III Domingo del Tiempo Ordinario
21 de enero de 2018

La homilía de Betania


 

1.- DIOS NOS LLAMA, RESPONDAMOS CON VALENTÍA

Por Antonio García-Moreno

2.- EL QUE SIGUE A CRISTO VIVE EL REINO DE DIOS

Por Gabriel González del Estal

3.- INVITACION AL SEGUIMIENTO EN COMUNIDAD

Por José María Martín OSA

4.- ENREDADOS CON OTRAS REDES

Por Javier Leoz

5.- EL MAESTRO NOS URGE HOY A CONVERTIRNOS

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


SOLIDARIDAD GENEROSA

Por Pedrojosé Ynaraja


1.- DIOS NOS LLAMA, RESPONDAMOS CON VALENTÍA

Por Antonio García-Moreno

1.- CONVERSIÓN DE NÍNIVE.- Jonás había huido de Dios. Intentó escapar de su presencia, eludir su mandato. No quería ir a Nínive para predicar y que se convirtieran de su mala vida. Era inútil marchar a un pueblo pagano que sólo pensaba en pasarlo bien. Pero Dios persigue al profeta hasta rendirlo. Y es que a Dios no hay quien se le resista. Al final vence siempre él. Por eso es conveniente evitar todo forcejeo inútil, no poner resistencia. Lo mejor es darle facilidades, hacer lo que su voluntad determine, sea lo que sea.

Si obramos así nos maravillaremos del resultado. Dios es así, puede hacer que nazca una flor donde sólo hay arena. Para su fuerza no hay obstáculo que se ponga en su camino... Señor, Tú sabes cómo olvidamos tu omnipotencia y en consecuencia cómo nos cuesta aceptar las cosas, sobre todo cuando no están de acuerdo con lo que nosotros pensamos. Cómo resulta casi imposible entonces ver claro el horizonte de nuestra existencia. Por eso te rogamos que ilumines nuestro pobre entendimiento con la luz de la fe, para vivir convencidos de que lo puedes todo. Y de que nos amas entrañablemente. Para que así sepamos aceptar tus planes y deseos. Por muy extraños y difíciles que nos parezcan.

Dios contempla con agrado la reacción de aquellos hombres. Desde el mayor hasta el más pequeño hacen penitencia. Se arrepienten de sus pecados. Y el mismo rey, enterado de la noticia, se levantó de su trono, se quitó el manto, se vistió de saco y se sentó en ceniza. Manifestaciones todas que indican la profunda y sincera contrición que le embargaba.

Y Dios, cargado de amenazas hacía poco, se compadece y les perdona, no lleva a cabo el castigo que les tenía preparado... Qué fácil es Dios al perdón y a la compasión, qué presto al olvido. Esta es su mayor grandeza: su misericordia ante el pecador arrepentido. Cuando nos perdona es cuando se manifiesta mejor la magnitud de su amor... Por eso no tenemos derecho a dudar de su perdón. Más aún, la desconfianza en Dios es un pecado que no se perdona. Es el pecado de los que no piden perdón, de los que no se arrepienten por no creer en la capacidad infinita de misericordia que hay en Dios.

2.- AUDACES EN LA ENTREGA.- Es indudable que Jesús no vino a derrocar el poder temporal de los gerifaltes de su pueblo. A él no le interesaba la gloria y el poderío de los “mandamases” del mundo, él no necesitaba el vasallaje ni el servicio de nadie. Él había venido a servir y no a ser servido. Sin embargo, el choque con los que hacían cabeza se produjo necesariamente. La envidia y la celo-tipia, la sospecha y el recelo, se despertó en los poderosos apenas comenzó el Señor a predicar, atrayendo a las muchedumbres tras de sí.

El Señor lo sabía y, no obstante, siguió predicando la Buena Nueva que había de traer la verdadera libertad, el rompimiento de las más fuertes cadenas que pueden aherrojar al corazón y la mente del hombre, las del egoísmo y la soberbia, las cadenas del pecado. Sí, Jesús fue valiente y firme, audaz incluso, en el cumplimiento de su misión. Pero su fortaleza y su valentía supieron conjugarse con la prudencia, su audacia nunca fue osadía.

