I Domingo de Adviento
2 de diciembre de 2012

La homilía de Betania


1.- LA FE NOS MUEVE A LA ESPERANZA Y A LA CARIDAD

Por Pedro Juan Díaz

2.- UN ADVIENTO COLOR ESPERANZA

Por Gabriel González del Estal

3.- UN REINO DE JUSTICIA Y DE PAZ

Por José María Maruri, SJ

4.- PORTADORES DE ESPERANZA

Por José María Martín OSA

5.- DIES IRAE

Por Antonio García-Moreno

6.- LA ESPERANZA TIENE UN NOMBRE: JESÚS

Por Javier Leoz

7.- ¡VEN SEÑOR JESÚS!

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


AÑO NUEVO, VIDA NUEVA

Por Pedrojosé Ynaraja


1.- LA FE NOS MUEVE A LA ESPERANZA Y A LA CARIDAD

Por Pedro Juan Díaz

1.- Volvemos a comenzar el Adviento. Es el inicio del año litúrgico y cambiamos al ciclo C, tercero de los tres ciclos en que se divide la liturgia para ayudarnos a celebrar el misterio de Cristo al completo. Y comenzamos por la preparación a su nacimiento. Esa fue la primera venida de Jesús. Y sabemos que habrá una segunda. Por eso seguimos con este lenguaje un tanto escatológico. De nuevo en el evangelio aparecen el sol, la luna y las estrellas. Es una especie de cataclismo universal que nos habla del final. Pero mientras tanto, la vida sigue y es necesario vivirla con la cabeza bien alta.

2.- El Adviento se caracteriza por ser un tiempo de esperanza. La espera del nacimiento de aquel que será luz y gloria de las naciones, también de la nuestra, que lo necesita con urgencia. Pero no es una espera de brazos cruzados, sino activa. Es el tiempo, como dice el Papa en la carta de convocatoria para este Año de la Fe, para redescubrir la alegría de creer, intensificar el testimonio de la Caridad y fortalecer la esperanza. Es tiempo, en definitiva, para seguir descubriendo a Dios en nuestra vida, ese mismo Dios que se hizo niño una vez y que se quedó para siempre entre nosotros, compartiendo nuestros sufrimientos y nuestras alegrías. Es el Dios-cercano, el Dios-con-nosotros, el Emmanuel.

3.- Hasta el profeta Jeremías, que no se caracteriza por ser muy halagüeño, nos invita a la esperanza. Y no son tiempos favorables. Por aquella época la ciudad de Jerusalén estaba amenazada por las tropas babilónicas. Ahora estamos asistiendo a nuevos conflictos en la tierra del Señor. Y en la nuestra seguimos con la crisis y sus consecuencias. Pero en medio de la dificultad, el profeta sabe ver un futuro esperanzador donde se cumplirán las promesas de Dios: “Mirad que llegan días… en que cumpliré la promesa”, dice el Señor, y “suscitaré a David un vástago legítimo, que hará justicia y derecho en la tierra”. Ese “vástago” es Jesús, el Mesías, que traerá la justicia y el derecho a la tierra, los dones mesiánicos. Dios ha cumplido su promesa. La fe nos ayuda a ver el futuro con esperanza.

4.- Pero no solo importa el futuro, también el presente. Y para el presente hay dos actitudes a cuidar. Nos las propone la Palabra de Dios de hoy. La primera sería la vigilancia: “estad siempre despiertos”, dice el evangelio. Despiertos y atentos para descubrir a Dios cerca de nosotros. Despiertos y atentos para verle en nuestros hermanos que sufren y en los más necesitados. La segunda es consecuencia de esta actitud: “que el Señor os colme y os haga rebosar de amor… y que así os fortalezca internamente”. No hay otra manera de vivir la fe, de reconocer a Dios en nuestra vida, que a través del amor. La fe nos mueve a la esperanza y también a la caridad. Y al mismo tiempo, la esperanza y la caridad fortalecerán nuestra fe.

