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EL DESCONOCIDO QUE VA NACIENDO EN MÍ

¿Qué me está pasando, Señor? Si yo antes tenía una memoria prodigiosa. La agenda de teléfonos no la necesitaba. Todo cuanto necesitaba estaba en mi cabeza: los teléfonos, los cumpleaños de mi familia y de mis amigos, los nombres de mis antiguos compañeros de colegio y hasta el nombre de todos los afluentes del Duero. Ahora los nombres se quedan en la punta de mi lengua sin salir y mi dedo es incapaz de marcar con seguridad ni el número de teléfono de mi hijo

Me paso más rato buscando mis llaves y mis gafas en un día que antes en un mes. Escucho y empiezo a no entender las cosas a la primera. Yo que siempre he presumido de ser capaz de adelantarme a lo que me iban a decir. Y esta maldita rodilla que me quema cada vez que bajo las escaleras deprisa; yo que he sido deportista desde niño, que me he subido a los árboles retando la ley de la gravedad; ahora, en cambio, me cuesta subirme a una silla de una vez; me da pereza agacharme a recoger una moneda pequeña por miedo a que me dé el lumbago. Al rato de leer me canso, yo que he sido un incombustible lector que era capaz de leer y retener cuando veían mis ojos.

Cada vez me cuesta más levantarme a ritmo de corneta del despertador. Me va ganando el regustillo de la pereza; me siento cómodo en mi cómodo sofá y hasta me van resultando superfluas muchas de mis relaciones sociales. “Paso” de los demás, como me diría mi nieta. ¡Pero si antes no era así! Cualquier excusa era buena para llamar por teléfono a mis amigos y hablar de todo y de nada. Simplemente estar con ellos me satisfacía.

Ahora el tiempo me resulta más denso. Me gusta pensar en mis musarañas contemplando… da igual el qué. Me dicen que no escucho que me embebo en mi mismo. Dialogo con ese otro yo que empieza a acompañarme fielmente. Me tengo que acostumbrar a su presencia. Las serpientes mudan de piel cuando se les agrieta y les sale una nueva; yo, en cambio, tengo la impresión que la piel de mi cerebro se acartona como la piel de elefante.

¿Qué me esta pasando, Señor? ¿Son, acaso, las primeras oscuridades de una existencia entreluces? ¿Quién estoy empezando a ser? Me da vergüenza que se den cuenta de mis limitaciones los que están a mi alrededor. Me da vergüenza y por eso me encierro en mi terquedad de que son ellos los que están errados. Callan… ¿otorgan? Empiezan a aprender a convivir con quien progresivamente voy dejando de ser.

¡Señor qué duro es tener que aprender a ser humilde por necesidad, ir presentando la rendición! El otro día me asusté cuando me costó tanto hacer una operación matemática. Recordé aquella regañina de un profesor de mi adolescencia cuando me dijo: “Vale más el aprobado de tu compañero intelectualmente justo del que tú te ríes burlonamente, que tu sobresaliente. A él le ha costado mucho, a ti, nada” En ese momento, Señor, valoré el heroísmo de quien sabiéndose limitado lucha por hacerse camino, incluso entre las burlas de los demás. Pedí perdón de corazón.

¿Qué me está pasando, Señor? Empiezo a entender aquella frase que durante años escuché sin comprender ni aceptar: Ser fuerte en la debilidad. Ser fuerte en la debilidad de la edad, ser fuerte en la debilidad de la pobreza.

Sólo te pido Señor que me enseñes a ir haciéndome el mejor amigo de este desconocido que va brotando, como noche oscura, dentro de mí.

Feli Alonso Curiel

Bilbao, España

NOTA DEL EDITOR.- Es un claro testimonio de Feli. Nos alegra su valentía al referirlo. Sabemos que muchos de nuestros lectores harán suya esa reflexión.


LA IMPORTANCIA DEL NÚMERO EXTRA

Ya son varios años –cuatro o cinco—que fundamento toda la acción litúrgica de mi parroquia en los formularios del Número Extra que ustedes publican. Pero en este año se ha superado ustedes con los diferentes materiales que ofrecen. Soy párroco en Santiago de Chile y aunque este año ha sido especial por el terremoto que hemos sufrido, pues quiero testimoniarles la importancia de su Número Extra y el bien que nos hace.

L. M.

Santiago de Chile.

NOTA DEL EDITOR.- Le agradecemos mucho a este sacerdote su comentario. Y le expresamos nuestro afecto y solidaridad por los terribles efectos del terremoto. Nos agrada mucho, por otro lado, que un párroco reconozca la importancia de nuestro trabajo.


LA EDICIÓN ESPECIAL SALIÓ A TIEMPO

Este ha sido el primer año que como encargada del tema de liturgia he tenido que ayudar al párroco en la labor de preparación del Domingo de Ramos y el Triduo Pascual. Los otros años yo formaba parte del equipo pero no lo dirigía y la percepción es distinta. Tenía yo temor, incluso, de que la Edición Especial no saliera a tiempo. Pero no fue así. Salió a tiempo y con muchas cosas más que el año pasado. Mi enhorabuena por incluir el formulario de la parroquia del Altet, en Alicante, que ha sido una guía excelente.

María Teresa

Madrid, España

NOTA DEL EDITOR.- Creemos que María Teresa nos ha escrito otras veces. Nos alegra que ahora esté encargada del equipo de liturgia. Con nuestro agradecimiento quedamos a su entera disposición.


LA CUESTIÓN DE LA PEDERASTIA

He echado en falta algún comentario u orientación sobre la cuestión de la pederastia en la Iglesia Católica. Soy lector de México, en el Distrito Federal, y llevo varios años consultando Betania. Sus comentarios son siempre muy claros y me sirven para formar criterio. Pero esta vez no los he encontrado. Y me gustaría conocer los puntos de vistas de ustedes, y especialmente, del Editor sobre ese asunto, sin duda, malo y difícil.

