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1.- PARIS 50 AÑOS DESPUÉS

Por Angel Gomez Escorial

Me casé hace cincuenta años con Maribel. Por aquel entonces yo trabajaba en Paris para un proyecto de gran diario español que no fructificó. Estaba apoyado por Le Monde y aquello no gustó al régimen de Franco.

Teníamos un buen apartamento en la Rue des Martyrs y con teléfono. En aquel año 1969 los teléfonos estaban más desarrollados en España que en Francia y la escasez en Paris era más que evidente. Pasamos allí un tiempo corto pero muy bello para nosotros. Ciertamente, que hemos vuelto a Paris en varias ocasiones en todos estos años. Pero me interesa más memoria de entonces.

Paris tiene algo de eterno porque, en general, sus fachadas no cambian nunca. Y me refiero a las casas de toda calle y en cada arrondissement. Parece como si el tiempo no hubiera pasado allí. Londres, Roma y hasta Bruselas cambian algo. Paris no. Bueno, supongo que la procesión va por dentro. La ciudad está llena de obras, de travaux publics, abundantes. Debe ser que tienen dinero para ello. El metro si ha crecido en estos años. Aunque Madrid sitúa su metro en el tercer lugar de Europa tras Londres y Moscú. Paris es el cuatro. Las líneas crecen no del todo rectilíneas sino con la creación de ramales y desdobles. En fin. El precio básico por trayecto es de un euro con noventa céntimos. Madrid, 1,50. Antes había mucha más diferencia. Asimismo, la carestía de Paris que suele resultar proverbial, hay que decir que Madrid se va a acercando peligrosamente a la misma.

Las riadas de turistas son enormes y constantes. Tal vez se note más en la zona de L’Etoile, en el Arco del Triunfo, y en los Campos Elíseos. Antes todo ello era más tranquilo y sin tanta gente. Está claro que no voy a hacer una guía turística de Paris, ni tampoco –hoy— sobre la política francesa. Tal vez lo haga dentro de unos días.

LA MISA EN NÔTRE DAME

Reflejar la sorpresa grafica recibida al ver la primera misa celebrada tras el incendio de la catedral de Paris, en Nôtre Dame…Los cascos blancos de seguridad sobre todas las cabezas eran como una gran sorpresa, sobre todo al ver sustituidas en los obispos celebrantes las picudas mitras por los redondeados protectores de plástico. A modo de las llamas que el Espíritu Santo puso sobre las cabezas de todos los presentes del Cenáculo aquí la blancura esférica uniformaba las cabezas en un consenso democrático y necesario.

Dijo el arzobispo de París, Michel Aupetit “La catedral sigue viva, porque celebramos la eucaristía”. Y es que la misa y la consagración del Cuerpo y Sangre de Cristo se puede hacer presente en cualquier lugar. Desde en las estrechas o oscuras celebraciones clandestinas hasta en el consenso espiritual de centenares de miles de fieles durante la misa en un estadio repleto de fieles.

El arzobispo de París, monseñor Aupetit, aprovechó la homilía para reivindicar Nôtre Dame, “ante todo, como un lugar de culto”. “Esa es su finalidad propia y única” Y más adelante: “Este bien cultural, esta riqueza espiritual no puede ser reducida a un bien patrimonial”

Mi experiencia personal de hace unos días es que, desde fuera, Nôtre Dame parece más pequeña. La caída de la aguja –creo— no solo le resta altura sino también anchura.

Pero no, Maribel y yo no nos casamos en Nôtre Dame, si no en la Glorieta de Cuatro Caminos, en la parroquia de Santa Maria de los Ángeles, el 12 de marzo de 1969. Feliz Dia que ahora recuerdo, como lo hace Julia Merodio en nuestra página de Noticias y que publica incluso un video. El primero que hemos incluido en Betania. ¡Toda una novedad!

 

2.- EL MEJOR ALIMENTO PARA EL ALMA Y EL CUERPO

Por Ángel Gómez Escorial

Recibo, siempre, con especial alegría la celebración de la Fiesta del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo. El sacramento de la Eucaristía tiene una muy especial relevancia para mí. Y tengo que reconocer que, en los muchos años que estuve apartado del cristianismo, experimentaba, casi día a día, el deseo del recibir el Cuerpo de Cristo. Y esa posibilidad, aun negada por el alejamiento, era como una débil chispa, un pábilo encendido, presente en mí. Vuelto a la fe, se convirtió en práctica cotidiana.

