajo y de la familia–, se constata una especie de “eclipse de Dios”, una cierta amnesia, más aún, un verdadero rechazo del cristianismo y una negación del tesoro de la fe recibida, con el riesgo de perder aquello que más profundamente nos caracteriza.

Por este motivo, queridos amigos, os invito a intensificar vuestro camino de fe en Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo. Vosotros sois el futuro de la sociedad y de la Iglesia. Como escribía el apóstol Pablo a los cristianos de la ciudad de Colosas, es vital tener raíces y bases sólidas. Esto es verdad, especialmente hoy, cuando muchos no tienen puntos de referencia estables para construir su vida, sintiéndose así profundamente inseguros. El relativismo que se ha difundido, y para el que todo da lo mismo y no existe ninguna verdad, ni un punto de referencia absoluto, no genera verdadera libertad, sino inestabilidad, desconcierto y un conformismo con las modas del momento. Vosotros, jóvenes, tenéis el derecho de recibir de las generaciones que os preceden puntos firmes para hacer vuestras opciones y construir vuestra vida, del mismo modo que una planta pequeña necesita un apoyo sólido hasta que crezcan sus raíces, para convertirse en un árbol robusto, capaz de dar fruto.

2. Arraigados y edificados en Cristo

Para poner de relieve la importancia de la fe en la vida de los creyentes, quisiera detenerme en tres términos que san Pablo utiliza en: «Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (cf. Col 2, 7). Aquí podemos distinguir tres imágenes: “arraigado” evoca el árbol y las raíces que lo alimentan; “edificado” se refiere a la construcción; “firme” alude al crecimiento de la fuerza física o moral. Se trata de imágenes muy elocuentes. Antes de comentarlas, hay que señalar que en el texto original las tres expresiones, desde el punto de vista gramatical, están en pasivo: quiere decir, que es Cristo mismo quien toma la iniciativa de arraigar, edificar y hacer firmes a los creyentes.

La primera imagen es la del árbol, firmemente plantado en el suelo por medio de las raíces, que le dan estabilidad y alimento. Sin las raíces, sería llevado por el viento, y moriría. ¿Cuáles son nuestras raíces? Naturalmente, los padres, la familia y la cultura de nuestro país son un componente muy importante de nuestra identidad. La Biblia nos muestra otra más. El profeta Jeremías escribe: «Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza: será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces; cuando llegue el estío no lo sentirá, su hoja estará verde; en año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto» (Jer 17, 7-8). Echar raíces, para el profeta, significa volver a poner su confianza en Dios. De Él viene nuestra vida; sin Él no podríamos vivir de verdad. «Dios nos ha dado vida eterna y esta vida está en su Hijo» (1 Jn 5,11). Jesús mismo se presenta como nuestra vida (cf. Jn 14, 6). Por ello, la fe cristiana no es sólo creer en la verdad, sino sobre todo una relación personal con Jesucristo. El encuentro con el Hijo de Dios proporciona un dinamismo nuevo a toda la existencia. Cuando comenzamos a tener una relación personal con Él, Cristo nos revela nuestra identidad y, con su amistad, la vida crece y se realiza en plenitud. Existe un momento en la juventud en que cada uno se pregunta: ¿qué sentido tiene mi vida, qué finalidad, qué rumbo debo darle? Es una fase fundamental que puede turbar el ánimo, a veces durante mucho tiempo. Se piensa cuál será nuestro trabajo, las relaciones sociales que hay que establecer, qué afectos hay que desarrollar… En este contexto, vuelvo a pensar en mi juventud. En cierto modo, muy pronto tomé conciencia de que el Señor me quería sacerdote. Pero más adelante, después de la guerra, cuando en el seminario y en la universidad me dirigía hacia esa meta, tuve que reconquistar esa certeza. Tuve que preguntarme: ¿es éste de verdad mi camino? ¿Es de verdad la voluntad del Señor para mí? ¿Seré capaz de permanecerle fiel y estar totalmente a disposición de Él, a su servicio? Una decisión así también causa sufrimiento. No puede ser de otro modo. Pero después tuve la certeza: ¡así está bien! Sí, el Señor me quiere, por ello me dará también la fuerza. Escuchándole, estando con Él, llego a ser yo mismo. No cuenta la realización de mis propios deseos, sino su voluntad. Así, la vida se vuelve auténtica.

Como las raíces del árbol lo mantienen plantado firmemente en la tierra, así los cimientos dan a la casa una estabilidad perdurable. Mediante la fe, estamos arraigados en Cristo (cf. Col 2, 7), así como una casa está construida sobre los cimientos. En la historia sagrada tenemos numerosos ejemplos de santos que han edificado su vida sobre la Palabra de Dios. El primero Abrahán. Nuestro padre en la fe obedeció a Dios, que le pedía dejar la casa paterna para encaminarse a un país desconocido. «Abrahán creyó a Dios y se le contó en su haber. Y en otro pasaje se le llama “amigo de Dios”» (St 2, 23). Estar arraigados en Cristo significa responder concretamente a la llamada de Dios, fiándose de Él y poniendo en práctica su Palabra. Jesús mismo reprende a sus discípulos: «¿Por qué me llamáis: “¡Señor, Señor!”, y no hacéis lo que digo?» (Lc 6, 46). Y recurriendo a la imagen de la construcción de la casa, añade: «El que se acerca a mí, escucha mis palabras y las pone por obra… se parece a uno que edificaba una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo tambalearla, porque estaba sólidamente construida» (Lc 6, 47-48).

