EXISTE EL ELIXIR DE LA VIDA, ASEGURA BENEDICTO XVI

LA IGLESIA ESTÁ CON EL PAPA, LE ASEGURA EL CARDENAL SODANO

EL CARDENAL LEVADA PIDE AL “NEW YORK TIMES” RECONSIDERAR LOS ATAQUES AL PAPA

“JUSTICIA Y MISERICORDIA”, CARTA DE MONS. JOSÉ SÁNCHEZ

INTENCIÓN MISIONERA DEL PAPA PARA EL MES DE ABRIL

EL CARDENAL BERTONE ASISTE EN CHILE A LAS CELEBRACIONES DEL BICENTENARIO

LA DIÓCESIS DE CÓRDOBA LAMENTA EL INCIDENTE EN LA CATEDRAL

CRISTO, EL MEJOR ALIADO DE LA MUJER, SEGÚN EL PREDICADOR DEL PAPA

LA REALIDAD DELA INMIGRACIÓNEN EL SUR DE MADRID, A DEBATE

EN LA II SEMANA DE DOCTRINA SOCIAL DE GETAFE


EXISTE EL ELIXIR DE LA VIDA, ASEGURA BENEDICTO XVI

CIUDAD DEL VATICANO (ZENIT.org).- El elixir de la vida o de la inmortalidad, que desde tiempos inmemorables busca la humanidad, existe, aseguró Benedicto XVI en la vigilia pascual, es el Bautismo.

Y el pontífice, en la "madre de todas las vigilias", administró esta panacea, buscada durante siglos por los alquimistas, a seis catecúmenos, cuatro mujeres (dos de Albania, una de Somalia y una de Sudán), un japonés, y un niño ruso de cinco años.

"Sí, esta hierba medicinal contra la muerte, este fármaco de inmortalidad existe --aseguró el Papa en su homilía--. Se ha encontrado. Es accesible. Esta medicina se nos da en el Bautismo".

"Una vida nueva comienza en nosotros, una vida nueva que madura en la fe y que no es truncada con la muerte de la antigua vida, sino que sólo entonces sale plenamente a la luz", añadió el Santo Padre.

La Vigilia Pascual o "Lucernario" comenzó a las 21.00, en el atrio de la Basílica de San Pedro, con la bendición del fuego y la iluminación del cirio pascual.

Durante la homilía, en medio del profundo silencio de los fieles que llenaban el templo levantado sobre la tumba del apóstol Pedro, el pontífice explicó por qué el bautismo es el elixir de la vida.

"También hoy los hombres están buscando una sustancia curativa de este tipo --aclaró--. También la ciencia médica actual está tratando, si no de evitar propiamente la muerte, sí de eliminar el mayor número posible de sus causas, de posponerla cada vez más, de ofrecer una vida cada vez mejor y más longeva".

Ahora bien, preguntó: "¿qué ocurriría realmente si se lograra, tal vez no evitar la muerte, pero sí retrasarla indefinidamente y alcanzar una edad de varios cientos de años? ¿Sería bueno esto? La humanidad envejecería de manera extraordinaria, y ya no habría espacio para la juventud. Se apagaría la capacidad de innovación y una vida interminable, en vez de un paraíso, sería más bien una condena".

"La verdadera hierba medicinal contra la muerte debería ser diversa. No debería llevar sólo a prolongar indefinidamente esta vida actual. Debería más bien transformar nuestra vida desde dentro. Crear en nosotros una vida nueva, verdaderamente capaz de eternidad, transformarnos de tal manera que no se acabara con la muerte, sino que comenzara en plenitud sólo con ella", afirmó.

"Sí --concluyó--, la hierba medicinal contra la muerte existe. Cristo es el árbol de la vida hecho de nuevo accesible. Si nos atenemos a Él, entonces estamos en la vida".


LA IGLESIA ESTÁ CON EL PAPA, LE ASEGURA EL CARDENAL SODANO

CIUDAD DEL VATICANO (ZENIT.org).- El cardenal Angelo Sodano, decano del Colegio Cardenalicio, en la felicitación por la Pascua que dirigió a Benedicto XVI este Domingo de Resurrección, aseguró que la Iglesia se encuentra particularmente cerca del Santo Padre, en medio de las críticas que han publicado medios de comunicación.

Al inicio de la misa que el Papa presidió en la plaza de San Pedro del Vaticano, el antiguo secretario de Estado, sorprendió con un momento particularmente emotivo al asegurar: "Nos unimos para arroparle". "Estamos profundamente agradecidos por la fortaleza de espíritu y la valentía apostólica con la que anuncia el Evangelio de Cristo", afirmó.

"Está con usted el pueblo de Dios que no se deja impresionar por las murmuraciones del momento, por las pruebas que en ocasiones golpean a la comunidad de los creyentes", subrayó.

"Están con usted los cardenales, sus colaboradores de la Curia Romana. Están con usted los hermanos obispos, esparcidos por el mundo, que guían las tres mil circunscripciones eclesiásticas del planeta. En particular, están con usted en estos días los cuatrocientos mil sacerdotes que están al servicio generoso el pueblo de Dios, en las parroquias, en las escuelas, en los hospitales, en otros muchos lugares, así como en las misiones y en las partes más remotas del mundo".

El cardenal Sodano recordó que el Papa, el Jueves Santo, en la santa misa de la bendición de los santos óleos, recordó que Pedro describe así la actitud de Cristo en la Pasión: "Cuando lo insultaban, no devolvía el insulto; en su pasión no profería amenazas; al contrario, se ponía en manos del que juzga justamente". En esta solemnidad pascual, concluyó el purpurado italiano, "nosotros rezamos por usted para que el Señor, Buen Pastor, siga apoyándole en su misión al servicio de la Iglesia y del mundo".