Por eso en los comienzos de su actividad, cuando aún estaba lejana la hora señalada por el Padre, Jesús al enterarse que Juan Bautista había sido encarcelado abandona la Judea y se retira a Galilea. Es la postura de quien camina al paso de Dios, sin precipitar los acontecimientos ni provocar sacrificios inútiles. En ocasiones una huida puede ser una victoria, o el silencio puede ser un gesto de autodominio, una verdadera heroicidad. En la vida hay que guiarse por la razón, sin dejarse llevar sólo por el corazón. Esto no quiere decir que no se ponga empeño, e incluso pasión, a la hora de actuar. Fuertes, valientes, audaces, pero nunca imprudentes ni osados.

Valentía sobre todo para escuchar la voz de Dios y seguirla con generosidad y prontitud. Es muy fácil aturdirse con mil preocupaciones, no pararnos a reflexionar bajo la luz de la fe, no llegar hasta las últimas consecuencias de nuestro amor a Dios. El Señor se acerca muchas veces hasta nosotros, para exigirnos y para darnos, para animarnos a vivir de modo más congruente con el Evangelio. Sí, Dios nos llama a todos y a cada uno de nosotros, a todos nos empuja su amor para contribuir eficazmente a la salvación de todo el mundo.

Reconozcamos que muchas veces somos cristianos sólo de nombre. Nuestras relaciones con Dios se reducen a poco más de media hora en la Misa del domingo. Olvidamos que Dios está presente, cerca de nosotros, en las realidades que vivimos cada momento y que, grandes o pequeñas, constituyen el entramado de nuestra existencia... Dejemos de mirar a ras de tierra, rompamos la frontera estrecha de nuestros intereses personales. Hemos nacido para cosas más altas. Dios nos llama, respondamos con valentía, seamos audaces y generosos en la entrega.


2.- EL QUE SIGUE A CRISTO VIVE EL REINO DE DIOS

Por Gabriel González del Estal

1.- Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el evangelio. No digo que todos los cristianos, por el hecho de seguir a Cristo vivamos en el reino de Dios, porque esto es imposible. Que yo sepa, no existe ahora mismo en el mundo un País, Estado o Nación, donde reine Dios. Lo que quiero yo decir es que la persona que sigue a Cristo vive, sobre todo interiormente, el reino de Dios en su corazón, es decir que cree y está totalmente convertida al evangelio. Cristo vivió desde el primer momento de su vida el reino de Dios, porque cumplió desde el primer momento la voluntad de Dios. Cristo no sólo espera la venida del reino de Dios, sino que vive el reino de Dios, desde el momento mismo en el que nace. Cristo con su vida pone en marcha el reino de Dios, él mismo es el reino de Dios; no sólo predica el reino de Dios, sino que lo inaugura y lo vive. Los cuatro discípulos de los que nos habla hoy el evangelio –Pedro, Andrés. Santiago y Juan- oyeron la llamada de Jesús y lo siguieron inmediatamente y con todas las consecuencias. Lo dejaron todo, incluidos la familia y los bienes, y comenzaron a vivir al modo y estilo de Cristo, es decir, comenzaron a predicar a vivir el reino de Dios, totalmente convertidos al evangelio, a la Buena Nueva, al reino de Dios. Bueno, pues esa es nuestra misión como cristianos: vivir el reino de Dios, el evangelio de Jesús, la Buena Nueva, en el mundo en el que nos toque vivir. Aunque el mundo en el que nos toque vivir sea un mundo pecador, como fue el mundo en el que vivió el mismo Jesús. Precisamente, a Cristo le mataron por eso: por predicar y vivir el reino de Dios en un mundo pecador. El reino de Dios, el reino de Jesús es un reino donde triunfa la verdad y la vida, la santidad y la gracia, la justicia, el amor y la paz. Nosotros, los cristianos debemos ser fermento del reino de Dios, vivir totalmente dedicados a la predicación y vivencia del reino de Dios, de la verdad y de la vida, de la santidad y de la gracia, de la justicia, del amor y de la paz. Es posible que el mundo en el que nosotros vivimos viva de una manera totalmente distinta, predicando y viviendo otros valores no sólo distintos, sino contrarios al evangelio, al reino de Dios, pero eso no sólo no nos debe desanimar, sino todo lo contrario, afirmarnos más en nuestra predicación y en nuestra conversión al reino de Dios. Así lo hizo Jesús de Nazaret, el Cristo.