Queridos amigos, construid vuestra casa sobre roca, como el hombre que “cavó y ahondó”. Intentad también vosotros acoger cada día la Palabra de Cristo. Escuchadle como al verdadero Amigo con quien compartir el camino de vuestra vida. Con Él a vuestro lado seréis capaces de afrontar con valentía y esperanza las dificultades, los problemas, también las desilusiones y los fracasos. Continuamente se os presentarán propuestas más fáciles, pero vosotros mismos os daréis cuenta de que se revelan como engañosas, no dan serenidad ni alegría. Sólo la Palabra de Dios nos muestra la auténtica senda, sólo la fe que nos ha sido transmitida es la luz que ilumina el camino. Acoged con gratitud este don espiritual que habéis recibido de vuestras familias y esforzaos por responder con responsabilidad a la llamada de Dios, convirtiéndoos en adultos en la fe. No creáis a los que os digan que no necesitáis a los demás para construir vuestra vida. Apoyaos, en cambio, en la fe de vuestros seres queridos, en la fe de la Iglesia, y agradeced al Señor el haberla recibido y haberla hecho vuestra.

3. Firmes en la fe

Estad «arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (cf. Col 2, 7). La carta de la cual está tomada esta invitación, fue escrita por san Pablo para responder a una necesidad concreta de los cristianos de la ciudad de Colosas. Aquella comunidad, de hecho, estaba amenazada por la influencia de ciertas tendencias culturales de la época, que apartaban a los fieles del Evangelio. Nuestro contexto cultural, queridos jóvenes, tiene numerosas analogías con el de los colosenses de entonces. En efecto, hay una fuerte corriente de pensamiento laicista que quiere apartar a Dios de la vida de las personas y la sociedad, planteando e intentando crear un “paraíso” sin Él. Pero la experiencia enseña que el mundo sin Dios se convierte en un “infierno”, donde prevalece el egoísmo, las divisiones en las familias, el odio entre las personas y los pueblos, la falta de amor, alegría y esperanza. En cambio, cuando las personas y los pueblos acogen la presencia de Dios, le adoran en verdad y escuchan su voz, se construye concretamente la civilización del amor, donde cada uno es respetado en su dignidad y crece la comunión, con los frutos que esto conlleva. Hay cristianos que se dejan seducir por el modo de pensar laicista, o son atraídos por corrientes religiosas que les alejan de la fe en Jesucristo. Otros, sin dejarse seducir por ellas, sencillamente han dejado que se enfriara su fe, con las inevitables consecuencias negativas en el plano moral.

El apóstol Pablo recuerda a los hermanos, contagiados por las ideas contrarias al Evangelio, el poder de Cristo muerto y resucitado. Este misterio es el fundamento de nuestra vida, el centro de la fe cristiana. Todas las filosofías que lo ignoran, considerándolo “necedad” (1 Co 1, 23), muestran sus límites ante las grandes preguntas presentes en el corazón del hombre. Por ello, también yo, como Sucesor del apóstol Pedro, deseo confirmaros en la fe (cf. Lc 22, 32). Creemos firmemente que Jesucristo se entregó en la Cruz para ofrecernos su amor; en su pasión, soportó nuestros sufrimientos, cargó con nuestros pecados, nos consiguió el perdón y nos reconcilió con Dios Padre, abriéndonos el camino de la vida eterna. De este modo, hemos sido liberados de lo que más atenaza nuestra vida: la esclavitud del pecado, y podemos amar a todos, incluso a los enemigos, y compartir este amor con los hermanos más pobres y en dificultad.

Queridos amigos, la cruz a menudo nos da miedo, porque parece ser la negación de la vida. En realidad, es lo contrario. Es el “sí” de Dios al hombre, la expresión máxima de su amor y la fuente de donde mana la vida eterna. De hecho, del corazón de Jesús abierto en la cruz ha brotado la vida divina, siempre disponible para quien acepta mirar al Crucificado. Por eso, quiero invitaros a acoger la cruz de Jesús, signo del amor de Dios, como fuente de vida nueva. Sin Cristo, muerto y resucitado, no hay salvación. Sólo Él puede liberar al mundo del mal y hacer crecer el Reino de la justicia, la paz y el amor, al que todos aspiramos.

4. Creer en Jesucristo sin verlo

En el Evangelio se nos describe la experiencia de fe del apóstol Tomás cuando acoge el misterio de la cruz y resurrección de Cristo. Tomás, uno de los doce apóstoles, siguió a Jesús, fue testigo directo de sus curaciones y milagros, escuchó sus palabras, vivió el desconcierto ante su muerte. En la tarde de Pascua, el Señor se aparece a los discípulos, pero Tomás no está presente, y cuando le cuentan que Jesús está vivo y se les ha aparecido, dice: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo» (Jn 20, 25).