5.- En este tiempo de Adviento estamos llamados a permanecer vigilantes y activos frente a tantas necesidades que hay a nuestro alrededor. Por eso lanzamos de nuevo la campaña de recogida de alimentos, con urgencia. El nacimiento de Jesús fue motivo de alegría para los más pobres, los pastores, que pasaban la noche al raso. También lo ha de ser para los pobres de hoy, para los necesitados, para nuestros vecinos, para los que se han quedado sin trabajo, para que no pierdan la esperanza, para que no la perdamos nosotros tampoco. El Señor nos invita a mirar la vida con la cabeza alta. Él viene a nuestro encuentro. “Levantaos, alzad la cabeza, se acerca vuestra liberación”. Es todo un Dios que se hace niño, que se hace pobre, naciendo en un pesebre, con buey y mula o sin ellos, pero cercano, humilde, pequeño… para hacernos grandes.

6.- Vamos a vivir este Adviento con fe, con esperanza y con amor. Tenemos por delante cuatro semanas para ir con atención al encuentro de Dios, para no perdernos su venida. Cuatro semanas de estar despiertos, con la cabeza alta, esperando nuestra liberación. Que la Eucaristía nos ayude a ello.


2.- UN ADVIENTO COLOR ESPERANZA

Por Gabriel González del Estal

“Saber que se puede, querer que se pueda, quitarse los miedos, sacarlos afuera. Pintarse la cara color esperanza, entrar al futuro con el corazón” (canción de Diego Torres)

1.- Cuando desaparece la esperanza y se pierde la ilusión, la vida languidece y pierde color y sabor. Hablamos de una esperanza activa y dinámica, la esperanza que nos empuja siempre hacia adelante, en busca de lo que anhelamos y esperamos y con la confianza cierta de que lo vamos a conseguir. Cuando el corazón está lleno de esta esperanza, nos empuja hacia el futuro, aunque las claridades de la razón sean menores. Sí, hablamos de la esperanza religiosa, una esperanza firme y cierta desde el corazón creyente, una esperanza valiente, que echa los miedos afuera, que entra al futuro con el corazón. La esperanza religiosa se apoya en la fe religiosa; sin fe religiosa nuestra esperanza se acaba y muere allí donde se cierra el horizonte espacio-temporal en el que está enmarcada nuestra pobre y limitada vida terrenal. Pintemos nuestra vida con color esperanza religiosa y así nuestra vida será valiente y dinámica, capaz de saltar las barreras de nuestro limitado vivir. Sólo así podremos celebrar el Adviento con entusiasmo e ilusión.

2.- Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación. Realmente estas palabras se refieren a la segunda venida del Hijo del hombre, cuando el Mesías venga a instaurar ya definitivamente un reino de justicia, paz y amor, en el que los justos brillarán como las estrellas del firmamento. Pero nosotros, en el Adviento, lo que conmemoramos es la esperanza en la primera venida del Señor Jesús, del Dios que se encarnó en Jesús de Nazaret, en el niño de Belén. Esperamos el nacimiento de este niño de Belén como se espera a alguien que va a venir a liberarnos de nuestras esclavitudes y pecados. También ante esta primera venida nuestra esperanza debe ser una esperanza activa y dinámica, color esperanza. Por eso, tenemos que vivir bien despiertos, con la cabeza alta, oteando este futuro cercano tan gozoso, armados de buenas obras, con el corazón lleno de esperanza y de amor, arrodillados ante este Niño-Dios, que es débil como un hombre y fuerte como Dios.

3.- En aquellos días y en aquella hora suscitaré a David un vástago legítimo, que hará justicia y derecho en la tierra. La esperanza en el Mesías recorre, unas veces de forma más velada y otras de manera explícita, casi todas las páginas del Antiguo Testamento. El pueblo judío ha vivido, y vive aún, esperando ansioso la venida de este Mesías salvador, que les libre de opresiones y esclavitudes religiosas, políticas y sociales. Nosotros, los cristianos, sabemos que este vástago legítimo de David ya vino al mundo: es Jesús de Nazaret. Vamos a pedirle que venga una vez más hasta nosotros, que llene nuestros corazones y que nos purifique con el fuego de su amor. Queremos y esperamos que sea la justicia del evangelio la que se imponga en nuestra tierra y que el Señor sea para todos nosotros <nuestra justicia>.

4.- Que el Señor os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos. Estas palabras que San Pablo dice a los primeros cristianos de Tesalónica siguen valiendo hoy, en su significado más pleno, para todos nosotros, especialmente, en este tiempo de Adviento. La mejor manera que tenemos los cristianos de prepararnos para celebrar dignamente la Navidad es llenarnos de amor mutuo y de amor a todos. Un Adviento sin amor nunca será un Adviento cristiano, porque en el Adviento esperamos al que es Amor. Amor católico, amor universal, amor mutuo y amor a todos. Vivir llenos de amor mutuo y de amor a todos es muy difícil, por eso, debemos nosotros, con palabras del salmo 24, levantar hacia el Señor nuestra alma, para que nos enseñe sus caminos y nos instruya en sus sendas.


