1.- RESUCITAR A LA ALEGRÍA

Nuestra alegría viene –como no podía ser de otra manera— de que Jesús ha resucitado. Hemos tenido la suerte de vivir minuciosamente la liturgia de la Semana Santa y en la vigilia de la Resurrección nos estalló el gozo de saber que el triunfo había sido de Él y nuestro. La tristeza desapareció y resultó que habíamos enterrado todas las tristezas de nuestra vida. Hay épocas, en la vida de muchos, en que esa tristeza se adosa a las almas. Suele ser una manera de entretener por parte del Maligno. Si en el poso final de toda nuestra vida y en el "resto" que deja la actividad espiritual emerge dicha tristeza habrá que maliciarse –y nunca mejor dicho— que el tentador anda tras nosotros. Solo la alegría le expulsa y la sensación de gozo luminoso que trae la Pascua es una de las mejores armas contra sus maquinaciones.

Hay situaciones tristes. Ocurren cosas terribles. Vivimos en un mundo difícil y con demasiados ejemplos de lejanía a la verdad. El ánimo se turba y hasta el miedo se apodera de nuestros pensamientos ante lo duro y difícil de todo lo que nos circunda. Se puede ser solidarios con la tristeza de los demás y "llorar con los que lloran", pero del fondo de nuestro ser debe salir, como un torrente de agua pura y fresca, el convencimiento de que la cercanía a Cristo produce paz y alegría. A pesar de cualquier cosa, ya que nuestro destino final será –sea cuando sea— la luz que no se apaga, la paz que no cesa y la alegría que no termina. ¡Feliz Pascua a todos!

 

2.- LOS ATAQUES A LA IGLESIA

Las cosas no parecen claras. Si se suman los alejados, los indiferentes y una crecida increencia, ¿de dónde surgen los crecientes ataques a la Iglesia católica? Estamos, obviamente, ante un hecho grave que, con lógica, abre una fuerte tormenta. Ello no es otra cosa que el afloramiento de muchos casos de pederastia en, sobre todo, las Iglesias de Irlanda, Estados Unidos y Alemania, sin descartar que se hayan producido en otros países. La respuesta del Papa Francisco ha sido la adecuada, no ha limitado la gravedad de los hechos y en varias cartas dirigidas las Iglesias locales como en otros discursos y alocuciones del Pontífice se ha puesto de manifiesto lo terrible de esos comportamientos. Y es que cualquier alma se conmueve cuando piensa que servidores de Cristo, sacerdotes y educadores, en lugar de luchar contra el pecado, contribuyen a él. Es obvio que Jesús lo expresó con claridad y dijo que manera muy clara que “quien escandalizara a uno de estos pequeños más le valía atarse una rueda de molino al cuello y lanzarse al mar”. Y así es. No hay paliativos para esas conductas, salvo en lo relativo a la misericordia hacia el pecador, que no hacia el pecado.

ENEMIGOS DE LA IGLESIA

Pero lo que se expresa al principio está claro. Sin descontar –para nada— la gravedad de los abusos detectados, y suficientemente condenados por el Papa, los Obispos y por el Pueblo de Dios, hay que reconocer que se ha abierto una batería de fuertes ataques dirigidos al Papa queriendo encontrar culpabilidades de encubrimiento donde no las hay. ¿Quiénes son esos enemigos de la Iglesia en una etapa en la que parece que el indiferencia y el alejamiento son los principales problemas? Hay un dicho que puede ser revelador: “ladran, luego caminamos”. La Iglesia católica sigue siendo importante y prominente. Y eso molesta a muchos, que preferirían verla desaparecida o encerrada en los límites de las sacristías y de los presbiterios. Pero no es así. Cientos de miles –millones— de hombres y mujeres están presentes en la atención a muchos hermanos, llevando amor a muchos lugares y distinguiéndose en la batalla contra la pobreza, la marginación y la enfermedad. Es verdad que los abusadores han hecho un flaco favor a quienes dan su vida y todos los años de su existencia por la mejora de muchos a quien nadie ayuda, pero el pecado de algunos –aunque sean numerosos—no desvirtúa la acción de muchos.