También nosotros quisiéramos poder ver a Jesús, poder hablar con Él, sentir más intensamente aún su presencia. A muchos se les hace hoy difícil el acceso a Jesús. Muchas de las imágenes que circulan de Jesús, y que se hacen pasar por científicas, le quitan su grandeza y la singularidad de su persona. Por ello, a lo largo de mis años de estudio y meditación, fui madurando la idea de transmitir en un libro algo de mi encuentro personal con Jesús, para ayudar de alguna forma a ver, escuchar y tocar al Señor, en quien Dios nos ha salido al encuentro para darse a conocer. De hecho, Jesús mismo, apareciéndose nuevamente a los discípulos después de ocho días, dice a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino creyente» (Jn 20, 27). También para nosotros es posible tener un contacto sensible con Jesús, meter, por así decir, la mano en las señales de su Pasión, las señales de su amor. En los Sacramentos, Él se nos acerca en modo particular, se nos entrega. Queridos jóvenes, aprended a “ver”, a “encontrar” a Jesús en la Eucaristía, donde está presente y cercano hasta entregarse como alimento para nuestro camino; en el Sacramento de la Penitencia, donde el Señor manifiesta su misericordia ofreciéndonos siempre su perdón. Reconoced y servid a Jesús también en los pobres y enfermos, en los hermanos que están en dificultad y necesitan ayuda.

Entablad y cultivad un diálogo personal con Jesucristo, en la fe. Conocedle mediante la lectura de los Evangelios y del Catecismo de la Iglesia Católica; hablad con Él en la oración, confiad en Él. Nunca os traicionará. «La fe es ante todo una adhesión personal del hombre a Dios; es al mismo tiempo e inseparablemente el asentimiento libre a toda la verdad que Dios ha revelado» (Catecismo de la Iglesia Católica, 150). Así podréis adquirir una fe madura, sólida, que no se funda únicamente en un sentimiento religioso o en un vago recuerdo del catecismo de vuestra infancia. Podréis conocer a Dios y vivir auténticamente de Él, como el apóstol Tomás, cuando profesó abiertamente su fe en Jesús: «¡Señor mío y Dios mío!».

5. Sostenidos por la fe de la Iglesia, para ser testigos

En aquel momento Jesús exclama: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto» (Jn 20, 29). Pensaba en el camino de la Iglesia, fundada sobre la fe de los testigos oculares: los Apóstoles. Comprendemos ahora que nuestra fe personal en Cristo, nacida del diálogo con Él, está vinculada a la fe de la Iglesia: no somos creyentes aislados, sino que, mediante el Bautismo, somos miembros de esta gran familia, y es la fe profesada por la Iglesia la que asegura nuestra fe personal. El Credo que proclamamos cada domingo en la Eucaristía nos protege precisamente del peligro de creer en un Dios que no es el que Jesús nos ha revelado: «Cada creyente es como un eslabón en la gran cadena de los creyentes. Yo no puedo creer sin ser sostenido por la fe de los otros, y por mi fe yo contribuyo a sostener la fe de los otros» (Catecismo de la Iglesia Católica, 166). Agradezcamos siempre al Señor el don de la Iglesia; ella nos hace progresar con seguridad en la fe, que nos da la verdadera vida (cf. Jn 20, 31).

En la historia de la Iglesia, los santos y mártires han sacado de la cruz gloriosa la fuerza para ser fieles a Dios hasta la entrega de sí mismos; en la fe han encontrado la fuerza para vencer las propias debilidades y superar toda adversidad. De hecho, como dice el apóstol Juan: «¿quién es el que vence al mundo sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?» (1 Jn 5, 5). La victoria que nace de la fe es la del amor. Cuántos cristianos han sido y son un testimonio vivo de la fuerza de la fe que se expresa en la caridad. Han sido artífices de paz, promotores de justicia, animadores de un mundo más humano, un mundo según Dios; se han comprometido en diferentes ámbitos de la vida social, con competencia y profesionalidad, contribuyendo eficazmente al bien de todos. La caridad que brota de la fe les ha llevado a dar un testimonio muy concreto, con la palabra y las obras. Cristo no es un bien sólo para nosotros mismos, sino que es el bien más precioso que tenemos que compartir con los demás. En la era de la globalización, sed testigos de la esperanza cristiana en el mundo entero: son muchos los que desean recibir esta esperanza. Ante la tumba del amigo Lázaro, muerto desde hacía cuatro días, Jesús, antes de volver a llamarlo a la vida, le dice a su hermana Marta: «Si crees, verás la gloria de Dios» (Jn 11, 40). También vosotros, si creéis, si sabéis vivir y dar cada día testimonio de vuestra fe, seréis un instrumento que ayudará a otros jóvenes como vosotros a encontrar el sentido y la alegría de la vida, que nace del encuentro con Cristo.