3.- UN REINO DE JUSTICIA Y DE PAZ

Por José María Maruri, SJ

1.- Apoyado en su vieja cachaba sube todos los días por el caminejo de cabras que lleva a lo alto de un pequeño cerro a la espalda de la aldea. Es un hombre ya cargado de hombros, porque la edad se va haciendo sentir. Y su mirada ya cansada se extiende ya desde allá arriba a lo largo del camino que va por el valle y se pierde en la lejanía.

En su viejo corazón pugnan dos sentimientos. El temor de que este sea un día más, y la ilusión de que hoy sea al fin el día en que vea venir por el camino al hijo que partió de casa hace tantos meses.

Esta fue la actitud del padre del hijo pródigo esperando la venida, el adviento del hijo amado. Y ha sido la actitud de tantos padres y madres que han visto dejar la casa por la necesidad de buscar trabajo, o por haberse descarriado del buen camino. En medio de la tragedia de su corazón, el amor a la persona que esperan mantiene siempre viva la esperanza.

2.- Hoy comenzamos el tiempo de adviento:

--la llegada del Señor en Belén de Judá, y que viene a traer la justicia que faltaba en el mundo.

--la llegada del Señor con gran poder y gloria a cumplir aquella promesa: “no tengáis miedo yo he vencido al mundo”

--y la llegada del Señor a cada uno de nosotros que viene a traernos optimismo: “levantad vuestra cabeza, se acerca vuestra liberación”

**en medio de una sociedad agnóstica y escéptica, consumista y materializada, donde reina la fuerza bruta y la violencia.

**en medio de nuestros propios problemas familiares: el paro, las enfermedades, el estrés y las depresiones, la incomprensión entre padres e hijos.

**por la intuición del amor que Dios pone en nuestros corazones hacia ese Señor, Nuestro Salvador, debemos esperar contra toda esperanza, como Abraham esperó.

3.- Capaz es Dios que ante esa corrupción y desintegración de la sociedad crear un Reino de Justicia y de Paz.

Cuando se nos vienen abajo las cosas que creíamos permanentes y eternas e inmutables (como las estrellas del cielo y los elementos del mundo) nuestros ojos deben de volverse al Único que realmente es inmutable, Señor de la Historia, que de los males saca bienes.


4.- PORTADORES DE ESPERANZA

Por José María Martín OSA

1.- Hoy comienza el Adviento. Es tiempo de esperanza, porque es posible un mundo nuevo. Para que esto sea posible se nos pide una actitud de vigilancia y de atención. No debemos permitir que se embote nuestra mente con las realidades mundanas. Debemos estar despiertos y levantar la cabeza para poder observar la liberación que se nos ofrece. Los signos que se nos ofrecen alientan nuestra esperanza. Algunos interpretan estos signos negativamente, anunciando catástrofes sin fin por nuestros pecados. Pero Dios nos ofrece la liberación total. Sus sendas, nos dice el salmo, son misericordia y lealtad. El Señor es bueno y es recto y enseña el camino a los pecadores.

2.- Nuestro mundo necesita una buena dosis de esperanza. Contamos con la providencia de Dios que vela por nosotros, pero espera nuestra colaboración. Hagamos posible la esperanza a los que viven desesperados porque su vida ha dejado de tener sentido. Muchas familias tienen a todos sus miembros en paro, la crisis económica hace que surja en nosotros el desaliento y la impotencia. Hay muchos cristianos desanimados porque no ven a los jóvenes participando en la Eucaristía, otros se sienten desconcertados ante la falta de valores y la desintegración de muchas familias, hay quien está decepcionado porque ve una Iglesia demasiado instalada y alejada del Evangelio. Ante esto optan por la pasividad o resignación y niegan cualquier posibilidad de cambio. Hoy la Palabra de Dios nos alerta para que nos demos cuenta de que Jesús, el Hijo del Hombre, viene a liberarnos de todas nuestras dudas e incertidumbres. Él es nuestra justicia y nuestra salvación.