EL CARDENAL LEVADA PIDE AL “NEW YORK TIMES” RECONSIDERAR LOS ATAQUES AL PAPA

Por el cardenal William J. Levada*

CIUDAD DEL VATICANO (ZENIT.org).- En nuestro crisol de pueblos, lenguas y orígenes, los estadounidenses no nos distinguimos como ejemplos de "alta" cultura. Pero podemos estar orgullosos por lo general en nuestra pasión por la justicia. En el Vaticano, donde actualmente trabajo, mis colegas - ya sea en las reuniones de cardenales o funcionarios de mi oficina - proceden de muy diversos países, continentes y culturas. En el momento de escribir esta respuesta de hoy (26 de marzo de 2010) he tenido que admitir ante ellos que no estoy orgulloso del periódico americano New York Times, como un modelo de justicia.

Digo esto porque el 30 de marzo el Times presenta por un lado un extenso artículo de Laurie Goodstein, una importante columnista, titulado Warned About Abuse, Vatican Failed to Defrock Priest (Advertido sobre los abusos, el Vaticano no suspendió a un sacerdote, n.d.t), y por otro un editorial adjunto titulado The Pope and the Pedophilia Scandal (El Papa y el escándalo de pedofilia, n.d.t.), en el que los editores consideran el artículo de Goodstein un informe preocupante (énfasis en el original) como base para sus propias acusaciones contra el Papa. Tanto el artículo como el editorial son deficientes en todos los estándares razonables de justicia, que los estadounidenses tienen todo el derecho - y la expectativa de encontrar – en la información de sus principales medios de comunicación.

En su párrafo inicial, Goodstein se basa en lo que ella describe como "archivos recién desenterrados" para señalar lo que el Vaticano (es decir, el entonces cardenal Ratzinger y su Congregación para la Doctrina de la Fe) no hizo – “expulsar del sacerdocio al padre Murphy”. Noticias impactantes, al parecer. Sólo después de ocho párrafos de prosa grandilocuente, Goodstein revela que el padre Murphy, que abusó criminalmente de casi 200 niños sordos, mientras trabajaba en una escuela en la archidiócesis de Milwaukee entre 1950 y 1974, "no sólo nunca fue procesado ni disciplinado por el sistema judicial eclesiástico, sino que también consiguió un 'pase' de la policía y los fiscales, que ignoraron los relatos de sus víctimas, según los documentos y entrevistas con éstas".

Pero en el párrafo 13, al comentar una declaración del padre Lombardi (el portavoz del Vaticano) de que la ley eclesiástica no prohíbe que cualquier persona denuncie los casos de abuso a las autoridades civiles, Goodstein escribe: "Él no explicó por qué nunca sucedió en este caso". ¿Acaso olvida, o que sus editores no leen, lo que ella misma escribió en el párrafo nueve sobre el hecho de que Murphy conseguió "un pase de la policía y los fiscales"? Según su proprio relato, parece claro que las autoridades penales habían sido informadas, muy probablemente por las víctimas y sus familias.

El relato de Goodstein salta adelanta y atrás, como si no hubiesen pasado más de 20 años entre los informes de los años 60 y 70 de la archidiócesis de Milwaukee y la policía local, y la petición de ayuda de monseñor Weakland al Vaticano en 1996. ¿Por qué? Porque el nudo del artículo no trata sobre los fracasos por parte de la Iglesia y las autoridades civiles para actuar en su momento. Yo, por ejemplo, mirando este informe, coincido en que el Padre. Murphy merecía ser expulsado del estado clerical por su atroz comportamiento criminal, lo que normalmente sería el resultado de un juicio canónico.

El nudo del artículo de Goodstein, en cambio, es atribuir el fracaso en llevar a cabo esta expulsión al Papa Benedicto XVI, en lugar de a las decisiones diocesanas del momento. Ella utiliza la técnica de repetir la ristra de cargos y acusaciones provenientes de diversas fuentes (y las de su propio periódico no son las menos importantes), y trata de utilizar estos "archivos recién descubiertos" como base para acusar al Papa de indulgencia e inacción en este caso y, presumiblemente, en otros.

Me parece, en cambio, que tenemos con el Papa Benedicto XVI una gran deuda de gratitud por la introducción de los procedimientos que han ayudado a la Iglesia a tomar medidas frente al escándalo por abuso sexual de menores por parte de sacerdotes . Estos esfuerzos se iniciaron cuando el Papa era cardenal prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y continuaron después de ser elegido Papa. Que el Times ha publicado una serie de artículos en los que se pasa por alto la importante contribución que ha hecho - especialmente en el desarrollo y aplicación de la Sacramentorum Sanctitatis Tutela, el Motu proprio expedido por el Papa Juan Pablo II en 2001 - me parece a mí suficiente para justificar la acusación de falta de la justicia que debería ser el sello distintivo de cualquier periódico de renombre.

Déjeme decirle lo que una lectura imparcial del caso Milwaukee parece indicar. Las razones por las que las autoridades eclesiásticas y civiles no actuaron en los años 60 y 70, aparentemente, no figuran en estos "archivos recién descubiertos." Tampoco el New York Times parece estar interesados en saber por qué. Pero lo que surge es lo siguiente: después de casi 20 años como arzobispo, Weakland escribió a la Congregación pidiendo ayuda para hacer frente a este terrible caso de abusos en serie. La Congregación aprobó su decisión de emprender un proceso canónico, ya que el caso se refiere a proposiciones durante la confesión - uno de los delicta graviora (delitos más graves) por los que la Congregación tenía la responsabilidad de investigar y tomar las medidas oportunas.