Reciban mi felicitación por la Pascua.

Fernando

México DF, México

NOTA DEL EDITOR.- Nuestro editorial de hoy está dedicado a este tema y también a los ataques sufridos por la Iglesia y por el Papa por esta causa. Esperamos que nuestro lector de México le guste y aprecie lo que hemos escrito hoy. No ha habido tardanza a la hora de escribir sobre tales cuestiones, pero esperábamos tener más información sobre todo ello. Ahí está el editorial.


LA SALUD EN LA MENTE DE LA SOCIEDAD ACTUAL

Si la alegría es el ingrediente principal de un mundo que aspira a ser saludable, la salud en la mente de la sociedad humana será más fuerte cuanto menos violencias sufra en su razón de ser, en la legitimidad de lo que es. No en vano, siempre se ha dicho que toda violación de la verdad es una puñalada en la salud cívica de la ciudadanía. Por desgracia, hoy en día todo parece indicar que el mundo de las mentiras ha usurpado el terreno al mundo de la certeza. Además, como viene sucediendo en buena parte del planeta, no hay mayor mentira que la verdad mal entendida. En la autenticidad no puede haber poderes corruptos. Tampoco puede haber matices. La realidad es la que es y hay que mirarla con el lenguaje del corazón, porque las palabras están crecidas de falsedades e hipocresías que nos destruyen por dentro como personas. Ciertamente, un estilo de vida auténtico, o sea libre, no se improvisa de la noche a la mañana, requiere educación basada en enseñanzas saludables, es decir sabias, y, sobre todo, en modelos socialmente transparentes.

Aquí, en este mundo en el que tenemos días mundiales para todo, también para la salud (7 de abril), aunque luego nos falte verdadero entusiasmo y salud contagiosa para celebrarlo, debiera cuando menos servirnos la efemérides para avivar la reflexión sobre proyectos globales de vida capaces de armonizarnos. Quizás el punto de inicio sea quitarnos el caparazón individualista y abrirnos a la naturalidad social de vivir para los demás. La salud urbana es importante pero la salud mental es el motor para poder abrir los espacios públicos a una vida más vida. Por ello, el mundo precisa personas mentalizadas en la solidaridad social y ambiental. Sólo así se podrá reducir la contaminación atmosférica y acústica, así como las congestiones del tráfico y la delincuencia, las mejoras de las viviendas, el saneamiento y la seguridad de los alimentos y el agua.

A la sociedad actual dice afanarle y desvelarle la salud. Parece que es algo innato buscar un medio saludable para vivir y querer estar protegidos contra las enfermedades. Buscamos lugares de trabajo, seguros e higiénicos. Peleamos por asistencias sanitarias fiables. Sin embargo, en la mayoría de las veces, obviamos que el mundo se ha globalizado y que las enfermedades no conocen fronteras. Así, pues, los retos de la supervivencia humana deben ser retos comunes, lo que exige fomentar la salud en todo el mundo, reducir las alarmantes desigualdades que actualmente cosecha el planeta, ofrecer más información educativa e impulsar los conocimientos sobre la salud globalmente. Ya me dirán cómo se puede llevar a cabo esta labor si los sistemas de salud en algunas naciones son inexistentes o se encuentran en situación precaria. Esta es la genuina verdad que hay que llevar a buen puerto. Cuando existe una amenaza de pandemia, sea donde sea, hay que elaborar planes coordinados por toda la tierra. Nadie está a salvo, por muy pudientes que sean algunos Estados. Conviene tener presente, además, que la causa de muchos males proviene de los países industrializados, consecuentemente deben contribuir con más esfuerzo económico a mejorar el medio ambiente.

Está bien que la salud nos preocupe y ocupe a todos, pues nada se identifica tanto con la vida, por ello habría que considerarla de una vez por todas como un bien común internacional e invertir más en ello para forjar un porvenir más seguro, que el que parece atisbarse. El mundo ya conoce las causas básicas de los problemas de la salud. Sin más dilación, hagámosle frente y preveamos las fuerzas contrarias como pueden ser los efectos del cambio climático. En el siglo XXI, como apunta la Organización Mundial de la Salud (OMS), la salud es una responsabilidad compartida, que exige el acceso equitativo a la atención sanitaria y la defensa colectiva frente a amenazas transnacionales. Su agenda es bien clara: promover el desarrollo, fomentar la seguridad sanitaria, fortalecer los sistemas de salud, aprovechar las investigaciones, la información y los datos probatorios, potenciar las alianzas, mejorar el desempeño. Por desdicha, la factura mayor de la falta de salud en el mundo, suelen pagarla todavía los grupos más desfavorecidos y vulnerables.

Por mucho que se diga, las gentes que viven en barrios marginales de ciudades o en zonas rurales remotas, apenas tienen voz que les escuche. Los niños que sobreviven en estas cloacas son las grandes víctimas. A pesar de que en septiembre de 2002, en la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible, se inauguró la Alianza en favor de los Ambientes Saludables para los Niños, millones de chavales mueren de diarreas, afecciones respiratorias y otras amenazas ambientales presentes en su propio hábitat familiar. En suma, hacer extensiva la calidad de vida en una sociedad globalizada es tan justo como preciso. De lo contrario, ¿cómo se puede permitir que la salud sea privilegio de unos pocos, mientras vastos grupos sociales viven una existencia infrahumana? Así no se prepara el futuro de la vida para el futuro de la humanidad.

Víctor Corcoba Herrero

Madrid, España

NOTA DEL EDITOR.- Interesante tema planteado por Víctor. Creemos que será del máximo interés de nuestros lectores.