3.- Tenemos por delante una hermosa tarea durante estas cuatro semanas: preparar nuestro interior como si fuera una cuna que va a recibir a Aquél que nos da la vida. El tren de la esperanza va a pasar por delante de nosotros, no lo perdamos, subamos a él y valoremos todo lo bueno que vamos encontrando en nuestro camino. Siendo nosotros también liberadores, justos, alegres y solidarios podremos hacer que todos los que en él viajamos podamos construir la nueva humanidad que tanto anhelamos. La crisis puede hacernos más solidarios y sensibles a las necesidades de muestro prójimo. Pero seamos profetas de la esperanza, no del desaliento, pues ya estamos cansados de agoreros, necesitamos hombres y mujeres, esperanzados y esperanzadores.


5.- DIES IRAE

Por Antonio García-Moreno

1.- JUSTICIA Y MISERICORDIA.- Después de los duros castigos con que aflige Dios a su pueblo, siempre sigue una época de perdón y de florecimiento. Jeremías ha predicado la ruina de Israel y de Judá, los dos estados hermanos que vivían separados. La época a que se refiere fue terrible por sus incendios y por la sangre vertida por las calles y campos. Dios había castigado con mano dura a los rebeldes.

Ello nos recuerda que también ha habido guerras entre nosotros, que han llenado de cadáveres los campos y las ciudades. Las últimas las del Golfo Pérsico, de Afganistán, Irak y Siria, con sus secuelas aún punzantes... Sin embargo, todo se va olvidando. Las heridas se cierran. Pero el peligro no ha pasado. Los hombres seguimos empeñados en no escuchar el mensaje de paz del Evangelio, sin darnos cuenta de que pueden soltarse de nuevo los jinetes del Apocalipsis.

Dios nos habla hoy de esperanza, nos recuerda el cumplimiento de las antiguas promesas. De nuevo ha llegado el Adviento, tiempo de espera gozosa, de vigilancia. En el alma brota el anhelo, el deseo vivo de que Jesús llegue hasta nosotros. Por eso repetimos como los primeros cristianos: ¡Maranatha, ven, Señor Jesús!

David, el rey pastor, el rey poeta. De sus ramas brotará un vástago escogido. Se llamará Jesús Manuel y nacerá de una Madre Virgen. Su dignidad superará a la de todos los reyes de la historia, es más excelsa que la de los mismos ángeles. Será el Mesías, el Redentor, el nuevo Moisés que librará a su pueblo de la esclavitud. Implantará el derecho y hará triunfar a la justicia. Barrerá todos los desafueros, los que han cometido los de arriba y los que puedan haber cometido los de abajo. Cada uno recibirá lo que es justo, lo que realmente ha merecido. Ya no habrá miedo a la mentira, al engaño alevoso, al fraude premeditado, al latrocinio simulado.

Temiendo y deseando estamos, Señor. No podemos pedirte que hagas la vista gorda y que pases por alto la justicia. Pero sí te suplicamos misericordia, mucha misericordia. Porque ¿quién puede considerarse justo ante ti? ¿Quién puede creerse inocente ante tu tribunal? Haz que la esperanza de tu misericordia, sin embargo, no nos haga olvidar tu justicia. Y que junto a la confianza que nos inspira tu bondad, florezca el santo temor que debe inspirarnos tu bendita justicia.

2.- DIES IRAE.- De nuevo la Iglesia nos transmite uno de los discursos escatológicos del Señor. Las estrofas del "Dies irae", el canto del Día de la ira, vuelven a tronar con sus terribles y cósmicos acentos en estas palabras del Señor. En ese día los hombres se llenarán de angustia ante el anuncio del final apocalíptico del gran teatro del mundo. Todas las explosiones atómicas, habidas y por haber, serán una pálida sombra en comparación con la hecatombe de aquel día. La gente, sigue diciendo el Maestro, enloquecerá ante el estruendo del mar y su oleaje, quedarán sin aliento a causa del miedo.

Son palabras escuetas en las que no hay retórica alguna, ni afán por cargar las tintas. Son expresiones lacónicas que sólo pretenden ponernos en guardia y sobre aviso, para que vivamos vigilantes y siempre preparados por si el Señor llega. Adviento es lo mismo que advenimiento, acción de venir, preludio de una llegada. Es tiempo de espera, son momentos en los que preparar los caminos interiores, para dar paso al Gran Rey. Son, pues, días de arrepentimiento, de conversión y de penitencia, de mortificación, de plegaria, en los que prepararnos para recibir dignamente al Señor.