Sólo cuando se supo que Murphy se estaba muriendo, la Congregación sugirió a monseñor Weakland que se suspendiese el juicio canónico, ya que implicaría un largo proceso de toma de declaraciones a un buen número de víctimas sordas de décadas anteriores, así como del sacerdote acusado. No obstante, propuso medidas para garantizar que se impusiesen restricciones adecuadas sobre su ministerio. Goodstein infiere que esta acción implica "clemencia" hacia un sacerdote culpable de crímenes atroces. Mi interpretación sería que la Congregación se dio cuenta de que un proceso canónico complejo sería inútil si el sacerdote se estaba muriendo. De hecho, he recibido recientemente una carta no solicitada del vicario judicial que fue el presidente del tribunal en el juicio canónico, en la que me dice que nunca recibió ninguna comunicación sobre la suspensión del juicio, y que no habría estado de acuerdo a ella. Pero el Padre. Murphy había muerto en el ínterin. Como creyente, no tengo ninguna duda de que Murphy se enfrentará a Aquel que juzga a los vivos ya los muertos.

Goodstein también se refiere a lo que ella llama "otras acusaciones" sobre la reasignación de un sacerdote que había abusado de niños anteriormente a otra diócesis, por parte de la archidiócesis de Munich. Sin embargo, la Arquidiócesis ha explicado repetidas veces que el responsable, el Vicario General monseñor Gruber, admitió su error en la toma de esa decisión. Es anacrónico de Goodstein y el Times sostengan que el conocimiento sobre los abusos sexuales que tenemos en 2010 deberían de alguna manera haber sido intuidos por quienes detentaban la autoridad en 1980. No es difícil para mí pensar que el profesor Ratzinger, nombrado arzobispo de Munich en 1977, hiciera lo que la mayoría de los nuevos obispos suelen hacer: permitir quienes ya se encargaban de la administración de 400 o 500 personas sigan llevando a cabo la tarea que ya ejercían.

Cuando miro hacia atrás mi propia historia personal como sacerdote y obispo, puedo decir que en 1980 nunca había oído hablar de ninguna acusación de abuso sexual de este tipo por parte de un sacerdote. Fue sólo en 1985, cuando asistí como obispo auxiliar a una reunión de nuestra Conferencia Episcopal de EE.UU. donde se presentaron datos sobre este asunto se presentó, cuando supe de estos hechos. En 1986, cuando fui nombrado arzobispo de Portland, comencé a afrontar personalmente acusaciones por el delito de abuso sexual, y aunque mi "curva de aprendizaje" fue rápida, aún estaba limitada por los casos particulares que se me presentaban.

Aquí están algunas cosas que he aprendido desde entonces: muchos niños víctimas son reacias a denunciar incidentes de abuso sexual por el clero. Al presentarse de adultos, el motivo más frecuente que aducen no es pedir el castigo del sacerdote, sino advertir al obispo y a los responsables de personal para que se pueda evitar a otros niños el trauma que ellos han experimentado.

Al tratar con los sacerdotes, he aprendido que muchos sacerdotes, cuando se enfrentan a acusaciones del pasado, admiten de manera espontánea su culpabilidad. Por otra parte, me he dado cuenta de que la negación no es infrecuente. Hay casos en los que ni siquiera los programas de tratamiento residencial han logrado romper su negativa. Incluso terapeutas profesionales no llegan a un diagnóstico claro en algunos de estos casos; a menudo sus recomendaciones son demasiado vagas para ser útiles. Por otro lado, los terapeutas han sido de gran ayuda a las víctimas para que afornten los efectos a largo plazo de los abusos en la infancia. Tanto en Portland como en San Francisco, donde tuve que lidiar con problemas de abuso sexual, las diócesis siempre pone fondos disponibles (a menudo a través de la cobertura del seguro diocesano) para la terapia de las víctimas de abuso sexual.

Desde el punto de vista de los procedimientos eclesiásticos, la explosión de la cuestión de los abusos sexuales en Estados Unidos llevó a la adopción, en una reunión de la Conferencia Episcopal en Dallas en 2002, de una Carta para la Protección de Menores contra el Abuso Sexual. Esta Carta establece las directrices uniformes sobre cómo denunciar los abusos sexuales, las estructuras de rendición de cuentas (Juntas que incluyen a miembros del clero, religiosos y laicos, incluidos expertos), informes a un Consejo Directivo nacional, y programas de educación para las parroquias y escuelas en la sensibilización y la prevención de la violencia y el abuso sexual a los niños. En varios países han sido adoptados por autoridades de la Iglesia otros programas similares: uno de las primeros fue adoptado por la Conferencia Episcopal de Inglaterra y Gales, en respuesta al Informe Nolan realizado por una comisión de alto nivel de expertos independientes en 2001.