2.- Y vio Dios sus obras, su conversión de la mala vida: se compadeció y se arrepintió Dios de la catástrofe con que había amenazado a Nínive, y no la ejecutó. Esta lectura del profeta Jonás nos habla del gran poder que tiene nuestra conversión personal ante Dios. Jonás se convirtió y Dios le sacó del vientre de la ballena; los ninivitas, por la eficacia de la predicación de Jonás, se convirtieron a Dios y Dios los personó; el mismo Dios, al ver la conversión de los ninivitas, se arrepiente de sus primeras intenciones y, por compasión, les perdona. Todos nosotros a lo largo de la vida nos equivocamos y pecamos, pero si nos convertimos a Dios, Dios, que es compasivo y misericordioso, nos perdona. El que de verdad se convierte a Dios y vive el evangelio de Jesús, el reino de Dios, es una persona que vive en comunión con Dios, en su gracia, y Dios siempre le perdona y le salva.

3.- Queda como solución que los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran como si no lloraran… porque la representación de este mundo se termina. El mensaje de esta carta de Pablo a los Corintios también debe valer para nosotros. La vida humana es corta y, aunque dure cien años, más pronto que tarde se termina. Si de verdad vivimos el evangelio de Jesús, el reino de Dios, quitaremos valor absoluto a lo que sólo tiene valor relativo. Lo único absoluto para nosotros debe ser Dios, el reino de Dios; todo lo demás debe ser para nosotros relativo. Aunque, evidentemente, cada momento sea muy importante para nosotros en el momento en el que lo hacemos, los cristianos debemos hacer todas las cosas sabiendo que son sólo instantes que nos van conduciendo hacia la eternidad, hacia el definitivo reino de Dios. Pidamos al Señor, con palabras del salmo 24, que nos enseñe sus caminos y que nunca nos apartemos de la verdadera senda que nos conduce hacia él.


3.- INVITACION AL SEGUIMIENTO EN COMUNIDAD

Por José María Martín OSA

1.- La misericordia triunfa sobre el juicio. El libro de Jonás enseña que la misericordia de Dios es incluso mayor que su justicia. Jonás va a Nínive, donde nadie le espera; va a la ciudad donde no quiere ir y va a predicar lo que no le gusta. Es un hombre convencido de que la voluntad de Dios es salvar a todos los hombres. Pero para provocar esa salvación debe comenzar por predicar sentencias duras y sin piedad, lo que le hace ir contra corriente de sus contemporáneos. Nínive se convierte, lo cual es causa de sorpresa y contraste evidentes. Porque muchas veces Israel no ha hecho caso de amenazas y promesas, mientras que uno de sus peores enemigos se convierte con humildad y fervor. Nínive ha comprendido mejor al Dios de Israel, que Israel mismo. Esta lectura muestra el universalismo del amor de Dios, que “se arrepiente” y decide perdonar a Nínive. La misericordia triunfa aquí también sobre el juicio. Una actitud hiriente y despectiva para quien no sea de los nuestros no es cristiana. El cristiano debe caracterizarse por la comprensión y la apertura para con todos.

2.- Vivir con esperanza, pero sin desentenderse de este mundo. El que ha descubierto la urgencia y la importancia del Evangelio y se ha convertido al reinado de Dios que se acerca, no puede instalarse ya en este mundo. No puede llorar como si no hubiera consuelo para sus lágrimas, no puede reír como si ya hubiera hallado la felicidad completa, no puede trabajar o negociar como si esto fuera su verdadera vocación y destino... Si llora, si ríe, si negocia... debe hacerlo como si no lo hiciera, "porque la presentación de este mundo se termina". El cristiano ha de vivir en este mundo y ocuparse de este mundo, pero con esperanza. Pablo en su carta primera a los Corintios no quiere decirnos que vivamos en el mundo con indiferencia, sino que pongamos las cosas en su sitio y, por encima de todas, el reinado de Dios que se acerca.