Tened cuidado y que no se os embote la mente con el vicio, o con la preocupación por el dinero, y se nos eche de repente aquel día. Con estas palabras el Señor pone el dedo en la llaga. Ese es nuestro mal, olvidarnos de lo más importante, yvivir inmersos en cuatro tonterías. A veces nos ocurre que sólo pensamos en lo más inmediato, en lo que resulta placentero, en nuestro bienestar presente. Sin pensar que no todo termina ahí, sin darnos cuenta de que la meta final nos espera después de la muerte. Caminamos entonces con torpeza, dando tumbos y acercándonos a nuestra perdición. Despertemos de nuestro absurdo sueño, sacudamos con energía la modorra que nos embota y entorpece. Dejemos de una vez esa vida ramplona que nos hace insensibles y ciegos para las cosas de Dios, incapaces de avanzar hacia el puerto de la salvación.

Pidamos al Señor que nos ayude, que nos dé fuerzas para luchar con denuedo en esta batalla, quizá la última, en la que estamos metidos. Roguemos que nos abra los ojos para ver el peligro que se avecina, que cure nuestra sordera y podamos escuchar el grito de alerta que da la alarma y nos avisa para que nos preparemos, con la debida antelación, a la venida del Señor.


6.- LA ESPERANZA TIENE UN NOMBRE: JESÚS

Por Javier Leoz

Comenzamos el adviento. Una herramienta espiritual que nos arregla, nos hace más permeables para celebrar de verdad y en profundidad la próxima Navidad.

-¿Deseamos salvación?

-¿La necesitamos?

-¿Siente el superhombre actual, necesidad de ser salvado por alguien?

Miremos un poco alrededor de nosotros. Reflexionemos sobre el momento presente. ¿Acaso –en muchas situaciones que contemplamos y sabemos por los medios de comunicación social- o que vivimos en propia carne, no son reflejo de esa angustia, falta de aliento o de miedo por lo que se nos avecina? ¿Hay algo tan peligroso como el vacío del hombre que vaga sin sentido?

Nos hallamos en un momento incierto (no es necesario enumerar de nuevo los acontecimientos que nos preocupan) pero, el mundo, nosotros…necesitamos una palabra de esperanza. De Alguien que pueda levantarnos, sacudir nuestros miedos, ponernos de pie. Ese, sin duda alguna, es JESÚS.

1.- Los cristianos nos tenemos que estar atentos a la llegada del Señor. No podemos permitir que, Jesús, pase de largo. No podemos consentir que, el Señor, cuando nazca, nos encuentre tan desalentados por los acontecimientos que nos acosan. La Navidad, si colocamos en el centro a Cristo, nos traerá un horizonte de paz y de optimismo, de salvación y de esperanza. ¿Nos ponemos de pie? ¿Nos ponemos de pie para ver por dónde llega Jesús? ¿Queréis que nos pongamos de pie para percibir por dónde nunca vendrá el Señor?

--¡Adviento! Necesitamos alejarnos un poco, de aquello que fascina nuestros sentidos pero que crea ansiedad en el corazón. No hay peor cosa que relajar de tal manera nuestra vida cristiana que (volviendo a lo de antes) pase el Señor, nazca el Señor y nos encuentre tan embobados por las apariencias o atenazados por tantos problemas…que no disfrutemos de su llegada.

--¡Adviento! No tenemos miedo a que el sol se venga sobre nuestras cabezas. No nos infunde temor, que la luna se resquebraje en dos. No temblamos por el hecho de que, las estrellas, olviden un día su fulgor….

Nuestras desconfianzas son distintas pero iguales en el fondo: la economía, el paro, la inseguridad ciudadana, la moral a la carta, el terrorismo, la frágil situación del mundo, la apatía o crítica ante lo religioso, los conflictos sociales. ¿Acaso, todo esto, no necesita de una mano que nos ayude a reconducirlo? Jesús, nos da fuerzas para afrontar todos estos retos. Viene, debajo de su brazo, con el pan de la alegría, del amor, de la serenidad, de la fe. Nos invita a verle compartiendo nuestras luchas y dudas, incertidumbres y fracasos, desasosiegos y tristezas.