6. Hacia la Jornada Mundial de Madrid

Queridos amigos, os reitero la invitación a asistir a la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid. Con profunda alegría, os espero a cada uno personalmente. Cristo quiere afianzaros en la fe por medio de la Iglesia. La elección de creer en Cristo y de seguirle no es fácil. Se ve obstaculizada por nuestras infidelidades personales y por muchas voces que nos sugieren vías más fáciles. No os desaniméis, buscad más bien el apoyo de la comunidad cristiana, el apoyo de la Iglesia. A lo largo de este año, preparaos intensamente para la cita de Madrid con vuestros obispos, sacerdotes y responsables de la pastoral juvenil en las diócesis, en las comunidades parroquiales, en las asociaciones y los movimientos. La calidad de nuestro encuentro dependerá, sobre todo, de la preparación espiritual, de la oración, de la escucha en común de la Palabra de Dios y del apoyo recíproco.

Queridos jóvenes, la Iglesia cuenta con vosotros. Necesita vuestra fe viva, vuestra caridad creativa y el dinamismo de vuestra esperanza. Vuestra presencia renueva la Iglesia, la rejuvenece y le da un nuevo impulso. Por ello, las Jornadas Mundiales de la Juventud son una gracia no sólo para vosotros, sino para todo el Pueblo de Dios. La Iglesia en España se está preparando intensamente para acogeros y vivir la experiencia gozosa de la fe. Agradezco a las diócesis, las parroquias, los santuarios, las comunidades religiosas, las asociaciones y los movimientos eclesiales, que están trabajando con generosidad en la preparación de este evento. El Señor no dejará de bendecirles. Que la Virgen María acompañe este camino de preparación. Ella, al anuncio del Ángel, acogió con fe la Palabra de Dios; con fe consintió que la obra de Dios se cumpliera en ella. Pronunciando su “fiat”, su “sí”, recibió el don de una caridad inmensa, que la impulsó a entregarse enteramente a Dios. Que Ella interceda por todos vosotros, para que en la próxima Jornada Mundial podáis crecer en la fe y en el amor. Os aseguro mi recuerdo paterno en la oración y os bendigo de corazón.

Vaticano, 6 de agosto de 2010, Fiesta de la Transfiguración del Señor.

BENEDICTUS PP. XVI

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La Historia de las JMM

P. Eric Jacquinet en la web del Pontificio Consejo de los Laicos

Según la opinión de muchos, la JMJ es la invención más hermosa del papa Juan Pablo II. Pero él afirmaba que “son los mismos jóvenes los que han inventado la JMJ”. Mas veamos cómo ha comenzado esta maravillosa aventura. En los años 1983-1984 se celebraba el Año Santo de la Redención: 1950 años de la Pasión de Cristo. Entre las diferentes actividades, Juan Pablo II quiso fijar un encuentro juvenil para el Domingo de Ramos. El comité organizador preveía unos 60.000 participantes. ¡Llegaron 250.000!

En el año 1985, la ONU proclamó un año Internacional de la Juventud. El Papa, deseando manifestar la atención de la Iglesia hacia las nuevas generaciones, convocó nuevamente a los jóvenes a Roma para el Domingo de Ramos. También en esta ocasión, la respuesta fue grande: 300.000 jóvenes se repartieron entre las iglesias de la ciudad para los diferentes momentos de oración y catequesis, reuniéndose después en la plaza de San Pedro para participar en la celebración con el Santo Padre. Después de estos encuentros, muchos se preguntaron: ¿Por qué hay esta respuesta generosa, qué es lo que buscan los jóvenes, qué es lo que quieren? Pero Juan Pablo II ya lo había intuido: los jóvenes sentían el deseo de encontrarse entre ellos, de compartir su experiencia, de escuchar una palabra de fe, de mirar juntos hacia el futuro, de renovar y confirmar su propio compromiso. Es así que, a finales de 1985, anunció la institución de la Jornada Mundial de la Juventud, a celebrarse cada año en las diócesis. El Papa indicó también una fecha para su celebración: el Domingo de Ramos. ¿Por qué? “Una respuesta así la dais todos vosotros, que desde hace años peregrináis a Roma precisamente para celebrar este día […] Con este hecho, ¿acaso no queráis hacer ver vosotros mismos que buscáis a Cristo en el centro de su misterio? Lo buscáis en la plenitud de esa verdad que es El mismo en la historia del hombre”, así el mismo Juan Pablo II se lo explicó a los jóvenes (Homilía, 27 de marzo de 1988, Misa del Domingo de Ramos, III Jornada Mundial de la Juventud).

A la celebración diocesana se le unió un gran encuentro mundial, que inicialmente tendría lugar cada dos años. A la primera JMJ, celebrada en las diócesis en el año 1986, le siguió la primera gran edición internacional, que tuvo lugar en el año 1987 en Buenos Aires (Argentina), dando un signo muy fuerte en un país que estaba saliendo de la dictadura. En el año 1989, la IV JMJ se celebró en Santiago de Compostela (España), célebre santuario de la fe en Europa, atrayendo a una enorme peregrinación de jóvenes de todo el mundo. En el año 1991, la VI JMJ de Czestochowa (Polonia) vivió el primer gran encuentro entre los jóvenes del este y oeste de Europa después de la caída del muro de Berlín.