3.- La proclamación del evangelio es urgente: "el reinado de Dios está ya cerca". La llegada del Reino de Dios es una buena noticia: "creed la buena noticia". Jesús pide la creación de una comunidad de discípulos que le sigan; el seguimiento es la característica que define al discípulo. Jesús pide que la vida de Dios sea vivida por los hombres en fraternidad con los demás. La conversión tiene que materializarse en la formación de comunidades cristianas. A la creación de estas comunidades dedicó Jesús todos sus esfuerzos y su actividad. La llamada de Pedro, Andrés, Santiago y Juan no es al sacerdocio, sino a ser comunidad cristiana que testimonie una forma de existencia tal que saque a los hombres del mar del egoísmo individual: "veníos conmigo y os haré pescadores de hombres". Jesús pide al cristiano radicalidad de entrega. Seguir a Jesús no es una decisión ética autónoma, ni una adhesión intelectual a una doctrina. La llamada de Jesús es urgente y exige una respuesta sin componendas, un seguimiento sin condiciones. Habrá que dejarlo todo si es preciso. Estos discípulos no han sido llamados solamente al Reino de Dios, sino también a ser los testigos privilegiados de Jesús y a anunciarlo después por todo el mundo. Deberán acostumbrarse ya desde ahora a la vida de Jesús, que no tiene donde reposar su cabeza. Pero comprobarán que merece la pena seguir a Jesús.


4.- ENREDADOS CON OTRAS REDES

Por Javier Leoz

Inicio de una aventura, la de Jesús, latente en las tres lecturas de la liturgia de este domingo ordinario: “Levántate y vete a….” “El momento es apremiante” “Se ha cumplido el plazo”. Tres frases con sabor a llamada y envío, a redención y desprendimiento: es la hora pública de Jesús, y en su reloj, todos tenemos la nuestra. ¿Qué le respondemos?

1.- Tenemos tiempo para todo menos para lo esencial. Y, con nuestras prisas, dejamos de lado precisamente eso: lo substancial. ¿Por qué la crisis que estamos padeciendo? ¿Dónde están sus causas? ¿Exclusivamente en el factor económico? ¡No! Hay que ir más allá. La sociedad, sus dirigentes, se han empeñado en pervertir las disposiciones de muchas cosas, en ensalzar el “todo vale” y las consecuencias no se han hecho esperar: asistimos a una degeneración en diversos aspectos que, con el Evangelio en la mano, no nos queda otra sino recuperar: volver de nuevo al camino verdadero. Sin miedo a dejar aquellos paraísos personales o sociales que han sido causa de sufrimiento y también de decadencia.

2.- Hoy, en medio de las aguas turbulentas, el Señor nos invita a desenmarañarnos de los caminos que sólo nos conducen a premios efímeros, a promesas falsificadas o ficticias. La conversión que nos propone Jesús es precisamente la que el Papa Benedicto, recientemente, nos sugería: hay que volver a Dios porque, a Dios, lo hemos orillado y la secuela más grave ha sido que hemos caído en un humanismo deshumanizador y deshumanizante o en un deshumanizado humanismo. No es juego de palabras, es así. Sólo cuando pongamos a Dios en el centro de nuestra vida, clave y mensaje del Reino anunciado por Jesucristo, llegaremos a esa armonía personal, social y universal que muchos se empeñan frívolamente en conquistar al margen de toda referencia a Dios. ¿Es posible alcanzarla sin Dios?