EXPERIENCIA PERSONAL

Y, así, en mi experiencia personal, ahora, arroja un balance de enorme importancia la recepción diaria del Santísimo Sacramento. No se trata de presumir de piedad. Responde a una necesidad que tiene mucho de espiritual, pero que también incide en lo físico. La presencia innegable de Jesús en las formas de pan y vino comunica una corriente espiritual fehaciente. No es solamente un rito sacralizado por la fe. Es una realidad que transforma, aquieta, perdona y enriquece. Siempre hay un antes y un después en la recepción de la Santa Eucaristía.

NO ES UN ESPEJISMO

Muchos días se llega a la misa cotidiana con problemas, aprensiones, tristezas, distracciones o dudas. Gran parte de todos esos problemas van a aclararse con el Santo Sacramento del Altar. Nuestro cuerpo, alma y pensamiento han cambiado después de recibir a Jesús. No es un espejismo, no es una falsa emoción. Hay momentos en que el fruto de la Comunión es recibir –por ejemplo— un mayor tino para todas las cosas y, sobre todo, en las de índole espiritual.

EFECTO REAL

No es posible dejar de proclamar tal efecto real de un don espiritual. El mayor bien "terreno" que podemos dar a nuestros hermanos es comunicarles lo que sentimos a la hora de recibir el Cuerpo de Cristo. Y la mejor ayuda es –si ellos no lo sienten—“predibujarles” tales dones. Porque el alimento espiritual que supone la recepción del Cuerpo y Sangre de Jesucristo es fundamental para construir nuestra identidad total como cristianos, con todo lo que eso significa y debe significar. Por todo ello debemos celebrar esta Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo con especial dedicación. Pidiendo a Jesús que nos ilumine y que nos "regale" de manera fehaciente su presencia. Y una vez que seamos capaces de aprehender esos dones, hemos de esforzarnos por comunicárselos a nuestros hermanos.

DIOS PRESENTE

Dios se hizo hombre y convivió con nosotros. Es algo muy grande, inconmensurable. Sin duda, Jesús es el rostro de Dios Invisible. Luego, la noche en que iba a ser entregado, dejó a sus discípulos una presencia permanente en la forma real de su Cuerpo y su Sangre. La misma que había servido para la Encarnación de Dios en hombre. Esto es también enorme. Porque Dios está presente en una cercanía impresionante: en los sagrarios de todas las iglesias y sobre el altar de todas las misas cotidianas. Es probable que no seamos capaces de entender totalmente esa realidad; que, incluso, la aceptemos intelectualmente, pero que se nos olvide o que no la sintamos de manera suficiente.

Sin embargo, es difícil no sentir –como decía— el influjo espiritual en su recepción. Muchas veces no hace falta la fe para saber que ahí, tras las formas de pan y vino, está Jesús y, por tanto, la Santísima Trinidad. Se experimenta con la recepción del Santísimo Sacramento una interrelación con el Ser Divino. Es, sin duda, suave y tenue. A veces --incluso--, la hacemos nosotros insuficiente en nuestro camino de conversión. Y somos desmemoriados a la hora de no tenerla presente de manera total en nuestras vidas, todas las horas del día. Pero aun así es imposible negar esa corriente de divinidad que nos llega. Conseguimos sintonizar --como en los tiempos heroicos de la radio-- durante unos segundos con la Estación amada y lo oímos en toda su plenitud.

ATRAER A TODOS HACÍA SÍ

Y para terminar diré que, en España, en la mayoría de los lugares, la fiesta del Corpus Christi se ha traslado al domingo, tras la festividad de la Santísima Trinidad, al quitarse como día de fiesta laboral en jueves. Toledo continúa con el esplendor de su procesión del Corpus. Hoy, tal vez, la fiesta del Corpus Christi es menos brillante hacia afuera pero hay un mayor ejercicio de reflexión respecto a lo que es la Sagrada Eucaristía. No obstante no hay iglesia por pequeña que sea que renuncie a salir a la calle con su procesión del Corpus Christi. Jesús Sacramentado quiere salir a la calle y atraer a todos hacía sí. Y de eso se trata.

 

3.- ¿CUÁL ES MI MISIÓN?