En el año 1993, la VIII JMJ dejó el Viejo Continente para dirigirse a Denver (Estados Unidos), donde se invitó a los jóvenes a anunciar a Cristo sin miedo, también en el corazón de las metrópolis modernas. En el año 1995, en Manila (Filipinas), a pesar de los escasos recursos económicos a disposición, la X JMJ llegó a ser uno de los encuentros más multitudinarios de la humanidad. En 1997, la XII JMJ trajo a París (Francia) una nueva “revolución francesa”. Millares de jóvenes llenaron las calles y plazas, cantando su fe, manifestando una sed espiritual y un deseo misionero de verdad sorprendente. En el año 2000, año del Gran Jubileo, la XV JMJ se celebró en Roma, donde Juan Pablo II, a pesar del avanzar de su enfermedad, compartió con alegría este momento extraordinario de gracia con dos millones de jóvenes, que llamó a ser “centinelas de la mañana”. En el año 2002, la XVII JMJ de Toronto (Canadá) llevó a los jóvenes, “pueblo de las Bienaventuranzas” a anunciar a Cristo en un país moderno y multicultural. En 2005, poco después de la muerte de Juan Pablo II, fue Benedicto XVI quien presidió la XX JMJ de Colonia (Alemania), muy centrada en la adoración eucarística, siguiendo el ejemplo de la adoración de los Reyes Magos, cuyas reliquias se conservan en la catedral de la ciudad. En el año 2008, la XXIII JMJ tuvo lugar en Sydney (Australia), “Tierra del Espíritu Santo”, tocando un continente nuevo y lejos para tantos, pero haciéndose por fin cercana a los jóvenes del hemisferio austral.

Ahora la JMJ volverá a España, a Madrid, para ayudar a los jóvenes europeos a encontrar de nuevo los valores cristianos que han fundado Europa, a mostrar a todos la belleza de un país rico de testimonios históricos, artísticos y culturales de una larga tradición de fe.


JMJ, EN AGOSTO FLORECE LA ESPERANZA

Por monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo

En estos días hemos visto a jóvenes asesinados por otro joven enloquecido en una isla junto a Oslo, en Noruega. Otros se han acampado en medio de las plazas de ciudades para reivindicar su particular decálogo, que oscila entre la justa y fresca aspiración a que las cosas sean distintas, y la revolución en nombre de la nada y del hastío. Otros se mueven de acá para allá buscadores inquietos pero tal vez sin norte y sin maestros, y como decía el Quijote deambulan sin saber de dónde vienen y sin saber a dónde van. Pero también hay otros que no van segando la vida de nadie, ni están en las movidas ácratas que terminan por llenarte de vacío, ni tampoco se agitan por entusiasmos de corto recorrido con dichas que duran lo que tarda un suspiro bebido, movido o fumado.

Sí, hay otros jóvenes, no pocos, están en los últimos momentos de preparación para el encuentro con el Papa Benedicto XVI en la JMJ, la Jornada Mundial de la Juventud. ¡Qué contraste de vaivenes, de posturas, de ideales! Siempre impresiona el hecho de que un grupo de más de un millón y medio de jóvenes, vengan a escuchar a un anciano octogenario que no les va a cantar ningún rap, ni a demostrar su resistencia física en un deporte de moda, ni a engatusar con una ocurrencia de revolución de medio pelo, sino que les va a hablar del Evangelio, de Jesucristo vivo, de la Iglesia de Dios.

Hay algo en el corazón del joven que se resiste y hasta se rebela. Benedicto XVI recuerda en su mensaje para la JMJ de este año en Madrid dentro de unos días ya, que el «tiempo la juventud sigue siendo la edad en la que se busca una vida más grande. Al pensar en mis años de entonces, sencillamente, no queríamos perdernos en la mediocridad de la vida aburguesada. Queríamos lo que era grande, nuevo. Queríamos encontrar la vida misma en su inmensidad y belleza».

Sí esta es la gran diferencia que hace distintos a unos jóvenes y a otros de una misma generación. No censurar la grandeza que les palpita por dentro, no acabar en un aburguesamiento que termina por domesticar las revoluciones que eran mentira. Con toda su inmensidad bella, con toda su grandeza nueva, hay algo que en el joven de cualquier edad, siempre se manifiesta como un reclamo que le surge de lo más verdadero y puro del corazón.

Porque ¿cuáles son los valores, las aspiraciones, las metas de una juventud diferente? El Papa lo apunta en ese mensaje con toda una carga de humilde realismo y de apasionada confesión: «Desear algo más que la cotidianidad regular de un empleo seguro y sentir el anhelo de lo que es realmente grande forma parte del ser joven. ¿Se trata sólo de un sueño vacío que se desvanece cuando uno se hace adulto? No, el hombre en verdad está creado para lo que es grande, para el infinito. Cualquier otra cosa es insuficiente. San Agustín tenía razón: nuestro corazón está inquieto, hasta que no descansa en Ti. El deseo de la vida más grande es un signo de que Él nos ha creado, de que llevamos su “huella”. Dios es vida, y cada criatura tiende a la vida; en un modo único y especial, la persona humana, hecha a imagen de Dios, aspira al amor, a la alegría y a la paz. Entonces comprendemos que es un contrasentido pretender eliminar a Dios para que el hombre viva».