Fue sólo en 2001, con la publicación del Motu proprio del papa Juan Pablo II Sacramentorum Sanctitatis Tutela (SST), cuando la responsabilidad de guiar la respuesta de la Iglesia Católica sobre el problema del abuso sexual de menores por parte de clérigos fue asignada a la Congregación para la Doctrina de la fe. Este documento papal fue preparado para el Papa Juan Pablo II, bajo la dirección del cardenal Ratzinger como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Contrariamente a algunas informaciones de prensa, la SST no quitaba la responsabilidad al obispo local para actuar en casos de denuncias de abuso sexual de menores por parte de clérigos. Tampoco se trataba, como algunos han teorizado, de parte de una conspiración desde lo alto para interferir en la jurisdicción civil en estos casos. En su lugar, SST exige a los obispos que informen sobre las acusaciones creíbles de abusos a la Congregación para la Doctrina de la Fe, la puede prestar un servicio a los obispos para asegurar que los casos se manejan adecuadamente, de acuerdo con la ley eclesiástica vigente.

Éstos son algunos de los avances de esta nueva legislación de la Iglesia (SST). Ha permitido un proceso de simplificación administrativa para llegar a una sentencia, conservando así el proceso más formal de un juicio canónico para los casos más complejos. Esto ha sido una ventaja sobre todo en las diócesis misioneras y pequeñas, que no cuentan con un equipo fuerte de canonistas bien preparado. Se prevé erigir tribunales interdiocesanos para ayudar a las diócesis pequeñas. La Congregación tiene la facultad de establecer excepciones a la prescripción de un delito (estatuto de limitaciones) a fin de permitir que se haga justicia, incluso en "casos históricos". Por otra parte, la SSM ha modificado la ley canónica en casos de abuso sexual, ajustando la edad de un menor a 18 para que corresponda con la ley civil actual en muchos países. Proporciona un punto de referencia para los obispos y superiores religiosos para obtener asesoramiento sobre el manejo uniforme de los casos de los sacerdotes. Tal vez lo más importante de todo, ha designado los casos de abuso sexual de menores por clérigos como delicta graviora: delitos más graves, como los crímenes contra los sacramentos de la Eucaristía y la Penitencia, perennemente asignados a la Congregación para la Doctrina de la Fe. Esto en sí mismo ha puesto de manifiesto la seriedad con que hoy la Iglesia lleva a cabo su responsabilidad de ayudar a los obispos y superiores religiosos para evitar que estos crímenes se repitan en el futuro, y para castigarlos cuando se producen. Este es un legado del Papa Benedicto XVI que facilita enormemente la labor de la Congregación, que ahora tengo el privilegio de dirigir, en beneficio de toda la Iglesia.

Después de la Carta de Dallas de 2002, fui nombrado (entonces era arzobispo de San Francisco) para formar parte de un equipo de cuatro obispos que debía obtener la aprobación de la Santa Sede para las Normas Esenciales que los obispos de América habíamos desarrollado para permitirnos hacer frente a las acusaciones de abusos. Debido a que estas normas interfieren con el Derecho Canónico vigente, que requiere la aprobación antes de ser aplicadas como ley particular para nuestro país. Bajo la presidencia del cardenal Francis George, arzobispo de Chicago y actualmente Presidente de la Conferencia Estadounidense de Obispos Católicos, nuestro equipo trabajó con expertos del Vaticano canónica en varias reuniones. Encontramos en el cardenal Ratzinger, y en los expertos que él asignó a reunirse con nosotros, una cordial comprensión de los problemas que afrontábamos como obispos americanos. En gran medida gracias a su orientación, pudimos llevar nuestro trabajo a una conclusión exitosa.

El editorial del Times se pregunta "cómo los funcionarios vaticanos no sacaron lecciones del enorme escándalo en los Estados Unidos, donde más de 700 sacerdotes fueron expulsados en un periodo de tres años". Puedo asegurar al Times que el Vaticano, en realidad, no ignoraba ni ahora ni entonces estas lecciones. Pero el editorial del Times continúa mostrando la tendencia de siempre: "Pero luego leemos informe preocupante de Laurie Goodstein. . . Acerca de cómo el Papa, cuando todavía era cardenal, fue personalmente advertido sobre un cura ... Pero los líderes de la Iglesia eligieron proteger a la iglesia en vez de a los niños. En el informe se ilumina el tipo de conducta de la Iglesia estaba dispuesto a mantener para evitar el escándalo”. Disculpenme, editores. Incluso el artículo d Goodstein, basado en los "archivos recién desenterrados”, pone las palabras sobre la protección de la Iglesia del escándalo en los labios del arzobispo Weakland, no en los del Papa. Es precisamente este tipo de fusión anacrónica que creo que merece mi acusación de que el Times, precipitándose en emitir un veredicto de culpabilidad, carece de imparcialidad en sus informaciones sobre el Papa Benedicto.

Como miembro a tiempo completo de la Curia romana, la estructura de gobierno que lleva a cabo las tareas de la Santa Sede, no tengo tiempo para lidiar con los artículos casi diarios de Rachel Donadio y otros, y mucho menos con las ridículas repeticiones de loro de Maureen Dowd sobre el "inquietante informe de Goodstein". Pero cuando se trata de un hombre con y para quien tengo el privilegio de trabajar, como su “sucesor” como prefecto, un Papa cuya encíclicas sobre el amor y la esperanza y la virtud económicas tanto nos sorprendieron y nos hicieron pensar, cuya semanales catequesis y homilías Semana Santa nos inspiran, y sí, cuya dinámica de trabajo para ayudar a la Iglesia hacer frente con eficacia con el abuso sexual de menores sigue ayudándonos hoy en día, pido al Times que reconsidere su forma de atacar al Papa Benedicto XVI y que de al mundo una visión más equilibrada de un líder con el que se puede y se debe contar.