Por Ángel Gómez Escorial

Hace un rato, mientras escribía la homilía de la solemnidad de San Juan Bautista, ha surgido en mí la idea sobre el efecto del encargo divino de la misión de cada uno. Jesús y Juan tuvieron muy clara su misión y la llevaron a sus últimas consecuencias. Jesús de Nazaret, Dios y Hombre verdadero, como humano sólo vivió para cumplir lo que el Padre le había encargado. Juan se refugió enseguida en el desierto para prepararse para su misión y llegó a condicionar toda su existencia –vida, vestido, alimento— a dicho encargo divino. Juan una vez mandó preguntar si Jesús era quien era o si había que esperar que a otro. Y es que a veces se duda sobre la misión, pero no se cambia. El episodio terrible de Jesús en Getsemaní también es muy notable, pero tampoco Nuestro Señor cambió de camino. Eso quiere decir que el encargo de la misión no es un lecho de rosas, ni es, tampoco, una transformación automática de carácter y de capacidades.

UNA LABOR DE GIGANTES

La realidad es que en la historia de los santos, sobre todo en los fundadores, maravilla el crecimiento de sus fundaciones. Y así la autobiografía de San Ignacio de Loyola se ven trabajos insuperables, como aceptar ser estudiante ya viejo e irse a Paris a estudiar humanidades o el viaje a Tierra Santa, sin nada, sin dinero, sin apenas ropa. Y su peregrinaje por Italia. También es notable la fundación de San Francisco de Asís, que cambia la historia de la Iglesia, pero hay que decir que casi le expulsaron de su propia orden y, desde luego, le quitaron el mando. Y que hablar de Teresa de Jesús, quien tuvo en contra a sus propios confesores. En fin, el etcétera es larguísimo y en la mayoría de los casos estos “protagonistas a la fuerza”, realizan una labor de gigantes, que vista con perspectiva histórica parece casi imposible.

MISIONES IGUALES

Ante esto puede pensarse que Dios solo encarga cosas importantes y grandes a nuestros ojos. Mi idea es que todas las misiones son iguales, de la misma importancia, independientemente de sus resultados públicos. La mayor parte de los hijos descubren un día –tras haber pasado una temporada de crítica total— la importancia de la misión de sus padres respecto a ellos. De lo que hicieron para que ellos fueran mejores. Y sienten perplejidad o desasosiego ante la enormidad de esa misión y la dificultad de que ellos sean capaces de impulsar algo parecido con sus hijos. Y también este es aplicable a los maestros, profesores o educadores. Y, como no, a algún curita rural, modesto y afable que ha gastado su vida intentado que los demás sean mejores y más felices. Y aún la misión puede rebajarse de intensidad. Todos es un momento dado, hemos leído unas líneas de un libro inesperado, o no han sonreído de tal manera que ese día hemos terminado nuestro problema sin que podamos saber muy bien cómo. Tal vez haya misiones de un momento, de una sola vez. Y eso es igual.

DIOS NO BUSCA AUTÓMATAS

Pero es importante que cada uno se pregunte cual es la misión que Dios le ha encargado, porque el Señor no busca ni produce autómatas. Pretende que todo lo que constituye la condición de ser humano sea destinado a dicha misión y, por tanto, tiene que conocerla, comprenderla y llevarla a cabo. Para llegar a ese conocimiento solo tenemos que orar, aunque sea mucho. La oración es nuestro sistema de conexión con Dios. Le hablamos y nos habla. Pero hay que insistir. Y hacerlo sobre todo por nosotros, porque no siempre estamos dispuestos a escuchar. Los problemas cotidianos, las angustias, los miedos, las tentaciones, todo ello nos cambia la frecuencia de la sintonía con Dios.

MUCHOS NOS ESPERAN

Muchos hermanos nos estarán esperando. Serán aquellos que se tienen que beneficiar de nuestra misión. Y lo terrible sería que nuestra desidia impidiera que les ayudáramos. Hemos de pedir a Dios que nos ilumine y nos muestre el camino. A veces, casos de vocación clara pueden tapar la naturaleza de la una misión concreta. Y así, creo yo, no es posible conformarse con ser maestro o sacerdote, o Editor de Betania. Hay que preguntarle al Señor Dios que quiere exactamente de nuestro trabajo y hacia donde le tenemos que dirigir. Tal vez, el “problema” se resume en que hay que orar, siempre y muy intensamente.