3.- Estamos en un tiempo privilegiado para la fe. La Nueva Evangelización, de la cual se habla tanto, nos exige precisamente eso: desembarazarnos de aquellas redes que han servido en otro tiempo pero que, ahora, se nos quedan cortas o débiles. No olvidemos que, la exigencia a la conversión, sigue siendo la misma. Que las verdades fundamentales de Jesucristo, y guardadas en el Depósito de la Fe de la Iglesia, son inalterables. ¿Dónde fallamos entonces? La prueba de fuego está en el entusiasmo de nuestra vida cristiana ¿Cómo es? ¿Respondemos con generosidad a las llamadas del Señor? ¿Dejamos algo por El? ¿No respondemos, a veces, con unos minutos semanales para la misa y poco más? El Señor, cuando pasó al lado de los discípulos, no les invitó a romper con un trozo de aquellas redes que eran su forma de vida. Les exigió algo más: si creéis en mí…dejadlo todo. Pero con todas las consecuencias. Lo valoraron y, mirando al horizonte del mar y lo que tenían entre manos, comprobaron que Jesús, sus palabras y sus obras, eran un tesoro. Acertaron de lleno. ¿Es un tesoro para nosotros Cristo?

4.- Dios, porque es bueno y justo, confía en que vayamos cumpliendo con ese programa que se inició en el día de nuestro Bautismo. SI hay plazo para que un artista entregue su obra, para que un profesora acabe una asignatura o para que un pesquero regrese a puerto….también los cristianos tenemos un vencimiento para dar muestras de nuestro buen hacer, de que nuestra fe es sincera (no simbólica) y de que nuestras obras y nuestras palabras son un perfecto acorde.

Ha pasado el Señor y, lejos de mirarnos por encima de los hombros, nos mira frente a frente. Nos sienta a su mesa. Nos habla. Nos explica las escrituras y parte para nosotros lo más grande que tiene: su vida.

5.- LLÁMAME PORQUE ES MI HORA, SEÑOR

Que, ahora más que nunca, tengo ganas de conocerte

y, siguiéndote como lo bueno y noble,

arrojar tantas redes que me convierten en esclavo.

¡Deseo tanto el encontrarte, Señor!

No pases de largo de la orilla de mi vida

y si por lo que sea no te respondo,

no dejes de insistir, Señor.

Tal vez, el ruido de la comodidad,

me impide salir o saltar con rapidez a tu camino

Tal vez, la seducción de lo fácil,

no me deja escuchar la dulzura de tu voz

Tal vez, mi mundo y mis caprichos,

me confunden y me mantienen en un mar sin fondo

en una habitación sin más vida que lo efímero

en una realidad que, mañana, ya no existirá.

 

¡LLÁMAME PORQUE ES MI HORA, SEÑOR!

Porque tengo miedo de que pases de largo

de que, viéndome tan ocupado en lo mío,

no quieras contar conmigo

Porque tengo miedo de que ilusionado por lo que veo

no distinga lo grande que es tu Reino

Porque tengo miedo de que amarrado en mis redes

no pueda soltarme a tiempo de ellas

y ser libre contigo para siempre.

 

¡LLÁMAME PORQUE ES MI HORA, SEÑOR!

Que, hoy más que nunca, me siento Iglesia

Que, hoy más que nunca, creo y espero en Ti

Que, hoy más que nunca, quiero dejar algo por Ti

Que, hoy más que nunca, deseo ser pescador

de otros mares y en otros puertos

Como padre o madre, sacerdote o labriego,

profesor o anciano, niño o joven, estudiante o contemplativo

arquitecto o religiosa, obrero o empresario…

Pero siempre contigo, Señor.

¡Contigo y por tus mares!


5.- EL MAESTRO NOS URGE HOY A CONVERTIRNOS

Por Ángel Gómez Escorial

1.- Los que conocen bien el Libro de Jonás saben que se va a lamentar después de que el Señor haya perdonado a los habitantes de Nínive. Por tanto, cuando emprende su predicación cree que no es posible el perdón de Dios ante las muchas maldades que han cometido los ninivitas. Sin embargo, él cumple su misión en la gran ciudad, desconocida totalmente en todos los sentidos por Jonás. Pero las gentes de Nínive escuchan convenientemente la Palabra de Dios y se ponen en situación de reparar sus faltas. Hacen penitencia sincera y toda la ciudad es perdonada.