* El cardenal Levada es Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. El texto fue publicado en la edición on-line del Catholic San Francisco

[Traducción del inglés por Inma Álvarez]


“JUSTICIA Y MISERICORDIA”, CARTA DE MONS. JOSÉ SÁNCHEZ

MADRID (SIC)

Queridos diocesanos:

Ante la publicación de algunos casos de abusos sexuales de menores por parte de sacerdotes, en diversos países, el Santo Padre Benedicto XVI envió el pasado 19 de Marzo una Carta Apostólica a los católicos de Irlanda. Es un modelo de claridad y de firmeza en la condena de los delitos, de justicia, de solidaridad con las víctimas y de misericordia con los pecadores. Constituye, además, para nosotros una guía segura sobre cómo proceder ante hechos tan reprobables, ante sus causas y consecuencias y con las personas implicadas: las causantes y las víctimas, Sin agotar su contenido, quiero resaltar los siguientes aspectos:

Como el Papa, hemos de condenar y condenamos, con firmeza y sin paliativos, la conducta de quienes atropellan a otra persona, más aún cuando es menor de edad, y nos sentimos solidarios con su sufrimiento. Como consecuencia, hemos de exigir la aplicación de las penas que establezcan las leyes, tanto civiles como eclesiásticas. “Tolerancia cero”, es la norma de la Iglesia en estos casos.

Habrán de ponerse también los medios y los remedios adecuados para evitar estos abusos, atajando sus causas, entre las que, a veces, se ha podido dar la falta de rigor en la selección y formación integral de los candidatos al sacerdocio.

La primera obligación que se deriva de estos delitos es la atención a las víctimas: la reparación del daño causado y el adecuado acompañamiento, a fin de que superen el trauma, recuperen su paz y equilibrio y se sientan integrados y valorados en la Iglesia y en la sociedad.

Fidelidad a la verdad y a la justicia ha de ser también un principio fundamental en estos casos. Son delitos graves. Si el autor es un sacerdote o persona consagrada, más grave todavía. Pero no es justo que se considere, o se cree la opinión, de que sólo los sacerdotes y las personas consagradas son los únicos autores de tales delitos, o de que todos los cometemos. Aunque no es un consuelo ni un atenuante, la estadística y los hechos demuestran que el número de sacerdotes y de personas consagradas que comenten tales delitos es proporcionalmente mínimo.

Se ha de exigir, por tanto, el máximo rigor a la hora de imputar responsabilidades y de airear como implicadas a personas que no lo están. De ahí la gravedad y la injusticia de las acusaciones que se han hecho al Santo Padre Benedicto XVI por sus “supuestos silencios u omisiones” en determinados casos, tanto cuando fue Arzobispo de Munich como en su tiempo de Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Todo ello, a pesar de su clara y contundente condena de estos hechos, de su Carta a los Católicos de Irlanda y del reiterado desmentido por parte del Portavoz de la Santa Sede, P. Lombardi. Justicia sí; pero para todos.

Otro principio importante para los cristianos consiste en que, por difícil que parezca, hay que armonizar siempre la claridad y la contundencia en la condena de los delitos con la misericordia con el delincuente. Sólo para Dios es posible la perfecta armonía entre justicia y misericordia, entre la condena del pecado y la misericordia y el perdón para el pecador. Los cristianos tenemos la obligación de aproximarnos al máximo a este modelo.

Una acción de largo alcance y que contribuirá a rebajar el número de delitos y de atropellos de esta naturaleza será la educación y la justa valoración de la sexualidad y de la responsabilidad en su ordenado ejercicio, frente a su permisividad y relajación y su liberación de toda norma y de toda consecuencia. Es necesaria la valoración de la virtud de la castidad, que no ha pasado de moda.

Finalmente, y no porque sea lo menos importante, sino como una actitud constante, tenemos que ser más solidarios con las víctimas y con todas las personas que sufren violencia e injusticia y orar más por ellas. También por las personas víctimas de la difamación y de la calumnia, como es, en el momento actual, la persona del Papa. Oremos por él.

Os saluda y bendice vuestro Obispo,

+ José Sánchez González

Obispo de Sigüenza-Guadalajara, España

Nota al respecto de los ataques al Papa: ver el Editorial de BETANIA en su pagina correspondiente.


INTENCIÓN MISIONERA DEL PAPA PARA EL MES DE ABRIL

ROMA (OMPRESS) Para que los cristianos perseguidos por causa del Evangelio, sostenidos por el Espíritu Santo, perseveren en el fiel testimonio del amor de Dios por toda la humanidad, es la intención misionera indicada por el Santo Padre Benedicto XVI para este mes de abril. En una carta de Benedicto XVI, en mayo del 2007, a los obispos presbíteros, personas consagradas y fieles laicos de la Iglesia Católica en la República Popular China, el Papa decía: "Sé bien que las comunidades diocesanas y parroquiales, diseminadas en el vasto territorio chino, manifiestan una particular vivacidad de vida cristiana, de testimonio de fe y de iniciativas pastorales. Me consuela comprobar que, no obstante las dificultades pasadas y presentes, los Obispos, los sacerdotes, las personas consagradas y los fieles laicos han mantenido una profunda conciencia de ser miembros vivos de la Iglesia universal, en comunión de fe y vida con todas las comunidades católicas esparcidas por el mundo. En su corazón, ellos saben qué quiere decir ser católicos. Y es precisamente de este corazón católico del que tiene que nacer también el compromiso de hacer efectivo y manifiesto, tanto dentro de cada comunidad como en las relaciones entre las diversas comunidades, ese espíritu de comunión, comprensión y perdón que --como se ha dicho antes-- es el sello visible de una auténtica existencia cristiana. Estoy seguro de que el Espíritu de Cristo, así como ha ayudado a las comunidades a mantener viva la fe en tiempos de persecución, ayudará también hoy a todos los católicos a crecer en la unidad. (.)