Me resuenan estas palabras tan verdaderas como un respetuoso diálogo que sale al encuentro de las auténticas inquietudes de los jóvenes de todas las épocas. Una invitación a acompañar la búsqueda de las certezas desde el testimonio de quien ya ha encontrado la Verdad: Jesucristo. Estamos de enhorabuena. En agosto nos encontramos con Benedicto XVI en Madrid. Firmes en la fe y arraigados en Cristo, este año agosto no nos agosta, sino que florece. Vuelve la esperanza. No tengamos miedo de abrir las puertas al Redentor.


DÍAS ANTES DE LA JMJ

Por Pedrojosé Ynaraja

Vivo estos días muy interesado por las Jornadas Mundiales de la Juventud, a las que, sin Dios quiere, asistiré. Evidentemente, no podía dejar de hablar del tema, para mí muy próximo, para los lectores en soporte papel, a buen seguro, hecho pasado. Sigo los preparativos y los comentarios, leyendo prensa impresa de diversa orientación, ídem del espacio cibernético y escucho radio, y algo TV. Las diferentes procedencias dan relieve a la opinión que me voy formando. Lamento que, en general, sus criterios de juicio son de pequeño calibre, minúsculos a veces, y hasta mezquinos. Sumergido en el espacio virtual, tiene uno la ventaja de conocer ocultas convicciones. Internet es realidad de libertad. Comprueba uno cuanta creencia y obsesión mantenían reprimida y el medio les permite aflorarla. A veces no leo un artículo en su totalidad, pero me intereso por los comentarios. Conozco de esta manera muchas frustraciones o interrogantes que desconocía, pero que no dejan de ser humanos. Casi siempre las cosas son complejas. Ancladas en un momento determinado, muestran aspectos que solo el tiempo desvelará su totalidad.

Recuerdo que en mi segundo de bachillerato que cursaba en Burgos, uno de los temas de ciencias naturales eran los insectos. El profesor nos exigió presentar una colección de por lo menos 20 animalitos de este orden. En aquel tiempo no resultaba difícil conseguirlo. Me familiaricé y simpaticé con ellos. Pero el verano que siguió al examen, sufrimos una ola de cínifes, que nos atormentaron ferozmente. Poco después apareció un producto que solucionaba nuestros males: el famoso DDT. Fue la gran solución a nuestras molestias veraniegas. Hoy se ha mostrado contaminante, perjudicial en extremo y por ello, prohibido. Algo semejante ocurrió con la desintegración del átomo que conocimos por aquel entonces. Recuerdo exagerados e ilusorios comentarios. Hiroshima, Nagasaki y los tristes accidentes en centrales japonesas, modifican el juicio que podíamos tener. Inversamente, la llegada a Europa de la patata, del tomate y del maíz, había mejorado las posibilidades de nutrición de las gentes y, pese a haber pasado algunos siglos, no han perdido su valor. Ante lo nuevo, tenga éxito o parezca fracaso, no debemos precipitar nuestro juicio, máxime si nos parece adverso.

El Señor decía: “en la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, os lo habría dicho” (Jn 14,2). Pero algunos se empeñan en que en la Eternidad, y en nuestra actualidad eclesial, no debe haber más que un hangar, donde apretujados no quepan más que los que piensen como ellos. Jesús es el Camino, pero no un sendero comprimido. Quien le sigue, más que apisonar huellas, mira a idéntico horizonte y avanza a su paso, calzado con lo que es más apropiado a la conformación de su pie.

Las Jornadas Mundiales de la Juventud, son una magnífica ocasión de comprobar la variedad y belleza del jardín de Dios. Como anticipo, he concelebrado con chinos de su Iglesia clandestina, rezado con cristianos de muchas naciones, que enarbolaban banderas propias e insignias que identificaban su idiosincrasia espiritual.

No tengo la capacidad de convocatoria del Papa, pero rezo para que tenga éxito su iniciativa. Mi labor de minúsculo artesano, complementará la suya universal. Tiene uno la impresión de que algunos, incapaces de orar para que la labor de otro tenga éxito, o, por sus circunstancias, tal vez vejez, impotentes de animar a jóvenes a seguir nuevos caminos, se limitan a denunciar faltas y condenar precipitadamente errores, con ello oculten sus propias limitaciones.