2.- La primera idea es que Jonás sirve y obedece al Señor en contra de su parecer. No cree que Dios les perdone, pero realiza su pregón. Nos tendríamos que preguntar nosotros si hacemos lo que el Señor quiere, aunque no nos guste. Probablemente, no. Y así construimos, entonces, nuestra acción religiosa en solo aquello que nos gusta o que a nosotros nos parece bien. Es decir, creamos una religión a la medida, que intentamos aplicar a los demás, sin tener en cuenta los mandatos del Señor.

3.- La segunda idea, al respecto, es que el Padre perdona siempre. Solo espera un gesto de arrepentimiento. Ahí está, por ejemplo, la parábola del Hijo Pródigo. El muchacho, que se marchó lejos para derrochar su fortuna, vuelve a su casa más por necesidad que por arrepentimiento. Tiene hambre. Pero el Padre acepta la confesión del primer momento –“he pecado contra Ti”, dice—y su vuelta se convierte en una fiesta. Jonás, asimismo, puede encarnar la figura del hermano mayor del pródigo que no puede admitir que su Padre perdone al irresponsable de su hermano. La enseñanza, pues, que nos ofrece la primera lectura es sencilla y definitiva: Dios perdona siempre y de poco sirven las ideas preconcebidas y justicieras que tengamos nosotros. Es necesario aprender a perdonar siempre, aunque la ofensa cometida nos parezca terrible o de difícil perdón. Perdonemos. Perdonemos siempre. Y como también nos dice Jesús de Nazaret sería mejor que no nos acercáramos al templo, al altar, si llevamos en nuestro corazón el rencor y la ausencia de perdón.

4.- ¿Nos suenan difíciles las palabras de Pablo de Tarso que acabamos de escuchar? ¿Parece que quita importancia a cosas que para nosotros los son? Y, en efecto, podríamos entender que San Pablo minimiza y obvia cosas que son fundamentales. Vivir casados como si no lo estuviéramos; los tristes como si no sintieran esa tristeza, ni los alegres esa alegría. Es raro, ¿verdad? Pero, ¿qué quiere decirnos Pablo? Pues, realmente, es bastante certero lo que señala en ese misterioso párrafo dirigido a los fieles de Corinto. Porque él establece un régimen de prioridades. Y, realmente, comparando todas esas cosas con el Mundo Futuro, con la Eternidad, parece que valen poco. Nuestra convivencia final con Dios es lo más importante que puede haber. Además, Pablo fue un místico, un gran místico.

5.- Y la cercanía de Dios que la mística produce, tiende a crear sentimientos de indiferencia ante todo aquello que no sea el esperado abrazo con el Señor. Es pues muy importante lo que el Apóstol nos dice hoy. Y como otros grandes místicos de la historia su vida es de acción, de viajes, de predicación, sin descanso. Es un místico en la acción. Por tanto hay que entender que reír o llorar con los compañeros, casarse y hasta comprar y poseer son cosas notables y buenas. Dignas de ser acometidas y practicadas. Pero es mucho más importante Dios. Y no es que todo ello sea incompatible. No. Sólo ocurre que Dios es lo principal y su conocimiento lo más importante que podemos tener.

6.- El evangelista San Marcos nos va acompañar durante este ciclo B. Como sabéis cada ciclo –son tres: A, B y C— cuenta con la presencia en las lecturas de uno de los tres Evangelios sinópticos. Marcos es breve en sus textos y muy fuerte en sus ideas. Su concisión hace, según mi punto de vista, que esa vida de Jesús que narra él llegue de manera más simple y fuerte, a la vez, como esculpida en piedra con rasgos y contornos angulosos y pronunciados. Hoy, por ejemplo, en poco más de diez líneas cuenta el contenido de la predicación de Jesús. Anuncia que el tiempo ya se ha terminado y que es necesario convertirse mediante la fe en la Buena Nueva. A su vez refleja con todos los detalles –y muy pocas palabras—la llamada a Pedro y Andrés y a Santiago y Andrés. Son pescadores en el lago de Galilea y serán después “pescadores de hombres”.