Al final de esta Carta os deseo, queridos Pastores de la Iglesia católica en China, sacerdotes, personas consagradas y fieles laicos, que estéis llenos de alegría «aunque de momento tengáis que sufrir un poco, en pruebas diversas: así la comprobación de vuestra fe -de más precio que el oro, que, aunque perecedero, lo aquilatan a fuego- llegará a ser alabanza y gloria y honor cuando se manifieste Jesucristo» (1 P 1,6-7).

Que María Santísima, Madre de la Iglesia y Reina de China, que en la hora de la Cruz, en el silencio de la esperanza, supo esperar la mañana de la Resurrección, os acompañe con solicitud maternal e interceda por todos vosotros junto con San José y con los numerosos Santos Mártires chinos."


EL CARDENAL BERTONE ASISTE EN CHILE A LAS CELEBRACIONES DEL BICENTENARIO

Entregará la imagen de la Virgen del Carmen regalada por el Papa

SANTIAGO DE CHILE, (ZENIT.org).- El secretario de Estado vaticano, cardenal Tarcisio Bertone, visitará Chile para asistir a las celebraciones del Bicentenario de la República y entregar a la Iglesia y al pueblo chileno la imagen de la Virgen del Carmen Misionera regalada por el Papa Benedicto XVI. Monseñor Giuseppe Pinto, arzobispo titular de Anglona y nuncio apostólico en Chile, ha hecho público un comunicado con el programa de la visita a Chile del secretario de Estado vaticano.

El martes 6 de abril llegará a Santiago de Chile el cardenal Tarcisio Bertone SDB, invitado por la Conferencia Episcopal de Chile y como huésped oficial del Gobierno con motivo de la conmemoración del Bicentenario de la República. El cardenal Bertone se reune el miércoles 7 con el presidente de la República Sebastián Piñera en la sede de Gobierno, y por la tarde se trasladará a la diócesis de Punta Arenas, donde realizará diversas actividades el jueves 8, para concluir con la Santa Misa a las 19:00 horas en la catedral magallánica.

El viernes 9 de abril, el cardenal viajará a Concepción, donde presidirá a las 11:30 horas la Eucaristía en el atrio de la catedral penquista, donde se habilitará una carpa hacia la Plaza de Armas. Durante la tarde mantendrá encuentros con jóvenes y luego con diversas comunidades en Talcahuano.

Tras visitar el sábado 10 los santuarios de santa Teresa de Los Andes, en Auco, y de san Alberto Hurtado, el cardenal Bertone participará el domingo 11 en una de las tradicionales celebraciones de Cuasimodo, donde en un carruaje llevará el Cuerpo de Cristo a los enfermos de la comunidad, escoltado por cuasimodistas.

Ese mismo día, a las 17:00 horas, presidirá la Eucaristía en la Catedral de Santiago, que será concelebrada por todos los obispos chilenos.

En el marco de la celebración, el cardenal Bertone hará solemne entrega a la Iglesia y al pueblo de Chile de la imagen de la Virgen del Carmen Misionera que el Santo Padre Benedicto XVI bendijo y obsequió la semana pasada en Roma. Esta imagen peregrinará durante este año por el país junto al Evangelio de Chile. Lo hará comenzando por algunas de las zonas más afectadas por el terremoto y maremoto.

La agenda del cardenal Secretario de Estado contempla, además, una conferencia en la Universidad Pontificia Católica de Chile, sobre “La Iglesia y el Estado a 200 años de la Independencia nacional. Historia y perspectivas”.

Además, sostendrá un encuentro con comunidades salesianas y oficiará una Santa Misa en el Santuario Nacional de Maipú por el centenario del Obispado Castrense de Chile. El cardenal Tarcisio Bertone regresará a la Ciudad del Vaticano el miércoles 14 de abril.


LA DIÓCESIS DE CÓRDOBA LAMENTA EL INCIDENTE EN LA CATEDRAL

Varios musulmanes intentaron con violencia ignorar la prohibición de orar

CÓRDOBA, ESPAÑA (Por Nieves San Martín.-ZENIT.org).- En medio de una excursión de musulmanes austríacos a la catedral de Córdoba, varios de ellos intentaron orar allí. Advertidos por los vigilantes, se resistieron con violencia y dos de ellos fueron detenidos. Ante estos hechos, la diócesis, en un comunicado, lamenta el incidente y expone su postura sobre la oración en la catedral. Para entender el incidente, hay que conocer la historia de este espacio sagrado. A raíz de la invasión musulmana de la península ibérica, en el siglo VIII, aunque existía el compromiso de respetar a la comunidad cristiana, mientras pagara los tributos exigidos, la iglesia dedicada a San Vicente Mártir, en Córdoba, fue expropiada y destruida en 786, y reutilizados parte de su materiales en la construcción de la mezquita. Posteriormente, tras el regreso de los cristianos a Córdoba, en 1236, el rey san Fernando reconvirtió la mezquita en catedral.

Dos musulmanes de nacionalidad austríaca fueron detenidos el 31 de marzo, Miércoles Santo, en la catedral de Córdoba acusados de resistencia a la autoridad y lesiones, tras enfrentarse con agentes de la Policía Nacional. Otros seis fueron imputados por los mismos hechos.