2.- No podemos vivir colapsados por las situaciones que nos toca vivir. No podemos cohibirnos por las dificultades o por los vicios a los que estamos enganchados. El Señor, en este primer domingo de adviento, nos invita a ponernos en pie. En marcha. En vigilancia activa.

¡Viene el Señor! Y, si el Señor llega, es porque quiere compartir nuestra condición. Porque desea poner una luz en el fondo del túnel oscuro en el que se encuentra perdida gran parte de la humanidad.

¡Viene el Señor! Y, si el Señor se presenta, es porque nos ve agobiados. A veces sin esperanza. Otras tantas… sin ilusión.

¡Viene el Señor! Y, si el Señor se manifiesta, que por lo menos nos encuentre divisando (con la oración, la contemplación y la fe) el horizonte por donde El sale a nuestro encuentro.

Frente al caos no caben los lamentos. Ante la dura realidad, Jesús es nuestra respuesta y nuestra esperanza.

3.- En este Año Santo de la Fe mirando hacia Aquel que viene le decimos: Señor; merece la pena permanecer en pie por Ti, en Ti y contigo. Haz que, cuando llegues, me encuentre –no solamente despierto- sino contento de creer en Ti, esperarte a Ti y renacer en Ti.

SI ESTOY SENTADO, LEVÁNTAME, SEÑOR

Si dudo de tus promesas; levanta mi fe, Señor

Si aumentan mis pesares; alza mi ánimo, Señor

Si me acosan mil dificultades;

haz inmensa mi fortaleza, Señor

Si mi interior se acobarda; reaviva mi espíritu, Señor

Si me ciegan los ídolos;

dirige mi vista hacia Ti, Señor

Si me enloquece la apariencia;

lleva mi corazón a Ti, Señor

Si mi cabeza se inclina; sostenla para poder verte

Si me encuentro esclavo;

rompe mis cadenas para poder caminar

Si me encierro en mí mismo;

reorienta mi alma hacia Ti, Señor

Si me conformo con lo que veo;

recupera mi afán de buscarte

Si sufro por la ansiedad;

alimenta en mí la conformidad

Si prefiero la comodidad;

llámame y ponme en pie, Señor

Si duermo y no te espero;

abre mis ojos y despiértame, Señor

Si me despisto y no te busco;

espabílame y condúceme, Señor

Si me equivoco de dirección;

recondúceme y reoriéntame, Señor

Si prefiero otros señores;

háblame y hazme ver tu grandeza

Si no tengo miedo a nada;

dame fe y dame tu santo temor

Si me creo único e invencible;

acércate y dame humildad

Si pasa el tiempo y desespero;

ayúdame y ven a mi encuentro en Navidad

Amén.


7- ¡VEN SEÑOR JESÚS!

Por Ángel Gómez Escorial

1.- Comienza un año litúrgico. El Evangelio de San Lucas enlaza con el del domingo pasado y que nos sitúa el inicio del Reino de Jesucristo. Hay mensaje escatológico en las palabras de Jesús. Anuncia un final de un mundo. Pero la apertura de otro más venturoso con su segunda llegada, con la Parusía. No es fácil dejar de pensar --muchas veces, muchos días-- en esa Segunda Venida y no tanto por ningún principio finalista, milenarista o mágico. Solo porque es difícil no tener ganas de ver al Señor. Sin más. Son entrañables los testimonios de San Pablo cuando creía que la llegada del Jesús acontecería antes de su muerta y da cumplida explicación del salto necesario para acompañar al Señor Jesús ya desde ese momento.

2.- Si por un lado es completamente absurdo estar esperando al adviento de los últimos días como única razón para vivir o esperar --algunos grupos basan sus creencias en fundamentalmente la divinización de esos momentos--, no lo es tanto considerar que sería imposible, porque está anunciado y a algunos los tocará vivir esos días difíciles; pero, para gozar de esa idea, hay que trabajar con alegría a todas las horas, asegurar que el mundo no se está acabando y comprender que los adoradores de lo apocalíptico no van por buen camino. Alguien los ha engañado. Amanece todas las mañanas y el fresco de las primeras horas es el mensaje de la oferta que Dios hace cotidianamente a los hombres. En su trabajo, en el servicio a los demás, en la esperanza y en la alegría está el mejor seguimiento de Cristo. Y hablamos de esto porque abundan, en los últimos tiempos, los mensajes de algunos finalistas sin causa, ni conocimiento.