Pero la pregunta sigue ahí: ¿quiénes son esos enemigos de la Iglesia que incrementan sus ataques en cualquier momento? La respuesta no es fácil. No es posible creer que vengan especialmente de otras creencias oficiales cristianas, de otras Iglesias, que, sin duda, pueden tener el mismo problema. Podrían venir, tal vez, de otras creencias, pues no se olvide que, por ejemplo, en India, Pakistán e Iraq. Y a veces ciertos ataques tienen más peso que el disturbio local. Y junto a eso está la fuerte lucha mantenida por una nueva clase de laicismo, que busca la desaparición pública de las iglesias.

VERDAD Y TRANSPARENCIA

En un ambiente de serenidad y de objetividad hemos de ser conscientes que la institución católica está siendo fuertemente atacada. Y que es seguro que la salida valiente del Papa para condenar los abusos pedófilos ha restado mucha eficiencia a esos ataques. Tal vez, hoy más que nunca nuestra Iglesia necesita de fuerza y de total transparencia para no convertir en lanzas aquello que, desde luego, está muy mal. Hay que atajar con la verdad y con el arrepentimiento todo aquello que no es digno de un cristiano. La verdad siempre se va a saber y lo oculto siempre aparece. Pero, obviamente, habría que decir a muchos de los que ofenden a la Iglesia hoy con falsas verdades y amasamientos de la realidad, que en todos los sitios cuecen habas. O, mejor, con la frase de Cristo pronunciada ante la denuncia pública de una adultera: “Quien no tenga pecado que tire la primera piedra”.

 

3.- NECESITAMOS APOYO ECONÓMICO… Y MUCHAS ORACIONES

No hemos forzando demasiado la invocación a la generosidad de nuestros lectores, tras los problemas suscitados hace meses. Pero, realmente, la situación económica de Betania sigue siendo muy difícil y no se descarta su desaparición. Con las aportaciones de tiempo atrás –y estamos profundamente agradecidos— pudimos seguir adelante. Pero ahora nuevamente tenemos problemas. Hay que atender a nuevos gastos, algunos los mismos que se resolvieron en aquellos días. Hemos abierto ahora la posibilidad de ingresos con la publicidad, con los anuncios, pero no sabemos su rendimiento posible. Y, al parecer, no es muy alto.

Hasta ahora, no había nadie –salvo los lectores— que faciliten recursos económicos a nuestra web. La aportación económica del propio Editor es ya imposible y, probablemente, deje de trabajar en Betania pronto. No somos capaces de llevar a cabo un equipo técnico que sustituyera al trabajo del Editor. Y aunque hay planes para modificar este aspecto, también en la transición necesitamos ayuda. Y lo que pedimos con el corazón son oraciones por la continuidad de Betania. El Espíritu ha estado siempre de nuestra parte y creemos que así seguirá. Pero hay que pedírselo… Necesitamos también muchas oraciones.


Quienes somos

Betania fue fundada por el periodista laico, Ángel Gómez Escorial, el 1 de diciembre de 1996, como consecuencia de una transformación personal y religiosa. Ha estado siempre publicada a expensas de la empresa periodística Prensa Escorial –también fundada por Gómez Escorial-- sin ninguna otra pertenencia a movimiento alguno o jerarquía de la Iglesia católica. Pero como ha expresado muchas veces Gómez Escorial, su Editor, “Betania quiere ser siempre una hija fiel de la Iglesia Católica”. Entre sus colaboradores hay sacerdotes y laicos, pero son mayoría los sacerdotes, aunque pertenecen a diferentes carismas. Así hay dos agustinos, un miembro del Opus Dei y el resto diocesanos. Los colaboradores laicos son padres y madres de familia y de diferentes profesiones.

Prensa Escorial edita, entre otras cosas, una revista quincenal impresa, especializada en finanzas y banca, BANCA 15, que tiene también una web de periodicidad diaria, www.banca15.com. Nuestras coordenadas son

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