7.- Pero, en fin, lo anterior referido a Marcos, sería como la forma. Nos interesa recapacitar un poco sobre el mensaje de Jesús. Importa saber que es Jesús quien nos elige a nosotros. No nosotros a Él. Pensamos muchas veces que la opción que tomamos por el seguimiento de Cristo es una decisión propia y alejada de cualquier complicidad externa a nosotros. No es así. Si somos consecuentes –y miramos con humildad en nuestro interior—descubriremos aquel día en que Jesús nos llamó. No estaríamos junto al lago, aunque tal vez si en el interior de un automóvil, o paseando por la calle, o en el templo, o en cualquier lugar. Hubo una palabra de alguien, una línea de un libro, la risa de un niño o el llanto de una madre que nos inspiró, que nos hizo necesitar, desde ese mismo momento, la cercanía de Jesús: sus palabras, su mensaje, su consuelo. Ese fue el día que nos llamó.

8.- Nos ha dicho también que el tiempo se ha agotado y que debemos convertirnos. Es cierto. ¿Cuánto tiempo llevamos escuchando el mensaje de Jesús sin hacerle caso? Incluso, los que presumen de ser grandes cristianos, si son humildes y coherentes, comprenderán que poco han entendido, que el Reino está muy lejos de ellos, y que lo que saben es útil solo para una pequeña parte de su vida, no para todas las horas del día. Es muy urgente que nos convirtamos, porque si lo hacemos de corazón, podremos llevar la Buena Nueva a nuestros hermanos más necesitados de ella. No hay tiempo que perder, porque cada vez hay más personas ignorantes de lo que es el Camino, la Verdad y la Vida que nos da Cristo. Y me parece que cada vez hay más personas que apenas saben nada de Jesús, salvo algunos tópicos mal aprendidos. De ahí la urgencia de convertirnos y creer en el Evangelio. Los demás nos necesitan.

9.- El epílogo, a modo de resumen, de lo que nos enseñan las lecturas de este tercer domingo del Tiempo Ordinario, supone algo sencillamente importante. Hemos sabido, por el Libro de Jonás, que Dios perdona siempre. Y siempre es siempre, no ciertas veces. Pablo nos muestra una prioridad por las cosas de Dios, por la cercanía del Señor, comparado con lo cual lo demás –aun lo importante— pierde valor. Y Jesús, nuestro Maestro, nos urge a convertirnos y a creer en Él y en lo que anuncia. Y hemos de saber que nos será más fácil de los que creemos: Él nos va a llamar por nuestro nombre y nos dirá lo que tenemos que hacer para ser “pescadores de hermanos”. Si le escuchamos bien, las dificultades no tendrán importancia. Reflexionemos pues esta semana en estos tres puntos que forman un caudal de conocimiento notable para seguir construyendo el Reino de Dios dentro de nosotros.


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


SOLIDARIDAD GENEROSA

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- El libro de Jonás, mis queridos jóvenes lectores, es un ameno relato, tan encantador, que uno puede quedarse con el cañamazo, la historieta, sin captar las enseñanzas que contiene. La primera parte es la más conocida y me limito a recordárosla, es la que nos sitúa al protagonista que Dios quería camino de Nínive y que él se había escurrido embarcando hacia Tarsís, (probablemente corresponde a la Tartesos ibérica), a continuación el episodio del cetáceo que lo engulle y posteriormente lo vomita vivo a una playa de Israel. Aprovecho la ocasión para advertiros, por si no lo sabéis, que los comentaristas entendidos, consideran que se trata de una narración bosquejo en la que se teje la enseñanza religiosa. Que no es un libro histórico, sino del género sapiencial

2.- Por aquel tiempo la ciudad de Nínive tenía fama de gran población, hoy, ya lo sabréis, no quedan más que ruinas, algunas bien estudiadas y guardadas en un museo, en la actual Mosul, en Irak. Las medidas que aporta el relato bíblico respecto a la ciudad, las traducen los arqueólogos actuales diciendo que lo que se ha excavado y lo que todavía queda oculto entre la arenas del desierto, ocupa una extensión de 50km de largo por 20km de ancho. Imaginaos, pues, vosotros, mis queridos jóvenes lectores, cualquier gran urbe actual: El Cairo, México, o París.