3. - Sin embargo, todos deseamos la venida del Señor Jesús. Ahora, al iniciar el Adviento le esperamos como Niño, que viene a salvarnos. Pero tenemos además la esperanza de su Segunda Venida. No sabemos cuando será, pero tampoco nos importa. Mientras tanto –como decía—hay mucho trabajo en la tierra y con los hermanos. Me parece muy útil y conveniente recitar aquí uno de los himnos más bellos de la liturgia cristiana.

¡Marana tha!

¡Ven, Señor Jesús!

Yo soy la Raíz y el Hijo de David,

la Estrella radiante de la mañana.

El Espíritu y la Esposa dicen: "¡Ven, Señor!"

Quien lo oiga, diga: "¡Ven, Señor!"

Quien tenga sed, que venga; quien lo desee,

que tome el don del agua de la vida.

Sí, yo vengo pronto.

¡Amén! ¡Ven, Señor Jesús!

4.- ¡Marana tha! La frase aramea se repite en la cristiandad desde los tiempos inmediatamente posteriores a la Ascensión a los cielos de Jesús. No ha cambiado. ¡Ven, Señor Jesús! Le esperamos, aunque siempre estamos con él. Día a día, en la Eucaristía. Hora a hora en la oración. El ambiente de este Primer Domingo de Adviento ya nos anuncia su venida. Pero será, como decía su Segunda Venida, la que esperamos, llena de Majestad y Gloria. Y en la que se condensan todas nuestras esperanzas. La primera, su Nacimiento en Belén, sus consecuencias cotidianas, están junto a nosotros y en nuestras manos. No podríamos vivir nuestro camino de cristianos si Él no estuviera cerca y sintiéramos su presencia. El Adviento significa venida, advenimiento. Permítasenos la licencia: Jesús llega cada Navidad "un poco más" a nuestras vidas. No podemos desaprovechar la ocasión.

Y así, aprovechemos, pues, este Primer Domingo de Adviento para limpiar nuestro corazón y para poner más calor en nuestra alma. Esperamos a un Niño que cambiará nuestras vidas. Te Esperamos. Maraná Tha. Ven Señor Jesús.


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


AÑO NUEVO, VIDA NUEVA

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- O esperanza nueva. Si nos fijamos bien, si miramos el mundo actual con detenimiento, de inmediato podremos distinguir dos franjas. En primer lugar la que llamamos Tercer Mundo. Sufre de carencias fundamentales en el ámbito de la alimentación, de la salud, de la industria, de las comunicaciones, etc. Pese a esta situación, sin elegantes vestidos, ni calzado apropiado, muchas imágenes que nos llegan, son de personas sonrientes. Me lo hizo notar una amiga misionera y médico, que me pidió le ampliase unos cuantos negativos. Quería que supiésemos que, en su pobreza, con frecuencia, son más felices que nosotros.

2.- Su situación no es de envidiar, sus penurias son, generalmente, fruto de injusticias nuestras. (De la corrupción de sus poderosos y del injusto desenvolverse del comercio internacional, dominado por el hemisferio norte). Ante esta realidad descriptible y calificable, acuden ONGs en su ayuda. Hay que reconocer con modestia, pero también con sinceridad, que estas surgen en el seno de culturas cristianas. En otras civilizaciones son desconocidas y ni siquiera les suena el nombre. (En ciertas ocasiones, amparándose en las ventajas oficiales de que gozan las ONGs, se han aprovechado para finalidades muy contrarias).

A la otra realidad la llamamos Primero y Segundo Mundo. Imagino que la inmensa mayoría de vosotros, mis queridos jóvenes lectores, pertenecéis a ella. Con más o menos fortuna, podemos comer tres veces al día. Tenemos pan y otros hidratos de carbono. Proteínas, sin buscarlas explícitamente, están a nuestro alcance. Carne de pollo de granja, huevos de ídem, pescado azul, son buena fuente de ellas y no son caras. De los lípidos, aceite y grasas, generalmente abusamos, aun sin quererlo. Los vegetales, desde tomates a fruta del tiempo, también podemos gozar sin ser ricos. Cualquiera de vosotros reconocerá sinceramente que está situado en esta franja. Somos afortunados. No nos podemos quejar. Pero, ¿somos felices?