 

 

EN COMUNIÓN CON LOS JÓVENES DE JMJ

Por Ángel Gutiérrez Sanz

La Jornada Mundial de la Juventud va a ser ese gran encuentro de jóvenes de todo el mundo en torno al Papa, bajo el lema "Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe".Madrid se va a convertir por unos días en la capital mundial de la juventud cristiana. Todo está preparado ya para una gran manifestación de fe. Un encuentro juvenil, vivo y festivo como todos los protagonizados por los jóvenes, que está llamado a poner de manifiesto la presencia en nuestro mundo de una Iglesia dinámica, así como la actualidad y vigencia del mensaje cristiano

Como miembros pertenecientes a una misma familia cristiana, los mayores nos sentimos unidos a vosotros, los jóvenes y por haber recorrido ya vuestro camino, también nos sentimos tentados a deciros cosas, si bien, por lo que a mi respecta, os confieso, que estoy muy interesado en escuchar lo que vosotros tenéis que decirnos a nosotros. Nuestras miradas os buscan, por que sois la esperanza de un futuro incierto Todos estamos pendientes y expectantes de cual va a ser vuestra respuesta espontánea y voluntaria. Como no podía ser por menos, sois celosos de una libertad que es vuestra, que la reclamáis con pasión, y hacéis bien, porque es algo que os corresponde. Después de todo la Libertad es un gran don de Dios al hombre; pero me perdonareis si os digo, que con frecuencia los humanos, en muchas ocasiones, la hemos mal usado y mal interpretado. Vosotros, los jóvenes ¿sabéis lo que es la Libertad con mayúscula? ¿Qué idea tenéis de ella?) Ser persona libre en un mundo de manipulaciones como el nuestro sigue siendo el gran reto y no os va a ser fácil conseguirlo

Aprender a ser libre supone sacrificio. ¿Quien lo duda? Se trata de una conquista que no está al alcance de todos, más aún, pocos son los que lo consiguen y si no decidme: ¿es libre el que vive subyugado por sus bajos instintos inclinaciones o apetencias?... ¿es libre el drogadicto?... ¿es libre el alcohólico?... ¿es libre el golfo que vive esclavizado por sus vicios? ¿Es libre el que se deja arrastrar por la masa y el ambiente? ¿Es libre el que hace lo que le apetece olvidándose de sus deberes y responsabilidades? Vuestra aventura por los caminos de la libertad acaba de comenzar y conviene que recordéis que será necesario esfuerzo sin medida, hasta conseguir un día, ser “dueño de sí mismo” que eso es en lo que consiste la verdadera Libertad

Tendréis que ir asumiendo vuestras cuotas de responsabilidad y compromiso con la Sociedad y con la Iglesia, en unos tiempos en que lo que se lleva es una cierta apatía y un no querer saber nada de lo que pasa a nuestro alrededor, en una época que se define por el “vive y deja vivir”, fruto todo ello de una vida cómoda y permisiva, hedonista, materialista e hipersexualizada.

El mundo de la juventud al que os habéis incorporado, es atractivo, sí, con muchas cosas buenas, que sin duda ya habréis descubierto; pero también con muchas cosas que no lo son tanto. Hay más sinceridad y solidaridad en vuestro mundo que en el nuestro; pero estáis inmersos en la cultura del “carpe diem” del el botellón, las pastillas, el placer fácil, etc. En vuestro círculo os habéis encontrado con gente encantadora, pero también con jóvenes vacíos por dentro, que no tienen ningún tipo de aspiraciones, jóvenes víctimas de la "flojedad", faltos de coraje, llenos de insatisfacción y cobardía, que no saben muy bien que hacer con sus vidas.

A mí personalmente me entristece que las cosas sean así, porque un joven que ha perdido el idealismo ha perdido su identidad. Si no tienes ideales y proyectos cuando eres joven ¿cuándo los vas a tener? Un joven necesita una meta para su vida. Lo necesita tanto como el respirar. Tendréis que saber ya desde ahora cuales son las cosas por las que merece la pena vivir, incluso morir si fuera preciso

En mis largos años de docencia como profesor de Filosofía, siempre tenía reparo en hacer a mis alumnos esta pregunta ¿Qué queréis hacer con vuestras vidas? Porque temía que me dijeran "Yo quiero hacer de mi vida lo que todo el mundo. Quiero acabar una carrera, ganar mucho dinero, tener una buena casa, un buen coche, divertirme y pasármelo bien". ¿Tú que estás en las listas de los jóvenes de JMJ, piensas también así?... Dime que no. Dime que necesitas de unos ideales que te ayuden a sentirte joven. Dime que necesitas de unas nobles aspiraciones para no morir de aburrimiento y tedio. Dime que no eres conformista, que no te gusta esta sociedad nuestra, injusta y materialista. Dime que te rebelas contra el reparto injusto de las riquezas, que está haciendo que más de media humanidad se muera de hambre, mientras que otros derrochan y despilfarran a manos llenas. Dime que estás descontento con una sociedad enferma en la que los derechos de los niños y los más débiles no son respetados. Dime que los problemas que afectan a los demás son los que te quitan el sueño. Dime que estás asqueado de tanto engaño e hipocresía