3.- Imaginaos qué pasaría si a una de estas poblaciones llegara un carismático predicador y anunciara un gran cataclismo. Imaginaos cada uno de vosotros, que un día llamara a vuestra puerta un enigmático personaje, que os anunciara una gran calamidad. El susto lo tendríais, seguramente. Tal vez también una súplica interior brotaría de vuestros labios. ¿Es suficiente? El fragmento de hoy nos recuerda que hay más actitudes útiles para impetrar la ayuda de Dios. Hoy el libro sagrado nos indica dos que tenemos muy olvidadas: el ayuno y el sacrificio personal. Reflexionad por un momento.

4.- Se da la paradoja de que abundan hoy métodos y consejos para “mantener la línea” o gozar de un cuerpo atractivo, que no invite a ataques cerebrales o daños circulatorios, que nos facilite el perder peso, el suprimir el hambre. Ayuno como prevención. El libro de Jonás nos brinda la práctica del ayuno como sistema de conversión.

5.- Añade aquella gente además el vestido de prendas incómodas, ásperas, molestas. Hoy la gente viste para cubrirse, sí, pero también para satisfacción de su vanidad, para presumir. Sacrificarse refiriéndonos a Dios, es mejor, no lo olvidéis. Y hoy sabemos que estas privaciones pueden revertir en bien de los demás y practicarlo como signo solidario y ayuda de los necesitados, carentes de lo que a nosotros nos sobra y ellos están faltos.

6.- El relato evangélico que nos ofrece la misa de este domingo se refiere a momentos semejantes a los que nos hablaba el que se nos ofreció el pasado domingo. Al ser de otro autor, no coincide con exactitud, pero el fondo de la cuestión es idéntico. Si el Padre Eterno había enviado a su Hijo Unigénito al mundo para salvarlo, no iba a realizarlo en solitario. El Maestro, desde el principio, escoge y quiere que el escogido escoja.

7.- Era tierra de agricultores y de antiguos pastores, con pequeñas pinceladas de comerciantes y funcionarios, algún artesano y poco más. El mar no les gustaba. El trasporte por él era cosa de otros pueblos. Una excepción la constituía el lago Kineret o de Tiberíades. Su situación fronteriza invitaba a practicar la pesca, aprovecharse de ella, venderla y hasta mediante el salazón, comerciar con próximas y lejanas ciudades. Lo que significa Jerusalén y hasta la misma Roma. Pese a lo dicho, la pesca era una ocupación minoritaria y sin prestigio. Aguas arriba del paraje que nos ocupa, existía el lago Hule, ciertamente pequeño, pero poblado de peces y de fauna salvaje, pues bien, ni siquiera lo nombra la Biblia. El israelita era persona de tierra y de hábiles oficios, no sentía ninguna predilección por el agua, dicho de otra manera y para que me entendáis, ni los mismos apóstoles dedicados exclusivamente a echar las redes y coger peces, sabían nadar, por lo que se deduce del pasaje en el que Pedo se hunde y el otro que acerca la barca a la orilla para encontrarse con el Señor.

8.- Entre estos marginados busca y encuentra el Maestro a sus primeros colaboradores. ¡qué ocurrencias! Podía haber invitado a gente de estudios superiores o de posición desahogada, piensa uno con criterios de eficacia. Pues, no. y a lo mejor en estos tiempos continúa pensando igual y os invita a cualquiera de vosotros, mis queridos jóvenes lectores, vosotros que pensáis e imagináis vuestro futuro en función de las ganancias o de la buena situación social que deseáis. Preguntáoslo sinceramente. Atrevidamente. Generosamente.

9.- Y si os queda tiempo, reflexionad sobre el contenido de la segunda lectura, un fragmento de la primera carta de San Pablo a los Corintios. Brevemente os advierto. Valores sí tenéis, vosotros jóvenes, como también nosotros los viejos. Pero lo que se trata es de tener escala de valores, que de nada sirve un montón de peldaños esparcidos por el suelo, si nadie los ensarta y forma con ellos una escalera y por ella se eleva.