3.- En este elemental análisis, que tal vez hayáis considerado rollo aburrido, se introduce actualmente un fenómeno inesperado: lo llamamos crisis. Crisis de trabajo. Se cierran empresas y se pierden sueldos. Crisis de identidad, no consiguen, los llegados de fuera, los “papeles” que les permitan vivir con identificación legal. A unos y a otros, les es difícil buscar y encontrar trabajo, matricularse en estudios superiores, pagar el alquiler de la vivienda, la corriente eléctrica, el agua, etc. De todo esto hay estadísticas y en este terreno también la Fe cristiana responde principalmente con la excelente Cáritas, que no llega a solucionar todos los problemas, ni mucho menos, pero que resulta ejemplar e invita a imitarla.

4.- Desde la sociología, mediante la voz de los políticos, se nos anuncian de continuo deslumbrantes soluciones. Se proclaman quiméricos programas, que con frecuencia sirven para cubrir actuaciones corruptas. Las enfermedades del Tercer Mundo, se pueden diagnosticar y divulgar con entendedoras palabras: deshidratación, hambruna, malaria, parasitosis, etc. Diagnosticar y hacer públicos los males del Primer y Segundo Mundo, es más difícil. Os voy a señalar dos que a mi modo de ver son perversos, de los que no se habla suficientemente y de difícil solución.

5.- El primero es la falta de esperanza. Fruto de ella es el aumento de los casos de suicidio. O de acudir a la droga, como cobarde anestesia. Las diversas imprudencias consecuencia de riesgos buscados, el conducir vehículos temerariamente, el “botellón”, son algunos ejemplos. Es un mal reconocido y hasta descriptible. Otra consecuencia es la holgazanería. Tal vez de esta no se hable a penas, ni suficientemente. Uno tal vez no encuentre trabajo profesional, pero hay maneras de conseguirse algunos ingresos. Por ejemplo, en el terreno de las manualidades y elementales artesanías. Se puede conocer a personas que tienen una situación económica estable y ayudarlas. Consecuencia de esta actitud es que será ayudado. ¡Pues no, señor! Se pasa la jornada durmiendo o arrastrándose por cualquier sitio, calle o rincón, sin ningún sentido ni propósito. ¡Cuántos jóvenes, compruebo cabe mí, que son unos vagos!

6.- Otra consecuencia es la falta del sentido de la austeridad. Se estaba acostumbrado a las bebidas carbónicas, a comer galletas de calidad y ahora no se acepta que el agua sacia la sed y el pan el hambre. Que dejar de fumar es una manera de ahorrar y mantener la salud. Pues no, continuar haciéndolo ahoga el tedio, o así lo creen equivocada mente…

No olvido aquello de la aguda Mafalda cuando le dicen: esto es el acabose y responde ella con gracia y acierto: no, señor, esto es el continuose del empezose de ustedes.

¿Os he dado una visión muy pesimista? He querido que partierais, mis queridos jóvenes lectores, de una realidad funesta que no encontrará solución en los programas de los politiqueros de turno. Si os parece que he exagerado, leed atentamente el evangelio de la misa de este domingo.

7.- El mensaje de las lecturas de hoy es un mensaje de Esperanza. Observad que esta palabra, que por tercera vez he escrito hoy, la he puesto ahora con mayúscula, pues, se trata de una virtud teologal, no pura actitud personal. Hay que ser valientes con uno mismo y estar convencidos de que la victoria empieza en nuestro interior, la solución a angustias, depresiones no clínicas, desorientaciones y errores, nos la aporta Cristo. Jesús decía que el Reino de Dios está dentro de nosotros. Ahora bien, para sumergirnos en él, es preciso el silencio y la soledad. Al contrario, tantos hay que no saben vivir sin los cascos puestos y enredados entre multitudes que se mueven vagando y alborotando sin sentido. Se precisa la sobriedad de estímulos, los ojos cerrados de cuando en cuando y encontrarnos alejados del bullicio.

Conseguida tal situación, estaremos preparados para comunicar la paz de la que gozamos a los demás. Para que en nuestro entorno, se inicien empresas que se desenvuelvan con justicia, se distribuyan los bienes con equidad, se busque la felicidad sin tapujos, ni sofisticaciones.

Este domingo, litúrgicamente, se inicia la etapa de lecturas que llamamos C. Ciclo nuevo. Que sea Esperanza nueva. Vosotros proponéoslo. Yo rezaré para que el Maestro os ayude a todos en ello.