Los arrestados formaban parte de una excursión de un centenar de miembros organizada por un grupo de jóvenes musulmanes europeos. En un momento dado, seis de ellos se dispusieron a orar en la catedral, algo que está prohibido por la Iglesia. Al ser reprendidos por los guardias de seguridad, dos de los musulmanes se enfrentaron a los guardias, quienes alertaron a la policía.

Ante este incidente, el obispado de Córdoba hizo público el 1 de abril un comunicado en el que “lamenta el desagradable incidente ocurrido esta tarde en el recinto de la Santa Iglesia Catedral, donde un grupo de ciento dieciocho visitantes extranjeros han provocado de manera organizada un reprobable episodio de violencia”.

“Tras ser advertidos –como marca el protocolo de visita turística del templo catedralicio-- de que no podían celebrar ningún acto de culto musulmán en dicho recinto, se les invitó a continuar la visita o a abandonar el templo. Ante esta advertencia de los responsables de seguridad, respondieron agrediendo a dos de los guardias, lo que hizo que, tras ser requeridos, tuviera que actuar la Policía Nacional para poder desalojarlos y garantizar la seguridad de las personas”, subraya el comunicado.

Desde la diócesis, añade, “queremos, en primer lugar, manifestar nuestra gratitud y solidaridad a los dos guardias de seguridad, que en el impecable cumplimiento de su deber profesional, han sufrido serias lesiones físicas en sus personas, y manifestamos igualmente nuestro agradecimiento a los mandos y agentes policiales que actuaron con prontitud y eficacia para evitar consecuencias mayores. Así mismo, deploramos el daño que se puede hacer a la imagen de nuestra ciudad, y a la cotidiana y pacífica convivencia de sus ciudadanos y visitantes”.

Y pide “a todos los fieles cristianos que recen en estos días santos, en los que contemplamos los grandes misterios de nuestra salvación, para que ninguna persona o institución legitime el uso de la violencia para ninguna causa, y afirmamos nuevamente que este incidente puntual no representa la genuina identidad musulmana, pues son muchos los que mantienen actitudes de respeto y de diálogo con la Iglesia Católica”. “Esperamos y deseamos que este tipo de incidentes no se vuelvan a producir en el futuro”, concluye.

Por su parte, la Junta Islámica lamentó el altercado destacando, en un comunicado, que “tanto los musulmanes como los encargados de la seguridad del templo deberían evitar llegar a este tipo de situaciones en cualquier sitio y, más aún, en un lugar sagrado”. La Junta recordó las reiteradas peticiones que ha hecho de “una forma pacífica y desde el más estricto respeto a la legalidad, en el sentido de que se permitiera el uso compartido ecuménico del templo”.

Una postura que no comparte la Iglesia Católica. El obispo de Córdoba monseñor Demetrio Fernández, durante su toma de posesión el pasado 20 de marzo en la catedral, explicó que esto “no es posible”, y que ese rezo “no contribuiría a la pacífica convivencia de unos y de otros”. El obispo ratificaba así la postura de la diócesis cordobesa, que en 2006 se opuso a la solicitud del uso compartido de la catedral por la Junta Islámica de España.

En una misiva enviada por el entonces obispo de Córdoba, Juan José Asenjo, decía así: “La diócesis de Córdoba quiere seguir manteniendo unas relaciones de respeto y aprecio por los musulmanes que viven entre nosotros. De acuerdo con la declaración Nostra aetate del Concilio Vaticano II, está dispuesta a trabajar sinceramente por la mutua comprensión, defendiendo y promoviendo unidos la justicia social, los bienes morales, la paz y la libertad para todos los hombres”.

“Como no podía ser de otra forma, favorece también el dialogo interreligioso propiciado por la Santa Sede, desde la identidad neta de cada confesión religiosa. En este sentido no ayudaría a dicho diálogo el uso compartido de templos y lugares de culto, que sólo generaría confusión en los fieles, dando pie al indiferentismo religioso”, subrayaba.

“El obispado de Córdoba –añadía- no se opone a que los musulmanes que viven en nuestra Diócesis tengan lugares de culto dignos. Lo exige un derecho humano tan fundamental como es la libertad religiosa. Considera, sin embargo, que estos lugares deben ser proporcionados al número de fieles que practican el Islam, relativamente pequeño en Córdoba, habida cuenta del corto número de inmigrantes que existe en nuestra provincia”.

“En la catedral de Córdoba –concluía el comunicado--, como en todas las catedrales, está el Señor en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía. Este dato fundamental hace inviable celebrar la oración de otra tradición religiosa en su recinto. Por otra parte, el uso compartido de la catedral de Córdoba por católicos y musulmanes no contribuiría a la convivencia pacífica de los diferentes credos”.


CRISTO, EL MEJOR ALIADO DE LA MUJER, SEGÚN EL PREDICADOR DEL PAPA

“Debería haber una petición de perdón colectiva, del hombre a la mujer”

CIUDAD DEL VATICANO, ([Por Inma Álvarez] ZENIT.org).- Con la cruz, Cristo ha invertido la lógica de la violencia, derrotándola. Sin embargo, ésta sigue dominando en las relaciones humanas, de los poderosos contra los débiles y, por desgracia, entre el hombre y la mujer. Así lo afirmó el predicador de la Casa Pontificia, el padre Raniero Cantalamessa, O.F.M. Cap., durante la predicación con motivo del Viernes Santo dirigida en la Celebración de la Pasión del Señora, presidida por Benedicto XVI en la Basílica Vaticana. Cantalamessa insistió en la gravedad de la violencia contra la mujer, y afirmó en que “esta es una ocasión para hacer comprender a las personas y a las instituciones que luchan contra ella que Cristo es su mejor aliado”.

