CRISTO HA RESUCITADO

Por David Llena

Después de su entrega al Padre, como víctima de expiación por nuestros pecados, el Padre ha resucitado a Cristo. Cristo es ese Hijo pródigo en nosotros que se ha vuelto al Padre, llevándonos sobre los hombros. Es quien suscitó la idea de la vuelta a la casa del Padre al sentir nosotros hambre y desear las algarrobas que comían los cerdos. ¿Quién fue si no, el que nos hizo recordar la casa del Padre? Mientras íbamos, de regreso, ¿quién nos inspiraba palabras de perdón y el deseo de ser acogidos en la casa del Padre, aunque fuese como esclavos? Era Cristo en su Via Crucis el que iba cargando nuestra desobediencia sobre sus hombros, a la par que nos liberaba y nos llenaba de confianza. Es por eso, que el Padre nos acogió sin reprimenda alguna y nos devolvió el anillo de hijo y las sandalias para pisar el recinto sagrado.

Esa es la experiencia del cristiano renovado, la deuda está saldada. Los talentos que malgastamos vuelven a nosotros intactos, por la acción de Cristo en la cruz. Es tiempo de olvidar aquellas tierras lejanas que nos llevaron a perder, no solo la herencia del Padre, sino que casi perdemos la dignidad de hijo, como esclavos de un mundo que no nos ofrece ni las algarrobas que sí concede a los animales. Pongamos nuestros talentos al servicio de la Evangelización sin olvidar el precio al que fuimos rescatados, gratis lo recibimos, debemos darlo gratis. Lo cual no significa que al darlo no nos cueste sacrificios, sino que ese sacrificio es lo que da carácter de gratuidad al que lo recibe. La salvación la recibimos gratis, pero costó una vida inocente, maltratada, humillada y crucificada en una cruz.

Que sea la luz cierta de la Resurrección la que nos ayude a gozar de una fe inquebrantable en el momento de la prueba, para acoger los sacrificios que darán a luz nuevas semillas de cristianos en el camino de salvación trazado por el Padre.

 

ME DUELE LA CLERECÍA

Por Pedrojosé Ynaraja

Empezaba el día pasado afirmando que no era pederasta y continuaba concienciándome de que esto no bastaba, que la Palabra de Dios me exigía mucho más y tres veces repetía la expresión de Pablo: ¡ay de mí si no evangelizara! (1ª Cor 9,16).

También puse: “Alguien dijo: me duele la Iglesia. No lo digo yo”. Advierto hoy que parodiaba la expresión de Unamuno que en momentos críticos de la historia que le envolvía, clamaba: Me duele España!”.

La Iglesia, Esposa amada de Jesucristo, hasta el presente, tenía dimensiones, geográficas, históricas y trascendentes, hoy está sumergida también en el ámbito de los medios y no podemos ignorar la capacidad que tienen de invadir e influir en el todo, excepto en el nivel superior.

Lamentablemente, en la actualidad, los medios se han vuelto minimalistas, cuando se trata de comunicar los detalles menos brillantes de la Iglesia. Y no son parcos.

Visiblemente nos han ido contando primero que existieron y existen sacerdotes pederastas, después que sus autoridades hicieron como que no veían tales desmanes. Se adentraron en este nivel y dieron con pelos y señales nombres y cargos de quienes con su silencio resultaron ser colaboracionistas. Llegaron a la casi cúspide y les tocó a lo más alto de la jerarquía: los cardenales. Triste visión la que nos dieron.

La reacción, por supuesto muy apropiada, ha sido proclamar que serán denunciados y entregados a la autoridad civil todos aquellos situados jurídicamente en el ámbito eclesiástico o equivalente (presbíteros, diáconos, frailes, monjas y similares).

Los medios no lo dicen explícitamente, pero sí con mucha claridad: hasta ahora han sido cómplices, de ahora en adelante serán policías. Lamentable imagen.

Los sospechosos deberemos limitarnos a ser fieles funcionarios agobiados. ¿a quienes seremos capaces de entusiasmar?

En Sri Lanka, la noche de Pascua, más de 200 cristianos, fueron mártires de su Fe. ¡qué noche ha sido esta, tan oportuna!

¡Me siento feliz, son de los míos! ¡Viva la Iglesia!