Esta es la hora en la que habréis de preguntaros ¿Qué estáis dispuestos a hacer por esta sociedad en la que os ha tocado vivir?... Vosotros, jóvenes cristianos, sabéis que necesitáis de Alguien que ponga ilusión en vuestras vidas y ese Alguien no puede ser otro que el propio Jesucristo. Si queréis ideales para vuestras vidas, coged el Evangelio. En el mensaje cristiano encontrareis la respuesta que andáis buscando. En el seguimiento de Cristo encontrareis la Libertad y Felicidad plena a la que aspiráis. Tal vez te haya faltado más coraje para dar el paso definitivo, una más firme decisión para darle el sí incondicional que Cristo espera de ti y ésta bien pudiera ser la ocasión que andabas buscando para comenzar a hacer realidad en ti mismo ese cristianismo auténtico y comprometido que es el único que puede salvar a un mundo que se ha olvidado de Dios. Este es el gran reto de los cristianos en la hora presente. Este es tu gran reto.

**Ángel Gutiérrez Sanz es catedrático de Filosofía

 

MALLA

Por Pedrojosé Ynaraja

Satisfechísimo he leído las palabras que dirigió el Papa a los peregrinos que acudieron a Castelgandolfo el pasado miércoles 3. Les recomendaba que aprovecharan las vacaciones para leer la Biblia. Lo curioso del caso, que para mí no lo es, fue que no hiciera referencia al Pentateuco, a los profetas o al Salterio, libros de tono mayor, sino a sencillas narraciones o un librito de poesía amatoria, erótica y sensual. Al leer el discurso me parecía estar escuchándome a mí mismo. Desde hace mucho tiempo aconsejo a los no iniciados empezar por estos atractivos relatos y advierto, como también lo hace el Papa, que se leen en menos de 1 hora. Me entretengo un momento y me atrevo a sugerir algo más. Ester es una bella historia. Os deleitáis primero escuchando Scheherazade, de Rimsky-korsakov. Recordáis después el simple entramado narrativo de “Las mil y una noches”. Iniciáis a continuación la lectura. Sustituís al Sultán por el rey Asuero y a la sensual Scheherazade por la reina Ester. Vais leyendo como si se tratara de una novela de intriga, hasta el final. Si sois un matrimonio que gozáis de vuestro amor, leéis el de Tobit. Las hazañas del joven y el casual encuentro con Sara, la desventurada y agraciada joven, a quien ama antes de llegar a conocer por los informes que le da el buen compañero. La valentía y coherencia de los padres de ambos, mantienen el interés hasta el final. Un matrimonio adulto recordará con nostalgia los incidentes de su noviazgo. Ante la superficialidad de tantos amoríos de hoy, gozará leyendo el Cantar de los Cantares, al que no le falta sensualidad, ni carece de sensibilidad, ilusionada la pareja en su mutuo amor. Un bello conjunto para lectura para enamorados, para místicos de subida contemplación o para simples aficionados a la buena poesía . Del de Rut voy a referirme después, omito ahora comentarios.

Recomienda también el Papa el de Job y el Eclesiastés. Maravillosas reflexiones, muy aptas para leer pausadamente en el desierto, sea de dunas o de agrestes montañas. Al Dr. Margalef, nuestro ínclito científico, le encantaban estos y los demás libros sapienciales. Cuesta iniciarlos, lamenta luego uno que se acaben.

¿Y qué tiene que ver lo escrito con el título que encabeza esta columna?

Decía antes que me iba a detener más tarde en el encantador libro de Rut. Fascinante el relato y maravilloso el minimalismo de sus detalles. Goza uno cuando lo lee si conoce antiguos procederes. Y a eso voy.

Malla es un pueblo de unos 300 habitantes, muy próximo a la ciudad de Vic.. Su vecindad tiene encanto. Conserva tradiciones cristianas muy bien actualizadas, pero no voy hoy a referirme a ninguna de ellas.

Si el libro de Rut es encantador y las parábolas evangélicas también, pero hay que reconocer que están mediatizadas por una cultura que no es la nuestra. A la tecnología actual de tractores y cosechadoras le falta encanto. En Malla, algunos románticos vecinos compraron trigo del antiguo para sembrarlo a mano. La simiente cae en el campo o en las orillas. Cuando la mies toma este precioso color de oro viejo, hoz en ristre, la siegan y la apilan en gavillas esperando el día de trillarla en una era. Me invitaron a ver estos quehaceres y fui ilusionado, imaginaba que un multitud estaría observando, me decepcionó que solo éramos unos pocos. Nada se vendía, tal vez era esta la causa de la ausencia tan acostumbrada al consumismo. Advierto que a los mozos no les faltó la colaboración de unas mozas y que el propietario del terreno se hizo presente un rato. Excepto que lo que comieron no era trigo tostado, ni la bebida posca, se sentía uno en los campos de Booz, cercano a Belén. . Estoy seguro de que si el Papa lo supiera, recomendaría presenciar lo que yo vi.

Añado que aquellos quehaceres me recordaron al cascarrabias labrador Gedeón, juez de Israel, y, cuando separaban los segadores hierbajos, la parábola de la cizaña. ¡Ojala continúen con estas labores y vaya más gente a presenciarlas!