En Cristo, “ya no es el hombre el que ofrece sacrificios a Dios, sino Dios quien se sacrifica por el hombre”, explicó. El sacrificio “ya no sirve para aplacar a la divinidad, sino más bien para aplacar al hombre y hacerle desistir de su hostilidad hacia Dios y el prójimo”. “El sacrificio de Cristo contiene un mensaje formidable para el mundo de hoy. Grita al mundo que la violencia es un residuo arcaico, una regresión a estadios primitivos y superados de la historia humana y – si se trata de creyentes – de un retraso culpable y escandaloso en la toma de conciencia del salto de calidad realizado por Cristo”.

Explicó que en casi todos los mitos antiguos, la víctima es el vencido y el verdugo el vencedor. “Jesús cambió el signo de la victoria. Ha inaugurado un nuevo tipo de victoria que no consiste en hacer víctimas, sino en hacerse víctima”. “El valor moderno de la defensa de las víctimas, de los débiles y de la vida amenazada nació sobre el terreno del cristianismo, es un fruto tardío de la revolución llevada a cabo por Cristo”. Por ello, en cuanto se abandona la visión cristiana, “se pierde esta conquista y se vuelve a exaltar al fuerte, al poderoso”.

“Por desgracia, sin embargo, la misma cultura actual que condena la violencia, por otro lado, la favorece y exalta. Se rasgan las vestiduras frente a ciertos actos de sangre, pero no se dan cuenta de que se les prepara el terreno con lo que se anuncia en la página de al lado del periódico o en el programa siguiente de la televisión”.

Junto a la violencia juvenil y la violencia contra los niños, Cantalamessa señaló la violencia contra la mujer, “tanto más grave en cuanto que tiene lugar al abrigo de los muros del hogar, sin que nadie lo sepa, cuando no incluso se justifica con prejuicios pseudo-religiosos y culturales”.

“La violencia contra la mujer no es nunca tan odiosa como cuando se produce allí donde debería reinar el respeto y el amor recíprocos, en la relación entre marido y mujer”. El predicador propuso, a imitación de Juan Pablo II, una “petición de perdón por los errores colectivos”, el “perdón que una mitad de la humanidad debe pedir a la otra mitad, los hombres a las mujeres”.

“Ésta no debe quedarse en genérica y abstracta. Debe llevar, especialmente a quien se profesa cristiano, a gestos concretos de conversión, a palabras de perdón y de reconciliación dentro de las familias y de la sociedad”, afirmó.

“También hacia la mujer que se ha equivocado, ¡qué contraste entre la actuación de Cristo y la que aún tiene lugar en ciertos ambientes!”, añadió, citando el pasaje evangélico del juicio de la adúltera. “El adulterio es un pecado que se comete siempre en dos, pero por el cual uno solo ha sido (y en algunas partes del mundo lo es todavía) castigado”. “Hay familias donde aún el hombre se considera autorizado a levantar la voz y las manos sobre las mujeres de la casa. Mujeres e hijos viven a veces bajo la constante amenaza de la 'ira de papá'”. “A estos tales habría que decirles amablemente: 'Queridos compañeros hombres, creándonos varones, Dios no ha pretendido darnos el derecho de enfadarnos y dar puñetazos en la mesa por cualquier pequeñez. La palabra dirigida a Eva después de la culpa, Él (el hombre) te dominará, era una amarga previsión, no una autorización”.


LA REALIDAD DELA INMIGRACIÓN EN EL SUR DE MADRID, A DEBATE, EN LA II SEMANA DE DOCTRINA SOCIAL DE GETAFE

Se celebra del 12 al 17 de abril bajo el lema “El Sur de Madrid, tierra de acogida”

MADRID (CÁRITAS).- Bajo el lema “El Sur de Madrid, tierra de acogida”, las Delegaciones que componen el Área de Pastoral Social de la diócesis de Getafe (Cáritas, Migraciones, Pastoral Obrera y Pastoral Penitenciaria), celebrarán, entre el 12 y el 17 de abril, la II Semana de Pastoral Social. Como señalan las entidades promotoras, en esta edición “se tratará de dar a conocer, concienciar y buscar nuevas formas de actuar con el colectivo de inmigrantes y extranjeros”. El trabajo del encuentro, que tendrá como marco los salones de la Parroquia Santa Maravillas de Jesús, girará en torno a los contenidos desarrollados por José Luís Segovia, profesor del Instituto León XIII de Madrid, en la ponencia “La Doctrina Social ante la inmigración en tiempos de crisis”. El programa incluye también una mesa redonda en la que participarán representantes de las Delegaciones y asociaciones de inmigrantes de la diócesis, así como un panel de experiencias y testimonios de inmigrantes.

Junto a estos espacios de reflexión y debate, los jornadistas podrán participar a lo largo de la Semana en una serie de visitas programadas a los centros penitenciarios de Navalcarnero, Aranjuez y Valdemoro, donde se desarrollarán diversas actividades con los internos inmigrantes. Además, el miércoles 14 de abril los participantes en la Semana participarán en una manifestación pública, que se dirigirá desde el Teatro Auditorio Federico García Lorca de Getafe hasta la Plaza del Ayuntamiento, donde se dará lectura a un manifiesto. Las actividades concluirán el sábado 17 de abril con una convivencia festiva intercultural y la celebración de una comida compartida.